Capitulo 2 ; Verdades a medias

Cuentos de Media luna

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Universidad de Stanford, California . 
En la actualidad 
 
 
¿Alguna vez te has sentido fuera de lugar? ¿has pensado que tú lugar esta muy lejos de tu hogar? ¿crees que eres diferente? Yo soy Nattalie Holls y me siento así, llevo escuchando una voz en mi cabeza durante mucho tiempo. Hasta que se lo dije a mi madre y estuvo a punto de internarme en un psiquiátrico desde entonces lo mantengo en secreto. Aun asi sigo sintiendo que alguien me llama y que me esta esperando, pero a causa de eso siempre me ha sido muy difícil encajar en cualquier sitio, sobre todo desde que me tomaron una loca. Por ello creé mis propias reglas, reglas que me hacen más fácil la vida.
 
 
 
Esta es mi vida, comenzando así esta semana;
Yo y el chico con el he tenido tres citas hablando en medio del pasillo de mi universidad justo frente a sus amigos, los míos y tengo la sospecha que al menos una cuarta parte del campus en general ¿a quién no le gusta humillar de vez en cuando ha alguien?  pero si algo aprendí en secundaria fue a crear mis propias normas y ésta es una de ellas.
 
 
 
 
–¿Me estás dejando? creía que estábamos bien Holls. 
 
–Déjalo estar ¿quieres?, asúmelo de una vez Landon, hemos terminado. 
 
 
Regla número uno ; jamás y cuándo digo jamás es jamás, hagas nada que no quieras y menos por lástima.
 
 
Le sobrepasé por un lateral, caminando sin más hasta donde mis dos mejores amigas apenas podían controlar sus risas, creo que ha sido la comedia más divertida que han visto desde lo de Scott Taylor de segundo año con aquella bailarina en la residencia FG.
 
 
 
–Tía eso a sido brutal ¿cómo lo consigues? 
 
 
 
Regla número dos ; Nunca reveles tus secretos.
 
 
 
–Te refieres a como consigo librarme de tíos pesados a diario, no lo se será un don, supongo. 
 
–Lo digo muy enserio Holly ¿qué te hizo cambiar de manera tan drástica el verano pasado? 
 
–Es verdad cuándo acabó el insti eras la dulce Holly y cuando regresaste a casa después del verano y llegamos al campus eras la mega-buenorra-y mala con los tíos Holly. 
 
–Vamos no soy tan mala, sólo que ninguno de ellos es lo que busco, ¿para que alargar la cosa cuándo no funciona? Algunas veces hay que ser realista Meg. 
 
 
 
Esa es Meg, Megan Davis mi mejor amiga desde que tengo uso de razón, sin embargo a pesar que la quiero como si fuese de verdad mi hermana hay un punto en el que discrepamos totalmente ¿adivináis cuál? 
 
 
 
–¡Deberías dejar de tratar así a los chicos, Landon era tú chico ideal! – me regañó haciendo un puchero.
 
–Vamos, vamos, cálmate Meg, no es para tanto, yo creo que Holly – Holly tiene razón, si no funciona hay que pasar a otra cosa, pero tú eres una romántica empedernida y muy poco práctica.
 
 
 
Y esa chica tan directa, es mi amiga más reciente y compañera de cuarto, Mia Brown, pero a pesar de llevar tan poco tiempo juntas he descubierto que somos tal para cuál, y eso me gusta. Es bueno tener otro tipo de opinión aparte de la cansina voz de Meg recordándome que entre tantos miles de personas una será mi  "y vivieron felices y comieron perdices".
 
 
 
–¿Chicas creéis que el pasillo de la clase de ciencias es el mejor sitio para discutir mi vida amorosa?
 
Por fin asintieron avergonzadas y nos dirigimos a la clase de ciencias más extraña de mi vida, el profesor O'conell es mayor, canoso y tiene una barriga como un tonel. Y eso sería bastante normal sino fuese por su rara manera de enseñar usando anécdotas o metáforas que realmente no tienen nada que ver con el tema en cuestión.
 
 
 
–Señorita Holls espere, necesito hablar con usted – me dijo el profesor O'conell cuándo estaba preparándome para salir como el resto.
 
–Claro... ¿qué necesita profesor? – dije insegura.
 
–Como tutor tuyo, he estado mirando las elecciones de carrera de todos y por lo que he visto, tú aún no has elegido carrera ¿por qué ?
 
