Capítulo 1.

Ignis (Pars #1)

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Hoy acabábamos de terminar el segundo jueves de mi último año de instituto. Estaba muerta, y definitivamente ya no quería volver a pisar en mi vida ese colegio. ¿Cómo había hecho estos últimos seis años para aguantarme esta tortura cada día de mi vida? Me agobiaba tener que seguir estando ahí, fallando miserablemente todos y cada uno de los años.
No sabía exactamente cómo iría a soportar más días agotadores como ese... ¡Alguien acabe con mi sufrimiento ya!
Estábamos caminando con Belu y Nick para mi casa. Teníamos que estudiar para filosofía y, como siempre, veríamos una peli, esta vez una que el señor Nicholas King nos había recomendado.
--¡Mad! No me estabas escuchando, ¿verdad? --me dijo Belu, y pude descifrar la decepción en sus palabras. La miré con disculpa y ella se puso a patear piedras, enfadada.
--¿No te diste cuenta a este punto del día de que Madison no está escuchando nada de lo que le dicen hoy? --negó con la cabeza Nick.
--Y... --murmuré, para salvarme momento incómodo que yo misma generé--. ¿Qué tal les fue en el examen de alemán!
--¡Justamente eso te estaba diciendo! --exclamó la rubia y me sobresalté. Ella me sonrió--. Probablemente me fue justo lo opuesto a ti: bien. ¿Y a ti, Mad?
Abrí mi boca en una mueca de indignación, aunque luego reímos.
--Como la mierda --mascullé cuando paramos y solté un bufido--. El profesor me odia y explica terriblemente mal todo. ¡Si no se conjugar verbos irregulares no es mi culpa!
--No te decepciones, Mad --me palmeó el hombro Nick y me sonrió paternalmente--. Igual fallas todos los otros idiomas, así que desaprobar no tiene que ser una sorpresa para ti.
--¡Oye!
Y así seguimos charlando y riendo hasta que llegamos a mi casa, que quedaba a unas pocas cuadras del secundario. Saqué la llave y abrí la puerta, pensando en la torta que me comería ahora.
Ayer me pasé un buen rato cocinando. Quería, necesitaba distraerme del instituto. Cocinar era mi hobby, aparte de leer y ver películas, así que ¿qué mejor manera de dejar tu mente en blanco que haciendo lo que te gusta?
--¡Hice una torta ayer para mis mejores amigo y amiga! --canturreé, y ambos hermanos se sentaron en la mesa y sacaron los apuntes.
--¡Ya era hora de que cocinases algo, vaga! --espetó Nick y yo me reí, yendo a buscar la comida a la cocina.
--¡No le hagas caso a mi hermano, Mad! ¡Tiene problemas! ¡Amo cómo cocinas! --piropeó Belu desde la sala y saqué la bebida, los cubiertos y el pastel. Los llevé a la sala y, mientras repartía los pedazos de torta, Nick traía vasos y servía la bebida.
A partir de ahí, empezamos a trabajar. Teníamos que escribir un trabajo juntos de la filosofía de la mente, que tendría que contener al menos cinco hojas llenas de información. Prendí mi portátil y empezamos a absorber toda la información medianamente útil que encontrábamos por ahí. A la mitad del trabajo llegaron mamá y Sean (mi hermano mayor por dos años, quien acababa de llegar de la universidad), y yo les serví un pedazo de pastel. Mamá nos deseó suerte y ambos desaparecieron por razones varias. Al rato apareció papá, nos saludó, tomó una taza de café y se fue a trabajar.
Mamá se parecía relativamente a mí: teníamos los mismos ojos azul grisáceos y el pelo castaño lleno de ondas. La forma de nuestra cara era triangular y tenía pies grandes como yo. Las diferencias eran que ella era más pálida, tenía menos ojeras, usaba anteojos la mayoría de veces que la veía y era unos centímetros más alta que yo.
Acababa de volver del trabajo: era policía, como papá. Lógicamente, se conocieron en el trabajo. Su historia de amor es preciosa, aunque mucho no se vean durante el día. Les explico: mamá trabaja de día, como de ocho a seis, y papá lo hacía de noche, desde las seis hasta horas bastante tardías de la noche. En realidad, sus horas de trabajo son bastante flexibles. Los dos están abiertos a trabajar en otros horarios si hay algún simulacro, aunque no suele pasar.
