3. Otro Clarividente

Obscuridad (Sombras y Fantasmas #1)

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Lissie despertó sintiendo el fuerte dolor de cabeza. Se llevó la mano derecha hasta su frente y estaba ardiendo. ¿Por qué tenía fiebre si no fue la que se mojó? Se sentó en la cama y miró a su alrededor. «¿En qué momento habían llegado al motel?» pensó. 
Se levantó de la cama sintiéndose mareada y con mucha hambre. Caminó hasta el baño y se hecho agua fría en la cara para despejarse. Cuando salió del baño se dio cuenta que la habitación era demasiado hermosa y espaciosa como para ser de un motel. No recordaba que esos sitios fueran tan bonitos.
Tomó su cartera y salió de la habitación. El pasillo estaba decorado muy al estilo medieval. Sonrió, porque todo daba un ambiente tranquilo y era justo lo que necesitaba. Dedujo que su hermano estaría en el bar del que parecía un hotel. Al parecer era un hotel pequeño, pero no operaba como motel.
            Entró al bar y miró todo el lugar en busca de los tres mosqueteros. Los visualizo cerca de la barra y vaya sorpresa. Había tres chicas con ellos.
«Lo que me faltaba» pensó la clarividente con su entrecejo arrugado. Sus ojos se quedaron viendo a la chica pelinegra que estaba sonriéndole coquetamente a Mathias.
            Su Mathias.
            Sintió su frente quemar aún más. La palabra celos no estaba en su vocabulario. Aunque en esos momentos reconocía que no le gustaba absolutamente nada de lo que estaba viendo. Pensó en acercarse, pero luego se vería como una ex-novia psicópata y eso no le gustaba tampoco. Al final decidió dar media vuelta y dejar que esos tres se entretuvieran un rato.
            Caminó mientras observaba todo a su alrededor. Los cuadros, las decoraciones, todo parecía tener un aura misteriosa. Por estar viendo uno de los cuadros terminó tropezando con una persona. Se vio a si misma golpeando el piso, pero unos fuertes brazos la rodearon con fuerza para evitar que ella se estampara. Comenzó a respirar agitadamente sintiendo el dolor de cabeza más fuerte.
            —Perdona, no fue mi intención asustarte —se disculpó el hombre que todavía no había visto.
            —Lo lamento, no me siento bien. De verdad pensé que caería —dijo mientras se masajeaba las sienes.
            —No te disculpes, son cosas que siempre pasan —murmuró el hombre.
            Fue entonces que ella alzó la vista para verlo.
            Tenía su cabello negro corto y peinado perfectamente hacia atrás. Tenía una camisa de vestir de manga larga color gris claro, sin corbata, ni chaqueta. Había algo más en ese hombre que acababa de ayudarla.
            —Gracias por ayudarme. Soy un poco despistada —dijo mientras señalaba el cuadro que estaba viendo—. No deberían tener ese tipo de decoración tan llamativa.
            El hombre miró curioso el cuadro.
            —Las personas comunes no se despistan tanto con la decoración del hotel. Pero tú no eres una persona común ¿cierto? —preguntó mirándola directamente a los ojos. Sus ojos verdosos tenían un brillo inusual, fue entonces cuando se dio cuenta que era diferente.
            —Eres como yo... —murmuró para que solo él la escuchara.
            Él sonrió y se metió ambas manos en los bolsillos de sus pantalones negros.
            —No me esperaba encontrar a otra persona así en mi hotel —respondió.
            —¿Eres el dueño del hotel? —él asintió y ella tragó en seco—. Lamento nuevamente que hayas tenido que evitar mi caída.
            —Si te soy sincero... vi que caerías al suelo —dijo sonriendo.
—Gracias por haberlo evitado entonces.
—Si vuelves a disculparte por lo sucedido me voy a sentir ofendido. ¿Te apetece tomar un café? Con esta lluvia que está cayendo lo mejor que puedo ofrecerte es eso o un chocolate caliente.
            Lissie miró hacia atrás recordando que en esos momentos los tres chicos debían todavía estar entretenidos con aquellas mujeres.
            —No voy a aceptar la oferta cuando no se tu nombre —respondió.
            —Eso tiene solución. Soy Kyler Wills y soy clarividente. Mi hermano gemelo trabaja con mi padre en otro de los hoteles. ¿Es suficiente para que aceptes tomar un café conmigo?
            —Supongo que ahora si no tengo excusas. Me llamo Lissie Lorens, quizás y sepas sobre mí. Mi hermana gemela murió en el parto. Y acepto tomar ese café y si fueras tan amable de brindarme un analgésico para este dolor de cabeza sería estupendo.
