Capítulo 54: "Lobos, vampiros, y ahora... ¿fantasmas?"

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Muchas veces las sombras pueden ocultar hasta los más feroces seres, pero en lugar de esconder a aquellas desalmadas criaturas, habían optado por formar una alianza con nuestros protagonistas, y el gobernante de Kimail, Seiran. Escurridizos como los ratones, se trasladaron surcando por unos pastizales que estaban detrás de su propia ciudad, en donde a las pocas horas de caída las tinieblas, lograron discernir una iglesia en mal estado justo en el centro del campo.
 
—¿Qué es ese lugar nya? —señaló la gata Persia al levantar sus orejas.
 
—Es la iglesia angelina. Alguna vez fue utilizada para ocultar a los antiguos creadores de este mundo, quienes fueron perseguidos debido a su ideal de paz por el hermano de Sir Syrkei —informó Seiran, e inmediatamente se detuvo frente a sus antiguas puertas, bajando así también a Alik de su espalda.
 
—¿Y qué se supone que haremos aquí? —indagó al respecto el catalizador. Mientras tanto, Diamant dejaba a Iris en el suelo.
 
—Será nuestra entrada al palacio de Sundae —afirmó posando una mano sobre la vieja madera, la cual rechinó al ser empujada, para así ser finalmente abierta—. Debajo de esta iglesia hay unas catacumbas que están conectadas con la ciudad. Es nuestra alternativa.
 
—¿No pudieron haber sido algo como los pasajes secretos de Serdonía? —mencionó con incomodidad su alteza, quien no estaba muy a gusto con la idea.
 
—Dicen que en las catacumbas hay muchos fantasmas, nya —canturreó Diamant mientras miraba de reojo a la princesa, quien se ponía pálida por el dato, y que cuya reacción le producía diversión a la gata gauchesca.
 
—Nosotros podemos darles un empujón al reino de las sombras para que puedan comprobarlo —informó una voz ajena a ellos, y que les hizo girarse a todos a su dirección.
 
Un grupo de hombres con ojos evidentemente rojos, y sonriendo de una forma escalofriante, los estaban mirando. Aunque se limitaban a observarlos, ese accionar duró poco debido a la tensión, como al grito que soltó Seiran posteriormente.
 
—¡Adentro de la iglesia! —como si fueran cohetes, el grupo de Léa Milenios ingresó a la decadente edificación sin siquiera meditarlo.
 
En lo que se daba la huida de nuestros héroes, los licántropos perseguidores, empezaron con su transformación. A las afueras del edificio, los gruñidos como el sonido de las vestiduras siendo desgarradas, se hicieron presentes.
 
—¡Qué hacemos, ahora estamos atrapados! —gritó Alik evidentemente histérico.
 
—¡No del todo! ¡Ustedes vayan por ahí! —señaló con un movimiento de cabeza, una manija de acero que sobresalía del piso en lo que sostenía la gran entrada con ambas manos. Su idea, era mantener afuera a las bestias con su sobrenatural fuerza—. ¡Yo los detendré!
 
—¡Estás loco, no podrás contra tantos tú solo! —exclamó la princesa, pero el vampiro sonrió dejando destellar sus ojos en un precioso carmesí.
 
—No subestimes al rey de Kimail —dijo con gran confianza—. ¡Ahora vayan! ¡Vamos, vamos, VAMOS! ¡Muévanse!
 
Un golpe estruendoso se discernió de repente, y éste tenía que ver con la gran puerta. Algunas astillas de madera volaron a los alrededores de Seiran, aunque de igual forma lo hicieron unos cuantos de sus trozos, pues del otro lado, aquellas criaturas salvajes deseaban importunarlos a toda costa. Aun con semejantes arremetidas por parte de los adoradores de la luna, el gobernante de Kimail mantenía el portal de la iglesia en su lugar con gran valor y ferocidad. Impresionados por el tremendo poder de ese vampiro, el cual se esforzaba por darles tiempo, Léa, la heredera al trono de Shion, tomó también aliento para seguir con su aterradora misión.
 
—¡Síganme! —declaró la guerrera, y todos los demás asintieron, para luego ingresar a las catacumbas sin oponerse, derramando así toda su confianza en el gobernante vampírico.
 
Nuestros jóvenes valientes, una vez ingresaron al lugar, Léa hizo la invocación de su báculo, el cual, al desprender una llama como es natural en éste, les iluminaba gratamente el camino, el cual se encontraba decorado de toda clase de esqueletos y calaveras.
 
—Qué lugar más tenebroso —dijo con la cara azul la rubia.
 
