Capítulo 58: "Místico, Fogoso, ¿y por qué no?, Mágico"

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La intensa noche había pasado, y la mañana comenzaba a iluminar ambos reinos contrapuestos, pero que sin quererlo, ya estaban unidos por una alianza. Ahora el día se prestaba para que el viaje se continuara, y en consecuencia, tomar nuevas decisiones, que les facilitaría o no la continuidad del recorrido. Su estadía sería breve en Kimail, especialmente por la agitación antes planteada, por eso decidieron que ese nuevo amanecer, después del desayuno con el rey de esas tierras, volverían a las andadas.
 
—Ayer fue una noche muy inquieta, princesa Léa —le hizo saber Seiran, quien se encontraba estrenando comidas junto a sus invitados: la antes mencionada, Alik Reverse, Diamant Stelar, e Iris Lux—. Estoy al pendiente de que su retirada será inminente, aun así, no puedo evitar sentir que me hubiera gustado que pasaran más tiempo en mi hogar.
 
—De verdad se lo agradecemos mucho, rey de Kimail —expresó la dueña de aquellos cabellos semejantes al sol.
 
—No te preocupes, y llámame Seiran por favor —le pidió, a lo que su alteza accedió.
 
—Seiran, nosotros debemos partir lo más pronto posible para salvar a nuestro compañero, y así también, conseguir varios objetivos más, los cuales tienen que ver con la Nota Vanguardista. Aún no sabemos nada de su paradero, y me temo que con la ausencia de Zaid, ya no tendremos pista alguna —aseveró su alteza con preocupación.
 
—Eso es realmente un problema. Sin embargo, el destino es noble con aquellos que son insistentes, y como lo prometí, ahora mismo voy a darles la información que tanto les apetece —aseguró el vampiro.
 
—Por un momento casi lo olvido con todo ese lio —murmuró Alik, quien luego recibió un codazo en las costillas por parte de su novia debido a su falta de respeto, ya que se expresó con soñolencia.
 
—¡Alik! —se quejó la morocha, obteniendo a su vez, la vista de cómo el pelinegro con mechones dorados, se acariciaba la zona afectada mientras le decía lo siguiente.
 
—¡Maldita enana! —gimió en forma de reproche, lo que hizo que la pequeña frunciera el ceño.
 
Mientras las miradas de ambos catalizadores chocaban, y una gata Persia suspiraba, Seiran procedió con su monologo.
 
—El rey hada, Meos, hace no mucho, mandó un mensaje urgente a mi reinado. Dejó dicho, que tiene la necesidad urgente de hablar con ustedes; no me dio más detalles del por qué, pero sí mencionó, que lo que buscan, está más cerca de lo que imaginaban —aclaró el del pelo azafranado.
 
—¿Se referiría a la Nota Vanguardista? —preguntó interesada Iris.
 
—Si ese es el caso, entonces nuestro viaje está a punto de terminar —declaró Alik.
 
—¡Que desgracia nya! ¡Yo quería seguir viajando nya! —se lamentó la gata gauchesca echándose de forma desubicada sobre la mesa.
 
—Chicos, tengo la impresión de que ese no es el caso —les mencionó Léa.
 
—Puede ser eso, como otra razón —les informó Seiran—. De cualquier forma, creo que es una buena manera de retomar su aventura, especialmente con la ausencia de ese zorro que los guiaba —afirmó el vampiro—. Además, estamos cerca del pueblo Acutis, el cual está habitado en conjunto por los unicornios y sirenas, así que también tienen la posibilidad de encontrar ahí, a otro de los reinos de las hadas.
 
—Él tiene razón Léa. Si vamos ahí, podremos reunirnos lo más pronto posible con Meos —mencionó Iris.
 
—Sí, es verdad. Bien, entonces nos dirigiremos al pueblo de Acutis —Léa finalmente se puso de pie, y sus compañeros hicieron lo mismo.
 
—Antes de que se vayan, tomen esto, pues lo necesitaran para evitarse cualquier tipo de contra tiempo —Seiran sonó sus dedos, y unos guardias trajeron para ellos ropas nuevas y una mochila llena de provisiones con algo de dinero—. También viene de parte del nuevo rey de Sundae; asegúrense de agradecerle la próxima vez que lo vean —sonrió amablemente Seiran.
 