Sean y Christian eran una copia exacta de mi padre, literalmente: eran altos como nadie, estaban siempre bronceados y llevaban una sonrisa pasase lo que pasase. Aunque tienen una diferencia: papá tiene los ojos marrones, mientras que Sean y Chris llevan los ojos azules grisáceos que heredamos de mamá. Los tres tenían pelo castaño, aunque a papá se le estaban creciendo canas inevitables.
--Eso de que tu mamá nos desee suerte cada vez que nos ve es un lindo detalle --afirmó Belu, mirándome.
--Tu mamá me cae bastante bien --dijo su hermano--. Esperen... ¿"bastante bien"? ¡Me cae genial! ¡Me cae incluso mejor que tú, Mad! Lástima la diferencia de edad.
Reímos y seguimos trabajando con la boca llena de pastel. Terminamos alrededor de las ocho, por lo que nos daba más que tiempo para ver la peli y que se vayan a su casa.
Obviamente, cómo no, Nick eligió de acción. Era un amante de todo lo que acción y peleas conlleve, aunque sea una de las personas más pacíficas que conocía. Belu compartía sus gustos en películas, aunque también amaba las comedias y los romances.
Yo era la del terror y el drama, aunque nunca me dejaban elegir nada porque el terror les hacía mal. Según Belu, el terror le hace tan mal que "le aumenta el ritmo cardíaco de un diez por ciento por toda una semana".
Gallinas.
--Belu, cuando yo sea un director de cine codiciado y tú una famosa actriz, haremos una película tipo esta --anunció Nick, sonriendo--. Y Mad será la perra que tratará de matar a todos pero acabará muriéndose.
--Eso dice mucho acerca de mi personalidad --solté--. ¡Y te estás pasando con los insultos, King!
Empezamos a ver el filme. Era bastante aburrido y soso: a nadie le pasaba nada malo, sólo pateaban culos y seguían con sus vidas. ¡Y sin un mísero rasguño! Como si todo fuera tan fácil.
--¡Ay, no! ¡¿Por qué tenía que morir?! --gritó con dramatismo Belu en una escena "triste", tirándose al piso--. ¡Si estaba buenísimo!
--Era obvio que él iba a morir. Ya tenía la maldición de... --empecé, cuando ambos hermanos me fulminaron con la mirada.
--Eres la peor espectadora del mundo, Madison --se quejó Nick, bufando y volviendo a la película.
--¡¿Acaso conoces la llamada "esperanza"?! --gritó Belu, aún en el suelo.
--Sí, es un lindo nombre.
Seguimos viendo un rato, cuando yo me levanté a buscar una bebida para todos. En la cocina, saqué la Coca-Cola y busqué vasos. Cuando estaba por salir, alguien tocó el timbre de casa. Dejé las cosas en la mesa con el ceño fruncido y los chicos pararon la película.
--¿Invitaste a alguien, Mad? --preguntó Belu, levantándose del sillón.
Negué con la cabeza.
--¿Ustedes creen que yo tengo la vida social suficiente como para invitar a más gente que ustedes?
--Si llega a ser una broma y me hicieron parar la escena del funeral del tipo más sexy del mundo, voy a acabar con la mísera vida del primer plebeyo que se alce ante mis narices --amenazó Belu y solté unas risotadas al oír la elegancia con la que lo dijo.
Me acerqué a la puerta y me fijé por la pequeña ventana que esta tenía quién era. Casi me caí de culo cuando vi a la figura menos esperada del mundo con unos jeans azules oscuro y ese buzo que le marcaba las zonas apropiadas... Pero me tranquilicé. No quería hacer un espectáculo con aquel idiota.
Abrí la puerta, borrando mi sonrisa causada por Belu. James estaba ahí parado, sonriéndome con confianza y con las manos en los bolsillos. Maldita sea, era hermoso.
Me miró con aquellos ojos rojizos y arqueé una ceja. No quería ser irrespetuosa, pero siempre hubo un odio entre nosotros y no podía ignorarse con una sonrisa.
--Hola, Mad --dijo, con la voz gruesa que tenía.
Nunca me había llamado Mad... ¿Qué carajo? Esto sí que era nuevo. Yo era "Jones" para él, él era "King" para mí. En eso se basaba nuestra "relación".
--¿Hola? --murmuré, desconfiada. Él no me trasmitía ningún sentimiento bueno (o puro) nunca--. ¿Vienes a buscar a los chicos...?
Él negó con la cabeza, aún sonriendo. ¿Desde cuándo me sonreía? ¿De qué parte de la explicación me estoy perdiendo?
--No, la verdad es que confío en que ellos saben volver solos desde tu casa --se mofó y me ruboricé un poco. Dios, odiaba su sarcasmo--. Vengo por otra cosa.
