Capítulo 51: "Odio"

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La memoria a veces suele ser muy engorrosa, pues nos hace olvidar y distraer muchas veces de lo que es realmente importante, y en este caso, no era la excepción. Nuestra pequeña heroína, se había olvidado de lo que ocurrió dentro de ese campo (al menos por ahora). En cambio, Alik Reverse no lo había hecho. El pecho aún le palpitaba como si fuera un vehículo con mil caballos de fuerza, y la sensación de tener arriba a la muchacha, le hacía temblar las manos.
 
—¿Qué fue lo que pasó? —se llevó un dedo a los labios la joven mientras se sentaba sobre las caderas del catalizador. Sin notar la exaltación del antes mencionado por la posición tomada, miró entonces el cielo lluvioso. Si mal no recordaba, lo último que pasó fue que se separó de Zaid y Alik, para luego internarse en el bosque de lianas, de ahí, lo demás era un misterio.
 
—¡Quedaste atrapada entre unas enredaderas nya! —gritó la gata Persia a su compañera, en un intento de hacerle refrescar la memoria.
 
—Alik fue el que te salvó —informó Léa para agregar más detalles.
 
—¿Alik? —preguntó la más baja, y volteó a mirar al morocho de mechones dorados con cierta curiosidad, pero éste al percatarse de esos ojos azulinos empezó a los gritos.
 
—¡No me mires! —lo cual hizo sobre exaltar a Iris, e instintivamente se levantó de sobre él.
 
—¿Pero qué rayos le pasa? —preguntó algo sobresaltada.
 
—Ni idea —movió la princesa sus hombros con el mismo desconcierto que ahora poseía Ia chiquilla.
 
—Cómo puede ser esto… —un gruñido bajo se escuchó entre la lluvia que estaba empezando a ceder, y esto hizo que el grupo de su majestad volteara hacia el susodicho.
 
—¿Zaid? —preguntó la muchacha que tenía los cabellos como el sol.
 
La mirada del zorro, la cual solía ser tan cálida y dócil, ahora se hallaba envuelta en tinieblas, lo cual sacó de onda a sus allegados, quienes tuvieron los deseos de acercarse a su persona, pero no lo hicieron debido a un alarido que éste ahora bravo animal soltó.
 
—¡Qué te pasa! —exclamó algo asustada Léa.
 
—¿Qué me pasa? ¡Qué me pasa! —Zaid estaba frustrado, y su sombrío rostro se elevó de golpe dejando caer algunas gotas de la lluvia que se le habían pegado a sus cabellos—. ¡Ustedes no lo entienden!
 
—Quizás yo sí —dijo alguien desde el suelo; se trataba de Alik.
 
Tanto los lobos, los vampiros, los elfos, y el resto de su grupo de compañeros, ahora plantaron sus miradas sobre él guapo catalizador, quien también se encontraba empapado sensualmente por las lágrimas del cielo. El chico se fue incorporando lentamente, y apoyando una mano en su cadera se dirigió a su sirviente.
 
—Estás frustrado porque otra vez la he salvado, ¿no? —mencionó dedicándole una intensa mirada gallarda a su rival.
 
—¡Hum! —Zaid apretó los dientes, y afirmó contra la tierra sus pies.
 
—El que no digas nada significa que tengo razón —lo señaló con su dedo y sonrió.
 
—¿Zaid también intentó salvarme? —preguntó Iris dándose cuenta de ello, y Léa asintió a su interrogante.
 
—Sí, pero no lo logró por lo visto —le aclaró la joven guerrera.
 
—¡No tienen derecho a opinar! ¡Y mucho menos tú Alik! —declaró Zaid—. ¡Ni siquiera amas a Iris, y tienes la cara para decirme semejante cosa! —de repente, las siguientes palabras de su amo avasallaron al pobre zorro, quien no se esperó semejante respuesta.
 
—Sí que la amo —afirmó cerrando los ojos.
 
