Capítulo 59: "Cromático"

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A veces el hambre puede llegar a dispersar nuestras mentes de tal modo, que no deja que nos centremos en lo que es verdaderamente importante, por esa razón, nuestros aventureros apenas traspasaron la cascada, no sólo prestaron atención a la brisa cálida que golpeaba sus rostros, sino que también, mostraron especial interés, a los diversos aromas que se encontraban dispersos. Mezclados con el salvaje viento, sobresalían las flores y los suculentos platillos que se vendían en la zona, tanto por parte de sirenas como por unicornianos. Ambas especies, se dedicaban especialmente a hacer todo tipo de paellas, y las mismas, despertaban las ansias de devorarlas. 
 
—¡Quiero probar eso Léa nya, eso y eso también nya! ¡Ahh, hay tanto para degustar nya! —Diamant saltaba de alegría de puesto en puesto, y no le daba el más mínimo crédito, al resto de cosas que la rodeaban.
 
—Este lugar parece que se dedica mucho a la gastronomía, y también… ¿a los parques temáticos? —dijo con cierta duda Alik, ya que señaló con uno de sus dedos, los tubos transparentes por los que se movilizaban algunas sirenas, y que en su mayoría, venían con un pequeño espacio de aire para que los mismos unicornios humanoides, se trasladaran también por los dichosos.
 
La estructura de ese pueblo, estaba realmente pensada para ambas especies, ya que no solamente se destacaban aquellas ramificaciones, sino que de igual forma, se componían de una madera húmeda que parecía estar bañada en almíbar, y a su vez, en el resto del paisaje, la fauna se esparcía con una bella y colorida vegetación, la cual les brindaba el alimento, como los componentes necesarios para la subsistencia de aquellas místicas criaturas.
 
—¿Qué estás diciendo Alik?, no es esa clase de sitio, nada más está hecho de esta manera para facilitar el traslado de las sirenas por los alrededores del pueblo —aclaró Iris.
 
—Otra vez parece que alguien hizo su tarea nya —canturreó Diamant regresando con su grupo.
 
—¿Y yo qué sé? —el catalizador se expresó de mala gana sin darle mucha importancia al asunto.
 
—Chicos, ¿acaso ustedes no han notado lo que yo? —preguntó Léa levantando una ceja.
 
—¿A qué te refieres? —la interrogó el guaperas del grupo.
 
—Yo tampoco entiendo nya —mencionó Diamant asomándose del lado de Alik.
 
—Yo no veo nada fuera de lugar —notificó Iris deteniéndose a observar el sitio.
 
—¡Exacto! Es el primer pueblo al que vamos que no ha ocurrido nada malo —informó Léa llevándose las manos a la cintura con orgullo.
 
—¿Acaso estás llamando a la desgracia? —dijo Alik suspirando.
 
—No creo que debamos mencionar eso ahora, por eso… ¿por qué no mejor vamos a comer? —aconsejó Iris desviándose descaradamente del tema.
 
—¡Sí, a comer nya, a comer! —saltó varias veces la gata gauchesca, y señaló un puesto que al parecer le había gustado—. ¡Ese lugar se ve de muerte nya! —dijo alegremente.
 
—Suena bien —respondió Léa, quien se acercó de primera cuenta.
 
—Sí, mejor vamos antes de que siga gritando como una niña malcriada —declaró el pelinegro llevándose las manos detrás de su cabeza.
 
—¡No soy una niña nya!, bueno… quizás un poco… ¡pero sólo un poco nya! —le sacó la lengua a Alik.
 
—Que gata tan molesta —refunfuño él para sí.
 
—Vamos Alik, se menos cascarrabias y disfruta aunque sea un rato —le mencionó la princesa—. Quizás más tarde tengas tiempo para pasar un rato con Iris a solas —canturreó divertida.
 
—No empieces —dijo avergonzado.
 
—Alik… e Iris —susurró un ser ajeno a ellos, quien sintió un dolor fuerte en el pecho, el cual fue acompañado de una serie de recuerdos fugaces que tenían que ver con el último momento vivido con su antiguo grupo. En ese instante no pudo evitar llevarse una mano al torso, y estrujar con fuerza sus vestiduras, pues lo que percibía lo superaba, y ni que decir de nuestros héroes, los cuales tomaron distancia sin saber que eran cazados por alguien a quien aún nombraban como su compañero.
 
—Parece que sufres —escuchó de repente a sus espaldas.
 
—¡Ah! —sobre exaltado, Zaid giró a la dirección de aquella voz, y vio que se trataba de Belfry; el lobo de agua—. Vaya susto —soltó un suspiro, y el que alguna vez fue rubio, se relajó un poco—. ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? ¿No me habían confiado esta misión a mí?
 
—Claro que sí, pero también necesito de tu poder para que nos encarguemos de algo que me ha pedido su alteza —aquel anuncio, hizo que el zorro frunciera el ceño, pero no pudo negarse a acompañarlo para hacer la encomienda.
 