—¡Wow! ¡Era justo lo que necesitábamos! ¡Muchas gracias! —aseguró Léa revisando parte de las vestimentas, las cuales tenían que ver las costumbres de la aldea a la que se dirigían.
 
—¿En verdad tendremos que usar esta ridiculez? —preguntó Alik, quien sacó de la bolsa una bincha con un cuerno puesto.
 
—No te quejes Alik, ya que con todas las que hemos pasado, no tenemos más opciones —le mencionó Iris.
 
—Esto es culpa del maldito hermano de aquel zorro —gruñó el pelinegro, y se puso la dichosa, la cual no podía distinguirse si era falsa o verdadera.
 
Finalmente habían logrado escapar con vida después de cruzarse con estos no tan simpáticos seres, y ahora, luego de haberse nutrido con el elixir de la valentía, era momento de seguir con su aventura con una nueva identidad. Mientras nuestros héroes se deslizaban fuera de los terrenos de Kimail, alguien más estaba despertando dentro de una habitación antigua, la cual no poseía mueble alguno, y que cuyo olor a humedad, taladraba las fosas nasales del muchacho.Reincorporándose lentamente, sentía que había despertado de un sueño aterrador, el cual le había dejado el cuerpo muy tenso, y de alguna forma débil.
 
—¿Qué es… este lugar? —se preguntó, y entonces levantó la vista observando a sus alrededores, y se dio cuenta de que ese no era el bosque en el que se había encontrado con Hakim, aunque no pasó tampoco desapercibido sus vestimentas—. ¡Esta ropa! —gimió alarmado en lo que se enderezaba abruptamente, pero ese acto, le provocó un dolor en la espalda, que le obligó a cerrar los ojos con algo de fuerza—. ¡Ugh! ¿También mi espalda? —aunque las fuerzas le regresaron de golpe, los momentos incordiosos no iban a cesar ahí.
 
Los cambios poco comunes en él, habían tomado por sorpresa al joven Zaid, pero más lo hizo, una voz que vino de la otra punta de la habitación.
 
—Parece que te has librado a medias. Al final, la princesa Léa es más poderosa de lo que se ve —mencionó el pelirrojo Samael.
 
—¡Tú! —exclamó él poniéndose a la defensiva—. ¡Qué clase de lugar es éste! ¡Dónde se supone que están mis amigos! ¡Y Qué me hiciste!
 
—¿No lo recuerdas? —se acercó al muchacho, el cual se expresa iracundo, y se frenó al estar a unos pocos metros de él—. Te transformé en mi sirviente con el Micrófono de Astair, y de hecho, aún lo eres. Esa mujer no ha podido quitarlo, pero sí desquebrajarlo un poco, lo cual provoca que estés semiconsciente, aunque eso no me impide controlarte.
 
—Ah… no puede ser —mencionó angustiado, especialmente cuando se dio cuenta de que quizás intentó dañar a sus amigos por culpa de esto.
 
—Es como piensas —le explicó Samael, quien al parecer, había intuido los pensamientos de aquel zorro, por eso mismo Zaid levantó la mirada con preocupación.
 
—Estás diciendo que… —fue interrumpido.
 
—Exactamente, has luchado contra tus amigos, pero has fallado en destruirlos, así que vamos a cambiar un poco los planes —lo señaló—. De ahora en adelante, podrás vigilarlos cuando te apetezca, pero te prohíbo cualquier muestra de afecto que sea verbal.
 
—¡Qué! ¡No puedes hacerme esto! —apenas se opuso, sintió Zaid que algo en su interior latía, y lo obligaba a inclinarse, y aunque puso fuerza de voluntad en ello, terminó arrodillado en el suelo, para luego mencionar las siguientes palabras—. Sí… mi señor.
 
Con mucha rabia, Zaid no pudo oponerse a la orden de Samael; el lobo que lo había sometido desde hace apenas unos días. No obstante, las cosas ahora se tornarían más pesadas para él, en especial, sabiendo que no podría tener la libertad deseada, y que estando en un estado consciente, llegaría a pasarlo de los mil infiernos.
 
—Por cierto, sólo puedes responder al nombre que te di, el cual es Zero —le hizo saber.
 