–Profesor, sólo llevo un mes en el campus, es mi primer año... aún no tengo claro que camino debería elegir.
 
 –Me parece bien sin embargo jovencita, deberías pensar en estudiar algo en el campo de la psicología.
 
–¿Psicología ? ¿cómo ser un  loquero? – pregunté algo confusa.
 
–Yo estaba pensando más bien en que te convirtieras en psicóloga, he visto tus notas en la clase de relaciones sociales y creo que tienes potencial.
 
–No...no lo había pensado  – dije incómoda.
 
–Que te parecería ir a unas charlas aquí, en el campus, son de orientación social y se hablan temas de psicología, son charlas interactivas donde todo el mundo opina.
–Creo que me lo pensaré, gracias.
 
–No hay de que.
 
 
 
Salí del aula bastante afectada, no me gustaba que otros opinarán sobre lo que era mejor para mi. Además ¿qué se creía? si no siquiera lograba encontrar una respuestas a porque  llevaba toda la vida creyendo que alguien me llamaba, no creo que me fuese a ir demasiado bien en ese campo.
 
 
 
regla número tres ; Nunca dejes que otra persona decida por ti.
 
 
Cuándo llegué a la universidad lo único que quería era dejar atrás mi hogar y todo lo que ello conllevaba, deseaba mi libertad y por eso no miré ni una sola vez atrás, ni lo hecho ni lo haré. Ahora sólo me queda ir hacía delante, pero aún no se que camino tomar y prefiero que siga así en mi primer año.
 
 
 
–Vaya si es la novata.
 
–Hola Down – dije levantando la vista hasta mirarla directamente a los ojos – se rápida, al contrario que tú los demás tenemos cosas que hacer en vez de perder el tiempo.
 
–Claro, se me olvidaba que tienes que salir a zorrear está noche.
 
 
regla número cuatro; pon a las idiotas en su sitio.
 
 
 
–No es mi culpa de que seas fea cielo, es una pena que nunca vayas a saber lo que es tener la atención de un chico  – me mofé.
 
–¡Eres una bruja, no me extraña que Landon te diera puerta! –  me espetó con una risa cruel.
 
–No, fui yo la que lo mandó a paseo pero solo después de que me cansase de él, tener toda su atención cansa... pero eso es una cosa que tú jamás podrás saber  –  dije mientras veía como estaba a punto de estallar y salirle humo por las orejas, esbocé, mi mejor sonrisa y me despedí – hasta luego Down.
 
 
Down es una de las chicas que vive en la misma planta que yo en mi residencia, vive enamorada de Landon y sólo quiere vengarse de mi por salir con su amor platónico, en cualquier caso no tiene nivel para intentar meterse conmigo.
Además ¿que tiene de bueno?, es un chico creído y egoísta, además de ególatra, lo único que tiene es la fachada y todas caen en su juego todas menos yo, claramente. Lo que me lleva a;
 
 
 
La regla número cinco ; las chicas buenas nunca ganan así que más vale ser una cabrona de narices .
 
 
 
Volviendo a clase caminé distraída pensando en mi pasado, pero nunca dejando que me afectará, no en público al menos, pero alguien me rozó al pasar, no vi quién era pero si noté lo que dejó a su paso en mí, una extraña sensación, cuándo rozó mi brazo sentí algo eléctrico, una conexión... pero cuando intenté hallar a la persona no vi a nadie... Así que ignorando mi lado racional lo dejé pasar y me apresuré a subir las escaleras hasta mi siguiente clase ; literatura.
 
Me senté en mi sitio junto a la ventana y me di cuenta de que aún nadie había llegado, saqué mi teléfono y mandé dos mensajes rápidos a mis amigas, pero no hubo respuesta, justo cuando iba a guardarlo vibró en mi mano alertándome de un mensaje, cuando eché un vistazo era un número desconocido, y sólo había una frase ; Te he echado de menos.
 
Sobresaltada me apresure a mover mi cabeza hacia todas direcciones buscando una explicación ¿quien había enviado el mensaje? ¿sería la persona de antes? Y si era así ¿quién era? 
 
Minutos después la clase por fin estaba llena de las voces de mis compañeros,  alcé la vista por cuarta vez en los últimos quince minutos y por fin apareció el profesor Arrow pero no vino sólo.
Había alguien cerca de el, un chico, era alto, esbelto, de espalda ancha y musculosa, en realidad todo su cuerpo lo era. Su ropa ceñida así lo revelaba, tenía el pelo color castaño  y unos ojos azules que me mantenían hipnotizada y aunque no sabía porque tenía la idea de haberlos visto antes, pero no sabía ni donde ni cuando o si de verdad lo había visto. El profesor intercambio miradas con el joven y luego nos miró a nosotros.
 