—Bien, vamos.
 
Desapareciendo como las sombras lo hacen cuando el sol está en su máximo punto, ambos vasallos se retiraron, y dejaron a nuestros héroes a sus anchas, por lo menos, por ahora. Trasladándose de un pueblo a otro igualmente novedoso, la pareja antes mencionada, llegó otras tierras, las cuales tenían que ver con las salamandras. Un lugar desértico, de amplias rocas, y que cuyo magma brotaba desde sus entrañas, tenía a sus habitantes guarecidos en el suelo, pues las salamandras requerían calor para subsistir, de ahí que por lo general, siempre se las encuentre bajo tierra.
 
—Este lugar… —mencionó Zero con cierta pesadez en su voz, pues el calor del sitio era abrumador, y no pasó mucho para que ambos compañeros de maldades, se empezaran a limpiar el sudor que recorría sus frentes.
 
—Tenemos que maldecir el sitio. Yo voy a enfriarlo, y tú tienes la tarea de usar esa cosa que te dio Samael, y así mantendremos el mal estado de la región —le informó Belfry, quien ahora tomaba su forma de lobo.
 
—Espera, ¿eso acaso no hará que las salamandras bajen a la aldea que sea más cercana? —preguntó el pelinegro algo preocupado, y por un momento, su compañero aguardó manteniendo silencio, hasta que por fin decidió hablar.
 
—Lo sé, pero no tenemos más opciones, hay que hacerlo —mencionó, cosa que hizo poner una cara de angustia en Zaid como así también en el muchacho peliceleste, quien no notó el nuevo comportamiento del zorro.
 
Apenas se terminó su charla, el lobo brincó entre las rocas, y se posicionó en el centro del mismo pueblo. Lanzando un terrible aullido que hizo temblar la tierra y aterrar así a sus habitantes, una gran ola de frío empezó a congelarlo todo, por lo que eso puso en alerta a la especie que vivía allí.
 
—¡Qué está pasando! —gritó el líder de aquellas criaturas, y junto a sus aliados, vio como aquel lobo aullaba totalmente enfocado en su hechizo, aunque también, junto a él, destacaba la presencia de un alma que lo acompañaba. Los testigos de tan aberrante plan, quisieron saber más de los sujetos que los importunaban, pero antes de lograrlo, la misteriosa silueta que apenas se discernía por la ventisca, plantó en el suelo el báculo que traía consigo, y una pesada humareda negra, se desplegó a los alrededores, obligando así al líder, tomar acciones drásticas frente al notable peligro—. ¡Hay que movilizarnos; debemos bajar las montañas! —anunció, y así se hizo.
 
Los aberrantes planes de Hakim, volvían a hacer efecto sobre inocentes, y esta vez, provocando una reacción en cadena que envolvía a dos comunidades completamente opuestas. Haciendo una vez más uso de otros para cumplir con sus inmundos objetivos, el zorro y el lobo, se separaron para volver a sus antiguas labores. Mientras tanto, en la pequeña pero llena tienda que había elegido Diamant para comer, nuestros héroes se habían acomodado debidamente para empezar la elección de sus platillos, cosa que hizo alertar a más de uno por las acciones de uno de sus miembros.
 
—¡Vas a pedir todo eso! —exclamó Alik aterrado.
 
—¡Sí! ¿Qué tiene de malo nya? —preguntó Diamant, quien había encargado al menos diez tipos de paellas al que los atendía.
—¿No es mucho… señorita? —dijo el mesero con una sonrisa fingida en el rostro; el chico que los atendía, era un unicorniano.
 
—Creo que deberías medirte un poco, ya que luego te puede doler el estómago —le aclaró su compañera de enanismo.
 
—Sí, y también a nuestro bolsillo —dijo con angustia Léa, la cual no cargaba con mucho dinero.
 
—¡Ah! ¡No dejan de quejarse y quejarse nya! ¡Con Zaid no pasaba esto nya! —les reclamó la gata Persia golpeando con ambos puños la mesa en señal de inconformismo.
 
—Diamant tranquila —le pidió Iris.
 
—Es cierto, con ese zorro no teníamos que preocuparnos de nada —mencionó Alik, quien suspiró al recordar los beneficios que traía consigo ese rubio.
 
—Chicos, ¿se dan cuenta de que están hablando muy mal de Zaid?, no es como si fuera nuestra única fuente de ingresos —aclaró Léa—. No es un objeto, es nuestro amigo.
 
—Pero él también nos ayudaba mucho nya —hizo piquito de pato la gata, quien al fin se resignó, y simplemente pidió dos platos.
 
—¿Ustedes ya se decidieron? —preguntó el camarero, y los demás por fin le explicaron que deseaban, así que éste chico pudo retirarse.
 