Al principio, todos se quedaron impactados, especialmente la enana del grupo, pues recordaba perfectamente que hasta hace nada, el otro estaba loquito por Léa.
 
—¡Qué! —alargó su grito la pelinegra sin poder creerlo.
 
—¡Qué va a pasar con Léa nya! —la gata gauchesca se llevó a sus mejillas las dos manos sin poder incorporar a su cerebro lo que allí escuchaba, pero entonces, algo se posó sobre el hombro de la de rulos y la sacó de sus dudas.
 
—No te preocupes, tarde o temprano este idiota tenía que darse cuenta que su amor no estaba bien infundado —la princesa se limpió unas lágrimas de emoción provenientes de su rostro por la gran noticia que recibía; no sólo se libraba de los acosos de Alik, sino que también su shipp se había cumplido, así que estaba feliz.
 
—¡No vengan con esas cosas! —reclamó Iris a Léa con las mejillas encendidas—. ¡Debe de ser una broma Alik! ¿Verdad? —se volteó a ver a su compañero de canto, quien ahora se frotó la nuca con su mano mirando a otro lado algo apenado, lo que hizo que la boca de Iris se abriera de la impresión.
 
—No estoy bromeando —explicó sutilmente.
 
—¡Eso es mentira! —insistió Zaid realmente furioso, y se acercó a Alik para encararlo, pues pensaba que le estaba tomando el pelo—. ¡Cómo puedes afirmar eso si nunca las has tratado como corresponde! —le reprochó.
 
—¡Tú qué sabes zorro andrajoso! ¡Hasta la he besado para salvarla, y eso la ha liberado de esas estúpidas lianas! —señaló Alik con el ceño fruncido mientras apuntaba a esas sogas aceitunadas.
 
—¡Qué dijo! ¡Qué repita lo que dijo! —expresó emocionadísima Léa casi saltando en su lugar.
 
—¡ME BESASTE! —la cara de Iris empezó a cambiar de colores como lo hace un semáforo, e incluso, se empezó a marear de solo imaginarlo.
 
—Alik no pierde el tiempo nya, no como otros nya —Diamant se puso a meditar sobre la frialdad de Melba.
 
—¡SUFICIENTE! —exclamó Zaid estirando sus brazos a los lados, y haciendo detener todo el bochinche que estaban armando sus compañeros—. Estoy harto de tus mentiras, Amo Alik —mencionó rabioso—. Decir que besaste a Iris para salvarla es…
 
—No es una mentira —aclaró el pelinegro con calma—. Yo de lo que llevo de viaje con todos, no he mentido ni una vez —con la leve pausa que accionó,  hizo que el zorro lo mirara con desconcierto, pues por el tono que Reverse utilizaba, más esos ojos dorados que lo observaban sin quebrantarse, reflejaba su completa y dolorosa sinceridad—. La historia que me contó aquella enana tan molesta fue la que me dio la pista, y la que ha logrado salvarla. Si tú no pudiste hacerlo antes que yo, fue porque tus sentimientos no fueron correspondidos por ella; Iris te aprecia, pero no te ama —aseveró el catalizador.
 
—Alik… —expresó en un susurro la pequeña Iris, quien miraba de forma intercalada a los dos muchachos muy preocupada.
 
—Me temo que lo que dice el catalizador es verdad, señor Zaid —interrumpió uno de los elfos—. Esto no significa que usted quiera menos a la señorita que intentó rescatar, ni tampoco que su poder haya sido insuficiente, sólo implica que no ha sido correspondido.
 
La luz que habían visto los elficos despedir del cuerpo de ambos muchachos, significaba el completo valor de ambos y también, el amor que sentían por la enana. La lluvia al fin había cesado, y con su huida se desparramaron nuevos sentimientos, ahora no sólo se encontraba dentro del rubio la indignación, sino que también el rencor.
 