--Eso ya estaba claro, me parece --traté de hacerlo incomodar, pero fallé (como en todo en la vida).
Quería que me tragase la tierra en cualquier momento. No me gustaba pasar mi tiempo con él y, ¡aquí estábamos!, hablando sin arrancarnos los pelos. (O, bueno, todavía sin arrancarnos los pelos. Quién sabe, pelear era parte de nuestra rutina semanal.)
Pero ahora la pregunta era: ¿qué quería y por qué se había quedado mirándome con diversión? Ugh, era tan sexy e insoportable que dolía.
--¿Qué? --pregunté con disgusto, irguiéndome, y él rió. Su risa era algo realmente muy...
Aquel pensamiento me hizo ruborizar.
--¿En qué pensabas?
--En nada. ¿Por qué...? --inquirí, cuando me interrumpió acercándose a mi oreja. Todo mi cuerpo se tensó al sentir su aliento cerca de mi cara.
--Vengo por ti --susurró.
Si ya estaba roja, eso lo empeoró muchísimo. Sus cejas se arquearon y puso una sonrisa malévola mientras me alejaba de un salto. ¡Qué capullo!
--¡¿Perdona?! --le grité, tratando de recobrar la compostura.
--Estás perdonada, cariño --afirmó y me dieron unas ganas irrefrenables de pararle el ego de un sopapo.
Me adentré un poco más en la casa para cerrarle la puerta en la cara, cuando se percató de mis acciones y se apoyó en la maldita entrada.
¿Y ahora qué? ¿Y si le pegaba? ¿Le haría algún daño?
--Explícame qué haces aquí, por favor. Estoy haciendo esperar a tus hermanos.
Esa era mi faceta responsable. Quería acabar con esto y, si asustarlo al mostrarme madura ayudaba, lo haría cien veces más si era necesario.
--Quiero invitarte a... bailar --respondió y yo me volví a quedar de piedra.
¡¿Qué?! A ver, repasemos la situación: siempre nos odiamos entre nosotros, me echó de su casa incontables veces, ahora viene a mi vivienda (que casi nunca pisaba) y me pide que vaya con él a restregarle el culo. ¿Estaba teniendo una pesadilla que se sentía más real de lo que era o...? Claro que no quería ir, no con él.
Hasta podría ser lesbiana antes que ir con él. ¡Santo dios! ¡¿Qué tiene este hombre en la cabeza?!
--¿Sigues ahí o estas internamente desmayada? --dudó, apoyándose más en la puerta.
--Ya quisieras, idiota --rodé los ojos.
Sabía que él no me quería. No, señor, él me odiaba, tal vez incluso más de lo que yo lo detestaba a él -aunque eso fuera casi imposible-.
--¿Entonces...? ¿Podría ser mañana?
James parecía cansado y sus facetas delataban su aburrimiento. Conocía a Nick mejor que a mí misma, por lo que conocía el destello que cruzaba por sus ojos cada vez que se divertía. Él no lo tenía.
Él no quería hacer nada conmigo. ¿Entonces por qué venía a pedirme esto? Maldito dolor de cabeza.
--Mañana no puedo --mentí, cuando una cabeza entró en la conversación.
--En realidad, sería genial --dijo Belu, haciéndose paso entre nosotros--. ¡Hola, James!
Se abrazaron y Belu me arrastró también al saludo. Dios mío, ¡¿acaso Belén no se daba cuenta del odio mutuo?! ¡¿Y por qué nos acercaba aún más entre nosotros con el abrazo?! ¡Ella y su emoción continua!
--¿Estuviste escuchando la conversación? --espeté.
--Sólo la parte de salir de Eaton. ¡Vamos! Mañana estamos todos libres.
--Mañana hay noche de películas --tercí y ella rodó los ojos.
--Aquello puede esperar. ¡Nick, nos vamos a la discoteca mañana!
Y ahí cayó la cabeza restante, que asintió con una sonrisa.
--Nicholas: si me obligas a hacer esto te mataré luego --articulé y él se encogió de hombros.
--Será divertido --dijo y me dieron ganas de enterrarlo vivo.
¡La cosa era que no sería divertido! ¡Se estaba auto-engañando por la felicidad de su hermana hiperactiva!
O, espera, déjenme replanteármelo... ¡para ellos sería divertido! Ellos se emborrachan, yo no. Ellos aman salir de la casa, yo no. Ellos no están obligados a ir con alguien que odian, imposibilitándoles siquiera la idea de encontrar a alguien más con quien ir... yo sí.
