Cap 17

Averno (YAOI)

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El sonido del chisporroteo del aceite despertó a Dan, que intentando llevarse la mano a la cara para frotarse los ojos se chocó con el terrible dolor que le devolvió a la realidad y de paso le trajo todos los recuerdos del día anterior. Se intentó incorporar en la cama, pero el dolor no se había limitado a los brazos. Resignado, Dan estudió su reducido campo de visión. Estaba en una habitación desconocida pero bastante normal, quizá algo descuidada y vieja, con su armario y revoltijo de cosas que se extendían por todas partes, casi tan desordenada como su habitación últimamente...
 
-¡Oh! Parece que te has despertado ya.- La cabeza del peli blanco se asomó por la puerta y con una expresión sonriente que chocaba con su aspecto preguntó.- ¿Te apetecen huevos fritos o revueltos?
 
-¿Quién eres tú?- El hombre cambió su sonrisa por seriedad absoluta.
 
-¿Así que realmente no te acuerdas de mí... eh?- Suspiró.- Había oído que no recordabas nada, pero esperaba que solo fuera una mentira.
 
Volvió a lo que Dan pensó sería la cocina y dejó lo que estaba haciendo para regresar y sentarse en la cama donde se encontraba Dan echado. Lo miró a los ojos y Dan le devolvió la mirada, sorprendiéndose al ver un parche bajo su flequillo que le tapaba el ojo derecho, lo que le daba un aspecto todavía más duro. Después de un rato en silencio con miradas intercambiadas y contemplación del entorno finalmente el hombre se levantó y empezó a dar vueltas algo estresado por la habitación.
 
-Wow, sigues exactamente igual...- tras haberse quedado un rato mirando a Dan fijamente, sacudió la cabeza intentando centrarse. Dan ya consideraba la idea de que lo hubiera raptado un loco-Bueno, supongo que debería empezar por el principio... Yo soy Cóndor y ahórrate el chistecito del pájaro, ¿quieres?- Dan se limitaba a mirarlo con desconfianza- Vaya, veo que tu sentido del humor se ha ido a la mierda. –Se rió casi con amargura.-Si has perdido la memoria de verdad esto te sonará raro pero nosotros nos conocimos hace diez años, en una base militar del ejército estadounidense y sus fuerzas aliadas. Estábamos allí por dinero, como mercenario y soldado...combatimos hombro con hombro.- Parecía querer decir algo más pero se contuvo.
 
-¿Hace diez años? Pero si yo tengo...- Dan no pudo continuar la frase con seguridad, todo aquello era una locura.
 
-Ja. A mí también me gustaría saber cuál es tu verdadera edad, jamás quisiste decírmelo. Y por tu cara supongo que ya sabes de tu condición milagrosa.
 
-¡¿Milagrosa? No me jodas!- intentó incorporarse, soltando un grito de dolor y volviendo a su sitio refunfuñando.- Esto es horrible... ¿Y cómo sabes...? Seguramente me estés mintiendo, pensando que será fácil engañarme pero lo siento, no soy tan estúpido, maldito loco.
 
A esto Cóndor respondió sacando una vieja fotografía de la cartera de su cazadora de cuero y mostrándosela a Dan, tenía los bordes gastados y la calidad no era la mejor pero podían distinguirse perfectamente los rostros de los que parecían jóvenes soldados perfectamente equipados y entre los cuales se encontraba un más juvenil Cóndor cogido por los hombros por un risueño Dan ¿Qué demonios? Dan pensaba que lo había confundido con alguien, aún teniendo todo en su contra y hasta pensando que había llegado al internado por casualidad, pero esa foto le quitaba todas las alternativas medianamente normales. Sin duda se estaba viendo a sí mismo, como si le hubieran tomado aquella foto hace un par de días. Cóndor guardó la fotografía en la cartera, retomando aquella extraña conversación, ignorando el ataque verbal por parte de Dan.
 
-No te quejes, has pasado por cosas peores. Tú lo odiarás ahora pero si no fueras así, en este mismo momento estaríamos los dos muertos y enterrados.- Cóndor se acercó hasta Dan y le colocó la mano en el pecho de forma consoladora.- A demás, no entiendo por qué estás tan enfadado, si no recuerdo mal te he sacado de ahí y la cosa estaba bastante chunga entre el grandote, el rubiales medio muerto y tú hecho puré y de nada por curarte, aunque en dos días estarás como nuevo. Envidio tu capacidad curativa... aunque parece haber empeorado también.
 
-¡Ohg, cállate!- Dan ladeó la cabeza para dejar de mirarlo, le estaban dando migrañas con todo aquello. Cóndor le giró la cabeza por la fuerza.
 
-De verdad me duele que no te acuerdes de mí... hemos pasado tantos buenos momentos.- Lo miró con cierto dolor y un pequeño vacío en su mirada acompañado de tristeza... un escalofrío recorrió a Dan. El ambiente cambió.- Me encantaría hacerte recordar de una manera más... paciente, pero tendremos que dejarlo para otra ocasión, tengo trabajo que hacer y tú tienes que descansar. Por cierto, te he traído a una ciudad cercana, no es fácil cargar con un cuerpo en el hombro y no llamar la atención. Habrá movida con todo esto del asesinato y supongo que te culparán a ti por ello, reza para que no tengamos que irnos del país. De todas formas... no seas estúpido y no salgas de casa, al menos espero que no te hayas vuelto realmente más tonto.-Se rió por lo bajo con cierta amargura, dejando a Dan con una cara de "¿En serio me lo estás diciendo?". Se fue hacia la puerta, muy tranquilo, como si se escabullera de cometer un asesinato todos los días.
 
-Espera.- Cóndor se volvió, pero no paró hasta llegar al marco de la puerta.- ¿Por qué estás haciendo esto?
 
-Bueno, a pesar de que no pareces ser el mismo que conocí... aún te debo mi vida.- Suspiró pesadamente.- Realmente me gustaría hacerte recordar... pero si no quieres... Te ayudaré hasta que todo esté tranquilo, luego ya decidirás tú qué hacer con tu vida.- Y con esto, se marchó.
 
Dan escuchó sus pasos atravesar la casa y el sonido de la puerta al cerrarse. ¿Qué iba a hacer? Esa era una buena pregunta. La impresión que le había dado no era muy buena y tampoco podía hacer nada con sus recuerdos. ¿Cómo habría sido hace diez años? Era una pregunta que no mucha gente podría hacerse.
 
El teléfono empezó a sonar, haciendo eco por toda la casa. Dan no podía cogerlo, así que esperó hasta que saltó el buzón de voz, con curiosidad por saber qué tipo de persona llamaría a un sujeto tan particular como Cóndor. Al principio un silencio que no duró más de tres segundos, pero que se sintió largo y pesado, la voz que habló a continuación le puso los pelos en punta a Dan.
 
-¿Cuándo aprenderás a no meter tu nariz en los asuntos de los demás? Esta vez has metido la pata hasta el fondo, sobre todo cuando tuviste la brillante idea de atacar a mi hijo. Supongo que tendré que acabar lo que empecé.- una risa seca y sin atisbo de diversión terminó la llamada.
  • Ibmte-image Ibmte - 10/08/2019

    Tal palo, tal astilla

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