Capítulo 3.

Ignis (Pars #1)

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Era prácticamente el segundo día que nos hablábamos luego de años y ya quería matarlo. Lo sé, era de esperar. ¿Era normal ser tan sádica con chico tan idiota? James King era el humano más insoportable que había conocido.
¿Cómo se podía tener un hermano más bueno que el pan y ser así de imbécil? ¡Y Belu ni se enteraba! ¡Ella simplemente lo defendía y comentaba lo amable que era con ella y lo mucho que lo quería!
No deseaba, como se puede comprender, estar yendo a bailar con él un viernes que podría estar cocinando y viendo pelis de terror. Sí, sonaba un plan aburrido, pero aseguro que es el mejor plan que pueden proponerme en el mundo.
Iba a acuchillar a cualquiera que se me pusiese enfrente.
Y lo peor de todo era que Nick no me hablaba, haciendo la noche mil veces peor. Desde que articuló el "lo siento", me ignoraba en todas las maneras posibles: no me miraba, no me respondía, no reía ni lloraba. ¡Indiferencia, eso me regalaba! ¡¿Qué había pasado con él?! ¿Le había hecho algo malo? Hoy a la mañana me trataba normal...
La tensión que estaba generando en mí me preocupaba. Y aparte, no quería sonar insufrible, pero que nadie hablase en el auto me disgustaba más.
--Y... ¿sus padres los dejaron venir? --pregunté, mirando a Nick como para que él respondiese..., pero ¡sorpresa!, no lo hizo. Inesperado final.
--No necesito el permiso de nadie, ricura, para venir a donde se me salga de... --soltó James y me indigné.
--Lo que este mamut quiere decir... --lo interrumpió su hermana lanzándole una mirada reprobatoria--, es que nos dejan venir.
--¿Y qué tal están ellos? --pregunté, en otro intento de hacer a Nick hablar. Tenía hasta ganas de darle un empujoncito. En cambio, este parecía triste en el asiento del copiloto.
--Bien, ahora están en el hospital, trabajando.
Sí, los padres de ellos se habían conocido igualmente en el trabajo. Tienen un turno de noche, por lo que nunca los veo al estar durmiendo de día. Eran de los padres más buenos que conocía -aparte de los míos, claro-: honestos y amables, justos y capaces de confiar en sus hijos.
--¿Y por qué venimos aquí? --inquirí, para luego soltar un estornudo.
--Salud --me apuntó Belu con el dedo--. ¡¿Para qué piensas exactamente que venimos?! ¡Para divertirnos! --levantó los brazos con ímpetu para darle más dramatismo a la situación.
--Sí, eso explica tu motivo --la señalé también--. Yo quiero saber el motivo de James --dirigí mi mirada a él, quien me guiñó un ojo--. Me parece que será más enigmático y menos gracioso que el tuyo.
--Porque quiero divertirme y ya está --respondió, y siguió manejando--. Faltan unos minutos para llegar.
--¡Oh, vamos! Ambos sabemos que no nos atraemos --exclamé.
--O puede que sí. Tal vez --dijo y rodé los ojos. Nick parecía estar aún más apagado con ese comentario.
--Hace unos minutos me llamaste "ricura" en modo sarcástico. Claro, James, ¿cómo no me di cuenta de que estamos destinados a casarnos juntos, a comer perdices juntos, a estar juntos hasta el lecho de muerte? ¿Cómo puedo ser tan ciega?
--¿Por qué niegas la posibilidad de que me gustes?
¡Oh, vamos, lo decía con asco teñido en su voz! ¡A mí este... zopenco no me engañaba!
--Porque te doy repugnancia, me odias, ¡yo sería la que te entregase al demonio en persona!
Él se tocó en el pecho, donde estaba el corazón.
--Touché. Eso dolió, eh --fingió una lágrima y me dieron irrefrenables ganas de pegarle. Me fijé en la ventana y vi las hojas volar, y mi rabia subir--. De todas formas, eso no quita que me parezcas linda y graciosa.
--No sigas, que me entrarán ganas de vomitar --espeté y me concentré más aún en el paisaje.
Unos minutos más tarde de enfado puro, llegamos a una calle que parecía todo menos fiable. Literalmente habían sólo cinco árboles medio-pelados, una casa que parecía una granja, cero faroles prendidos (veíamos todo desde las luces más apartadas de ahí, como a diez metros de la casa), un camino al que no entraría nunca y... Esperen un segundo, ¿dónde está la música de fiesta?
--Un momento, señores --volví a hablar--. Si quieren violarme, secuestrarme, quieren vengarse..., ¡yo qué sé!, háganlo en un lugar más fiable y avísenle a mi madre que la amo.
