Capítulo 2.

Ignis (Pars #1)

visibility

434.0

favorite

2

mode_comment

0


Genial. Qué ganas de saltar de un puente. Este año, por alguna razón que no logró comprender aún, los astros se pusieron de acuerdo en cagarme la vida. ¿Cómo? Bueno, no se les ocurrió ninguna otra manera de hacerme prestar atención que sentándome cerca de James en una de las clases que peor se me daba: español. Y no nos olvidemos de lo más importante: ¡James es latino!
Genial, ¿verdad? Apasionante. Me he quedado sin palabras. Gracias, universo; sabía que podía contar contigo.
Así que no se me podía culpar mi cara de desgana: todos sabíamos que yo estaba muerta. Estaba destinada a sufrir burlas por cada palabra que dijese (y yo hablaba mucho). Estaba en la tumba, admitámoslo. Y lo supe desde el primer momento en el que él me guiñó el ojo al poner mi culo en la silla.
--No te olvides del baile de hoy --había susurrado y lo fulminé con la mirada. No podía haber sido menos oportuno, teniendo en cuenta de que lo dijo enfrente de toda la clase.
Me di vuelta y vi a mi compañera de banco Lily Johnson se percató de nuestro encuentro, me ruboricé. Ella me sonrió con perversión.
--En los cinco años que nos conocemos nunca se me habría pasado por la cabeza que tú y James King irían a bailar juntos. La vida es toda una sorpresa... y de las buenas, con lazo rojo en la tapa y todo --se burló mi amiga en un tono bajo y rió al verme completamente roja.
Dios mío. Si ella piensa de esa manera, no me quiero imaginar los rumores que se montarán a mi alrededor.
Lily tenía los ojos azules y el pelo rojo. Ambos eran electrizantes y mantenían una imagen viva de ella. Estaba un poco rellenita, aunque no se notaba casi nada. Era una persona pálida y siempre mostraba una sonrisa grande y contagiosa. Era un tanto más alta que yo, y siempre me molestaba con ello. Sinceramente, era una amiga genial.
--Te odio --le espeté--. Sólo vamos a una discoteca porque Belu es una pesada, pero no voy a... acostarme con él ni nada --moví mi cuerpo con asco y ella soltó unas carcajadas--. Qué repelús.
Ella negó con la cabeza con una sonrisa malpensada y apoyó una mano en mi hombro.
--Te recordaré eso cuando te hayas acostado con él.
Y justo ahí entró el profesor López. Estaba, con sinceridad, a un paso de la muerte. Sí, suena cruel (y probablemente lo sea), pero es porque no has visto a aquel hombre: siempre tenía unas ojeras profundas, ojos cristalizados y las manos temblorosas. Sus ojos negros no contrastaban nada con sus ropas grises y aburridas ni con su sonrisa maligna al vernos. Casi no tenía pelo, y siempre se lo acomodaba cuando perdía la paciencia (casi todo el tiempo, vamos). Realmente, creo que era a él a quien le debía mi ineptitud al hablar español, ya que me tenía un odio especial profundo. Me detestaba. Contéstenme con sinceridad: ¿qué le hice yo a aquel anciano? Nada, exactamente. Sólo hablo en su clase cuando el aburrimiento me domina, ¡pero no sólo peco yo!
Él era el profesor más hijo de puta de todo el colegio, ya que, aunque tenga unos cuantos años encima, jamás perdió lo estricto y controlador que tenía. Lo odiaba con toda mi alma.
--Buenos días, alumnos --soltó en español. Probablemente aquella frase era la única que entendía luego de cinco años trabajando con él, y sólo porque Lily me la había repetido miles de veces para que entrara en mi cabeza.
Bueno, Lily, mis padres, la directora, los King y también el profesor López. Patético, lo sé.
--Buenos días, profesor López --le respondimos todos, como costumbre. Envidiaba la fluidez de todos al hablar, de la que yo carecería hasta que muriese.
Se puso a hablar de su interesantísima vida y yo me di vuelta hacia Lily, que prestaba atención y asentía con la cabeza. Su ceño fruncido delataba su concentración para entender todo lo que decía, aparentando darle importancia a las palabras del hombre. Pero igual ella no me engañaba, a mí ni a nadie: le importaba muy poco lo que decía, sólo quería su nota arriba. No podía culparla, yo haría lo mismo... si entendiese algo.
