Capítulo 3 ; Darkova

Cuentos de Media luna

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Universidad de Stanford, campus  7: 37 pm. 
Residencia A.S, habitación de Natt.
 
 
 
 
–No pienso irme hasta que hayas oído todo lo que tengo que decirte.
 
 
–Si no te vas tú, me voy yo – me limpié una lágrima con furia.
 
 
 
Trató de detenerme, cogiéndome del brazo, forcejé  pero él era más fuerte, seguí retorciéndome hasta que un sonido en la ventana nos sobresaltó de golpe.
 
 
 
–¿Has escuchado eso? – le pregunté afectada.
 
– shh  – me hizo callar para escuchar de nuevo y escuchamos un sonido chirriante que me pusolos pelos de punta que no tardó en volver a sonar – corre  – me dijo mirándome serio y preocupado, pero yo no entendida por que  – ¡corre Natt, corre!
 
 
 
Eché a correr como pude por el pasillo, pero al paso salió una criatura espantosa, de un gris negruzco, con forma de murciélago, era enorme. Sus fauces eran gigantescas armadas de grandes y letales dientes, sus garras eran afiladas y negras, su cola llena de pinchos. Estaba asustada, pero Jay me había dicho que corriese y no iba a ser yo quién le llevase la contraria en esta situación.
El monstruoso murciélago se abalanzó sobre mi, pero logré esquivarlo a un lado y salí corriendo desde el pasillo hasta las escaleras, me apresuré a bajar tramo tras tramo sin mirar a atrás y por fin salí por las puertas hasta la calle. pero en el instante en que crucé el umbral las ventanas de mi cuarto se rompieron, Jay y otra de esas cosas salieron por ella, estaban cayendo a una velocidad vertiginosa, pero el monstruo recobró el conocimiento y comenzó a batir sus alas para estabilizarse mientras que Jay chocó brutalmente contra el suelo.
 
 
 
–¡Jay! – dije corriendo hacia él, ignorando el echo de que no estuviera echo puré ahora mismo, una caída desde esa altura debería ....
 
–¡Son Umbrax! – gritó sobresaltándome  – ¡No dejes que te de con la cola es venenosa!
 
–¡¿Qué vamos a hacer?! – le grité.
 
 
 
Tomó mi mano en la suya, nos levantó y corrimos a toda prisa, adentrándonos en la noche, los dos Umbrax nos seguían volando, el de la derecha voló casi a ras del suelo intentando agarrar a alguno de los dos con sus garras, pero Jay hizo que nos agacháramos y rodásemos por el suelo para evitarlo, al levantarnos seguimos corriendo y por fin se acercó a su coche y me indicó que me subiese
 
 
Stanford Hills , 9 : 00 p.m 
Carretera de Junipero Blvd hacía Santa Cruz ave, camino a Santa Mónica, California.
 
 
 
–¿Estas bien? ¿estas herida? – dijo buscando frenéticamente mi mirada.
–¡¿Qué demonios a sido eso?! – dije centrándome en lo que acababa de ocurrir
 
–Por eso te dije que había más cosas de las que hablar.
 
–¡No recuerdo que mencionases una muerte segura a manos de unos murciélagos radioactivos! ¿sabes?
 
–Son Umbrax ¿vale? No murciélagos radioactivos, esto no es marvel.
 
–¿Umb que? – dije confundida.
 
–Umbrax vasallos de Hela en Helheim más conocido como el Hades, infierno, más allá, llámalo como quieras, pero es extraño, no creí que darían con nosotros tan pronto – dijo reflexivo.
 
–Espera un momento ¡¿sabías que esas cosas iban a atacarnos?! – dije asumiendo sus palabras.
 
–¡¿Quieres calmarte?! – exigió.
 
–¡Cómo quieres que me calme! ¡acabó de ser atacada por algo que ha intentado matarme, estoy hablando contigo cuando tendrías que estar muerto! ¡¿tu has visto de donde has caído?! – dije acusándolo de no estar muerto.
 
–Eso es... porque soy un protector, el tuyo para ser exactos, y tú eres la pieza clave que todo el mundo busca Natt.
 
–¿Quienes? – dije confusa  – ¿espera y porque tienes que protegerme ?
–Te buscan todos; los Aesir, los Vanir, las hadas, los de Helheim, Niflheim el reino de hielo, Muspelheim el reino de fuego, los gigantes, enanos, todos esperan su oportunidad de obtener la llave.
 
–Vale no se que anti-psicótico estas tomando Jay, pero tendrías que decirle a tu psiquiatra que te lo cambié.
 
