2. Accidente

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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Lissie puso los ojos en blanco y no se dignó en mirar a su amiga ni un solo instante.
            —¡No puedo creer que eso sea lo único que dirás! —se quejó Stacy.
            —Es lo único que sé. ¿Quieres que te diga una mentira?
            —No sé, quizás solo quiero saber porque no estas histérica todavía —respondió encogiéndose de hombros.
            Lissie cerró los ojos y escondió la cara en el libro.
            —No tengo mucho que decir —mintió.
            Stacy soltó un grito y se levantó del sofá. Lissie no fue capaz de advertir el momento en que Stacy le quitó el libro de sus manos para luego sentarse a su lado.
            —No lo veías desde hacía muchísimo tiempo. No puedo simplemente creer que realmente no sentiste nada. Podrás mentirle al mundo, pero a mí no me mientes. ¡Soy tu mejor amiga, carajo!
            —¡Controla tu vocabulario, tonta!
            Stacy la golpeó en el hombro.
            —Ustedes son demasiado masoquistas como para no admitir que se equivocaron. ¡Tú ves el puto futuro! No me mientas diciendo que no has visto el futuro de él.
            Liss se masajeo las sienes sintiéndose cansada.
            —¡Realmente no lo he hecho! Además, ¿qué sentido tiene intentarlo? El daño está hecho y es un daño irreparable. ¿Comprendes?
            Stacy fue a responder, pero la puerta de su apartamento se abrió dando paso a Brad. Liss lo vio cómo su señal.
            —¡Brad! —gritó Lissie.
            Brad saludo a su mejor amiga con un abrazo.
            —Puedo adivinar que he interrumpido una conversación intensa —dijo él dejando las bolsas sobre la encimera.
            —No estábamos hablando de nada importante —volvió a mentir la clarividente.
            —¡Mentirosa de mierda! ¡Brad! ¡Lissie no quiere admitir que volver a ver a Mathias después de tantos y tantos meses le ha revuelto el estómago! ¡Es una mentirosa! ¿verdad?
            Brad observó a Lissie con el entrecejo arrugado.
Liss se levantó del sofá y caminó despreocupada hasta el estante de libros. Si cuando estaba sola con Stacy era una locura, peor era cuando Brad se encontraba con ellas. Ambos la desesperaban.
            —¿Con que te tenías esa información guardada, eh? ¿A mí? ¿Tu mejor amigo? —le escuchó decir decepcionado. Sonrió sin que este la viera.
            —Lo siento, realmente esperaba hablarlo con los dos juntos. En fin, tampoco tengo nada que decir.
            Escuchó la queja de su amigo. Sintió ese hilo de sangre que llegaba a sus sienes y cuando se dio cuenta ya todo se había vuelto negro.
            Cayó al suelo desmayada.
****
            Mathias terminó de firmar los documentos relacionados a la nueva adquisición de su amigo Esteban. Le entregó los documentos a Betzy, su secretaria. Una vez que la mujer salió de su oficina se levantó de la silla y caminó hasta el sofá.
            Esteban había sido claro como el agua. Si la situación continuaba así, la amistad de ambos terminaría. No es que lo hubiera dicho verbalmente, pero así lo sintió. No quería que las cosas siguieran ese ritmo. Durante ese tiempo él se había encargado de evitar ir a su casa. A las fiestas importantes procuraba asistir durante poco tiempo y también evitaba cualquier tipo de contacto con ella.
            Así había sido en los últimos años. A veces simplemente no se podía obtener todo lo que se deseaba.
            Verla después de tantos meses no fue lo peor. Lo peor fue marcharse y que Lissie siguiera sin decirle nada. Ni un intento de hablar, de explicar o de intentar cambiar la situación. El dolor lo estaba consumiendo.
            —Sr. Lorrinson —él rápidamente alzó la vista encontrándose de nuevo con su secretaria.
            —Betzy, ¿pasó algo con los documentos que le entregue?