 
 
–Buenos días chicos, tenemos un nuevo alumno, su nombre es Jackson Stantom.
 
–En realidad me gusta Jay, así que podéis llamarme así.
 
 
 
Nuestras miradas se cruzaron y yo quería que la tierra me tragase ¿qué estaba haciendo  aquí? ¿porque me estaba mirando como si nada?  Echa el freno eso significa.... qué el mensaje de antes ¿era suyo? ¿y de donde sacó mi número? Desvíe la mirada abochornada, no quería que estuviera aquí, lo quería a 8.000 km que es justo dónde lo dejé.
Para colmo de males se sentó a mi lado y a lo largo de la clase pude sentir que me miraba por el rabillo del ojo. Presentí que intentaba hablar pero siempre cerraba la boca de nuevo y ni una sílaba escapaba de sus labios.
Una vez sonó el timbre que señalizaba el final de la clase me apresuré a guardar mis cosas y salí por la puerta sin mirar ni una sola vez en su dirección. Una vez en el pasillo me encontré a mis amigas esperando por mi, pero a la astuta Meg no se le pasa una.
 
 
 
–Holly no te asustes pero hay un tiarron detrás de ti apoyado en la puerta y no te quita ojo.
 
–Porque a mi... – gruñí exasperada.
 
–¿Le conoces holli-holli? – me preguntó Mía.
 
–¿Podemos hablar de esto más tarde? Ahora necesito irme, ya.
 
 
 
Ambas asistieron y nos pusimos en movimiento, por suerte no tuvimos más clases juntos y tampoco cruzamos caminos en el resto de la jornada, acababa de salir de la última hora, caminaba junto a las chicas hacia el estacionamiento y allí estaba esperando apoyado en mi coche.
Tomé una rápida y profunda respiración, caminé ignorando que se había percatado de mi presencia y la de mis amigas, no crucé mi mirada con la suya, lo ignoré y pase por su lado hasta llegar a la puerta del conductor pero tenía que estropear mi misión ; "ignora  a  Jay" .
 
 
 
–Oye, Natt ... tenemos que hablar.
 
–¿Perdón nos conocemos? – alcé una ceja para dejar más clara mi aptitud de ¿que crees que haces?
 
–Oye vamos Natt, deja de ignorarme.
 
–Que gracioso que seas tú quién lo diga, recuerdo que la última vez fuiste TU quién no quiso escucharme. No tenemos nada que hablar Jay, no se a que has venido o que estabas esperando que pasara, pero sólo te lo advertiré una vez, Jackson. Vete a casa por donde has venido.
 
–No pienso irme Nattalie Holls  – me dio una sonrisa arrogante y sin más entré en el coche, Meg y Mia también entraron y al arrancar el motor él seguía hay parado.
 
–Quita de en medio o te juro que te atropellare Jay  – subí las cejas para dejar clara mi advertencia.
 
–No  serías capaz, no tienes lo que hace falta –se burló cruzándose de brazos divertido.
 
 
Al no apartarse aceleré y sino fuese porque el mismo se movió, lo hubiese arrollado con mucho gusto. Se acercó de nuevo y se apoyó en el techo mirando por mi ventanilla.
 
 
 
–Sabes que no voy a parar hasta que hablemos, ¿no sería más fácil escucharme Natt?
 
–Vete al cuerno  – le enseñe mi bonito dedo corazón y por fin puse el coche en marcha.
 
–¿Que ha sido eso? – dijo Meg.
 
–Eso... chicas  – miré a los ojos de Meg ¿por donde empezaba? ¿qué debía decir? – sólo un ex- compañero de mi antiguo Instituto, nada más.
 
–No parecía tan simple hace unos minutos Holls ¿y porque dejas que él te llame por tu nombre? A los demás nos obligas a decirte Holls o Holly ¿porqué?
 
–Megan Estoy cabreada y al volante ¿crees es el mejor momento para presionarme? – le advertí apretando el volante. 
 
