Cap 19

Averno (YAOI)

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Habían pasado varios días y Dan ya estaba como nuevo moviéndose por aquella casa, si es que podía llamarse así... Espacios reducidos que se limitaban a un salón-cocina, un baño que era un peligro biológico y la habitación en la que había despertado en condiciones bastante lamentables.
 
A parte de su exploración que no había durado más de dos minutos, Dan había tenido tiempo de sobras para pensar sobre aquella llamada. Nada tenía sentido, si había llamado el padre de Matt... ¿de qué conocía a Cóndor?  Dan no estaba seguro de si confiar en Cóndor o no, pero el hecho de que había desaparecido del mapa durante días solo avivaba la llama de la desconfianza. Dan no había querido considerar la idea de huir de allí y lanzarse a un mundo que desconocía, no era tan estúpido, le faltaba demasiada información y recursos, no tenía ni un cambio de ropa decente...
 
Dan estaba revisando los cajones una vez más, como si por arte de magia fuera a aparecer algo interesante en su interior, como cuando vas a la nevera una y otra vez esperando que brote comida nueva , el sonido de la puerta abriéndose y estampándose con la pared casi hace que le diera un infarto al pobre Dan. Se asomó con precaución al salón y ahí estaba Cóndor, dejando una gran bolsa que hizo un sonido metálico al chocarse contra el suelo, se estiró hasta casi tocar el techo con las manos y al darse cuenta de la mirada estudiosa de Dan le sonrió.
 
-Así que todavía estás aquí... parece que ya estás recuperado.- Puso los brazos en jarra, haciendo crujir las articulaciones entre tantos estiramientos.- Joder, como pesa esto...
 
-¿Dónde estabas?- Dan estaba con la guardia bien alta, no confiaba en él pero algo en su interior le llevaba la contraria. Tenía que eliminar las dudas y el único método del que disponía era preguntar.
 
-¿Mmm?- Cóndor se pensó quizás un poco demasiado si responderle con la verdad o no, aunque después de todo lo que había ocurrido era una estupidez ocultárselo.- Bueno, tenía que ir a recoger los juguetes.- Señaló la bolsa como si aquello lo dijera todo.
 
Cóndor viendo que Dan no estaba precisamente contento con aquella respuesta abrió la bolsa y de ella empezó a sacar armas de fuego de todos los calibres que empezó a repartir por el suelo.
 
-¿¡Qué demonios...?! ¿Para qué quieres todo esto?
 
-Trabajo, por supuesto.- Cóndor había sacado dos cuchillos con unas hojas del tamaño de sus antebrazos que no tardó en enfundar, las únicas armas blancas.
 
-No es por nada, pero te faltan brazos para tanta cosa.
 
-Jaja que gracioso- rebosaba sarcasmo infantil, mientras cargaba una pistola no demasiado grande que Dan no supo identificar.- Esta es para ti.
 
-¿Para mí?- Dan se quedó realmente confuso y una vocecita, la que le decía que confiara en él cada vez tenía más fuerza. Si no era de fiar, ¿por qué le daría un arma y a demás cargada? La tomó sin decir nada más, sintiendo el peso del arma, le era extrañamente familiar y reconfortante.
 
-Esta noche tengo que ir a encontrarme con un cliente y no sé cuánto tiempo estaré fuera, solo es una precaución. En estos barrios es normal que los delincuentes ocupen pisos ajenos, si por casualidad entran no dudes en disparar.- Dan lo miró a punto de reírse, pensando que estaba bromeando pero no.
 
-Espera, ¿vas a dejarme aquí solo otra vez?
 
Cóndor se quedó quieto por un segundo, mirando a la nada.
 
-En cuanto acabe este trabajo te daré el dinero para que empieces una nueva vida si no quieres estar involucrado conmigo ahora que sabes todo esto.- Las palabras le salían como si las hubiera ensayado, sin emoción.
 
Dan se le quedó mirando mientras el otro terminaba de prepararlo todo, después cogió uno de los roñosos cojines y se acomodó como pudo en el pequeño sofá vandalizado que seguramente Cóndor había recogido de la calle. Se durmió nada más tumbarse.
 
Dan volvió a la habitación, metiéndose la pistola en el pantalón, que no era tan cómodo como hacían ver en la películas. Se sentó en la cama y tomó una decisión, no dejaría ningún cabo suelto.
 
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Eran ya altas horas de la madrugada cuando Cóndor abrió la puerta de la habitación para comprobar si Dan estaba durmiendo y al verlo de espaldas con aquella respiración acompasada que movía un poco sus hombros decidió dar por válido el chequeo antes de irse. Cogió la chaqueta que tenía enfundados los cuchillos y cerró la puerta con llave, dejando solo a Dan, tenía la intención de regresar antes del amanecer y con un poco de suerte volvería antes de que despertara.
 