--¡Cállate, tonta! --rió Belu--. James ha venido a este lugar cientos de veces.
--¿Y qué tu hermano venga aquí te parece la clave de la confianza? --dudé, horrorizada. Ella se encogió de hombros y frunció el ceño, sopesando las opciones.
--Más o menos, pero cállate, por algo sigue vivo.
--¿A qué mierda me estoy prestando, madre? --susurré, y me acomodé el vestido.
James se adentró en el camino y siguió avanzando por unos dos minutos. Por ahí literalmente no había nada: como si fuese un terreno que no era fértil y decidieron abandonarlo. Nada, eh; ni un pájaro volando, ni un conejito pasando, ni un lobo de las nieves. ¡Yo qué sé, algo! ¡Lo que sea!
Hasta un hombre sonriendo en el medio de todo eso me daría menos miedo.
Un minuto más de tensión pasó y nos encontramos con una discoteca enorme rodeada de algunos autos y camionetas, aunque ni el piso estaba retumbando, ni habían luces prendidas, ni había nadie afuera. Miré a Belu con terror puro, aunque ella sonreía, salió del auto y se acercó más al lugar. Nick la siguió en un silencio sepulcral.
Si ellos querían darle su alma al diablo, bien por ellos, pero yo no sería parte de eso.
--Yo... Esto, eh... --empecé, aunque James se apoyó en su asiento con una sonrisa y se mofó de mí.
--Qué desconfiada eres, muñeca. Seguro que no tienes lo necesario como para entrar.
Y vi cómo salía del auto. ¡Oh, vamos! No me dejaría aquí toda la noche, ¿no? ¡Exijo que vuelva y me lleve a casa!
No quería salir del auto. Estaba caliente, mullido y me protegía del mundo exterior. ¿Qué más quería?
Bueno: quería irme, no morirme de aburrimiento esperándolos o... no tener esa necesidad inútil de probarle que se equivocaba.
¿Estaría cuerda si decidiese entrar?
Suspiré. No, cuerda no estaba si llegué al punto de seguir y obedecer a James con cada cosa que decía. Bajé del vehículo y me acerqué un poco a la discoteca. El piso empezaba a retumbar un poco más con cada paso que daba y un sonido de música se hacía presente. ¿En qué me estaba metiendo? Yo sólo quería quedarme leyendo y cocinando en casa. ¡Quería ver una película de terror, no meterme en una!
No conseguía comprender cómo Nick y Belu odiaban los filmes de horror pero se metían en estos lugares sin pensárselo dos veces. Háblame de confianza ciega a tu hermano.
Cuando llegué a la entrada, el guardia (que era más grande que la puerta en sí, lo que era preocupante) no me dejó entrar. Genial. Parecía que no le caía bien.
--Eh, esto... quiero entrar, por favor --dije, para nada convencida de que eso funcionase.
Me miró de arriba a abajo con unos ojos brillantísimos de color verde, yo bajé la vista y antes de que pudiese incomodarme, sacó la mirada de encima.
--¿Identificación? --preguntó y arqueé una ceja.
¡Pero claro, la puta identificación se me quedó en casa!
--Viene conmigo --murmuró una voz ronca, detestable y sexy a la vez.
Volví a fijarme en la puerta y ahí estaba el King más grande, sonriéndonos. El hombre se dio vuelta, vio a James y se corrió de la puerta para dejarme pasar. James le palmeó el hombro y yo entré a lo que supuse que era mi perdición.
--Sabía que vendrías, Jones --susurró en mi oído--. Sabía que tenías ovarios para hacerlo. Ah, y cómo olvidarme de decírtelo: me considero fan número uno de tus piernas.
--Me das asco --espeté, haciéndolo reír con arrogancia. Me adentré en un pasillo en el que al final había una puerta cerrada. Ahí tenía que estar la pista de baile--. Una pregunta: ¿cómo te dejaron pasar si tienes la misma edad que yo?
--Ya me conocen... Mads.
--No te atrevas a llamarme Mads nunca más.
Le dirigí la vista y noté que él también tenía los ojos de un reluciente color naranja-marrón que me dejó embobada. Eran lentillas, debían serlo. 
--¿Por qué no? --dudó y descifré que lo decía en serio.
--Porque es como si tuviéramos toda la confianza del mundo, cuando no es así.
Volvió a reír y yo me ruboricé. Suerte que no se veía nada ahí.
--Aparte, Mads, yo luzco como un hombre de veinte años, mientras que tú... bueno, tú no tienes la misma suerte.