            Ella negó de inmediato. Mathias notó su nerviosismo. Era poco usual en ella estar nerviosa.
            —En realidad se debe a otra cosa, señor.
            Él arrugó el entrecejo.
            —¿Qué es lo que está sucediendo?
            —La Srta. Lorens se encuentra aquí —dijo como si eso fuera la peor noticia del mundo.
            Todo pareció paralizarse a su alrededor. Betzy notó la palidez de su rostro.
            »Yo puedo decirle a la joven que deje un mensaje —Mathias negó y pareció recobrar poco a poco la compostura.
            —Yo puedo atenderla, no se preocupe. Dile que pase, por favor.
            —¿Desea que le traiga un vaso con agua? —preguntó.
            Mathias negó con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
            Lissie se abrazó a sí misma. ¿Por qué su hermano no contestaba su puto celular? ¿Por qué nadie lo hacía?
            Como último recurso había decidido ir hasta su oficina.
            Pisar la compañía le traía recuerdos gratos y no tan gratos. La última vez que la había visitado solo había llegado hasta la recepción. Ahora se encontraba frente a la oficina del vice-presidente de la compañía.
            Se pasó la mano por el cabello. Su visión había sido tan exacta y repentina. Necesitaba la ayuda de Mathias.
            —Puedes pasar, Srta. Lorens.
            Liss asintió y sonrió mientras entraba a la oficina.
            Mathias alzó la vista al verla entrar. Lissie llevaba una camisa blanca y sobre esta tenía su chaqueta de cuero negra. Siempre andaba en pantalones largos y negros. Tenía el pelo recogido en una cola y no tenía mucho maquillaje puesto. Ella era capaz de llamar la atención incluso vestida de payaso. Solía molestarla con eso.
            —Ha de suceder algo para que estés aquí —comenzó diciendo Mathias mostrando indiferencia. Permaneció en su silla. Sentía más confianza detrás del escritorio.
            Lissie asintió.
            —Ninguno de los chicos contestan mis llamadas —empezó diciendo.
            —¿Y para eso has decidido venir hasta mi oficina? —preguntó con ironía.
            No le gusto el tono que escuchó. Se metió las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y respondió con seriedad.
            —Tuve una visión y creo que algo muy malo le pasó a Peter.
            Mathias se levantó de la silla.
            —¿Qué fue lo que has visto?
            Ella todavía seguía parada a mitad de la oficina. Al mirarla de nuevo se percató que ella estaba pálida. Su mirada estaba perdida por el suelo. Mathias respiró hondo.
            »Ven, siéntate en el sofá. No te ves nada bien.
            Ella negó.
            —Ese es el problema. Que mi visión fue confusa y casi no logro ubicar nada. Solo vi un accidente, un carro volcándose y muchas ambulancia y llantos. El carro es el de Peter, me acuerdo de la matrícula de todos sus carros. No sé cuándo sucederá. Llevo toda la tarde intentando comunicarme con los chicos. Incluso intente indagar más. Aunque cuando una visión se cierra ante mis ojos, no puedo obligarla a reaparecer.
            »Créeme que no vendría a molestarte si no fuera algo importante. Yo no sé qué más hacer y lo peor es que comienzo a perder fuerzas. Pronto caeré dormida por obligación y no he avanzado en nada —sus ojos se aguaron. Se abrazó a si misma intentando con todas sus fuerzas protegerse.
            Mathias tomó su celular. Marcó el número de Esteban y le tiró al buzón. Lo mismo hizo con los de sus otros dos amigos, ninguno contestó. Soltó una maldición por lo bajo. Regresó hasta donde se encontraba ella.
            —Espérame aquí, mientras tanto acepta tomarte un vaso de agua.
            Ella asintió y lo vio desaparecer por la puerta. Caminó hasta el sofá y dejó caer su cabeza en el espaldar del sofá. ¿En dónde se encontraban? ¿Ese accidente sería producto de Peter realmente? ¿¡Porque esa visión no la dejaba ver más!?