—Sí… mi señor —volvió a responder pausado.
 
—Y una última cosa… —Samael agregó algo más, algo que sólo el zorro podía enterarse, y que ni nosotros mismos éramos dignos aún de ver.
 
La charla había terminado, y con ello su privacidad también, pues el rey de Legizamon entró sorpresivamente por la puerta, para soltar las siguientes palabras.
 
—Samael, ¿qué hace él aún aquí? ¿No me dijiste que te encargarías de hacer que él los destruyera? —se acercó ferozmente a los dos con el ceño completamente fruncido.
 
—Sí, su majestad. Ahora mismo Zero se retiraba. ¿No es así? —respondió con una voz muy apacible aquel lobo de fuego, cosa que le hizo dar mala espina al esclavo de éste hombre.
 
—…—sin emitir ningún sonido por su garganta: Zaid se levantó, hizo una ligera reverencia, y salió por una de las ventanas sabiendo desde un comienzo a dónde debería ir. Sus instintos seguían siendo impecables, y su magia permanecía, aunque aún más poderosa que antes.
 
El muchacho, hermano de ese impresionante y cruel gobernante, se trasladó de rama en rama, dándose cuenta de sus nuevas capacidades. Aunque ahora estuviera del lado de la gente que tanto había intentado detener, no podía hacer otra cosa ahora más que servirles, por eso es que se detuvo a pensar en una de las extensiones de los árboles, y con gran angustia, sus ojos se volvieron acuosos, pero enseguida, se limpió las lágrimas para evitar que éstas cubrieran su noble alma de desesperanza, pues sus amigos habían intentado salvarlo a pesar de que fallaron en el intento.
 
—Debo encontrarlos lo más pronto posible, y lograr que me quiten esto, ¿pero cómo hacerlo si no puedo evitar las órdenes de Samael? —retomando su curso, volvió a redirigirse, y se movió con las esperanzas de que Léa, en esta ocasión, lograra finalizar su encantamiento.
 
***
 
Transcurridos tres días desde su partida de Kimail, los chicos ignoraban que detrás de ellos, el mágico zorro que llegó a ser alguna vez su amigo, se encontraba pisándoles los talones. Por otro lado, el paisaje que cruzaban, se había transformado en algo más húmedo, pues justo a ambos lados, se empezaron a manifestar magníficos senderos de agua cristalina, donde su profundidad era desconocida, y que eran transcurridos por unas bellas sirenas con canastas bien tejidas sobre sus cabezas, decorando así, la hermosa fauna.
 
—¡Miren eso! —señaló impresionada Iris. A la derecha del puente que se encontraba más adelante de ellos, se divisaba una cascada gigantesca, y que en cuyas aguas espumosas más adelante se perdieron aquellos magníficos seres.
 
—Esa debe de ser la entrada —mencionó Léa.
 
—¿Es necesario ir al pueblo de Acutis? —preguntó Alik.
 
—Sí, ya que seguramente sus habitantes sabrán cómo guiarnos hacia el reino de las hadas que está aquí —mencionó su alteza.
 
—¡Vamos, vamos nya! ¡Si hay pescado gratis es mejor aún nya! —saltó la gata Persia con entusiasmo.
 
—¿Qué tonterías dices?, no vinimos exclusivamente a comer —la regañó el guapo catalizador.
 
—Bueno, no es del todo falso —le rugió el estómago a las tres chicas, cosa que hizo que el guaperas del grupo se avergonzara.
 
—Diablos, no tienen remedio —se llevó una mano a la frente haciendo drama, pero su panza también gruñó, lo que hizo que perdiera sus aires de grandeza y se ruborizara de la pena.
 
—¡Observan eso! No te sale tratar de imitar a Zaid —le dijo riendo su novia mientras lo señalaba.
 
—¡Cállate! ¡Y ustedes tampoco digan nada! —les advirtió a sus demás compañeras que se aguantaban las ansias de burlarse también.
 
A todo esto, desde las alturas, Zero observaba con una agradable sonrisa el proceder de sus ex-compañeros. El simple hecho de verlos tan enérgicos como siempre, le brindaba nuevas esperanzas a su tan aterradora situación, en especial, al ver que aún lo tenían en cuenta.

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