Con cada paso que daba, el piso retumbaba más y más. No lo entendía, ¿por qué casi ni se escuchaba la música afuera, pero apenas entras empieza a sonar fuerte?
En la puerta al final del pasillo entraban luces de colores por debajo. Yo prácticamente me encontraba impresionada por el volumen. Esto era una discoteca, ¿no debería estar un poco más alto?
James se acercó a la puerta, la abrió y se escucharon a muchos adolescentes riéndose. El aire espeso lleno de tabaco y sudor me pegó de pleno en la cara e hice una mueca de disgusto. Bueno, no mentiría: también ponía esa cara porque me daban asco los bailes que estaban haciendo las chicas con su culo para ganar atención. O el olor a marihuana que acaba de colarse en mis fosas nasales. O, como no, el chorro de la botella abierta de alcohol que acababa de pasar por mi lado. Solté un grito al ver lo cerca que estaba de mancharme absolutamente todo el cuerpo.
--Lo siento --dijo el tipo que casi me dejaba hecha un desastre. Debería tener unos veinte años y me llamaron la atención sus profundos ojos verdes, los cuales estaban brillando como si fuesen dos lámparas verdes negras al centro.
¡Jamás había visto esas lentillas! ¡Yo quería unas así! Lo consultaría luego en Google y me compraría diez.
A pesar de todo lo que había a mi alrededor que era completamente extraño, James me tomó de la mano y siguió caminando con una sonrisa. Sus ojos seguían brillando, aunque, ahora que lo pensaba, Nick tenía ese color desde siempre... y más cuando se enojaba. ¿Eran lentillas realmente?
Habíamos llegado a la barra y casi ni lo había notado. El señor de unos sesenta años que vendía el alcohol tenía unos ojos violetas electrizantes, por lo que ahí saqué la conclusión de que, si eran lentillas, eran completamente geniales y las necesitaba.
--Dos cervezas, por favor --pidió James con voz ronca al camarero. Él, para mi sorpresa, lo escuchó con facilidad, asintió y se fue a sacarlas.
--Llámame inocente, King, pero no tomo --le avisé.
Si estaba sorprendido, no lo mostró. Asintió, comprensivo.
--Mejor que sea una cerveza y una Coca-Cola, camarero --rectificó y le agradecí en un murmuro.
El señor sacó las dos bebidas y James le dio la suma de dinero que costaban. Me compadecí de él: tener sesenta tacos y estar encerrado todas las noches con adolescentes hormonales tenía que ser duro.
Pero, aunque me diese pena, debía preguntarle algo.
--Señor --lo llamé, con todo el respeto que tenía, cuando se iba.
--¿Sí, señorita? --preguntó él, dándose la vuelta.
No sabía exactamente qué estaba haciendo, pero me pareció que el tipo era agradable o medianamente normal, así que él era el más indicado para responder-
--¿Dónde se venden esas lentillas brillantes que usted lleva, señor? --inquirí y sonreí con inocencia. Vi que James se tensaba a mi lado y que el señor se confundía, aunque sonreía.
--Señorita, ¿de qué lentillas me habla? --dudó.
--Las que tiene todo el mundo puestas. Las que brillan... Yo quiero unas así.
Él rió, tomó un vaso y un trapo, y empezó a lavarlo.
--Mira, Madison, creo que tendríamos que ir a bailar... --trató de sacarme de ahí James y yo me solté de su agarre.
--¿Dónde se venden? --volví a preguntar.
--Bueno..., no son precisamente lentillas, pequeña --me avisó cuando dejó de reír, me miró con ternura y yo me sorprendí--. Son nuestros ojos.
--¿Ah, sí?
--Claro, tú también los tienes así. Mira.
Soltó el vaso, sirvió una bebida rápida a una pareja de chicas y volvió con un espejo. James me repetía con susurros que teníamos que irnos de ahí.
Casi me desmayo al ver mis ojos grises con tonos azules en un color que parecían dos bolas de luz casi blanquecinas. Sonreí al abrir un poco los ojos y moverlos, como comprobando que fuese real.
--¡Muchas gracias, señor! --exclamé, él me sonrió y volvió a lo suyo.
¡Wow, eso sí que molaba!
James, serio, tomó las bebidas y me llevó a la pista. Yo miraba encantada a mi alrededor, apreciando todos los ojos que encontraba. Vi unos blancos con verde, un poco como los míos; algunos azules, otros rojos, verdes a secas, violetas, azules verdosos, blancos con rojo... ¡Era mágico!
James se paró casi en el centro del lugar. Me pasó mi Coca-Cola y él dio un trago largo a su cerveza. El mundo volvió a ponerse en su sitio y me devolvió a la realidad: estaba a punto de bailar con James y seguía sin tener ni la más pálida idea de por qué.