            Fue inevitable aguantar las ganas de llorar. Sentía mucha frustración, mucho dolor dentro. 
            Brad y Stacy estaban ayudándola y todavía no había recibido llamadas de su parte. Había sido bueno que ella estuviera en casa de ellos cuando sucedió todo. Si hubiera estado en su oficina, las cosas estarían muy mal. Se limpio las lágrimas justo cuando Mathias regresó. Su semblante no era bueno.
            —Debemos ir a un lugar.
            —Has encontrado la ubicación del carro, ¿cierto?
            —No puedo dar detalles ahora.
            No logró levantarse del sofá. Estaba tan blanca como un papel.
            Mathias al verla así sintió realmente su dolor. Odiaba verla sufrir y odiaba no poder acercarse como deseaba. Que se preocupara por ella era algo que no cambiaría con el tiempo. Por más que lo intentara.
            Ni sus sentimientos tampoco.
            Cansado de debatir que hacer se acercó a ella tomándola de la cintura con cuidado. Ella apoyo uno de sus brazos a su alrededor. Solo eran ellos dos y sus sentimientos.
            »Apóyate en mí, no dejare que caigas.
Se sujetó de él aun cuando eso también la lastimaba. Más no hizo caso de sus pensamientos. Respiró hondo y simplemente se dejó guiar. El camino fue silencioso. Mathias estaba escondiendo muy bien la noticia. Le estaba bloqueando sus pensamientos. Continuaba viendo el accidente, pero de una forma más lejana.
****
            Llegaron al lugar y Liss perdió todo color en su rostro. No había logrado detener el accidente. Se bajó del carro y comenzó a caminar en busca del carro o en el peor de los casos, en busca de ellos como fantasmas.
Miró a Mathias y negó sus ojos comenzaron a cristalizarse.
Mathias no permitiría que llorara. Todavía había esperanzas, ¿cierto?
—Buscare a un oficial para que me diga exactamente lo que está pasando —dijo acercándose a ella. Acercó su mano hasta su rostro. Limpiando las lágrimas que ella contenía.
            En medio de todo el caos emocional que estaba teniendo. Su tacto la tranquilizaba.
—No los veo. Tengo miedo, no puedo perder a mi hermano también. —dijo mirando hacia el caos que habían formado las personas. Estaba temblando.
—No te alejes demasiado —le respondió dándole un beso en la frente.
Se alejó en búsqueda de un policía. Dejándola con un mar de sensaciones. Comenzó a caminar en silencio. Cuando se metió entre la gente vio el carro de Peter completamente destrozado.
Su corazón latía rápido. Peter, Edward y Esteban solían pasar más tiempo juntos porque trabajaban en un mismo lugar. Eran como un gran equipo.
            Aunque en parte la razón por la que Mathias no pasaba tanto tiempo con ellos, es debido a ella. Su constante manía en evitar encontrarse había provocado que él dejara de ir a los sitios que sabía que se encontrarían. A veces quería regresar el pasado, para cambiar muchas cosas que ambos han tenido que vivir.
            —Era cierto, eres una clarividente —dijo uno de los guardias parado detrás de su espalda.
            Lissie se giró para enfrentarlo. El hombre tenía los ojos verde claro, pero a través de ellos veía oscuridad. Tragó en seco y dio un paso atrás. No le gustó nada la sensación que tuvo—. ¿Se te perdió algo en este accidente? —preguntó.
            —Eso no es de la incumbencia de los policías —espetó Lissie con sus brazos cruzados.
            —¿Te gustaría que yo informara a mis compañeros que hay una clarividente en la escena? No creo que a ellos les guste la idea.
            —Me importa un carajo lo que tengan para decir ustedes.
            —Deberías tener cuidado —Lissie frunció el ceño—. Los sueños son muy confusos.
            Sintió un sabor amargo en la boca cuando lo vio desaparecer. Y dio un brinco cuando un hombre ensangrentado se plantó frente a ella tomándola desprevenida.
            —¿Puedes verme? —preguntó.