 
 
Meg se apoyó contra el cristal de su ventana y por fin se hizo el silencio, pero en mi mente y corazón había de todo menos eso. Mis preguntas corrían a mil por hora dejándome con más dudas que sólo él podía responder pero no quería ni estaba dispuesta a escuchar, jamás volvería a darle ese gusto.
Conducí con los nudillos blancos de agarrar tan fuerte el volante, dejé a las chicas en sus casas y yo me dirigí al gimnasio, si algo había aprendido hace unos meses es que el gimnasio es mas que feromonas flotando en el ambiente, coqueteos estúpidos, tíos cachas y chicas atléticas, o bajar de peso, era un sitio donde se dejaban los problemas de lado y te permitía hacerte más fuerte en más dé un sentido, también ayuda a liberar tensión y eso es exactamente lo que necesitaba, caminé al vestuario y dejé mis cosas en mi taquilla de siempre, me preparé y fui en busca del entrenador Johnsom.
 
 
 
–Vaya mira a quién tenemos aquí, si es mi joven promesa ¿qué pasa cielo? no te esperaba hasta esta tarde como siempre.
 
–Necesito una distracción, por favor  – dije esperando que no se diese cuenta de mis problemas y se negase.
 
–¿Estas segura? sabes que los encuentros libres en el gimnasio son puro entrenamiento amistoso pero las consecuencias serán tu responsabilidad ¿estas de acuerdo?
 
–No soy una novata entrenador, tráigame a alguien – me dio sólo un asentimiento y se marchó a buscarme a alguien para subirlo conmigo al ring.
 
 
 
Me coloqué rápidamente los guantes y protecciones, estaba mentalmente preparada aún más físicamente, lo necesitaba, aún si las consecuencias me llevaban a un ojo morado, me subí al ring y esperé.
 
 
 
–Bien preciosa, esta es Rose, también promete pero aún no ha debutado.
 
–Mucho gusto, he oído que eres muy buena, espero aprender algo en este entrenamiento.
 
 
 
<<No quiero enseñarte quiero pelear>> me dije en mi mente, odiaba estar así pero no podía evitarlo, estaba muy enfadada y necesitaba descargarlo de manera sana. Lo único que yo tenía era esta vía de escape, el ring y el gimnasio se habían convertido en mi segundo hogar los últimos  meses.
 
 
 
–Claro, Rose  – dije dando media sonrisa pero no iba a mostrar piedad en el ring.
 
Ella subió y el entrenador se situó cerca de la campana, la tocó y comenzó nuestro encuentro. Rose parecía estar estudiándome pero no importaba aún si lo hacía nunca dejaba ver mi técnica hasta que ya era demasiado tarde. Me moví hacia delante y Rose retrocedió, me seguí moviendo y cuando creyó tenerme en su punto de mira lanzó un puñetazo a mis costillas. 
 
Para su desgracia yo lo vi venir y me aparté sin problema devolviendo un puñetazo en su cara, retrocedió y una pequeña línea roja goteó por su ceja, le había hecho una brecha, ella me miró, su mirada era dura y  profunda. Se movió hacia mí y yo visualice la cara de todos mis problemas, comencé con un par de puños en las costillas, unos cuantos seguidos en su rostro para terminar con un gancho alto a su mentón que me dio la victoria por K.O 
 
Me limpié el sudor de mi frente, estaba exhausta pero me sentía mejor me sentía libre de nuevo y centrada era más de lo que esperaba, el entrenador estabilizó a Rose sentándola en un taburete  y  se dirigió a mi lado del ring.
 
 
 
–¡No puedes dejar que lo que hay allí  – señaló hacía la salida, a la calle y yo sabía que seguía  – afuera te afecte aquí dentro Nattalie, esas son las reglas aquí y lo sabes! ¡sabías que ella no estaba a tu nivel y que sólo estabais en un amistoso, esto es deporte, no una pelea callejera! 
 
–Entrenador yo... – traté de replicar.
 
–¡No quiero excusas, quiero que vayas a casa y soluciones lo que sea que esta fastidiándote, mientras no soluciones tus problemas te prohíbo volver, no voy a arriesgarme a que esto  – señaló a Rose que permanecía mareada en el taburete  – vuelva a suceder! Y Natt ... – dijo ablandándose su mirada.
 
–¿si?... – dije desanimada con la cabeza gacha.
 
–Más te vale solucionar esto antes de la competición estatal.
 
–Si señor, lo siento... – sólo me dio un asentimiento, ayudó a Rose a levantarse y se la llevó, me dejó allí sola con mis pensamientos.
 