--Eh, James --lo llamé y él levantó las cejas, a la espera de lo que tenía que decir--. ¿Por qué me invitas a salir si me odias?
Él sabía ocultar muy bien sus emociones, tanto que no me enteré de lo que estaba tratando de decirme en su mirada.
--Porque sí. Eres la amiga de mis hermanos, ¿no?, quiero conocerte.
¿Conocerme? Claro, claro, ¿cómo no creerle, si toma la iniciativa luego de tres años de burlas y peleas? Llámenme desconfiada, pero yo esa mierda no me la trago.
--No me mientas.
--¿Por qué iría a mentirte?
--Yo...
--¡Amo esta canción! --gritó y me sobresalté. Notaba asco en su voz--. Bailemos.
Okay, él era más raro de lo que suponía.
Suspiré con derrota y me dispuse a bailar. No había nada en el mundo que me apeteciese menos ahora mismo, por mí yo ya estaría hablando con el barman toda la noche. O tirándome de un puente. Cualquier cosa menos estar con él.
Movía mis pies con poca convicción, a pesar de que la canción electrónica que pasaba estaba muy buena. Me traía incomodidad la idea de que James estaba a mi lado moviéndose miles de veces mejor que yo, observándome, juzgándome; y también el hecho de que muchas personas nos miraban. Bueno: por "personas" me refiero a mujeres, y por "mirarnos" me refiero a mirarlo con deseo."
¿No podían mover el culo un poco alejadas de mi vista? Si querían hasta podía irme de ahí para dejarlos más tranquilos...
--¡Madison! --me llamó Belu y olía casi imperceptiblemente a alcohol.
¡Belén! ¡Dios mío! ¡Me había olvidado de ella!
Nick estaba detrás de ella, aunque miraba a un costado... a un chico de ojos rojos, que le devolvía la mirada con picardía. ¡Ay!, ¿ese chico le gustaba a Nick?
--Hola, Belu, ¿cómo estás? --pregunté y ella me abrazó.
--¡Perfecto! --se acercó a mí y me miró directamente a los ojos--. Escucha: Nick está mirando muchísimo a aquel chico (¡no mires, disimula!) y me están dando ganas de unirlos de alguna manera, porque al chico parece que le gusta también.
--¿Y por qué no lo haces? --susurré.
--Él me pidió que no lo haga, que no me meta en sus relaciones.
Volví a echar otro fugaz vistazo a los dos y me produjeron demasiada ternura.
--¡Qué lindos son! ¿Quieres que nos vayamos a la barra y los dejamos solos? --pregunté, con ganas excesivas de que me dijera que sí.
--¡No! --exclamó esta vez James--. Tú no te vas a ninguna parte --susurró en mi oído y me alejé de él con asco renovado.
--¡Aparta! --chillé--. ¡Y deja de escuchar nuestras conversaciones!
--¡Tiene razón! Tú te quedas con él, yo me voy a buscar a alguna persona que quiera pasar tiempo conmigo... --dijo con una mueca triste y yo me fundí en desesperación.
--¡Yo quiero!
--¡Tú no cuentas!
Y desapareció entre la multitud, con Nick cabizbajo y ruborizado siguiéndola. A pesar de que estuviera ignorándome, agradecí que estuviera ahí con Belu.
La noche terminó entre bailes patéticos, miradas furtivas de mujeres y visitas al camarero. Al fin era la hora de irse y estaba demasiado agradecida como para quejarme de que lo único bueno de aquel lugar era el chico que le gusta a Nick y el bar.
Caminamos hasta el auto y entramos, todos en silencio. Belu se durmió apenas tocó el asiento, yo miré al reloj -eran las cuatro- y Nick ojeaba la ventana. James, como siempre, estaba al volante.
--¿Nick? --lo llamé. Él no dijo nada--. ¿Qué tal te fue con el chico?
No contestó. Eh... ¿había hecho algo para merecer esto? Que alguien me lo muestre, porque no lo veía.
--¿Nick...? --repetí, al borde de las lágrimas.
Nada, cero. ¿Por qué no me respondía, ni me dirigía la mirada? Jamás había pasado esto, yo...
Iba a averiguar todo: por qué me ignoraba, por qué James me había invitado, por qué la discoteca era tan rara... Todo.
No sabía cuándo, cómo o exactamente a quién debía preguntar, pero se me ocurriría algo. Nick era de las personas más importantes de mi vida, y no lo perdería por nada del mundo.
 
Editado 17/9/17.

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