Al Borde del Caos

Géneros: Acción, Humor, Misterio

Cuando el destino llama a tu puerta no puedes negarte a seguirlo. Andrés, un adolescente con aspiraciones, se mete en temas complicados por ayudar a una persona que no dudaría ni un segundo en traicionarle. Por suerte o por destino todo cambia cuando después de demasiado tiempo conoce a la vecina de al lado.

Capítulo 1

Al Borde del Caos

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''Somos esclavos sólo si dejamos que el destino nos controle. Siempre hay una elección''. -Julie Kagawa.
Meto las manos en el lavabo sacando un poco de agua y llevándola hasta mi rostro para espabilarme y lavarme la cara. Me miro en el espejo. Tengo los ojos casi cerrados por el sueño. No consigo abrirlos del todo por culpa de la intensa luz que esta colocada justo encima del espejo. Casi no se distingue el color azul oscuro de mis ojos.
Después de unos minutos consigo abrirlos del todo sin tener que aguantar esa molesta luz. Me arrodillo frente al lavabo y de un cajón saco un pequeño bote de lentillas, lo abro, me coloco las lentillas y vuelvo a meter el bote en el cajón. Reincorporándome vuelvo a mirarme en el espejo. Estoy totalmente despeinado y el largo flequillo de mi castaño pelo cae por mi rostro tapándome el ojo izquierdo.
Salgo del baño y cruzo todo el pasillo hasta mi habitación donde me pongo unos pantalones cortos color beis y unas zapatillas negras de deporte.
No me da tiempo de buscar una camiseta decente entre toda la montaña de ropa desordenada que tengo encima de mi escritorio cuando golpean a la puerta. Un golpe, dos golpes, tres golpes.
¿Quién puede ser? Es un Jueves de fiesta a las nueve y media de la mañana.
Bajo los dieciséis escalones de casi dos saltos y me planto en el pasillo de la planta inferior de la casa, que cruzo hasta llegar a la puerta que da a la calle.
Con cuidado y sin hacer ruido corro el pequeño circulo metálico que tapa la mirilla. No se ve nada, esta oscuro, quien sea el que ha llamado a puesto el dedo en la mirilla.
Tranquilo Andrés, es muy temprano para estas tonterías y me acabo de levantar. Por las mañanas no es que tenga el humor de un ángel precisamente.
Me acomodo un poco el pelo con la mano derecha mientras tomo el pomo de la puerta con la izquierda y tiro de el hacia abajo.
-Nadie, no hay nadie- digo en voz baja. Salgo y miro a un lado y al otro de la calle -Nadie- repito.
De repente escucho un ruido detrás mía.
No sé por qué, pero creo que hoy no va a ser un buen día para mi, ni para mi suerte.
Me giro y... efectivamente. La puerta se ha cerrado. No tengo las llaves y mis padres se han ido por ahí a desayunar. Tengo una hermana, sí, la típica hermana pequeña quejica que solo quiere joder. Se ha ido a pasar la noche a casa de una de sus amigas así que nada.
Me encuentro sentado en el porche de mi casa, muerto de frío ya que no llevo camiseta.
¿Quién será el capullo que ha llamado a la puerta? Tiene la culpa de todo.
Hace un frío impresionante, no hay ni una sola persona por la calle. Y por si fuera poco tampoco puedo saber la hora ya que no he cogido el móvil de mi habitación.
¿Eso es... pero que cojones? Me doy la vuelta y me fijo en que la puerta tiene un trozo de cinta aislante pegada a la mirilla, habrá sido el típico grupito de niños que llaman a la puerta y echan a correr, cabrones.
No pasan más de diez minutos para que el frío se vuelva inaguantable. No sería mala idea acercarme a casa de uno de mis vecinos para ver si me pueden ayudar. A la izquierda un señor de unos cuarenta y pocos que por lo visto está enamorado de mi, ya que no deja de llamar a mi casa para quejarse de que pongo la música demasiado alta, lo que es mentira. Y a mi derecha una viejecita buena y amable que siempre me saluda cuando nos cruzamos, llamadme loco pero me quedo con la ancianita buena y amable.
Voy hasta allí y golpeo la puerta un par de veces.
-¿¡Otra vez!? ¿Te parece gra...
Una chica pelirroja y en pijama abre la puerta.
Se queda mirando mi pecho desnudo medio embobada, lo que es normal. Un chico se planta a las nueve y media de una mañana fría no, lo siguiente, sin camiseta delante de su casa. Es una reacción más que justificada.
-Hola, soy el chico que vive aquí al lado- le digo mientras señalo a mi casa.
-Ya lo sé, que quieres, son las nueve de la mañana- contesta con un tono demasiado borde.
Vaya con la pelirroja.
Le cuento la estupidez que ha pasado. Intenta aguantarse la risa, pero es imposible, se le escapa una sonrisa. Si le hubiese pasado a ella no se reiría tanto.
-Pasa- me dice después de quedarse bien a gusto a costa de mis desgracias.
La sigo a través de todo el pasillo de la casa hasta llegar a la puerta del patio trasero donde coge una llave que reposa en la encimera de la cocina y me abre la puerta.
-Ahí tienes, salta- dice señalando la pared de no mas de dos metros que separa nuestros patios.
Cojo carrerilla, me apoyo con mi pie izquierdo en la pared y me impulso con un salto. Nada demasiado complicado.
Una vez ya arriba me siento en el muro.
-Gracias...
-Chloe, me llamo Chloe.
Le sonrió y salto a mi patio.
 

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