--Bueno, Mad... Me paso por tu casa a las ocho mañana, ¿vale? Cocina algo, yo te traigo ropa y la probamos juntas --planificó la chica y le brillaron los grandes ojos azules--. ¡Qué emoción!
--Entonces nos vemos tipo nueve aquí, ¿vale? Estén listas para esa hora, nos pasaremos por aquí con Nick --se despidió James y desapareció a su auto. Sus hermanos hicieron lo mismo y me saludaron desde el maldito vehículo.
Qué vergüenza pasaría mañana.
--¡Belén King, vuelve aquí! --le grité, sintiendo mucha vergüenza de tener que chillar así. Ella salió del auto y se acercó, sonriente.
--¿Sí? --dudó. Su sonrisa no flaqueó ni un segundo.
¡¿Cómo podía no darse cuenta de la situación?! ¡¿Lo hacía a propósito?!
--¡¿No te dije ya que odio las fiestas?! --la reprendí en un susurro, escondiéndome de la mirada de James con la espalda de Belu.
--¡Eso no me importa! Mañana lo pasaremos perfecto y, ¡mira!, puede que ganes un novio y todo.
Solté una carcajada que sonó un poco maligna a mi gusto. No pretendía sonar tan frívola... Esperaba que no se haya dado cuenta.
--¿Yo y James? ¿En serio? --arqueé una ceja y ella asintió, satisfecha con sus conclusiones erróneas--. ¿Acaso no te acuerdas de las veces que me echó de tu casa por simples caprichos?
--Estoy segura de que cambió de opinión --frunció el ceño y yo arrugué mi nariz, negándolo.
--Bueno, pues yo no lo hice: no me agrada. No quiero tener que hacer esto --supliqué, en vano.
--¡Qué mala suerte, porque lo haremos! --exclamó--. ¡Vamos, lo pasaremos bien! Él parece estar de mejor humor que antes, ¿no?
Negué con la cabeza, cuando escuché unos bocinazos y eché un vistazo al chico que me molestaba tanto. Lo fulminé con la mirada y volví a mi amiga.
James nos estaba sonriendo con diversión. ¡No podía ser más inoportuno!
--¿Por favor? Si haces esto, te dejaré hablarme de tus novios literarios sin pegarte por un día entero --negoció.
Sonaba bien, pero no me convencía.
--Y podemos ver una película de terror ese mismo día --añadió, cerrando los ojos para que eso bastara--. ¡Vamos! Ya sabes que me aumenta el ritmo cardíaco de un...
--...diez por ciento por toda una semana, lo pillo --la toqué con mi dedo y ella me sacó la lengua. De pronto, una idea genial se me cruzó por la cabeza. Ella no aceptaría nunca--. Y puedo subir tus sustos a Snapchat --terminé y ella abrió los ojos, horrorizada.
--¡Eso no! --exclamó, indignada.
--¡Eso o nada!
Belu me miró con desdén y ahí le dirigí mi sonrisa malvada. Ella echó un vistazo a sus hermanos horrorizada y cuando volvió a mí, suspiró.
--¡Vale, vale! ¡Acepto! --dijo, como si la vida estuviera en su contra. Al menos no tendría que bailar con una de las personas con las que más odio compartía.
Terminamos de despedirnos y se fue como una flecha, antes de que yo pudiera siquiera rectificarme y cancelar el trato. Yo entré a mi casa, ordené todo lo que habíamos dejado sucio en la sala y me fui a mi habitación.
Suspiré cuando ya me había cambiado, lavado los dientes y entrado en la cama. ¿Por qué James quería verme? Vamos, había leído su rostro: él me detestaba. Yo siempre le di asco, ¿qué cambió ahora? No sabía si tenía que alegrarme, desconfiar u odiarlo aún más. Sinceramente, me tenía harta.
James King no se me acercaba por amor para nada. Ni por lujuria, para nada. Seguramente, él tenía otras mujeres que le gustaban y lo complacerían sin rechistar.
¿Acaso me quería por dinero? No, yo tenía un poco más de lo justo y ellos parecían tener un montón de ahorros. ¿Quería divertirse conmigo? Probablemente, aunque no se lo dejaría fácil.
Como sea... James era un misterio. Lamentablemente para él, yo no caería en sus trucos y no me dejaría llevar por las estupideces que haría mañana.
Espero que todo salga bien y el mundo vuelva a la normalidad después de bailar, al menos.
 
Editado 4/9/17

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