ETERNOS: DECISIONES

Géneros: Fantasía, Misterio, Terror

En los años 1700's, se desarrolla cierta historia para nada normal. Una extraña mujer junto a un hombre, rescato a 6 personas de un desastroso final, una salvadora si se podría decir. Pero; ¿Ella en verdad los salvo? Al transcurrí el tiempo se descubre que ella no es solo un vampiro más, no es solo un mujer más. Aquellos que fueron salvados por ella, ¿Que sera lo que decidan? El misterio jira entorno a ella; ¿Que es lo que ella trama junto a aquel misterioso hombre? ¿Ella es digna de confianza? ¿Que es lo que quieren lograr? ¿Quienes son? ¿Quien es ella?

PROLOGO

ETERNOS: DECISIONES

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   En una noche llena de estrellas en el claro cielo de la noche sin ninguna nube a la vista, en dónde la mayoría de las personas dormían plácidamente, en donde todo iba con tranquilidad, en donde todo era aparentemente normal. De varias escenas que fuera de lo cotidiano se desarrollaban aquí y allá, avía en particular una cierta escena que transcurría muy abajo en un gran edificio en donde a la vista solo era unas ruinas.
 Uno, dos, tres latigazos se escucharon, con ellos un grito desahuciado resonaba.
    —¿Dónde está? —pregunto un hombre salpicado con gotas de sangre.
    —Y-ya se l-lo dije… no se… y si lo s-supiera no podría d-decírselo… —decía a duras penas, su garganta ya estaba desgastada por los gritos y suplicas que le avía provocado aquel hombre desde que ella despertó muy agresivamente gracias a él.
    —MIENTES —otro azote—. ¡Habla maldita zorra! —él se estaba cansando por no tener información.
 Dos latigazos volvieron azotar la débil piel de aquel cuerpo colgado, en aquella desolada y sucia habitación.
    —¿Dónde está? ¡Dónde! —instigo aquel hombre ya con la respiración entrecortada, alzo su brazo para otro latigazo.
    —Alto —escucho detrás de él. Al voltear vio a dos hombres parados en el lumbar de la puerta.
 Ambos portaban ropas oscuras con capa, pero uno de ellos mantenía su capucha puesta, que, ante la débil luz de aquel lugar, no se podía ver su rostro. Él otro tenía tes oscura y ojos como la noche más oscura que jamás avía presenciado aquel hombre.
    —¿Quiénes son ustedes y como entraron? —pregunto apuntándoles con el látigo. Al no escuchar respuesta alguna se enfureció e iba a remeter contra ellos, pero detrás de ellos apareció un hombre que conocía muy bien—. Comandante, ¿Qué-
    —Ellos se encargarán del interrogatorio a partir de ahora —declaro con tono firme el comandante e interrumpiendo a su soldado.
 El encapuchado se acercó a la encadenada y se detuvo a su espalda. Le quito un gran trozo de tela que cubría su cuello y ella no se opuso. Al hacerlo dejo caer aquella tela al suelo, que, sin lugar a dudas, era la más grande prenda que tenia de vestir, el resto, desgarrado y sin lugar a la imaginación.
 Él alzo su mano y la poso en el cuello de ella. El soldado lo miro detenidamente y de repente los ojos de aquel sujeto encapuchado se hicieron visibles para él, pero era irreal aquel color de ojos, para él y también para al asombrado comandante, quien lo disimulo aparentemente bien.
 Él soldado se asombró, pero retrocedió, aquellos ojos de color rojo como la sangre y luminosos le hizo tragar saliva.
 La mujer soltó un horrible alarido y se retorció, aquel encapuchado quito su mano de ella. De donde él avía tocado un extraño símbolo parecido a una rosa florecida emergió con un asombroso color verde esmeralda, por unos instantes el brillo permaneció, después, desapareció, pero aquel símbolo permaneció de color negro.
    —Ella tenía razón —pronuncio aquel encapuchado, con un tono muy suave y con un toque de decepción—. Si ella conoce su paradero o no, no lo sé. Solo que, si esta mujer dice cualquier cosa de ella, su cuerpo comenzará a desintegrarse.
    —Entonces que, dejamos así y ¿Nos rendimos? —dijo fastidiado el soldado. Jamás avía presenciado algo igual, pero su determinación a conseguir información lo impulsaba a actuar.
    —No he dicho eso. Puedo quitarle este sello, solo necesito ir por unas plantas —y sin esperar, salió junto a su acompañante de aquella habitación, pero antes dijo sin mirar atrás—. Manténgala vigilada —y desaparecieron en la oscuridad del pasillo.
 Los dos hombres se miraron mutuamente. Él soldado miro de reojo a aquella mujer, que yacía, al parecer, inconsciente. Miro a su superior y le pregunto— Señor, ¿Quiénes son esos dos hombres?
    —Ni yo lo sé. Hace unas horas ellos aparecieron con una carta de los superiores recomendándolos. Intuí que ellos no eran normales, pero… —miro a la mujer— no se a lo que nos estamos enfrentando, pero esto… es peligroso.
 
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 Entrando en el bosque ya fuera del cuartel, se perdieron del radar ante posibles perseguidores.
    —Pensé que esta vez ibas a poder tener algo de información, Noah.
    —Lo mismo pensé, pero como siempre ella va un paso más… Tch, un hechizo en caso de intento de romper el sello —refunfuño.
    —Y ¿A dónde ahora?
    —Nos iremos a ´Corona de Castilla´, el imperio de ´La casa de Austria´ ha caído. Aprovecharemos la confusión y comenzaremos desde cero allí. Si nos quedamos ella nos encontrara.
    —Bien, preparare el barco.
    —Hazlo rápido.
    —Si —dijo y desapareció dejando una estela de humo negro.
 El encapuchado volteo y miro a la nada, disgustado, retomo su camino y desapareció corriendo a una velocidad imperceptible al ojo humano, sin saber, que entre las sombras una silueta oscurecida por la noche los observó.
 
 
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    —¿Cuánto tardaran en volver? —pregunto el soldado.
    —No se deben de demorar, se paciente, solo han pasado unos minutos.
    —¿Podemos en verdad confiar en ellos-
 Un fuerte grito atravesó el largo pasillo. Los dos hombres se pusieron en guardia, parándose a metros de la puerta abierta, con armas en mano apuntaron.
 Una risa siniestra comenzó a pronunciar la aparente inconsciente mujer. El soldado la miro.
    —Están muertos —pronuncio ella viéndolo, sus ojos no avían parecidos más vivos desde que la raptaron.
    —ATENTO —exclamo el comandante. Siguiendo sus órdenes él miro la oscuridad del pasillo.
 La ráfaga de un viento helado vino y una sombra negra, a alta velocidad paso entre los dos. Al voltearse vieron a una mujer, con ropas ceñidas al cuerpo, negras y masculinas, una trenza larga caía hasta su cintura, de espaldas a ella los dos hombres en un acto reflejo dispararon.
 Ninguna bala le alcanzo pues se movió de tal forma que las esquivo todas. Los dos entraron en pánico, al apartar la mira y ver sus cinturas, vieron y sacaron sus cuchillos, a levantaron la mirada, tomaron posición de combate.
 Un sudor frio les recorrió la espalda al ver su rostro, pues ella los avía volteado a mirar con sus ojos de color rojo intenso y brillantes, no como aquel hombre de antes, estos proyectaban maldad pura y sin darles chanza de pensar, aquella mujer se abalanzo y los arremetió.
 Sangre, no solo en ese piso, se derramo en el cuartel aquella fría y primera noche de la primavera.

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