 
 
Decidí volver a la residencia, pero una vez estacioné el coche y apagué el motor, me quedé allí, en mitad de la oscura noche  a solas con mis recuerdos, no me gustaba sentirme así más que eso no debería sentirme de esta manera, después de todo ya no era la misma niña que dejó Seattle para venir a California y esto nos lleva directamente a; 
 
 
 
la regla numero seis : no dejes que tú pasado marque o influya en tú futuro.
 
 
 
Cuándo entré por fin en la residencia las luces estaban apagadas como siempre, eran  las siete y media entré en mi habitación pero Mía no estaba, todo se encontraba en un silencio sepulcral, fue entonces cuando una vez más la realidad de mi soledad me golpeó duramente  pero ya no me afectaba, había aceptado la situación hace ya mucho tiempo.
Me senté en mi cama, y comencé a ponerme a estudiar y acabar mis tareas, luego pedí una pizza y saqué mi portátil para ver una película, cuando mi móvil volvió a la vida después de todo un día sin notificaciones informándome de un mensaje de texto.
 
 
 
¿xq no has ido a la fiesta en la fraternidad d las animadoras? 
¿Tanto te gusta encerrarte un viernes x la noche Natt?
Sal o entro yo, tienes 5 min.
 
 
 
Puse los ojos en blanco y miré por la ventana, me quedé congelada, es era él ¿qué hacia aquí? ¿cómo sabia en que residencia me quedaba? Cogí mi móvil de nuevo y le escribí .
 
 
 
Pensé que había dejado claro que quería que te largases de nuevo a Seattle, Jay ¿y quien te ha dicho donde me quedo? 
 
 
 
Miré impaciente por  la pantalla, pero no había respuesta ni siquiera después de seis minutos así que me rendí y dejé mi teléfono en la cama. Me acerqué una vez más a la ventana, me perdí un segundo mirando por el cristal pero un golpe en la puerta me trajo de vuelta.
 
 
 
–Voy  – dije dirigiéndome a abrirla.
 
 
 
Gruñí exasperada ¿Por qué no simplemente se larga? Pensé, esperé varios minutos rezando por que se fuera pero los golpes en la puerta cada vez eran más insistentes y fuertes. Temía que si esperaba mucho más echase la puerta a bajo así que a regañadientes llegué a la puerta, tomé una respiración profunda y la abrí sólo para volver a poner los ojos en blancos. 
 
 
 
–¿Porque sólo no te largas Jay? Déjame en paz.
 
–No, además antes eras mi mejor amiga, venga Natt es sólo charlar un rato por los viejos tiempos.
 
–No quiero tener nada que ver con "los viejos tiempos" ni contigo, ahora vete – señalé el pasillo .
 
–Vamos Natt, no seas cabezota.
 
–¿Yo soy la cabezota aquí? – pregunté escéptica y enfadada entornando los ojos en su dirección  – ¡sal de mi vida de una maldita vez Jackson! 
 
–No hasta que me escuches, luego me iré.
 
–No te creo.
 
–Supuse que dirías eso, así que voy a prometértelo por esto  – me enseñó el único recuerdo que Jay conservaba de su madre – si incumplo mi promesa puedes quedártelo ¿ahora me escucharas? 
 
–¿Tengo opción? – dije dejándole pasar, cerré la  puerta y me crucé de brazos.
 
–No... la verdad es que no  – me mostró una media sonrisa nostálgica.
 
–Entonces acaba con esto de una maldita vez y vete.
 
–Bien... – dijo mientras se dejaba caer en el borde de mi cama – bueno Natt ¿recuerdas la última vez que nos vimos?
 
–¿Es una estúpida broma Jay? – dije a la ofensiva.
 
–No... sólo contesta  – parecía avergonzado.
 
–¡Sí, claro que recuerdo ese penoso día! – dije exasperada, que morro tenía.
 
–Natt... quiero que sepas que no fue culpa tuya...–la lástima en sus ojos fue el detonante de mi furia.
 
–¡Pues claro que no fue culpa mía, yo sólo fui la estúpida gorda que se enamora del chico inaccesible! – grité liberando todo lo que intenté contener desde que entró por la puerta.
 
