el relato prohibido

Mis poesías y relatos

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AVISO que este relato lo escribí hace muuuuchos años y veréis como escribía antes, con muchos errores (sí, no lo voy a corregir 1 por vago 2 por que veáis la comparativa de cambio de estilo, cuánto he aprendido)
___________
 
     - No puede ser... - Dijo Kumiko algo distante, y no era de extrañar.
     Estaban haciendo lo mismo de siempre, pasear por aquel parque que fue el que les concedió la vida, aquel en el cual se conocieron, y el único en el cual podían reunirse ya que... era el único lugar que les daba buenos recuerdos, fuera de sus fronteras todo era crítica, tristeza, negación.
     - ¿Qué?... –dijo él con tristeza ante tal noticia que no podía esperar, entonces la miró- ¿Qué más quieren que haga?
     Se quedaron quietos frente a la fuente que no funcionaba, incluso desde el día que se conocieron ya estaba seca, por eso les gustaba pararse por allí, porque al estar la fuente seca, la gente no pasaba por allí y además porque estaba apartada en un rincón del parque.
     - ... –ella suspiró mirando hacia abajo con pena.
     - ... Algo habrá que yo pueda hacer – dijo él bastante relajado para sorpresa de Kumiko.
     - No Nadîm... no hay nada que podamos hacer... no bajo su vista.
     - ¿Pero no ves que tampoco hay lugar en el cual su vista no llegue al igual que la del mundo? – dijo él algo alterado.
     Estuvieron unos segundos pensativos.
     - Tenemos que salir de este parque –dijo él decidido y con mirada firme en los ojos de su amada.
     - ¿Qué? – dijo extrañada ya que era la primera vez que él decía eso.
     - Que debemos... exponer nuestro amor fuera de esta nuestra fortaleza.
     - Ya lo intentamos hace 2 años... ¿no lo recuerdas? – dijo ella con lágrimas en los ojos.
     Él lo sabía, recordó con angustia el momento en que le dijeron los padres de ella y los suyos propios que no podían verse más por ser diferentes.
     - Pero eso ha cambiado, hemos aprendido a decir NO.
     Entonces se dio cuenta de la actitud tan negativa que había estado teniendo ella misma hasta ese momento...
     Suspiró fuerte y le cogió la mano a Nadîm:
     - No importa nada de lo que piensen... no importa las costumbres... – le miró – Crearemos una nueva.
     Él se acercó a ella y la besó y estuvieron un instante.
     - Nos iremos de esta pesadilla llamada hogar para siempre donde siempre hemos deseado ir –dijo Kumiko
     - Sí – dijo él muy contento.
     Entonces se sentaron en el suelo a pensar en su plan para disuadir a los padres de ambos:
     - ¿Entonces nos presentamos ante los tuyos primero?
     - No lo sé... ¿los reunimos a los cuatro? – dijo ella.
     - No... Será una masacre si se hace... ya que se insultarán entre ellos y se unirán por tener el objetivo común de separarnos... otra vez...
     - ... – ella suspiró al escuchar esa teoría.
     Por unos minutos dejaron de pensar y miraron a la gente que pasaba por el parque para contagiarse de la alegría que flotaba en el aire.
     - Los míos primeros... –dijo ella de súbito.
     - ¿Estás segura? No habrá otra oportunidad.
     - Vamos – dijo con gran firmeza.
     Se pusieron en marcha hacia la casa de los padres de ella, él aunque fue una sola vez, no podría olvidar como ir jamás, ya que fue un lugar que le marcó muchísimo en la primera y no última vez que fue a la casa, cuando los padres de ella y de él se juntaron allí para insultarse y luego unirse en contra de el amor mutuo de Kumiko y Nadîm, porque veían una aberración y una violación de las normas el amor y mucho peor el matrimonio entre un árabe y una mujer japonesa.
     Llegaron a la puerta tras la cual les esperaba, la alegría o el llanto.
     - ¿Estás listo? – dijo ella un tanto preocupada.
     Ante esa pregunta él mismo tocó a la puerta un par de veces con manos firmes.
     - Voy –se oyó la voz femenina de la madre.
     En unos instantes abrió la puerta y al ver lo que había tras ella se sobresaltó y bajó la mirada.
     Era una mujer un tanto mayor, de pelo un poco blanco y con ropa de color negro.
     - Tu... padre está en el baño...,...
     - Queremos hablar con él sobre esto – dijo Kumiko.
     Entraron y se sentaron en el recibidor, la casa no era excesivamente grande, ya que al entrar estaba el recibidor el cual tenía unos pocos sillones, la tele y una mesa en el centro, y había tres puertas, una a la derecha, tras la cual estaba el dormitorio, la central tras la cual estaba la cocina y la izquierda, tras la cual se encontraba su batalla. No estaba decorada con muchos cuadros, solo estaba el matrimonio en la pared.
     - Madre... ¿mi foto y tu ropa?... ¿es por lo de esta mañana?...