–Lo digo enserio, Natt ¿recuerdas todas esas historias en el Instituto, todo eso de la destrucción del mundo, Ragnarok, Thor y Odín, Valhala? Todo eso es cierto.
 
–Ja y yo que pensé que no podrías superar tu nivel de locura habitual, ¡éstas completamente loco!
 
–Si no crees en lo que te digo, cree en tu marca.
–Es sólo una marca de nacimiento.
 
–Es mucho más que eso.
 
 
 
Se arremangó la sudadera y me mostró su antebrazo donde se ubicaba la misma marca  que tenia yo, no lo entendía cómo es que él la tenía tambien.
 
 
 
–Me la marco una Sombría unos días antes de que te rechazara, ella dijo; la marca te aceptará como guardián o te matará, por lo visto estoy destinado a ser tu guardián .
 
–Sigo sin creerte y aunque lo hiciese ¿en donde encajo yo en todo esto?
 
–Tú guardas la última llave, para desatar el Ragnarok, según lo que he averiguado en alguna parte de ti descansa la llave que desatará el fin del mundo.
 
–Genial soy una reliquia andante  – dije frustrada y confusa.
 
–Eres mucho más que eso... – dijo susurrando más bien para él  – pero por ahora debo mantenerte a salvo, al menos hasta que todos nos reunamos.
 
–¿Quiénes? – dije desconcertada.
 
–Las personas que van a ayudarnos, yo soy sólo un novato en esto, no soy un guardián por derecho, soy lo que soy porque alguien me marcó ¿entiendes? Así que vamos a ir en busca de los guerreros del alba.
 
–¿Cómo sabes que no nos traicionaran? – dije mientras recordaba a todos aquellos que querían aquello que se suponía guardaba, sea lo que sea.
 
–Porque ellos juraron lealtad una vez a Nébula, créeme podemos fiarnos, y Natt, harías bien en dormir un rato, va ser un viaje largo.
 
–¡No pienso dormir con todo lo que esta pasando! ¡no quiero formar parte de esto, quiero mi vida normal, llévame al campus ahora mismo Jay! – dije hiperventilando.
 
–Cálmate, respira – dijo a la vez que me frotaba la espalda suavemente  – se que es difícil de creer, pero todo esto es cierto y por mucho que no quieras esto, ya estás en el juego.
 
–¡Todo esto es culpa tuya! – rompí a llorar al pensar que él me había arrastrado a esta situación – ¡sino hubieses venido todo sería distinto!
 
–¡Yo tampoco quería esto! Yo no quería... – levantó su mano libre y por un segundo llegué a pensar que iba a tocar mi mejilla, pero no lo hizo y bajo la mano de nuevo  –  Deberías dormir un rato  –  volvió a recordarme.
 
–Eso lo decidiré yo  –  le espete y apoyé mi cabeza en la ventana, mirando el paisaje cambiar.
 
 
 
No quise obedecer e intenté mantenerme consciente, pero poco a poco el cansancio me fue ganando la batalla hasta caer en un profundo sueño.
Pronto comencé a soñar con guerreras fieras con alas, fuego y destrucción, bestias hasta donde alcanzaba la vista, un guerrero oscuro sentado en su siniestro trono, y en medio de todo eso un alma pura brillando como blanca nieve en un paraje ardiente, sus ojos encontraron los míos y oí su voz la misma que habia escuchado toda la vida.
 
 
–Ya ha llegado, la oscuridad se alzado, es la hora, debes alzarte Nebula.
 
 
 
Sentí cómo un remolino cálido y mareante me llevaba a alguna parte, yo quería quedarme y hacer preguntas pero no podía luchar contra el flujo que me impulsaba.
 
 
 
–Natt...
 
<<Esa voz, alguien me llama pero no recuerdo de quien es la voz, no recuerdo nada sólo quiero seguir soñando, sólo un poco más>>.
 
 
 
–Natt despierta, vamos.
 
–¿Jay? – dije volviendo lentamente a la realidad.
 
–Claro que soy Jay ¿Quien más esta en el coche si no? – me preguntó riéndose de mi  – Ohh ya sé, querías que te despertase ese tal Landon  –  dijo en tono burlón.
 
–¿Cómo sabes lo de Landon? – pregunté molesta.
–Es de lo único que se habla en el campus ¿quieres volver con él?
 
–¡Noo! En primer lugar fui yo quién le dejó, en segundo lugar no estábamos saliendo y en tercer... – dije mirándolo mientras una gran sonrisa se dibuja en su cara  – ¡maldita sea deja de reírte con esa estúpida sonrisa en tú estúpida cara!
 