 
 
 
*Flashback*
 
Era un precioso y soleado día, el ultimo día de clase antes de las vocaciones de verano y mi última oportunidad de ver a Jay Stantom, el amor de toda mi vida.
Esa mañana me levanté muy motivada y muy nerviosa por que tras planteármelo mucho, iba a declararme, recuerdo que me arreglé de manera impecable el pelo, me puse mi vestido más bonito y corrí al  instituto, llegué quince minutos antes sólo para poder hablar con él antes de entrar a clase.
Esperé y juro que esos diez minutos se me hicieron eternos, cuando lo vi, volví a enamorarme de él, iba con su sudadera del equipo de fútbol y unos vaqueros que le quedaban de miedo, cuando cruzó su mirada con la mía sentí que me fallaban las piernas.
 
 
 
–Buenos días Natt ¿estas bien?.
 
–S-si  – pude al fin contestar saliendo de mi trance  –  oye Jay tengo algo que quiero contarte ¿podemos hablar?.
 
–Claro, que no haría por mi mejor amiga.
 
–Ya... Bueno, ven.
 
 
 
Caminamos hasta llegar al campo de entrenamiento de su equipo, pensé que allí tendríamos más intimidad y no estarían todas esas locas fans persiguiéndolo. Nos sentamos en las gradas y le miré, él me sonrió para tranquilizarme así que me la jugué y puse mis cartas sobre la mesa.
 
 
 
– Jay tu y yo hemos sido mejores amigos desde siempre ¿no? – le dije con ojos inseguros.
 
–Claro, siempre juntos Natt – dijo sonriente.
 
– vale pues aquí... llevo enamorada de ti desde el día que te conocí, siempre te eh querido, yo...te quiero así que ¿quieres salir conmigo? 
 
 
Se hizo el silencio y sólo se quedo hay mirándome, como si fuese un experimento de la nasa o algo así, ojalá hubiese permanecido callado en vez de soltarme aquellas palabras.
 
 
 
–Oye Nattalie...mira se que has crecido, que estas en la edad de encapricharte de los chicos, pero yo no puedo darte lo que quieres, aún si realmente me quisieras tú y yo somos muy diferentes, míranos ¿un chico como yo con una chica como tú? No podría fijarme nunca en ti, no de esa forma.
 
 
 
Y si amigos, rebajó mis sentimientos reales y sinceros de años, a un mísero capricho hormonal, sin olvidar que metió el dedo en la yaga, ¿qué hay de mal en que una chica gordita quiera salir con un chico como él? Nuestras diferencias siempre nos habían unido... No separado, así que tenia que admitir que en realidad mi peso siempre le importó y que si me rechazó, era porque estaba gorda, él no podía ver más haya de mis cuarenta quilos de más.
Así que corté todo contacto con él , me dediqué a bajar de peso, con ejercicios brutales y dieta moderada, sin dañar mi propio cuerpo en el proceso. Renové mi vestuario y cambié mi personalidad, a principios de septiembre ya era otra Natt, una Natt mucho mas fuerte, una Natt a la que sele podía tener muchas cosas pero nunca lástima.
 
*fin de Flashback*
 
 
 
Sentía las lágrimas arder por mis mejillas, le miré con furia, con la ira saliendo por cada poro de mi piel, por la pobre chica que tuvo que ser humillada de esa forma cruel sólo por enamorarse del chico equivocado.
 
 
 
–¡Nattalie no fue por ti, fue por mi!
 
–¡Claro que fue por ti! – noté cómo lágrimas ardían por mis mejillas  – ¡porque te avergonzabas de mi, porque no querías a una gorda, por que eras un retorcido superficial!.
 
–¡No era por tú peso, yo estaba enfermo, no sabía si iba a vivir Natt!
 
–¿Qué?... – y oficialmente estaba llorando y cabreada e indignada.
 
–Pensé que iba a morir... 
 
–¡¿Y no tenías otra manera de decirlo que rompiéndome en mil pedazos?! ¡¿tienes idea de todo lo que eh pasado Jackson?! 
 
–Perdóname...
 
–¿Por eso has venido aquí? ¿para buscar mi perdón? ¿para hacer las paces contigo mismo? ¡¿no ves en lo que me convertido?! ¡ya no soy esa chica! No soy tú Natt, ahora soy Holly... y Holly jamás podrá perdonarte, ahora cumple tú promesa y vete
 
–Pero Natt hay más... yo necesito que sepas...
 
–No me interesa nada de lo que me quieras decir, sal por esa maldita puerta y no vuelvas nunca Jay, vuelve a Seattle o a cualquier otra parte, pero lejos de mí .
 

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