¿Quién es el Asesino?

Géneros: Acción, Misterio

Muchas personas nos hemos visto involucradas en organizaciones sin sentido, en sectas o, simplemente, dentro de una sociedad insalubre. Yo no pude evitar entrar en aquel lugar, más bien, no pude salir, puesto que el motivo por el que entré no lo recuerdo. ¿Qué fue lo que provocó que me inscribiera en una organización que entrenaban a asesinos? Ese motivo, esa causa es demasiado diferente para cada persona pero para todos, igualmente, perturbadora. Registrado en Safe Creative con el código: 1607078325931 Todos los derechos reservados

¿Cómo llegué aquí?

¿Quién es el Asesino?

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Ahí estaba yo. Agachado junto a una pared recargando mi pistola. No me quedaban muchas balas y pronto sería descubierto. Ese no era mi lugar. Llegué hasta allí por pura potra porque en realidad, yo no sería capaz de matar a mi enemigo. Miré a mi alrededor...
 
A unos cien metros de mí había una persona corriendo decidida hacia un edificio grisáceo y con apariencia antigua en el que entró sin dificultad. Era uno de los miles de asesinos que se encontraban en aquella organización. Apreté la mandíbula con frustración al darme cuenta de que cualquiera podría matarme si querían. No, ellos no eran mis enemigos, al menos, no en ese momento.
 
Me levanté. Si me quedaba quieto, lo más seguro era que me encontrasen. Inspiré profundamente para armarme de valor y giré la esquina con la mala suerte de que me choqué con algo y acabé en el suelo. Esperaba un insulto de un compañero o un grito de odio pero, en vez de eso, lo que escuché provocó aún más temor en mí. Sí, fue un grito pero no era humano. Era como el rugido de un zombie. Alcé mi mirada rápidamente mientras temblaba deseando con todas mis fuerzas que no fuera eso.
 
Mala suerte. Estaba frente a mi enemigo. Nunca había sentido tanto miedo. Aquellas criaturas no eran zombies, eran peores. Figuras humanas que te perseguían sin descanso hasta atraparte y matarte. No poseían ni pupila ni iris, así que sus ojos eran aterradoramente blancos. Su piel tenía un color grisáceo. Pero, lo peor de todo, es que no eran para nada lentos, poseían la misma velocidad y fuerza que un humano corriente o, puede incluso, que un poco más que un humano corriente.
 
Ese monstruo gritó y se abalanzó sobre mí. Yo cerré los ojos inconscientemente y apreté el gatillo de la pistola. El sonido del disparo retumbó en mis oídos. La criatura cayó al suelo pero no había muerto aún, evidentemente, yo no tenía la puntería suficiente como para haberle matado. Sin embargo, empezó a hacer sonidos estruendosos para que vinieran más como él, cosa que no tardó. En un segundo, al fondo de la calle en la que me encontraba comenzaron a aparecer más de ellos que corrían hacia mí despavoridos.
 
Por fin, reaccioné, si me cogían estaba acabado. Me levanté y giré la calle de nuevo con la mala suerte de que, en frente, me esperaba otro de ellos, deseando encontrarse con alguno de nosotros para poder matarnos. Estaba rodeado. Miré las paredes que me encerraban y observé una tubería. No me lo pensé dos veces, empecé a trepar por ella. No miré hacia abajo. No quería mirar hacia abajo.
 
De repente, noté que algo me arañó la pierna izquierda con fuerza. Seguramente, uno de esos monstruos había conseguido llegar hasta mí y había arrancado mi piel con sus uñas malcuidadas. Inconscientemente, golpeé con el pie cualquier cosa que pudiera estar agarrándome y seguí subiendo sin pensarlo a pesar del dolor. Llegué al techo de la casa y pude observar desde allí arriba la horda de criaturas que me perseguían. ¡Mierda! Sabían trepar.
 