–¿Porque? ¿te molesta verme feliz?  – no paraba de sacarme de quicio ¿qué le importaba?.
 
–Olvídalo, ¿dónde estamos? – dije tratando de cambiar de tema.
 
–Camino a Santa Mónica, conozco un lugar donde estaremos a salvo y podremos descansar ¿tienes hambre?
 
–No, para nada  – traté de fingir que estaba bien pero mi estómago me traicionó rugiendo de hambre y Jay volvió a reírse a mi costa.
 
–Vaya... parece que tu cuerpo no esta de acuerdo contigo  – seguía riéndose a carcajadas hasta que le di un golpe en el hombro  – Vale, vale tranquila Tigresa  – dijo sonriéndome.
 
–Oye ¿cuanto eh dormido?
 
–Apenas dos horas, en realidad te desperté porque parecía que lo estabas pasando mal.
 
–No lo recuerdo  – dije buscando algún fragmento del sueño perdido, pero no había nada.
 
–Ya veo... – parecía poco convencido pero se veía ¿aliviado? No le entendía.
 
–Jay ¿quién es Nébula? – me miró un segundo y soltó un gran suspiro.
 
–Pronto lo sabrás, los guerreros del alba te lo dirán, te dirán todo cuanto quieras saber.
 
–¿Al menos podrías decirme porque sabías que esas cosas vendrían por mi? ¿y porque no lo han hecho antes?
 
–Natt... siempre tan impaciente, esta bien, verás, ellos no podían sentir tu alma antes porque... aún no habías cumplido los dieciocho.
 
–¿Qué tiene que ver mi edad en todo esto?
 
–A esa edad el objeto que guardas hace que tu alma se diferencie de las demás y comience a ser percibida , tu alma brilla con una llama especial a sus ojos.
 
 
 
Seguimos el resto del trayecto hasta un restaurante de comida rápida en un silencio sepulcral cada uno sumido en sus propios pensamientos, estacionó el coche en el aparcamiento, entramos y nos sentamos en una mesa alejada al fondo.
 
 
 
–Dije que no tenía hambre – dije a la ofensiva.
 
–Entonces más para mi – me dio un encogimiento de hombros.
–insoportable... – dije enfadada.
 
–Cabezota – dijo sonriente.
 
–Eres un... – intenté decir exasperada.
 
–Ejem... – me interrumpió el carraspeo de la camarera con una tonta sonrisa en su rostro – ¿qué van a tomar muchachos?
 
–Pues – dijo Jay mirando la carta – ponme unos huevos revueltos con beicon, una de tortitas y un café.
 
–¿Y tu novia? – dijo señalándome – ¿que va a querer tomar?
 
–¿Qué quieres preciosa? – dijo con voz socarrona dándome un guiño.
 
–Ya que invita mi chico – coloqué mi dedo índice en mis labios fingiendo pensar – una de tortitas, con un batido grande de chocolate y nata, oh y no te olvides de la cereza, también quiero un sándwich de pollo y un capuchino con mucha espuma.
 
–Vaya, hay cosas que nunca cambian – dijo Jay y ambos compartimos una mirada que a la camarera no le paso desapercibida.
 
–Que pareja tan mona hacéis, me recordáis a mis años dorados.
 
Esperé que nuestra camarera se retirase pero se tomó su tiempo observándonos como si fuésemos una comedia romántica andatande, se alejó de la mesa y esperé a que cruzase la puerta a la cocina antes de hablar.
 
 
 
–¿Años dorados? ¿cuántos años cree que tiene? No aparenta más de veintiocho – dije estallando en una gran risa.
 
–Cree que estamos juntos a pesar de tus miradas asesinas, creo que en su siglo todavía se creía que quién te odia te ama – su sonrisa pícara hacia visible sus hoyuelos.
 
–No siento nada, es más ni siquiera me fío de ti, Jay – sentencie.
 
–Lo se... – dijo con pena profunda y una parte de mí se sintió culpable y estúpida .
 
–Oye yo.
 
–Cállate – dijo mordaz.
 
–Hey estoy tratando de pedirte disculpas no puedes....  – pero apagó mi voz tapándome la boca con su mano e hizo un gesto para que le dejase escuchar mejor – mierda.... – susurró.
 
–¿Qué pasa? – el miedo se apoderó de mi.
 
–Hora de irse, ya – su mirada era dura e inexpresiva.
 
–Bueno chicos aquí tenéis vuestro pedido – dijo la camarera con voz cantarina.
 
–Póngalo para llevar – soltó tajante .
 
–Pero... – se quejó la camarera.
 
–Llevamos algo de prisa, ya sabes la vida del estudiante joven, seguro que lo recuerdas ¿no? – sus ojos eran severos y penetrantes.
 
