Cap 18

Averno (YAOI)

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Los suburbios cada día apestaban más y Cóndor no sabía si era por el sucio entorno o por la gente que los habitaba. Las estrechas calles por las cuales no había pasado un barrendero en años estaban llenas de basura en la que podía apreciarse a simple vista desde comida en descomposición y ropa vieja a condones usados y jeringuillas rotas. Cóndor caminaba por aquellas calles, destacando solo por la limpieza de sus ropas, por lo demás pertenecía totalmente a esa clase de lugares. La vida de mercenario no era precisamente fácil, había que moverse por lugares inhóspitos y hundirse en la mierda hasta el cuello solo para conseguir algo de dinero para poder vivir. ¿Y por qué vive Cóndor de esto si es tan horrible? Os estaréis preguntando... fácil, porque técnicamente no existe como persona, desde pequeño lo entrenaron y vendieron para ese propósito, un fantasma que no deja pruebas y que nadie echará de menos si falla.Pero Cóndor no necesitaba la compasión de las personas, siempre había vivido en este mundillo así que estaba más que acostumbrado. 
Le iba dando patadas a una lata mientras pensaba en lo que le había dicho a Dan. Sabía que tenía que distanciarlo por sus pocas probabilidades de recuperarlo, pero no quería. Tenía la esperanza de que su antiguo compañero y amante volviera y regresaran a los viejos tiempos. Suspiraba con esa fantasía pero se le escapaba entre los dedos cada vez que veía al nuevo Dan, tampoco podía enjaularlo como a un animal, ahora debía tratarlo de otra manera y darle espacio. Esperaba volver a formar parte de su vida algún día.
-¡Esto es una mierda!- pateó la lata, frustrado, lo suficientemente lejos como para perderla de vista y Cóndor se detuvo ante una vieja puerta de hierro reforzada. Sin ganas de sacar las manos de los bolsillos de la cazadora, Cóndor golpeó la puerta con la bota. Al poco pudo escuchar algo cayéndose que provocó un gran estruendo en el interior, acompañado de una retahíla de maldiciones en múltiples idiomas.
 
-¡Ya voy, joder!- una mirilla de no más de cinco centímetros se abrió y dejó ver un ojo castaño- ¡Oh! Eres tú, más vale que tengas el dinero...
 
-Si, si... Ábreme, que aquí huele a meados.
 
-Todo huele a meados.- se rió, con aquella voz lúgubre que tanto lo distinguía.
 
La puerta se abrió lentamente, dejando ver la gruesa capa de metal pesado que el hombrecillo que había detrás había tenido que mover. Aquella puerta estaba hecha a prueba de bombas casi. El hombre era un viejo amigo que Cóndor había hecho en uno de sus múltiples viajes pero que no había tenido mucha suerte en la vida. Tenía media cabeza hundida gracias a una bomba que le estalló en un conflicto armado de un país tercermundista y para mejorar, el brazo izquierdo totalmente inutilizado.
 
El hombre se movía por el desordenado local como si nada, evitando los obstáculos con agilidad y la pila de trastos que hace nada no estaba en el suelo tirada. Saltando por encima de una escultura griega auténtica, cambiando de sitio algunos cofres llenos de vete a saber qué, pasando por estanterías llenas extrañas obras de arte... bueno, lo que es habitual en un mercado negro, que es justamente lo que era.
 
-¿Qué tal va el negocio?- Cóndor lo seguía como si fuera un niño, despreocupado, como si aquello fuera una tienda de dulces y nada de lo que hubiera allí fuera ilegal.
 
-Bien, aunque hace unas semanas se cargaron a uno de mis mejores clientes y pillaron a otro con material de contrabando, la policía está activa y...últimamente es complicado conseguir mercancía, eso me toca mucho los huevos.
 
-Mientras eso no me perjudique...
 
-Jajaja, tan cabrón como siempre.- Se metió en una habitación, de la que a los pocos segundos salió cargando con una gran bolsa.- No te preocupes, tú no tendrás ningún problema, tampoco pides nada del otro mundo. Pero si tenías pensado pedir hoy un tigre de bengala tengo que darte malas noticias.- Se reía de sus propias bromas mientras guiaba a Cóndor a lo que podría llamarse mostrador, si no fuera por la cantidad de cosas que tenía encima.
 
Al hombre no le importó aplastar todo aquello bajo la bolsa. Miró a Cóndor e hizo un gesto muy significativo con los dedos, que cualquier persona del mundo entendería.
 
-Entre todo esto son 1574 euros, pero como eres el único con los huevos de pagarme cara a cara te lo dejo en 1550.- El hombre le pasó la gran bolsa gastada a Cóndor y este le entregó un paquete que no tardó en abrir y empezar a contar los billetes.- Es un placer hacer negocios contigo.
 
Nada más salir por la puerta el móvil de Cóndor empezó a sonar.
 
Lo sacó del bolsillo y miró el número, era anónimo, aunque Cóndor ya se temía quien lo estaba llamando. Descolgó.
 
-¿Qué es lo que quieres?- Cóndor no tenía ganas de perder el tiempo con aquel fenómeno.
 
-Que frío eres... encima que te llamo para darte un trabajo.- Aquella voz irritante, que todo lo que decía parecía una broma lo tenía hasta los santos cojones. Llevaba mucho tiempo insistiéndole para que se uniera sus filas de matones de poca monta y Cóndor lo había rechazado innumerables veces, lo de ser portero de club de striptease no era lo suyo. Ya se disponía a colgar cuando el otro de repente se puso a chillar.- ¡¡¡Espera, espera!!! Te juro que esta vez es un trabajo que te interesará.- Cóndor permaneció en silencio, esperando a que dijera algo inteligente- Te pagaré bien.
 
Bingo. Aquellas palabras sí que consiguieron que Cóndor se moviera.
 
-Ya sabes mi precio y no pienso quedarme a tomar el té.
 
-Claro, por supuesto- parecía un maldito crío y su tono no le gustaba ni un pelo.- Te pasaré el punto de encuentro mañan...
 
Cóndor le colgó, si seguía escuchando terminaría metiendo la cabeza en una licuadora, realmente odiaba a ese hombre, odiaba su actitud infantil y sobre todo odiaba la increíble cantidad de recursos que tenía. Suspiró sonoramente, quitándose a ese tipo de la cabeza pensando en la cantidad de dinero que ganaría si lo soportaba.
 
-Solo un poco más...
 
Se encaminó hacia su casa, pensando en cómo iba a enfrentar a Dan... ya se le ocurriría algo.

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