Lily suspiró una vez que el profesor dejó de parlotear y me fijé en el pizarrón: López estaba empezando a escribir.
¿Me olvidé de añadir que no entendía ni un poco su letra? Sí, todo en esta clase estaba en mi contra.
--Lily --la llamé, en un susurro. Ella me dirigió una mirada de irritación.
--Voy a morir del aburrimiento --se lamentó y asentí--. Este hombre no para de decir imbecilidades.
--¿Qué dijo hoy?
--Lo de siempre: empezó explicando la teoría del pizarrón y se fue por las ramas dando ejemplos que delatan su frustración en la vida. Ya sabes, lo normal.
Bufé y me despatarré en la silla, enfurruñada.
--Tendríamos que abandonar esta clase --murmuré y ella se horrorizó, soltando el lápiz.
--¿Y tirar siete años de español por la borda? Nunca, y tú te las arreglarás conmigo.
--¡Pero...!
--Señorita Jones --me llamó en español el profesor. Bueno, ahí estaba sencillamente en la mierda--. ¿Puede... qué he...?
Como verán, no le entendía ni lo que decía. Ay, no, la clase había parado de hablar y todos me estaban mirando. Increíble, Madison, increíble. Ya viene mi humillación pública, ¡únanse al show!
--¿Perdone? --pregunté, también en español. Servía mucho saber una de esas frases en un momento como este... de estupidez extrema.
--Quiero que me resumas lo que te dije --pidió en inglés, fulminándome con la mirada.
--Lo siento, pero yo... --empecé, pero me interrumpió.
--¡Adivino! ¿Le estabas preguntando a la señorita Johnson que te explique la teoría? Tendría que aprender más excusas, Jones. No estoy para sus ineptitudes, ni hoy, ni nunca --me espetó y me quedé sin habla. Su brusquedad alcanzaba niveles inimaginables--. King,... con Johnson.
Dejé de escucharlo. No me enteraría nada de lo que estaba pasando gracias al maldito español. Qué materia inservible, qué idioma odioso, qué profesor ¡hipócritamente inepto!
Lily se levantó y se despidió de mí, y yo me confundí aún más. ¡¿A dónde se iba?! ¡¿Y por qué James se acercaba a mí con una sonrisa malévola?! ¡¿Qué estaba pasando y por qué el profesor no se dignaba a explicármelo en inglés?!
Lo miré con súplica, sin entender lo que pasaba. El viejo me mostró todos y cada uno de sus dientes y tuve ganas de darle un sopetón que jamás olvidaría.
--Supongo que soy tu guía en esta clase --declaró James y se encogió de hombros.
Oh, no. No me digas que...
El profesor señaló una mesa al fondo de la clase y le pidió algo a James... con delicadeza. ¡Eso era favoritismo, ¿me están jodiendo?!
James me hizo levantar a la fuerza, tomó mis cosas y me llevó al lugar anteriormente indicado. Nos sentamos, yo altamente confundida, y él sonrió con arrogancia.
No... no puede ser... No iba a...
--¡¿Qué mierda estamos haciendo aquí?! --le inquirí en un murmuro lleno de rabia. Él rió y me fijé en que toda la clase estaba mirándonos.
Ay, no, los rumores aparecerían más pronto de lo que estimaba.
--Se nota que no entiendes español --negó con la cabeza, apoyándose en la silla mejor. Arqueé una ceja.
--Pensé que era obvio, muchas gracias --escupí con odio--. ¿Y por qué estás tú en esta clase si tan bien se te da tu propio idioma?
--Porque se me da mejor el francés --comentó--. Y Nick y Belu toman español más avanzado y francés para idiotas, como esta clase.
--¿Me estás llamando "idiota"? Muy bien, eso demuestra que el baile de hoy será una mierda --murmuré y me crucé de brazos. Él pareció no escucharlo, o tal vez lo estaba ignorando... No lo sé--. ¿Podrías explicarme qué mierda hago sentada a tu lado en esta clase?
En realidad, no quería saberlo. No quería confirmar mis sospechas. Quería que sólo nos dejase por esta clase al lado, que fuese sólo una amenaza de mal gusto por parte del viejo de mierda...
James volvió a mirar al profesor, luego a la pizarra y su vista recayó en mí.
--López nos cambió de lugar básicamente por tus ganas irrefrenables de hablar, cariño --explicó y sentí mi sangre hervir cuando dijo aquello. Tenía, debía calmarme--. Lily se ha ido con el pringado que se sentaba a mi lado y yo me vine aquí. Seré tu nuevo tutor, comprobando que mi vida se tornó en una mierda girando en torno a ti.
