Capítulo 56: "Bloqueo Real"

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En muchas ocasiones, las lágrimas dicen más que las palabras, ya que cuya existencia, señala el fin o el comienzo de una agonía, pero aquí, podemos ver que adquiere el significado de una nueva lucha. Léa Milenios se limpió el rastro que había dejado esa agua salada en su rostro, y se preparó con su báculo para entrar en batalla. Estando en clara desventaja gracias al plan de su enemigo, nada más quedaba rezar por algo de suerte y esforzarse al máximo para derrotarlos.
 
Las puertas del salón vibraron por última vez, y la entrada explotó haciendo volar una impresionante humareda, de ahí, ambas mujeres tuvieron que esquivar los proyectiles provenientes de la puerta, mientras que las burbujas se alzaron para evitar ser golpeadas con ambos catalizadores adentro.
 
—¡Escucha mi intensa chacarera nya! —gritó la gata, quien volvió a hacer uso de su guitarra apenas aterrizó con éxito en el suelo. Sus maravillosos hilos se amarraron contra la bestia que se asomó entre la nube de polvo, no obstante, no conformes con este problema, Zero no aguantó las ansias de atacar tampoco, y utilizó su arma contra la gata, quien descuidaba sus espaldas.
 
—¡Diamant! —gritó la princesa que llegó a cubrirla con su maravilloso escudo a su amiga, repeliendo así el ataque del zorro.
 
—¡Gracias por la ayuda nya! —mencionó la más baja, pero entonces, el feroz ser la tironeó de sus hilos arrastrándola hacia él por el aire.
 
—¡No! —exclamó la princesa al ver que Diamant estaba por caer en las fauces de la bestia víctima de esa terrible acción, y aunque quiso tomar su mano  para evitarlo, ni siquiera llegó a rosarla—. ¡Diamant!
 
—¡Será mejor que me prestes más atención! —gruñó Zero. El muchacho formó un círculo delante de él, apuntando así a su alteza, y liberando contra la dichosa un hechizo—. ¡Orreitne! —una espesa masa negra chocó contra la barrera de la rubia, y empezó a contaminar su protección.
 
—¡Qué clase de magia es esta! —gimió la princesa, quien intentaba purificar con su propio poder aquella masa oscura, pero al mismo tiempo, no lograba centrarse, gracias a la desventura que vivía su amiga. Sin embargo, en ese momento, cuando la gata Persia estuvo a punto de acariciar la garganta del hombre lobo, una de las ventanas de la sala reventó, y entonces una silueta difusa atrapó a la pequeña de cabellos azules.
 
—¿Estás bien? —dijo el héroe de turno: Seiran, el vampiro. Su estado parecía ser óptimo a pesar de estar manchado de sangre.
 
—¡Nya! ¡Muchas gracias nya! —mencionó felizmente la de ojos verdes.
 
—¡Menos mal! —expresó aliviada su alteza, pero se percató de inmediato que esa oscuridad la estaba a punto de engullir, por eso mismo dio un salto hacia atrás observando como su escudo mágico desaparecía junto a esa cosa. En cuanto a Zero, al ver llegar al líder de los chupa sangre, no hizo más que chasquear la lengua.
 
—No importa que él esté aquí ahora, ¡ya que no va a cambiar los resultados! —afirmó el pelinegro, e inmediatamente volvió a arremeter contra la chica de los cabellos como el sol, repitiendo el primer hechizo que les lanzó en conjunto. Aunque Léa no contara con sus catalizadores, ella poseía aún nobles dotes que la ayudaban a enfrentar el peligro, por eso con gran eficiencia, podía esquivar los ataques de Zero, y mientras tanto, buscaba una abertura.
 
La batalla era intensa, y tampoco se veía fácil luchar contra un amigo, menos darle frente a un lobo feroz, el cual tiró a bajo las cuerdas de la gata previamente, e inmediatamente después, buscó arremeter contra el chico y la muchacha, no obstante, a pesar de la tremenda batalla que tuvo Seiran contra aquella manada, tenía las suficientes fuerzas como para tratar con otro más. El de ojos color miel, mantuvo a la felina entre sus brazos, y con habilidad, dio un giro en el aire que les permitió evitar la enorme garra que intentó golpearlos. El puño de la criatura se quedó atascado en el concentro, por lo que Seirán aprovechó para decirle rápido su plan a la chiquilla.
 