            —Dolor de cabeza, no debe ser nada bueno el día que has tenido.
            Kyler la condujo hasta el restaurante. Algunos que reconocieron al dueño del lugar rápidamente se acercaron a saludar. Otros, como algunos empleados simplemente le siguieron el paso con la mirada. Lissie comprendió la razón de esto, su jefe estaba con una chica desconocida. Vaya sorpresa para ellos.
            Se sentó en una de las mesas más alejadas de los ventanales.
            —Presiento que esta noche la pasare en el hotel. Todavía nos quedan como dos horas y media de camino, puede que un poco más.
            —Vienes acompañada entonces —murmuró Kyler mientras veía como el mesero se acercaba nervioso hasta ellos.
            —Con mi hermano y sus dos amigos. ¿Aquí tienen tiendas?
            —Sí, tenemos una variedad de tiendas. Al quedar alejados debemos de buscar la forma de atraer turistas.
            —Me imagino que a tu padre le pareció una buena idea de que su hijo clarividente manejara este hotel escondido. ¿Cuál es esa forma de atraer a personas? —preguntó ella curiosa mientras tomaba de la pequeña canasta un pan dulce.
            —Leyendas urbanas, todo un clásico —respondió Kyler con naturalidad.
            Lissie comenzó a reír divertida.
            —No sé por qué no me sorprende. ¿Tienen leyendas urbanas relacionadas al hotel?
            Kyler se encogió de hombros.
            —Tenemos de todo en este hotel. Quizás te sorprendas, pero son muchos los viajeros que creen en fantasmas. Mi reputación los ayuda.
            —Entonces ellos solo llegan hasta aquí en espera de verte trabajar. Eso es de locos.
            —Exactamente, ¿a qué te dedicas? —preguntó Kyler sacando de la bandeja las dos tazas de café caliente.
            —Tengo mi propio local donde recibo muchísimos clientes para que les ayude. A parte de eso soy pintora anónima.
            —Interesante, ¿vendes bien los cuadros?
            —Puedo vivir de ello sin ningún problema. Me gusta hacerlo anónimamente porque suficiente tengo con ser reconocida como la clarividente del pueblo.
            —Yo preferí no ser reconocido por eso. Muchos saben lo que soy, mas no ando diciéndolo abiertamente.
            Lissie se sorprendió al escuchar eso.
            —Solo lo dices cuando te conviene. Entonces eso significa que te da bochorno tu origen.
            Kyler sintió el tono de decepción.
            —No, eso no es lo que significa. Simplemente algunas personas optamos por no dedicarnos a eso.
            —¿Con que derecho se hacen llamar clarividentes? ¿No es lo mismo como si lo estuvieran negando?
            —Estas a la defensiva —murmuró Kyler dándole vueltas al café con la cuchara. Lissie negó.
            —Eres el primer clarividente que me encuentro en mucho tiempo y resulta que no se dedica al don que le brindaron. Me decepciono con facilidad.
            —Tienes un punto muy interesante de ver las cosas.
            Lissie se llevó la taza de café hasta la boca. Ella no era tonta, había entendido muy bien el tono que había empleado. Kyler era un hombre muy guapo, parecía ser inteligente y encima era un clarividente no activo. Pero si había algo que su aura gritaba, era "mujeriego". Quizás ella solo se estaba equivocando. Entonces Kyler volvió a verla con sus ojos brillantes.
Él estaba envolviéndola porque esperaba que ambos tuvieran sexo esa noche. Quizás vio excitante estar con una chica igual que él, que tenían el mismo don. Puede que él tuviera miles de fantasías y viera en ella la chica perfecta para cumplirlas.
Se removió ahora incomoda en el asiento. Kyler buscaría la forma de entretenerla hasta el final, hasta que la tuviera en sus manos. Menuda suerte estaba teniendo en ese día.
            —Me gusta ser objetiva. Es una lástima que hayas preferido quedarte al margen de las cosas —soltó ella mientras terminaba de beber su taza.
            —¿Por qué lo dices en ese tono? —siseo Kyler mientras se doblaba un poco más sobre la mesa. ¿Sabría él que lo estaba viendo? Por supuesto que si tenía que saberlo.
            —Quizás las cosas hubieran sido como desea. —él supo entonces que ella ya había hecho sus propias conjeturas. ¿Qué fácil era para un clarividente juzgar a otro? Se dijo a si mismo que no tenía por qué seguir siendo sutil.
            Fue a tomarla del brazo. Sin embargo, alguien lo detuvo antes de que pudiera hacerlo.
Lissie con su corazón a millón por la sorpresa alzó la vista hacia la persona que le había ayudado.
            Mathias.