—Pero no tenemos de otra más que avanzar. De nuestra valentía depende Zaid —afirmó Iris estando detrás de ella. No obstante, Diamant se dio cuenta de que no poseían un guía, por eso dijo lo siguiente.
 
—Sin embargo, yo no puedo localizarlo nya, y este lugar se ve como un laberinto nya. ¿Cómo haremos para no perdernos nya? —le preguntó a su majestad.
 
—Tienes razón… para colmo ni Alik ni Iris tienen esa habilidad —respondió ella y se quedó planeando cuál sería su mejor estrategia, y entonces chasqueó los dedos—. ¡Eso es! Bueno… no del todo —expresó con nerviosismo.
 
—¿Qué se te ha ocurrido princesa Léa? —se dirigió Alik a ella.
 
—Quizás… existe la posibilidad de que un fantasma nos ayude, pero no estoy del todo segura, y más en este tipo de sitios —aclaró ella bajando la voz, pues, sus alrededores no le inspiraban confianza.
 
—Los fantasmas también son afectados por la ausencia de la Nota, Léa. No sé cuánto debamos fiarnos de ellos —aclaró Iris.
 
—Según escuché, a veces depende de qué tan atroz fue su muerte —dijo como dato Reverse, mientras entre cerraba los ojos un poco con aburrimiento.
 
—Ahora que lo dicen, ¡eso sí puedo detectarlo nya! —explicó la gata gauchesca.
 
—¿Puedes encontrar cosas de ese tipo? —preguntó Alik levantando una ceja.
 
—¡Sí nya! Y de hecho… ¡estoy viendo uno ahora mismo nya! —señaló la gata Persia detrás de sus amigos, quienes voltearon con incomodidad y cierto temor hacia la dirección que señalaba la muchacha.
 
Apenas miraron, una nube vaporosa se expresó, y comenzó a tomar forma. Sus extremidades, a excepción de sus pies, se dibujaron perfectamente en el aire al igual que su rostro, el cual aparentaba ser el de una mujer con vestimentas algo anticuadas. La apariencia del ser sobrenatural, hizo que sudaran frío por su transparencia, pero se tranquilizaron al notar que ésta no dejaba de ser una persona en su totalidad.
 
—Gracias a Dios no es uno de esos que son deformes —se aclaró la garganta Alik, quien estuvo a punto de gritar, y ni qué decir de Léa, que a pesar de su valentía, estaba blanca como un papel.
 
—¡Hola nya! ¡Cómo te llamas nya! —Diamant fue la primera en dirigirse al fantasma, quien la miró sorprendida. Después de todo, ella estaba más acostumbrada a este tipo de seres, mucho más que su propia amiga y líder.
 
—¡Oh! ¡Invitados! —dijo ella muy contenta—. Me llamo Antonieta. ¿Qué los trae por las catacumbas del antiguo mundo? —preguntó la fantasma.
 
—¡Yo soy Diamant Stelar nya! ¡Y ellos son mis amigos: Alik Reverse, Iris Lux, y Léa Milenios nya! Llegamos aquí por el hecho de que debemos ir con urgencia a Sundae para rescatar a un zorro mágico nya, pero no podemos llegar solos nya. ¿Podrías ayudarnos nya?  
 
—¡Claro! ¡Conozco este lugar como la palma de mi mano! —ella hizo una reverencia, y de repente la cabeza se le quedó colgando, a lo que muchos se impresionaron, pero especialmente Léa y Alik. La primera se puso a temblar, pero el segundo, se desmayó del susto—. ¡Oh, lo siento, a veces me pasa cuando me emociono! —se puso la cabeza que colgaba de un gajo de carne en su lugar.
 
—¡Alik, Alik despierta, idiota! ¡No es momento para desmayarse! —le gritaba Iris en lo que cacheteaba levemente a su novio para despertarlo. Ella no se vio afectada por lo que había pasado, principalmente porque justo no estaba muy atenta, y le llamó más la atención lo nervioso que se encontraba el de mechones dorados.
 
—¿Estás bien princesa Léa nya? —preguntó Diamant mirando a su líder. La minina, tampoco se vio influenciada, quizás porque desde muy joven estaba acostumbrada a ver semejante cosas tan aterradoras.
 
—¡Sí, estoy perfectamente! —dijo riendo mientras elevaba un brazo soltando una pequeña carcajada intranquila—. Mejor apresurémonos —la realidad es que la chica estaba aterrada, pero sabía disimularlo bien.
 