—Me voy —dio como ultimátum Zaid, y enseguida, emprendió su retirada pasando entre sus allegados.
 
—¿Estás huyendo? —le preguntó el catalizador, más éste no recibió respuesta por parte del zorro; simplemente fue ignorado.
 
Cuando Diamant intentó ir por él, Léa la detuvo, y le negó con la cabeza su ocurrencia, pues entendía que el corazón de su amigo estaba roto, como también que era necesario dejarle solo para despejarse ese dolor, pues estando éste a flor de piel, no sería nada fácil lidiar con el muchacho.
 
—¿Por qué? —interrogó la gata.
 
—Tenemos que darle algo de tiempo, o no podrá superar correctamente esto —aseveró la rubia.
 
Recibir un rechazo para nadie es sencillo, pero tampoco es simple aceptar una derrota, principalmente cuando una gran cantidad de tus planes han sido echados a la basura. Aquí es cuando entra al escenario  Hakim Vitali, observando como de la boca de la pequeña Iris salía un cristal que el báculo de la princesa, le arrebataba, pues aquello era lo que la controlaba. Hasta el momento, su herramienta no pudo dar con el objeto hasta que fue utilizado. Víctima de la furia, el albino cacheteó el agua, salpicando así a uno de sus lacayos con ella.
 
—¡Cómo puede ser esto! ¡Se supone que este acontecimiento iba a separarlos, y sin embargo…! —Hakim alzó uno de sus puños, el cual apretó hasta hacerlo crujir.
 
—Su majestad Hakim —mencionó con una entonación suave Belfry intentando calmarlo, y mientras tanto, éste se secaba un poco el agua que había caído sobre su rostro.
 
—No debería perder los estribos de esa manera, su majestad —el pelirrojo, hizo acto de presencia saliendo de una casona en la que se hospedaban.
 
—No estás en posición de decirme qué hacer Samael —dijo el zorro inclinándose sobre el pozo con frustración.
 
—Tal vez… pero debo informarle que su plan no ha fallado del todo —aquel comentario despertó el interés en él.
 
—¿Qué insinúas? —levantó la cabeza, y sus fríos ojos azules, los cuales alguna vez estuvieron en vida, se fijaron en el lobo de fuego.
 
—Su majestad, Hakim Vitali —el pelirrojo con una sonrisa en los labios, terminó de acercarse al pozo, para así, hundir su brazo en éste, produciendo entonces un burbujeo intenso acompañado con algo de vapor. Al quitarlo, dejó ver en el agua, cómo la imagen cambió a ese zorro que tanto él detestaba, a lo que su amo entre cerró los ojos.
 
—Ese es… —susurró.
 
—Así es, su enemigo, Zaid —mencionó Samael—. Quizás sea hora de unir fuerzas con él. Su ánimo en estos momentos es frágil, y lo más probable es que en el fondo de su atormentado corazón, lo que ahora ansié es la venganza. Venganza contra aquel que le quitó su amor —la maldad podía verse reflejada en el rostro de ese lobo, pero en el de su hermano, nada más se veía el pánico.
 
—No creo que esté bien usar así a la gente —se atrevió a decir con miedo Belfry.
 
—¡Tú cállate! —le ordenó el pelirrojo encrespado, lo que provocó que el peliceleste se hundiera de hombros.
 
En ese momento, ambos fueron detenidos por Hakim, quien puso una mano en el hombro del pelirrojo interrumpiendo su accionar.
 
—Me gusta ese plan —y con un semblante diabólico, los tres se movilizaron para llevar a cabo su maña: dos con entusiasmo, más el restante con pesadez.
 
El corazón herido de Zaid, ahora era un objetivo tentador para sus enemigos, y sin saberlo, sus compañeros pusieron a su disposición a su querido zorro frente a las garras del mal. Estando solo, desanimado, e incluso, perdido, ¿podrá Zaid superar este enorme inconveniente que pronto sería puesto en su camino?

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