Lo sabía. A él no le agradaba. Blanco y en botella.
Y, después de eso, dejó de hablar para escuchar lo que decía el profesor. Controlé mi enojo, tomé aire, pasé página. Yo era conocida por estar siempre guardando mi furia, ya que mamá me había enseñado a siempre controlarme, nunca explotar. Que yo me acordase, nunca había desistido al enojo, nunca llegué a un punto clímax de ganas de tirar todo por la ventana.
Aunque, de todas formas, había empezado a sudar como un animal luego de hacer veinte kilómetros de corrida. Sí, siempre era lo mismo. Tendrían que llamarme "Chica cuerpo de escamas". Diugh.
Pasaron otros cuarenta minutos de clase cuando realmente llegó el momento de salir. James se había encargado con esmero y dedicación de hacerme pasar un mal rato mientras me explicaba los conceptos que no entendía (todos, bueno). Me vacilaba y se burlaba de mí, alegando que necesitaría muchas sesiones de trabajo intenso para lograr decir ocho oraciones correctamente. Me abstuve de pegarle unas miles de veces. Pero eso no es lo peor: al irse de la clase, me repitió que me iba a estar esperando para bailar.
Iba a matarlo. ¡¿Por qué me obligaba a ir con él a bailar si definitivamente me detestaba?! ¡¿No se daba cuenta de que no me atraía en absoluto?! ¡Me trataba como una mierda y luego quería salir conmigo! ¡¿Quién lo entiende?! ¡Ugh, qué complicados son los hombres!
Me pasé todo el día echando humos, por lo que apenas nadie me hablaba. Era realmente fácil ver que quería desquitarme, por lo que cuando mi mejor amiga lo notó aquella tarde, me preguntaron qué me pasaba y me dejaron insultar todo lo que quisiera. Les conté la historia como tres veces porque pedía más detalles, cada vez más y más. Luego de eso decidimos que queríamos ver un peli en mi casa antes de ir a la fiesta, así que fuimos caminando a la suya, ella dejó su mochila y tomó ropa. Nos comimos otras diez cuadras hasta mi casa y, luego de volver a contar el incidente por cuarta vez, Belu se había quedado sonriendo embelesada.
--Ustedes dos son realmente muy lindos juntos --soltó y juntó sus manos con expresión soñadora--. Ya los veo en el altar diciendo "Sí, quiero".
Abrí mi boca con indignación y le pegué con delicadeza. ¿Cómo podía pensar eso, si siempre nos peleábamos? Creo que estoy llegando a pensar que Belu se meterá en muchas relaciones tóxicas en el futuro.
--¡No nos gustamos! ¡Nos odiamos, Belén, nos odiamos! --le grité--. ¡Me cansé de sus bromas de mal gusto, de sus piques y de sus estupideces!
Ella negó con la cabeza, al parecer divertida.
--Ay, Mad, Mad, Mad... Si Lily piensa que ustedes son tiernos juntos, estás condenada a una vida con él.
--El tema es que ella piensa simplemente que vamos a tener un sexo apasionado juntos (que tampoco habrá, dato interesante), porque piensa que a los dos nos pone el rollo sadomasoquista --ella hizo que tenía arcadas y chilló del asco--. Ya deja el tema, nunca habrá nada entre nosotros más que repulsión.
Y seguimos charlando de cosas varias hasta llegar a mi casa, donde nos pusimos a ver pelis y a reírnos hasta que apareció mamá a las seis con Sean. Ella nos dio los ingredientes para hacer unos panqueques, habló un poco con nosotras y se fue a ver su novela. Con Belu nos pusimos a cocinar mientras que Sean pasaba de vez en cuando, nos daba conversación y volvía a desaparecer.
Sean, Nick y Belu siempre se llevaron de diez, aunque nunca hubo una relación amistosa entre James y él (las pocas veces que se veían), porque también pensaba que era un gilipollas.
Cuando terminamos la comida, la empezamos a comer como si no lo hubiésemos en una década. Mi amiga no dejaba de mirar el reloj de su celular, calculando el tiempo que nos sobraba para empezar a...
--¡Hora de vestirse! --exclamó de repente Belu y me sobresalté tanto que tiré mi panqueque. ¡Eran apenas las siete y media y me quería meter toda esa tela encima!