–Sí, si que lo recuerdo... – la camarera se fue triste detrás de la barra para poner nuestra comida en bolsas.
 
–Te has pasado – dije en su defensa.
 
–Me da igual, estas en peligro y tengo que sacarte de aquí, ahora – dijo indiferente e irritado.
 
–Pero si no veo, ni oigo nada – dije con cinismo.
 
–Aún, pero esta cerca, muy cerca.
 
 
 
Cogimos las bolsas y salimos por las puertas, estábamos cruzando el oscuro y nocturno aparcamiento cuando un gran agujero negro apareció de la nada y una gran bestia de tres cabezas salió de ella, Jay me colocó detrás de él y nos hizo retroceder unos pasos pero la bestia no venía sólo, los Umbrax que nos seguían la pista estaban a nuestros flancos.
 
 
 
–Jay ...  – empecé asustada.
 
–Estoy pensando ¿vale? – dijo mirando exhaustivamente a nuestros enemigos.
 
 
 
Gotas de sudor caían por su frente, una vena hinchada reflejaba la presión a la que estaba sometido, así que callé y pasee mi mirada tanteando nuestra situación desde mi propia perspectiva.
Aquella mole fue el último enemigo al que miré meticulosamente buscando sus puntos débiles, tenía aspecto de perro y era enorme mucho más grande que el local del que salimos. Tenía un pelaje rojo como las llamas e irónicamente estaba envuelto por ellas, tenia tres cabezas y cada una de ellas tenía un color de ojos distinto, azul, magenta y rubí, los tres colores brillaban casi diabólicamente, pero entre los tres uno destacaba del resto, la del centro era la más peligrosa y la que llevaba la voz cantante, la de los ojos magenta. La feroz bestia tenía unas garras descomunales y afiladas, colmillos enormes y listos para devorar, retrocedí varios pasosdejando caer las bolsas y seguí alejándome unos metros pero no pude moverme ni un sólo paso más, el miedo me tenía  a  su merced paralizándome.
 
 
 
–¡Es Darkova! ¡no te muevas, ni si quiera lo pienses, no podemos escapar! – gritó Jay corriendo a mi posición – está vez hay que actuar con cuidado – susurró en mi oído.
 
 
La bestia rugió, con un sonido ensordecedor, primero se movió con lentitud, haciendo calculados ataques mientras observaba actuar a Jay y cuando estuvo confiado se abalanzó a por el con todas las intenciones de aniquilarle. Se movía con rapidez y me costaba seguirlo con la vista. 
 
 
–¡Quédate detrás! – me miró y yo asentí rápidamente, me colocó de nuevo detrás de él protectoramente – ¡por mi juramento bajo las estrellas, invoco los poderes del guardián, luxa esfena!
 
 
Jay fue rodeado de una llameante luz blanca - azulada, la bestia retrocedió pero seguía más que dispuesta a matarnos, estaba segura de ello, nos quería muertos.
 
–¡Regresa a Muspelheim! – le dijo Jay  apuntándole con una espada de luz – ¡Vuelve con Onix!
 
–Eres un insensato si crees que podrás protegerla guardián, ¡no podrás está vez! – la voz del perro era cruel, mordaz y dura, escuchar el nombre de Onix hizo que mi corazón se encogiera de temor, pero una vez más desconocía la respuesta al porque.
 
–¡Estúpido chucho! ¿olvidas quién te encadenó en Muspelheim, Darkova?
 
–¡Miserable! – gritó Darkova envolviéndose en llamas infernales – ¡Umbrax coged a la chica!
 
–No dejes que te cojan – me susurró Jay, y dándome una mirada de aliento, gritó – ¡ve! ¡te buscaré después!
No lo pensé dos veces y salí corriendo, oí gritos a mi espalda, pero no me importó, necesitaba llegar al coche y escapar, así que seguí corriendo. Pero uno de los Umbrax se abalanzó sobre mi y me agarró por los hombros con sus garras elevándome en el aire, grité y me agite en el aire.
 
 
 
–¡Suéltame monstruo estúpido! – chillé con todas mis fuerzas y golpee sus patas con mis manos tratando de zafarme.
 