—Ataquemos juntos —bajó a la gata Persia luego de aterrizar—. Inmoviliza sus movimientos, y yo me encargaré de la transformación del príncipe —declaró poniéndose en posición de pelea.
 
—¿Ese es el príncipe nya? —mencionó sorprendida la gata en lo que sujetaba con algo de nervios su guitarra, pero en ese momento, la terrible bestia se liberó.
 
—¡Hazlo, no hay tiempo! —le gritó Seiran, y Diamant asintió rápidamente varias veces.
 
—¡Sí nya! ¡Escucha una vez más el ritmo del gato zapatero nya! —Diamant hizo una pose, y tocó  su guitarra con esmero, atrapando de nueva cuenta al aterrador ser. Mientras la de ondulados cabellos se centraba en su poder, no pudo evitar notar que Léa estaba levantando una gran cantidad de polvo del suelo, y eso se debía no sólo a su vehemente manera de  esquivar los ataques, sino también a los mismos que producía Zero, así que éste en determinado momento tuvo que parar, pues su visión se vio afectada, así como la de los presentes, excepto la del vampiro.
 
—¡Te tengo! —expresó el líder de Kimail, quien logró atravesar con su mano la frente del lobo al propinar un rápido salto hacia él, por lo que obtuvo en consecuencia de aquel acto, un aullido aterrador que escapó de la bestia, el cual hizo erizar el pelaje de la gata gauchesca.
 
—¡Qué diablos está pasando! ¡No veo nada! —gritó irritado Zero.
 
—¡Lo siento, Zaid! —mencionó una voz femenina que se escuchó detrás de la cortina de tierra.
 
—¡Ahí estás! —declaró Zero, y de inmediato, señaló el lugar de donde provenía la voz con su báculo, pero en un santiamén, Léa había logrado mandar a volar el arma de Zaid al golpear ésta, y a continuación, arremetió con la cabeza de su bastón muy duramente el estómago del pelinegro. La estocada le quitó no sólo el aire a nuestro villano, sino que también lo envió a derrapar por el suelo hasta chocar contra el trono, en el cual impactó, y en consecuencia quedó inconsciente. En ese momento las burbujas en las que estaban encerrados sus catalizadores, se rompieron y fueron liberados.
 
—¡Sí! —saltó de alegría Iris al tocar el piso.
 
—Vaya, ya era hora —dijo Alik sacudiéndose sus vestiduras.
 
—Eso no fue nada difícil —aseguró Seiran, el cual estaba sobre la bestia a la que habían derrotado entre él y Diamant.
 
—¡Chicos, están bien nya! —la gata Persia fue a abrazar a los dos catalizadores, quienes mostraron una sonrisa también al ver a la chica en un buen estado.
 
—Por cierto, ¿qué tienes ahí rey de Kimail? —señaló Léa con su dedo la mano de Seiran, la cual estaba manchada de sangre, y poseía un diamante carmesí.
 
—El origen de nuestros problemas —dijo él, y apretó el cristal, destruyéndolo—. Este diamante no sólo hace enloquecer a los lobos, también puede ser usado en su contra para dominarlos —agitando sus manos entre sí para limpiarse los restos del diamante, se bajó del torso de la bestia, y al momento en que lo hizo, ésta empezó a recobrar su forma humana, desvelando así a un niño de aproximadamente unos catorce años.
 
—¡Pobresito nya! —se acercó Diamant a socorrerlo, y lo mismo hizo Iris.
 
—¡Yo lo curaré! —declaró la catalizadora, y Alik se quedó observando el accionar de su novia; él sabía que no podía quedarse atrás, así que se acercó a Léa.
 
—Yo le brindaré el apoyo que necesite princesa —aseguró Alik, haciéndole entender que con su ayuda recuperarían a Zaid.
 
—Hagan lo que tengan que hacer, yo vigilaré que nadie más interrumpa —mencionó Seiran, y la rubia asintió.
 
—Gracias chicos —así que la heredera del reino de Shion tomó algo de aire y empezó con su cantico—. ¡Oh amo y señor, ten piedad de aquellos que han perdido el camino, pues tuya es la responsabilidad de guiarlos! —Léa agitó su báculo el cual brilló en un intenso dorado—. ¡Libera tu puridad!
 
Al mismo tiempo que Léa llevaba a cabo su magia, Alik la acompañó con una canción para entregarle más fuerza, y esto les permitió ver como del pecho de Zaid aparecían unas cadenas amarradas al micrófono.
 
—Parece que funciona —comentó el líder de los vampiros. Sin embargo, algo llamó la atención tanto de Reverse como de Léa, el micrófono no se estaba desprendiendo de su cuerpo por alguna extraña razón—. ¡Qué pasa! —expresó exaltado el rey de Kimail.
 
—¡La magia… la magia aquí utilizada es mucho más poderosa! —gritó Léa, pues no podía ver bien por la luz que producía su propia arma.
 
—¡No es eso nya! ¡Observen bien nya! —señaló la gata Persia al frente, y ahí pudieron distinguir como la mala copia del báculo de Léa, le estaba haciendo frente a su alteza, cosa que dejó pasmados a los chicos—. ¡Esa cosa está repeliendo la magia de Léa nya!
 
Los chicos entre abrieron tantos sus bocas como sus ojos, y en ese momento, el arma antes mencionada, soltó una poderosa rafa que hizo retroceder a nuestros héroes.
 
—¡Tiene voluntad propia! —aseguró Seiran.
 
—¡Ah! ¡El micrófono vuelve a su cuerpo! —mencionó desesperada Léa, quien se había esforzado tanto por lograrlo para luego ver cómo esa cosa volvía a estar nuevamente dentro de Zaid.
 
—¡Es inútil! —una voz hizo eco en la habitación, dejando perplejos a los presentes.
 
—¡Quién es! —preguntó Alik mirando el cielo raso.
 
Cuando apenas Iris había logrado terminar de curar al pequeño, Diamant como ella, se levantaron al ver como repentinamente un portal se abría frente a sus demás amigos, y que por consiguiente, de éste salió una mano que los saludó en primera instancia, para luego tomar el báculo que meditaba por sí solo.
 
—Su poder no es suficiente para repeler al de este báculo —mencionó el dueño de la mano, quien luego se dejó ver al salir por completo del portal. Sus ropas, bien destacables por su forma tan particular, sumadas a esos cabellos de un color fuego intenso, dejaban a la vista de quién se trataba; era Samael—. Traigo para ustedes unos saludos cordiales de parte de nuestro amo: Hakim Vitali —aseguró él.
 
—¡Desgraciado! ¡Sabíamos que eran ustedes los que estaban detrás de todo esto! —antes las palabras de Alik, Samael simplemente sonrió satisfecho.
 
—No sirve de mucho que sepan que nosotros estamos detrás de todo, ¿no? —declaró el pelirrojo.
 
—Maldito… ¡Acaso no es tu trabajo y el de Belfry asegurarse de que su amo no haga esta clase de cosas! ¡Además, cómo es que pueden manipular los micrófonos de Astair! —interrogó con molestia la rubia.
 
—Shh —se puso un dedo en los labios, y cerrando los ojos dijo—. No puedo decir eso —abrió uno mirando con diversión a los aventureros—. Además, nuestra tarea es cuidarlo, no retener sus deseos. Veo que sabes poco sobre los lobos elementales, su alteza… Léa Milenios —en un rápido movimiento, Samael tomó en brazos a Zaid.
 
—¡Zaid! —gritó la princesa, quien antes de poder acercarse con su grupo, fue amenazada por ese báculo, el cual los obligó a detenerse.
 
—Aún no es el momento, pero… ya nos encontraremos otra vez. Bye bye —canturreó llevándose un par de dedos a los labios, para luego soltar un beso a los chicos, y así, finalmente, desaparecer con el zorro dentro del dichoso portal, al cual no tuvieron oportunidad de ingresar por lo rápido que éste se cerró.
 
La pérdida evidente de Zaid, más el fracaso de su recuperación, hicieron que las piernas de Léa Milenios cedieran, dejándola arrodillada en el suelo. Sus amigos, preocupados, se acercaron a ella rodeándola e intentando animarla, pero sus nobles sentimientos no llegaban a su majestad. Al comienzo, ella se vio tambalear por su confusión al creer que su amigo los había traicionado, y de no ser por sus catalizadores, y la gata gauchesca, ella hubiera perdido la compostura, tal y como ocurría ahora.

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