Me arrastró escaleras arriba con toda la energía del mundo, nos encerró en mi habitación y me tiró un montón de ropa a mi cara.
--¡Ya, ve a tu baño y pruébate todo!
Hice lo que pidió: me adentré en el baño más cercano. Cerré la puerta con pestillo y suspiré al verme con aquel jersey gris. Me lo saqué junto a la camiseta y me quedé viendo algo que me ponía los pelos de punta: mis manchas de nacimiento. Nadie, aparte de mi familia, sabía de su existencia. Mamá me decía siempre que era algo que no podía cambiarse y que muchísima gente tenía una, aunque no debería ir mostrándola por ahí.
Estaban a la altura del ombligo, pero a la izquierda de mi cuerpo. Eran relativamente pequeñas (unos dos centímetros cada una) y me causaban mucha vergüenza, porque eran como si me hubiese quemado pero con un color rozando el negro, como si me hubiera tatuado. Una de ellas era un círculo deformado en la parte de arriba, como si se fuese engordando de arriba a abajo; y la otra eran simplemente tres líneas horizontales.
Gracias a esas dos, jamás llevé un bikini en mi vida. Bueno, no era que supiese nadar de todas formas, ni que tuviese trajes de baño, pero si pudiera hacerlo tampoco los llevaría. Era vergonzoso tener algo así en la piel. No quería que nadie lo viera. Le había dejado en claro a Belu miles de veces que quería cambiarme sola como para que no supiese la existencia de aquellas... marcas.
Mamá, Sean y Christian lo tenían también. Ninguno de los tres los mostraba.
Mis pensamientos volaron hasta Christian, aunque los reprimí con fuerza. No era el momento de pensar en él ni en las marcas de nacimiento, si no en James y su estupidez.
Me cambié rápido con el primer atuendo que Belu había tirado y me eché un vistazo: nunca, jamás iría con ese vestido a ningún lado.
Abrí la puerta y, al ver a Belu del otro lado, me asusté. Me dijo que amaba lo bien que me quedaba, pero yo descarté la opción y seguimos así hasta las ocho y cincuenta.
--Este te queda perfecto. James se caerá de culo al verte --piropeó ella y me ruboricé infinitamente.
--Pues no me gusta --protesté. La verdad es que era un vestido precioso, el mejor que me había probado nunca, pero me inhibía tener que salir con un vestido rojo ajustado a... a cualquier lado, vaya. Y menos con James a mi lado.
--Pues me da igual, querida --me espetó con una sonrisa--. Es perfecto, y te ves magnífica en él. ¡Venga, vamos a maquillarnos!
Ella se había elegido un vestido negro hasta el muslo y, en todo el tiempo que había tardado en cambiarme, ya se había maquillado y peinado.
Belu me peinó y tuvo un debate consigo misma sobre qué me quedaría mejor: el pelo suelto, una coleta o unas trenzas. O un rodete. O rizarlo. En un determinado momento ella se encogió de hombros y lo dejó como estaba, cuando alguien tocó el timbre.
--Yo no voy a salir, eh --avisé--. Me quedaré aquí, comiendo helado y empezando alguna serie con la que llore tipo Teen Wolf y...
--¡No, te lo prohíbo! ¡No vas a dejar al amor de tu vida parado!
El demonio que se estaba apoderando del cuerpo de mi amiga me arrastró escaleras abajo y me obligó a abrir la puerta. Le avisé a mamá que iba a salir, tomé mi bolso con propiedades varias y suspiré.
--Abre ya --ordenó ella.
Asentí y me obligué a obedecer, cuando...
Ay, madre santa de Dios.
James casi ni se había arreglado. Tenía una camisa blanca que se ajustaba a su cuerpo en las partes adecuadas, unos jeans azules de ensueño y...
Bueno, tendría un infarto en cualquier momento. Y tener que admitirlo era como recibir una patada en mis partes.
--Hola, chicas --saludó y me odié por haber estado babeando--. Están preciosas.
Me ruboricé y murmuré unos agradecimientos mientras pasaba por su lado para ver a Nick. Sorpresivamente, él estaba impasible y, cuando me vio, su mirada parecía perdida. Estaba triste.
Se quedó observándome fijamente y se le cristalizaron los ojos. Antes de que pudiese acercarme a preguntarle, hizo algo que jamás me habría imaginado:
--Lo siento --articuló.
 
Editado 10/9/17.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo