Cap 14

Averno (YAOI)

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Dan se encontraba en su habitación mirando un punto del suelo fijamente como si intentara derretirlo, en una postura derrotada. Hace unas horas, poco después de que hubieran tirado el cuerpo de Clarck y Mat hiciera la llamada, habían visto como llegaba una furgoneta negra y de ella salía el reparto de Men in black. Habían cogido el contenedor y de una forma totalmente organizada, en menos de dos minutos habían desaparecido de allí, yéndose Mat con ellos mientras le lanzaba a Dan una mirada de advertencia y un gesto de degollador en el cuello.
 
Dan tenía la mente en blanco, no quería pensar en nada pero no podía evitar preguntarse cómo había pasado en tan poco tiempo de ser ignorado e insultado a aquella extraña relación amo-sirviente que al parecer implicaba ser cómplice de asesinato. Pero, ¿por qué lo había matado? A saber, Dan no sabía lo que ocurría en la cabeza de Mat pero nada bueno salía de ahí, podría haber sido porque le tapaba la luz o cualquier chorrada, Dan se lo creía.
 
Espera, espera, esto no es ninguna tontería. Mat había matado a Clarck, otro alumno y uno que se echa en falta rápidamente... Clarck no pasaba desapercibido precisamente ¡Era un jodido armario bonito! Alto, fuerte, guapo, popular... ¿acaso le faltaba algo a ese chico? Bueno, ahora mismo la vida.
 
Dan se llevó las manos a la cabeza agobiado. ¿Y si alguien los descubría? Aunque no hubiera cuerpo se llevaría a cabo una investigación y había testigos que podrían decir que estuvo con Dan antes de desaparecer... solo con Dan. Mat había llegado después de que los mandara fuera a todos así que el más sospechoso sería Dan.
 
No podía, simplemente Mat no podía culparle de matar a Clarck e irse de rositas, eso era demasiado hasta para él... eso es lo que habría dicho si le hubieran preguntado hace una semana, ahora no estaba tan seguro.
 
No había escapatoria, estaba entre la espada y la pared .O quedaba a merced de Mat, que era aterrador de por sí o se entregaba a la policía, que significaba probablemente, pasar el resto de su vida en prisión o algo peor . Dan, en un arranque de furia y sorprendente consciencia de lo que estaba haciendo decidió una cosa, no permitiría todo aquello y solo había una forma de conseguirlo.
 
Se levantó decidido y tras coger uno de sus muchos bolígrafos y arrancar una triste hoja a cuadros de uno de los cuadernos empezó a escribir.
 
"Sé que muchos no creeréis mis palabras pero estoy harto de guardar silencio y sufrir esta tortura día tras día desde que llegué aquí. No me importa que sepáis el hecho de que jamás estuve realmente registrado en el centro pero ese es el único crimen que he cometido, aparte de no haber hablado antes. Si lo hubiera hecho probablemente Clarck seguiría vivo.
 
Quien lo mató no fui yo, sino Mat, Matthew Mcdawell. Vi como lo asesinaba a sangre fría y me amenazó para que mantuviera la boca cerrada.
 
Solo estoy cansado de todo esto."
 
Dan dobló el papel y lo colocó sobre su escritorio, de uno de sus cajones sacó las tijeras que tanto le habían hecho sufrir. Las cogió con la mano temblorosa hasta colocarlas en su antebrazo. Sabía cómo hacerlo y tras un momento de duda, de un rápido y firme movimiento hundió las tijeras en el antebrazo verticalmente, dejando bien claras sus intenciones. La sangre brotaba sin control y el dolor era intenso, joder si lo era pero una minucia en comparación a lo que había sufrido gracias a Mat. Se sentó en la cama, agarrando las sábanas con el brazo bueno mientras esperaba a la oscuridad que poco a poco nublaba su mente. Sentía frío.
 
 
No veía nada pero tampoco estaba a oscuras, se encontraba en una especie de vacío visual en el que no podía ni moverse, aunque tampoco lo necesitaba. Una voz distorsionada le llamaba, no entendía lo que decía pero podía sentir la desgarradora tristeza y desesperación que emanaba.
 
-¡D...an...!-Apenas distinguía nada cuando un grito desgarrador, casi animal le perforó la cabeza.-¡C.o..e ... C....d. ..r!- Un claro disparo sonó, envolviendo todavía más aquellas palabras y resultando imposible saber que estaba diciendo pero de un momento a otro el silencio reinó y pudo escuchar claramente el viento soplar y las hojas arrastrarse, casi podía sentir como acariciaban su rostro. Notó una presencia a su lado, que realmente no estaba allí, una mano que tocaba su cara y unas lágrimas que la mojaban poco a poco.
 
-¡Dante!

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