            «Lo que me faltaba» pensó casi enloqueciendo.
            —Soy un hombre celoso, no me gusta que desconocidos intenten tocar a mi novia de ninguna forma —soltó él y Lissie sintió su garganta cerrarse.
            —Ella no tiene ningún novio —espetó molesto.
            Lissie sonrió de lado y tomó el brazo libre de Mathias.
            —Como se nota que no eres un clarividente activo. Estas congelado. Lamento mucho que hayas confundido las cosas.
            Kyler la miró sorprendido. ¿Cómo se atrevía?
            —Sé que estas mintiendo —siguió insistiendo, intentó acercarse, pero Mathias volvió a detenerlo.
            —¿En serio planeas llevarle la contraria a una chica que lo sabe todo? —dijo Mathias poniendo una mano sobre la de Lissie.
            —Ni la mejor clarividente del mundo puede saberlo todo. Cuidado, Lissie, los sueños suelen ser confusos —espetó Kyler desapareciendo de la cafetería.
            Lissie se llevó una mano a su pecho y comenzó a respirar entrecortada. En mala hora parecía tener un ataque de asma. Sintió nuevamente la mano de Mathias rodearle la cintura.
            —Vi una farmacia dentro del hotel. Allí encontraras algo para el asma, ¿te duele algo más?
            Ella asintió y tocó su cabeza con su dedo índice.
            —Bien, vamos entonces a la farmacia.
            Ella se mantuvo en silencio intentando tranquilizarse. Mathias no decía nada y ella lo agradecía. ¿Cómo es que él llegó justo en el momento indicado? Ella no vio venir la mano de Kyler para obligarla a hacer algo. Ese hombre parecía no tener escrúpulos. ¡Que tonta había sido! No todos los clarividentes son buenos.
            Llegaron a la farmacia y Lissie se sentó en una de las sillas de espera mientras Mathias buscaba los medicamentos. Cerró sus ojos a ver si así lograba tranquilizarse. Mathias se sentó a su lado y le dio lo que necesitaba.
            —No puedo dejar de pensar en su frase. Cuidado de los sueños, que estos suelen ser confusos. ¿Qué crees que signifique eso?
            —No tengo ni idea. La de interpretaciones eres tú.
            —Me duele muchísimo el pecho y la cabeza. Al menos no acepté el analgésico que pensaba darme.
            —Con esto te mejoraras. ¿Quieres que nos vayamos hoy mismo de aquí?
            Ella rápidamente negó.
            —Está cayendo una tormenta. No soy egoísta como para poner la vida de los cuatro en peligro. Estaré bien una vez me beba esto —dijo alzando las pastillas. Mathias asintió no muy convencido.
            —Entonces dime que deseas hacer y eso será lo que haremos —Estaba preocupado. Lissie sonrió con tristeza y dolor. ¿Estaba mal si se aprovechaba de su debilidad para mantenerlo cerca? ¿Sería eso hacer algo realmente malo?
            —¿Cómo supiste que necesitaba ayuda? —preguntó. Mathias se enderezó aún más y se alejó un poco.
            —Fui por bebidas calientes. Te vi allí y tu cara no parecía indicar que estuvieras cómoda. Luego vi a ese chico.
            —Sea lo que sea, te agradezco haber intervenido.
            —Lissie, siempre estaré aquí para ti. No lo olvides —dijo Mathias. Sus ojos se aguaron y asintió. Estaba sensible y solo quería que el dolor se detuviera.
            —Quiero irme tan pronto la lluvia comience a ceder. Pero no quiero quedarme sola en el cuarto.
            —Puedo entenderlo. ¿Quieres que llame a Esteban?
            Ella volvió a negar.
            —¿Podrías quedarte tu conmigo? Después de todo ese hombre piensa que eres mi novio. Además... no quiero preocupar a mi hermano luego de lo que sucedió.
            ¿Quedarse con ella a solas en una habitación? ¿Sabría ella lo que le estaba pidiendo? Cometió el error de mirarla a los ojos. Porque vio en ellos la esperanza de que aceptara.
            —Si te hace sentir mejor y te ayudara a estar más tranquila. Entonces, me quedare contigo.
            —Gracias de nuevo, Mathias.
            Él la tomó del brazo con cuidado. Tenía que pensar en la forma de dejar de lado sus pensamientos. Tenerla a su lado le agradaba demasiado. Debía de buscar la forma de cambiar eso. ¿Pero era justo lo que de verdad quería?
«Todo estará bien, Mathias.» pensó mientras entraban al elevador.
            Lissie recostó un poco la cabeza de la pared cuando el elevador se detuvo y las luces se apagaron.
 

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