A pesar de que surgieron pequeñas dificultades, como la forma de caminar tan impropia por parte de su alteza, apoyado también por el decline propiamente descolocado por parte de Reverse, el resto de los tres integrantes resolvieron muy pronto el asunto: las tres muchachas optaron por cargar a catalizador; Léa por los pies, y las otras más pequeñas por los brazos, por lo que de ese modo parecía que estaban llevando a cristo crucificado.
 
—¡Pesa mucho aunque es muy delgado, nya! —mencionó Diamant mientras seguían al dichoso fantasma.
 
—Créeme, aunque no parezca, él es más que eso —aseguró Iris con el rostro rojo por el esfuerzo.
 
—¿Ya lo viste? —dijo entre cerrando los ojos Léa, a quien se le fue el miedo al escuchar a la más baja, y por supuesto, ¿cómo no hacerlo si hablaban de su shipp favorita?
 
—¡No hicimos nada! —gritó exaltada la pelinegra, y que cuya voz hizo eco en el lugar.
 
—¡Shh! ¡Yo no haría tanto ruido si fuera ustedes, ya que en este sitio hay otros fantasmas que no son tan buenos como yo! —advirtió Antonieta. Debido a ese comentario, las chicas se miraron entre ellas y decidieron mejor guardar silencio el resto del camino.
 
Con la incertidumbre de lo que había pasado con Seiran, y ahora, con el temor que infundía su nueva compañera, el grupo de Léa se trasladó durante una hora por las catacumbas, hasta que casi al final del tramo, Reverse logró recobrar la consciencia.
 
—¿Qué a…? ¿Ah? —expresó al verse sujetado de ese modo por las chicas, quienes luego lo bajaron apenas notaron su recuperación—. ¿Qué fue lo que sucedió? —se rascó la cabeza mientras las miraba confundido.
 
—Te desmayaste como el gran macho de pecho peludo que eres —aseguró Iris burlándose un poco de él, a lo que Alik hizo un gesto de desaprobación.
 
—No sigas —mencionó entre dientes, y las chicas se medio rieron en voz baja.
 
—Ya llegamos por cierto —interrumpió la fantasma señalando unas escaleras de piedra que iban hacia arriba.
 
—¡Oh! ¡Muchas gracias nya! ¡Si pudiera abrazarte, lo haría nya! —aseguró Diamant muy contenta.
 
—No te preocupes por eso. Se me caería la cabeza otra vez —declaró la chica fantasma con una amigable sonrisa.
 
Sin embargo, aun estando cerca de su objetivo, unos sonidos extraños provinieron del fondo de las catacumbas que ya habían pasado, por eso mismo, los chicos se asustaron y se pusieron en alerta.
 
—¡Qué fue eso! —exclamó Léa con cierto pánico; algo le daba mala espina.
 
—¡Son ellos! ¡Rápido, suban! —ante la advertencia de Antonieta, los chicos se apresuraron en ascender. Su decisión fue acertada, porque apenas se encontraron en uno de los pasillos del palacio licántropo, unos gruñidos demoniacos se amontonaron en la parte baja de las escaleras de piedra que apenas habían abandonado.
 
—Dios mio… ¿qué es eso? —volvió a interrogar Alik, pero esta vez más exaltado. Las jóvenes que lo acompañaban, también palidecieron ante ese acontecimiento, y por supuesto, no supieron qué responder, más sólo Léa se acercó a tapar con el pie de su tacón la boca de tormenta, que había hecho a un lado para poder pasar.
 
—Me temo que quizás nos quedaremos con la duda —mencionó la princesa a ojos cerrados; ahora ella se veía más tranquila al salir de ese aterrador pasadizo.
 
—¿La pobre Antonieta estará bien ahí abajo nya? —Diamant miró a su líder con las orejas decaídas.
 
—Es un fantasma, y ella supongo que sabe cómo lidiar con ese tipo de seres —aclaró la princesa.
 
Mientras ellas charlaban, Alik notó algo que sus compañeras no, pues al fondo del pasillo, un lobo negro que resaltaba muy feroz, se encontraba expulsando una especie de baba que derretía los azulejos. Los ojos de la criatura resplandecían envueltos en unas llamas ardientes, y su lomo rosaba el techo del mismo, lo cual le hacía entender a nuestro chico de ojos dorados, que ese monstruo, era mucho más imponente de lo que se dejaba ver.
 
—Chicas, lamento interrumpirlas, pero creo que nos llegó la fiesta de bienvenida —Iris, Léa, y Diamant, voltearon, observando lo mismo que Reverse, e inmediatamente gritaron, acto seguido, el inmenso animal se les fue al humo con toda la intensión de desgarrarles el cuello.

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