            Todo se volvió negro cuando el fantasma la toco. Una pelea borrosa se formó en su mente. Poco a poco la imagen fue más clara. Esteban y Peter estaban en el auto. Su tío Rexford requería la presencia de los dos en una reunión a las afuera del pueblo. Ambos no estaban del todo de acuerdo pero decidieron ir de todas formas.
            Luego todo comenzó a ser más claro. El hombre fantasma que para aquel momento estaba vivo los detuvo en el medio del camino. Les amenazo con un arma. Esteban y Peter fueron asaltados, despojados del auto, las carteras y los celulares. Se habían quedado sin nada. Estaban varados en medio del camino desértico y sin ninguna forma de comunicación. Al estar tan alejados y todas sus cosas estaban acá, ella se había confundido en un medio de visiones que no trataban realmente de ellos.
            Soltó las manos del fantasma y lo miró seria y rencorosa.
            —Puedo verte, eso es obvio.
            —Tienes que ayudarme —exigió el hombre.
            Ella ahora tomó sus manos a conciencia y cerró sus ojos. Un mar oscuro se instaló en su mente. El hombre además de ser un ladrón también había matado a muchas personas. Dejó caer sus manos para verlo.
            —No mereces mi ayuda, pero tampoco dejare que andes vagando en mi ciudad como un alma vengativa.
            Tomó su rostro para sorpresa del fantasma y luego un humo negro comenzó a cubrirlo por completo. El hombre abrió cada vez más sus ojos. Lissie apretó su rostro con fuerza y aun cuando sus manos temblaban no le importó. Él desapareció en la espesa nube negra.
            Lissie dejó caer ambas manos a su costado. Podía respirar tranquila. Los chicos estaban a salvo. Sonrió de lado y comenzó a buscar a Mathias. Lo encontró caminando en su dirección con la mirada perdida en el suelo. Ella corrió hasta donde él y lo abrazó tomándolo desprevenido.
            —¿Todo bien?
            Ella asintió feliz y tranquila.
            —Fueron asaltados, Peter y Esteban fueron asaltados y se encuentran varados en la carretera #5 que da para salir de la ciudad. Edward debe estar muy ocupado como para no responder. ¡Ellos están bien!
            Él asintió sonriendo.
            —Hablando de Edward, me llamó. Me dijo que Peter y Esteban se habían ido para una reunión fuera de la ciudad. ¿Te sientes mejor?
            —¿Puedes ir a buscarlos o llamar a mi tío para que sepa lo que sucedió? Ellos deben estar vueltos locos.
            Mathias se lo pensó. Podía él ir a buscarlos y dejar a Lissie en su local. Pero ¿Quién mejor que ella para localizar el lugar exacto de la ubicación? Aunque tenerla cerca le despertaba todos los sentimientos que intentaba controlar. Ya habían pasado media hora en el auto sin ningún problema. Podían pasar otras tres horas más o eso quería pensar él.
            —Tú mejor que nadie sabes dónde están. Te llevare, iremos juntos —dijo Mathias. 
            —Tienes razón, puedo decirte donde están y si ellos cambian sus movimientos podre prevenirte. Pero... no quiero que te sientas incomodo conmigo en el auto.
            Él apretó la mandíbula.
            —Veremos que sucede. ¿Tienes hambre?
            Ella se llevó las manos al estómago. ¿Estaría bien si iban a comer primero?
            —Mejor esperemos a que estemos todos juntos.
            —Si así tú lo quieres —dijo sin mucho interés.
            Lo cierto era que hubiera preferido que comiera antes.
            Durante las primeras dos horas estuvieron en silencio. Le costaba dormirse sabiendo que él estaba a su lado. No pasó demasiado cuando un fuerte aguacero comenzó a azotar el camino.
            —La lluvia trae consigo muchas lágrimas. El cielo está llorando por las injusticias del ser humano —susurró Lissie sin abrir los ojos.
            —¿Y qué te hace pensar que el cielo está llorando de tristeza y rabia?