 
 
 
El Umbrax chilló en respuesta, ensordeciéndome nuevamente, cada vez íbamos más alto y estábamos lo suficientemente alejados del suelo, que sabía que si me soltaba tendría una muerte segura, tenía que pensar con rapidez, se me acababan las opciones  y Jay estaba demasiado ocupado con Darkova como para ayudarme .
Sentí la ira refulgir en mí como nunca antes, un aura ardiente me rodeó, volví a arremeter contra las garras que me sostenían, el Umbrax se quejó de dolor y me dejó caer, pero por instinto, uno que no entendía y no sentía mío me empujaba, me  empujaba creer que no iba a estrellarme con el suelo, caí rápidamente y aterricé como si sólo me hubiera elevado medio palmo, ligera y firme pise de nuevo el suelo.
El Umbrax se situó frente a mi rugiendo y meneándose preparado para atacar, antes hubiese huido pero algo dentro de mi me gritaba, me empujaba a luchar, entonces, fue entones cuando la marca situada en mi pecho justo en el corazón comenzó arder con furia, el aura de antes se tornó en llamas, alcé mi mano  hacia delante apuntando con la palma al Umbrax y por mis labios deslizaron unas palabras extraña
–¡Exa traxa frero!
 
 
Una flecha blanca traslucida, salió de mi mano y atravesó al Umbrax convirtiéndolo en polvo segundos después, el otro que se encontraba a unos metros huyó. Me miré la mano, la giré delante de mi cara una y otra vez buscando respuesta pero no las hallaba ¿qué había sucedido? ¿era eso cosa del objeto dentro de mi? ¿era yo? ¿que me estaba pasando?
Estaba confusa, pero no era momento para dudas, si podía volver hacer esto podría salvar a Jay o crear una distracción para que pudiese salvarse sólo, en cualquier caso tenía que volver, así que corrí como nunca. Para cuando llegué la imagen me dejó de piedra, me escondí detrás de un coche cercano.
Vi a Jay tendido en el suelo y la zarpa de Darkova presionando su pecho dificultándole la respiración, Jay sangraba, tenía una herida profunda en su pierna derecha, por suerte Darkova no se había percatado de mi presencia, aún, si quería salvar a Jay este era el momento.
Me tomé un momento para organizar en mi cabeza mi descabellado plan  y lo puse en marcha, alcé la mano que usé con el Umbrax  y salí de mi escondite.
 
 
 
–¡Darkova! – grité mientras le apuntaba con la palma de mi mano – ¡Suéltale, ahora! – la bestia de fuego se rió entre dientes.
 
–¿Y que vas hacer si no lo hago, mortal? – se mofó.
 
–Eliminarte – dije sacando valor de la nada, y sentí la fuerza brotar de nuevo en mí.
 
–¡No me tomes a la ligera, yo soy el gran Darkova, destructor de la tierra niña!
 
–¡Corre Natt, olvídate de mi, escapa y ve hasta Santa Mónica! - gritó Jay semidesmayado en el suelo.
 
–¿Huir? – me burlé – tú mismo lo dijiste, no podemos huir, ¡pero no estoy dispuesta a dejarme devorar así como así! ¿me quieres, pues ven a por mi, chucho llameante?
 
–¡Estúpida mortal! – rugió.
 
–¡No! – gritó Jay viendo como Darkova iba a por mí.
 
Eché a correr, con la adrenalina bullendo en mi, el oxígeno quemando en mis pulmones.  Lo atraje al lugar donde el Umbrax se había desintegrado, necesitaba alejarlo de Jay.
 
 
 
–¡Vamos! ¡¿esto es todo lo que puedes hacer?! – le provoque.
 
–¡Vas a morir! – Me dijo.
 
 
Con el corazón encogido por el miedo e impulsada por la valentía me preparé, paré en seco, encaré a Darkova y le apunté con mi palma, pero el siguió corriendo hacia a mi.
 
 
–Hasta nunca, ¡Exa traxa frexo!
 
 
La flecha voló rauda y atravesó el pecho de Darkova, pero esta vez fue distinta, no se vaporizo como el Umbrax, pero lo había herido, no había duda, estaba sangrando y gritaba de dolor.
 
 
–¡Aggr! ¡No creas que has ganado, volveré, no pararé hasta devorarte y arrancarte el corazón! – entró de nuevo en la sombra y desapareció.
 
 
 
Caí de rodillas al suelo exhausta, había funcionado, había echo retroceder a esa cosas, estaba a salvo, el viento fresco me espabilo de nuevo, miré alrededor.
 
 
 
–Jay... – dije volviendo a la realidad.
 
  • C. Manu-image C. Manu - 07/04/2019

    Dios. La segunda parte se presentó como una historia completamente diferente a lo que parecía apuntar el primer capítulo, casi como una típica película de Hollywood. He de confesar que no llegué a casarme con la historia hasta que empezaron a aparecer los seres fantásticos. Por lo demás, muy interesante. Muy bien manejado el cambio abrupto de realidades. Un saludo.

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