Cap 6

Averno (YAOI)

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El grueso tomo de medicina que había cogido no podía ayudarle de ninguna manera, solo sacó nombres de medicamentos y hierbas para reducir los dolores.
Dan iba paseándose con el libro en las manos incómodamente, pero era incapaz de sentarse en una almohada, mucho menos en una silla normal. Dan se apoyó en una mesa suspirando frustrado, cogió el bolígrafo y apuntó otro medicamento en el papel.
El sonido de la puerta abriéndose con violencia entre el sepulcral silencio asustó a Dan de tal forma que se le cayó el libro, provocando aún más estruendo. Los pasos rápidos que se acercaban hicieron que Dan se paralizara unos momentos preocupado. Pero la persona que apareció tras la estantería era Shun, un exaltado Shun.
-¡Dan!- le faltaba el aliento. Miró a Dan, o lo que quedaba de él. Tenía un aspecto horrible, desarreglado y extraño, con una mirada alterada.- ¿¡Qué te ha pasado en la cara?!
Shun se acercó y le agarró la cabeza con ambas manos para examinarlo mejor, pero Dan reaccionó apartándose violentamente de él, desviando la mirada y frunciendo el ceño. Shun se quedó atónito, nunca lo había tratado así.
-Por favor... no me toques.- Dan se agarraba los brazos mientras se alejaba de Shun, incómodo.
-¿Qué ha pasado?- Shun decidió no forzar las cosas, así que se mantuvo en su sitio.
-Nada, me caí en el jardín oeste, nada más.- Dan no sabía mentir, eso estaba claro y él mismo también lo sabía. Cogió el papel con las medicinas y dio la conversación por terminada.
 
-¿¡Dan?!¿Pero qué...?- No le dio tiempo a terminar la frase, Dan se había ido. Shun no se atrevía a seguirlo, algo había ocurrido, lo suficientemente malo como para no contárselo. La culpa carcomía a Shun de mala manera, eso tan horrible le había ocurrido por su culpa y ni se había disculpado, tampoco sería suficiente. Por no mencionar el miedo que le daba revelarle que aquello había sido su culpa.
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Dan caminaba todo lo rápido que podía sin rumbo aparente, pero irónicamente terminó en el jardín oeste.
Este jardín no tenía ningún tipo de pista deportiva, ni cultivos de ninguna clase, así que era el más tranquilo. Estaba repleto de una diversidad vegetal admirable, desde antiguos y fuertes robles hasta delicados narcisos azules.
Dan se sentó a los pies de un laurel que no quedaba muy lejos de la entrada, estaba demasiado cansado y dolorido para moverse más. Inspiró hondo, intentando relajarse y disfrutar de aquella tranquilidad, pero le resultaba imposible con las constantes punzadas de dolor que sufría. Se levantó las mangas de la camisa para ver cómo iban cicatrizando algunas heridas, esperaba que no le quedaran marcas en las muñecas ni en los brazos, aquellas eran las más difíciles de esconder.
Con un dedo repasó la herida, tenía la zona muy sensible y le daba escalofríos.
-Parece una pulsera bizarra.- Dan fruncía el ceño frustrado.
-Si quieres te hago otra para que te combinen.-La inconfundible voz de Mat lo asaltó. Dan lo miró a la defensiva, estaba apoyado en el marco por el que había venido. La única salida.- Me sorprende que te muevas con tanta soltura, quizás fui demasiado blando contigo...-hizo ademán de acercarse pero Dan ya se había levantado y estaba esperando la oportunidad para huir.
-No te acerques.-Dan lo fulminó con la mirada. La expresión de Mat cambió de divertida a enfadada en un parpadeo y con paso firme empezó a caminar hacia Dan.
Dan, sin pensarlo, huyó de Mat hacia el interior del jardín. Así tal vez lo despistara, pero Dan no estaba en la plenitud de sus capacidades físicas precisamente. Podía escuchar como Mat aceleraba el paso para darle caza y frenaba al poco de acercarse para darle ventaja. Estaba jugando con él.
Dan corría con todas las fuerzas de las que disponía, pero un arbusto traicionero decidió entrometerse en su huida, haciéndole caer contra un árbol, revotando en él y cayendo al suelo. Menuda suerte de mierda tenía.
Mat se acercó en dos zancadas y pisó a Dan en la espalda para impedir que siguiera huyendo. Dan intentaba sacárselo de encima pero Mat hacía demasiada fuerza como para darse la vuelta y tampoco podía agarrarlo desde ningún ángulo, rápidamente buscó algo que estuviera a su alcance para lanzárselo o golpearlo pero no había nada.
-Nadie me dirá lo que tengo que hacer, mucho menos tú.- Mat escupió acertando justo al lado de la cara de Dan en el suelo. Se apoyó un poco más en su espalda haciéndolo quejarse.- Mas te vale no faltar a nuestra encantadora cita esta noche... O destaparé tu secreto.
Mat le pegó una patada en las costillas y se fue dejando a Dan encogido en el suelo. Se le habían abierto varias heridas más y estaba empezando a empapar su jersey, aunque fuera negro se notaría. Se levantó del suelo con auténtico terror ¿Qué le esperaba aquella noche? no podía ser peor que lo que ya había pasado y la idea de dormir en un aula vacía acababa de ser aplastada por las palabras de Mat. Temía no volver a ver otro amanecer.
 

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