     - Si... te dijo bien claro que después de lo que le dijiste de que te seguías viendo con él, y que le querías, te dijo que no eras su hija... – empezó a llorar- Cuando saliste por la puerta... me obligó a llevar ropa de luto y a quitar tu foto de la pared... como si nunca hubieras existido...
     - Lo siento –le dijo Nadîm apenado
     - No... tú no tienes la culpa... es él...
     - ¿Entonces... nos... apoyas? – dijo Kumiko con gran sorpresa
     -  ... – bajó la cabeza.
     Entonces la puerta izquierda se abrió... dio la sensación de que se abría a cámara lenta, como si de la puerta fuese a salir un hombre con un arma... aunque el arma de aquel hombre, era su palabra.
     - Cari... –puso los ojos en blanco al ver a su hija y a Nadîm y se puso muy furioso – NO.
     Era un hombre mayor con pelo solo en los lados de la cabeza y blanco, vestido de azul con un kimono.
     Kumiko se levantó.
     - Padre... –pero rápidamente fue interrumpida por el padre.
     - ¿Cómo te atreves a venir dos veces en el mismo día con el mismo argumento?... ¿tres veces en una misma vida?...
     Nadîm también se levantó.
     - No... tú fuera de esta casa... ni eres... ni serás de esta familia... NUNCA –dijo el padre con notable furia.
     - Cariño... déjales hablar... se lo merecen –dijo la madre firme.
     El padre dirigió la mirada con más furia que antes hacia su esposa:
     - ¿Después de haberme ayudado a buscarle un marido?... ¿después de darme la razón ante esto?... ¿después de casarnos?... me dices que se lo merecen... –bajó el tono tras las preguntas.
     - ¿Me habéis buscado un marido? –dijo Kumiko enfadándose - ¿Y que tiene... 80 años?
     - No insultes nuestras costumbres... eres mi hija y sé que es bueno... no permitiré que os caséis dos personas de distinta raza y destruyáis la pureza de nuestra sangre – dijo a gritos que ensordecían.
     Nadîm golpeó fuerte las manos sobre la mesa ante lo cual todos se sobresaltaron y dijo furioso:
     - Esto... no és la era nazi.
     - ¿Qué saben tus padres de esto? – dijo la madre nerviosa mirando a Nadîm.
     - Solo lo de hace dos años.
     - Les llamas y que vengan... que tengo ganas... –dijo el padre enfadado pero con tono más bajo.
     Nadîm y Kumiko se miraron con los ojos en blanco... de temor y parálisis corporal y mental ante tal decisión.
     Nadîm sacó su teléfono y les convocó a la casa. En media hora llegaron. Fue una media hora de silencio... silencio oscuro.
     La madre abrió la puerta en cuanto llegaron los padres de él, los cuales eran morenos de piel como su hijo, algo mayores y con cara de mosqueo por estar otra vez ante aquella segunda ronda de desacuerdos.
     - Ya hablamos de esto... y NO...  no te está permitido –dijo el padre de él enfadado.
     - ¿Y cómo has tenido esto en secreto? – Dijo su esposa en el mismo tono- Porque tengáis veintitantos años no tenéis derecho a desafiarnos.
     Estuvieron discutiendo y haciendo preguntas de ese tipo casi una hora hasta que la madre de ella sacó una campanita que hizo sonar suavemente, ante la cual todos respondieron con un sorprendente silencio.
     - ¿Por qué no vamos los padres a discutir a la cocina? –dijo en todo de cansada.
     Sin decir palabra los tres padres menos ella se metieron en la cocina, tras meterse estos, ella le puso en la mano a Kumiko un gran fajo de billetes y miró un momento la puerta y luego a los ojos de ambos.
     - Ahora – dijo en voz baja y se metió en la cocina.
     Empezaron insultos, gritos y de más, como si pensaran que la cocina estaba insonorizada.
     Ellos aceptaron la generosa oferta recibida de una amiga y discretamente salieron, aunque por mucho ruido que hubieran hecho antes de salir, de ninguna de las maneras hubiera contrarrestado mínimamente la guerra que se estaba desarrollando tras la puerta que tenían y que no volverían a tener delante, e intentarían que ni siquiera en su mente.
     Fueron al aeropuerto y decidieron un lugar que desearan y donde no pudieran encontrarles. Se pusieron ante una tabla donde había muchísimas opciones.
     - Mmm... ¿qué te parece?
     - ...,...,... ¿Se te da bien el inglés? – dijo Kumiko tras pensarlo un momento.
     - Si... ¿por? – Abrió los ojos con sorpresa y alegría – ¿Nuestro sueño?
     - Vamos –dijo muy contenta.
     Compraron los billetes y subieron al avión destino a América.
     Despegaron y vieron por la ventana la ciudad entre la cual, identificaron su querido parque, aunque estaban a una gran altura, les llamaba y nunca podrían dejar de pensar jamás en aquel lugar.
     Kumiko estaba en el lado de la ventana y le dijo a Nadîm sin dejar de mirar al cielo:
     - Y pensar... que todo empezó, con unas palabras... y una fuente.

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