Con lo que Cóndor no contaba era que Dan no estaba dormido sino esperando su oportunidad para escabullirse. Por poco lo pilla al entrar en la habitación sin avisar pero Dan se las había ingeniado para adoptar una postura aparente de sueño y cuando por fin pudo escuchar la puerta de la casa cerrarse salió de la habitación, cogiéndole un abrigo ligero a Cóndor del perchero. No podía salir por la puerta, así que abrió la oxidada ventana corrediza que le provocó una dentera de película... Saltó fuera, intentando cerrar la ventana para que no pareciera que no estaba puesto el seguro e intentó localizar a Cóndor en la distancia, siguiéndolo.
 
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Cóndor llegaba tarde a la reunión por cuestiones de tiempo, dinero y lugar. Para empezar, tener que ir a las tantas de la mañana a un hangar de las afueras te dejaba las opciones de transporte público a cero y lo que es dinero para un taxi... bueno, en primer lugar, si estaba haciendo aquello era precisamente porque no tenía un duro. Así que fue a patita.
 
El recibimiento era de primera. Lustrosos todoterrenos negros con sus correspondientes matones estaban aparcados en un semicírculo, dejando ver conforme Cóndor se acercaba a la figura trajeada del centro, que casi con total seguridad pensaba que sería el cliente. Uno de los matones se acercó al trajeado y este se giró en dirección de Cóndor.
 
Era un tipo más joven que Cóndor con el pelo negro y algo largo, le recordaba un poquito a Dan. Iba arreglado e incluso podría considerarse atractivo, si se estuviera quieto y callado o al menos algo más serio, que es lo que requería la situación... pero no.
 
-¡Cóndooooor!- Definitivamente era aquel pesado, aunque jamás lo había visto ni sabía su nombre. Cóndor se acercó más a regañadientes.- ¡Por fin podemos vernos en persona! Ah, llámame Aaron.- Cogió a Cóndor por el brazo, demasiado familiar, poniendo la paciencia de Cóndor en el límite humano. Lo apartó, dejando la distancia suficiente para no poder alcanzarlo de un puñetazo.- Vale, vale, no hace falta que te pongas así.
 
-Al grano.
 
-Hum, así no es divertido.- Hizo una señal y uno de los matones le entregó un maletín que después Aaron abrió, mostrando los billetes apilados y alineados, allí habría un buen pellizco de dinero. Aaron cerró el maletín.- Esto solo es una pequeña muestra de lo que puedes ganar si haces bien tu trabajo.
 
Cóndor estaba claramente interesado.
 
-Háblame de ese trabajo.
 
-Verás, yo me dedico... digamos que al ocio del submundo. Bares, clubs, hoteles, carreras... bueno, tu ya me entiendes. Y te he estado observando por un tiempo...- Empezó a caminar alrededor de Cóndor.- Eres fuerte y si sigues entre nosotros significa que todo el que se haya enfrentado a ti está muerto, ¿no?
 
-¿A dónde quieres ir a parar?- se cansaba de tanto rodeo en la conversación. Aaron se detuvo frente a él y lo miró a los ojos, o más bien al ojo, intensamente.
 
-Lucha para mí. Haremos fortuna con las apuestas.
 
-¿Y por qué no coges a algún boxeador novato? No necesitas un mercenario para eso.- lo miró molesto- No hace falta ser un genio para ver que hay gato encerrado en todo esto.
 
-Mmm tienes razón que me sale más caro pagar por ti, pero un boxeador no duraría ni cinco segundos, después de todo... son combates a muerte. ¡Ah, pero no te largues!- lo agarró por el brazo, interrumpiendo su retirada pero Cóndor rápidamente se zafó.
 
-Aprecio mi vida más de lo que creéis.
 
-Pero necesitas el dinero... - Cóndor chistó- y yo te lo ofrezco gustoso.- Aaron sonreía de oreja a oreja dándole un aspecto de zorro.
 
-Pero que...
 
-Por cada combate que ganes- le interrumpió- ganarás más dinero y por supuesto podrás dejarlo cuando quieras.- Extendió la mano para cerrar el trato.
 
Cóndor se quedó en silencio. Era verdad que necesitaba el dinero y cada vez más urgentemente. Por el camino había recogido un periódico que anunciaba la muerte de un estudiante y que se estaba llevando a cabo una investigación, tenían que irse del país. Se rascó la cabeza, acomodándose el parche y le cogió la mano.
 
-¡Excelente! Ahora... si eres tan amable.- Le señaló uno de los coches.- Te llevaremos al lugar.
 
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Dan había estado allí todo el tiempo, pero a una distancia lo suficientemente lejana como para no ser descubierto, aunque de nada le servía estar allí si no conseguía descubrir nada nuevo. Veía a Cóndor hablar con un hombre rodeado de... ¿guardaespaldas? Al menos no era el padre de Mat, lo que en parte le alegró. Dan se movió entre los coches para escuchar mejor pero la suerte ya le había dado la patada hace tiempo y justo del coche al que se había arrimado Dan salieron dos hombres. Dan intentó esconderse pero era imposible hacerlo en aquel lugar, se llevó la mano a la pistola, dispuesto a disparar contra ellos, pero el tiempo de reacción fue casi cero y no sirvió de nada. Como si lo hubieran ensayado, los hombres le quitaron el arma e inmovilizaron a Dan.
 
-Estate quieto.- Con un paño empapado en cloroformo, Dan quedó inconsciente.

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