Estaba aterrorizado, estaba en el techo de una casa... no podía escapar. Di un par de pasos hacia atrás con la intención de empezar a correr en cualquier momento. Sin embargo, tropecé con algo y caí en un agujero. En menos de un segundo, choqué contra un suelo demasiado duro mientras me rodeaba un humo negro. Comencé a toser descontroladamente, intentando levantarme pero era complicado. Con el dolor de aquel golpe casi se podría decir que tenía uno de los tobillos a punto de romperse y aún podía caminar con dificultad con el arañazo de mi pierna izquierda. Realmente, estaba a punto de llorar. Iba a morir en aquel momento, lo tenía claro. Apenas podía moverme y casi no tenía balas para defenderme.
 
-¡Asin!-
 
Aquella voz fue mi salvación. No podía creerlo.
 
-¡Iván! Menos mal... - Añadí eufórico nada más verle.
 
Era uno de los compañeros de mi distrito, otro asesino de cabello castaño y cuerpo débil como yo.
 
-Te he dicho mil veces que no me llames por mi verdadero nombre.- Me dijo desde detrás de un mueble.
 
Parecía que mi compañero había encontrado un buen lugar para hacer un fuerte y había estado ahí escondido todo el tiempo. De repente, el chico se fijó en mí. Quizá estuviera completamente lleno de carbón y cenizas de la chimenea por la que acababa de caer pero se podían observar mis heridas que sangraban.
 
-¡Ester! ¡Asin está herido!- Gritó el chico sin pensárselo un segundo.
 
Esperaba que apareciera una persona que nos salvara a ambos de pasar más tiempo allí, sin embargo, sonó un golpe fuera del edificio. Tanto él como yo callamos y observamos atentamente. Demasiado silencio en aquella sala. De repente, alguien cayó por el hueco de la chimenea igual que yo, hacía sólo un segundo. No podíamos saber quién era debido a las cenizas que volaban por la habitación cada vez que alguien se tropezaba por ahí.
 
Entonces, una figura se tiró sobre mí y me golpeó el brazo, obligándome a tirar la pistola. Iván comenzó a disparar al darse cuenta de que era un monstruo de esos. Estaba acabado... la puntería de mi compañero era igual que la mía, es decir, que aunque sus balas conseguían alcanzarle no era suficiente como para llegar a matarle. En conclusión, yo ya estaba muerto...
 
Pude observar sus horribles arrugas, ese rostro que parecía haber sido quemado en un incendio y aquellos ojos blancos, tan aterradores. Estaba esperando el golpe final que me diera muerte cuando escuché un disparo... no era uno de los disparos de mi compañero, sino que fue un sonoro y único disparo que mató a la criatura.
 
Nuevamente, ¡no podía creerlo! Estaba salvado.
 
Me aparté rápidamente para que aquel cuerpo no cayera sobre mí y me levanté con dificultad. Una chica de unos veinticinco años, con cabello corto y oscuro, sostenía una pistola y me miraba con seriedad, seguramente, pensaba que yo no iba a sobrevivir mucho allí. Entonces, nuestros relojes comenzaron a sonar, los tres a la vez.
 
-¿Qué significa esto?- Pregunté caminando como podía hacia la muchacha situada junto a mi amigo.
 
Ella se giró y salió de la sala con cuidado.
 
-Vámonos.- Añadió Iván siguiéndola.
 
Evidentemente, fui tras ellos. Dentro del edificio caminaban con cuidado pero, tras salir de allí, comenzaron a correr. Les seguí como pude, cruzando las calles, corriendo sin mirar si alguien nos perseguía. Por fin, llegamos a una valla escondida tras unos arbustos. Pasamos reptando por debajo de ella. Me costó bastante así que tuvieron que ayudarme pero, una vez que pasé a aquel lugar no quería ni levantarme. Me daba igual dónde estuviera, por fin estaba a salvo y podía quejarme de mis heridas todo lo que quisiera.
 

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