—Bueno, no voy a negar que él nos brindaba provisiones. A mí mi reino se acuerda de que estamos de viaje —infló las mejillas la princesa.
 
—Creo que no deberíamos hablar de esto aquí —mencionó Iris en voz baja.
 
—¿Lo dices por los carteles? —preguntó Alik, quien señaló con el pulgar aquellos mencionados que tenían su foto, además, estaban bien expuestos al público, y eso hizo suspirar pesadamente al resto.
 
—Gracias a Dios tenemos estos disfraces o ya no la contaríamos —expresó la rubia por lo bajo.
 
—¡Sí nya, son muy buenos nya! —dijo felizmente la gata.
 
Debido a que las voces de sus enemigos habían llegado hasta Acutis, decidieron que era mejor permanecer callados. Una vez bien almorzados, procedieron a retirarse de la tienda, para por fin ir en busca de información.
 
—¿Por dónde comenzamos? —preguntó Alik cruzándose de brazos.
 
—¿Qué tal con ellas? —señaló Iris una sirena que hablaba con una chica unicornio.
 
—¿Por qué no? — dijo la líder del grupo haciendo un movimiento de hombros, y su equipo, se acercó a las mencionadas—. Muy buenas tardes —saludó muy cortésmente a las muchachas.
 
Ambas especies la miraron con cierta extrañeza a su alteza, ya que notaron cierta peculiaridad en ella, es decir, les olía a humana.
 
—¿Ustedes no son de aquí cierto? —preguntó de primera cuenta la sirena.
 
—¿Cómo lo saben? —se dirigió con sorpresa Alik a ellas.
 
—Es que huelen a humanos —declaró la unicorniana.
 
—Ah… es que somos de una mezcla —declaró la princesa, quien rezaba porque le creyeran, y afortunadamente, las jovencitas se tragaron el anzuelo.
 
—¡Oh! ¡Eso lo explica! —mencionó una.
 
—Bueno, ¿y que desean? ¿Vienen a presentarse con nosotras? —preguntó la otra.
 
—Si es así, me encantaría saber más de ese chico de ahí —la unicorniana señaló a Alik, e Iris puso mala cara.
 
—Sigo matando gente a donde vaya —dijo de forma engreída el guaperas del grupo, y fue en ese momento en que recibió un codazo en las costillas por parte de su novia—. ¡Uhg! —se dobló por el golpe, mientras se abrazaba a sí mismo.
 
—Sigue siendo el mismo a pesar de que tiene novia nya —declaró Diamant con algo de gracia.
 
—Y que lo digas —suspiró Iris.
 
—Me vas a dejar sin costillas —se quejó Alik.
 
—Por favor no les hagan caso —pidió la rubia con una sonrisa forzada, y es por eso que ante la extraña situación, ambas chicas se miraron y rieron ligeramente—. Por cierto, ¿ustedes no saben cómo podemos llegar al reino de las hadas que está cerca de aquí?
 
—Oh, por supuesto, de hecho, está por allá, en la biblioteca de las valkirias —informó la unicorniana.
 
—¿Hay Valkirias aquí? —mencionó con curiosidad el pelinegro.
 
—Sí, llegaron hace relativamente un año, pues el reino que habitan, las mandó para mantener la paz en estos territorios debido a la falta de la Nota Vanguardista —agregó la sirena.
 
—Con razón no ha pasado nada aquí —dijo con una sonrisa de alivió Iris.
 
—Qué bueno nya, menos trabajo nya —expresó agradecida la gata gauchesca.
 
—¿A qué se refieren con eso? —preguntó una de las chicas.
 
—¡Oh! ¡Nos les hagan caso! ¡Es que hemos estado movilizando de aldea en aldea por la situación que rige a todo mundo! —explicó apresuradamente la princesa para que las muchachitas no sospecharan nada—. Ahora, si nos disculpan, nos retiraremos —empezó a empujar a su grupo para alejarse de ahí y mientras tanto los regañaba por lo bajo—. ¡Qué creen que están haciendo, van a provocar que nos pesquen!
 
—¿Pescar algunos peces nya? ¡Yo quiero nya! —mencionó animadamente la gata, pero entonces bajó las orejas al ver la cara de enfado que ponía la princesa—. Lo siento nya.
 
De repente, unas campanadas que indicaban un estado de emergencia en el pueblo, empezaron a sonar, y los chicos voltearon a la dirección de unos fuertes gritos.
 
—¡Salamandras, nos invaden las salamandras! —indicó un vigía.
 
—¡Otra vez no! —gritaron al unísono la pareja de catalizadores.
 
El alivio de haberse encontrado con un lugar lleno de paz, los había hecho fiarse de que todo se mantendría así hasta que se marcharan, pero subestimaron aquel embellecedor encuentro. Una vez más el estallido de una nueva batalla los llamaba, e inevitablemente, deberían resolver este nuevo acontecimiento que los invadía en forma de fuego.

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