            —Escucha el sonido de la lluvia, es mucho más delicado, más triste. Si estuviera llorando de felicidad, por ejemplo, no sonaría así.
            —Puede que el cielo este llorando más por el desamor o por alguna otra cosa.
            Lissie abrió sus ojos y luego ladeo la cabeza para verlo.
            —¿Tanto me odias? —preguntó.
            Mathias trago en seco y sintió todo su cuerpo tensarse. No es una conversación que planeara tener. El silencio se instaló a propósito. Su garganta se cerró.
            —¿Ves en mis ojos odio hacia la persona que siempre he amado?
            Su cuerpo tembló. Él siempre fue un libro abierto, transparente y sincero. Las palabras se quedaron estancadas y él curvo sus labios. Su cabeza comenzó a hacerse ideas erróneas.
«La mujer que siempre he amado» esas palabras calaron muy dentro de ella.
            —Por supuesto que no —murmuró en voz baja.
            A Mathias no le dio tiempo de responder. Dos sujetos aparecieron entre el aguacero.
            »Son ellos —dijo ella enderezándose.
            Los chicos alzaron la vista encontrándose con el auto borroso a lo lejos. Peter fue el primero en reconocer el modelo.
            —Nos han salvado la vida —dijo abriendo la puerta trasera.
            —Espero que limpien mi auto luego de esto —dijo Mathias.
            Esteban miró a su hermana. Lejos de sorprenderse le hablo.
            —Tardaste bastante, eh —se quejó él sin sonar molesto.
            —Me esforcé demasiado. Lo siento si no llegue a los cinco minutos —se disculpó. Estaba realmente cansada.
            —Estoy feliz de que nos encontraste. Realmente pensé que moriríamos aquí. Pero luego pensé "Carajos, mi hermana es clarividente. Tarde o temprano me tiene que ver." Y con ese pensamiento me quede tranquilo.
            —Tuve una visión de un accidente. Pensé que se trataba de ustedes. Si el que les robo no se hubiera acercado a mí. Era muy probable que siguiera creyendo que estaban involucrados con el accidente.
            —Nos robaron, Rexford nos matara por no llegar a la reunión.
            —Él ya sabe que no llegaron por esto. Mathias le llamo —aclaró ella señalando a Mathias.
            —Viajare hasta el motel más cercano. No podemos andar casi cuatro horas con ustedes mojados de pie a cabeza —anunció Mathias.
            —Esto será de loco —dijo en voz baja Peter.
            Lissie sonrió y volvió a cerrar sus ojos para escuchar el sonido de la lluvia caer en el ventanal. Esteban se quedó mirándola por un largo rato. Estaba inclinado hacia al frente y con la mano sobre el sillón le acariciaba el pelo como cuando era ella pequeña. Hasta que supo que su hermana se había dormido.
            Peter y Mathias iban hablando sobre lo sucedido.
            —Ella... ¿fue a buscarte o tú la buscaste a ella? —preguntó Esteban directamente a Mathias. Peter se calló.
            —Fue a mi oficina. El resto podrás imaginarlo.
            —Pensó que estábamos involucrados y fue hasta la última persona con la que deseaba mantener contacto. Es masoquista esta niña —dijo para sí mismo.
            Mathias no contestó y continúo conduciendo.
            »¿No pasó nada entre ustedes en el camino? Fueron bastantes horas —Mathias no sabía hasta donde quería llegar su amigo con todo eso.
            —No es como si pudimos hablar mucho cuando lo único que nos importaba era asegurarnos de que ustedes estuvieran vivos —espetó en voz baja.
            —No es para que te pongas a la defensiva, Mathias. No te estoy juzgando.
            —Lo sé. Simplemente no sucedió nada —fue lo único que dijo.
            Cambiaron de tema y Peter agradeció que dejaran de puyarse entre sí. No sabía lo que pasó en el pasado entre Lissie y Mathias.
Lo que tenía muy claro es que fue algo muy fuerte. Que terminó cambiando sus vidas para siempre.

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