Capítulo 1

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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«Pater Noster, qui es in caelis,  sanctificétur nomen Tuum,  adveniat Regnum Tuum, fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum cotidiánumda nobis hódie, et dimitte nobis débita nostra, sicut et nos dimittímus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen »
El hombre se levanta del reclinatorio, haciendo la señal de la cruz con su mano derecha.  Sale del oratorio con la cabeza baja, el cabello oscuro y lacio rozándole la frente. Se abre paso por los pasillos oscuros, ofreciendo sonrisas amables a todo el que se cruza en su camino. «Es un santo» murmuran encantadas las monjas cuando el joven sacerdote se ofrece a ayudarlas a cargar con las pesadas compras. 
Cuando solicitaron al palacio episcopal un sacerdote para realizar  las eucaristías de la comunidad,  no se esperaban que apareciera una cara tan fresca. Gael, a sus veintiséis años, se había ganado el respeto del pequeño pueblo donde habitaba. Siempre dispuesto a ayudar a encontrar el camino a cada feligrés, oficiaba las misas cada mañana con una voz amable y cariñosa.  Y ni hablar de las monjas del convento donde pasaba la mayor parte del día. Todas estaban contentísimas del joven que nunca se negaba a ayudar al que lo necesitara.
En especial, las jóvenes novicias.
Sería tonto negar que la llegada del atractivo hombre levanto pasiones entre las más jóvenes del convento, con sus creencias aún no muy arraigadas, no le fue difícil a Gael sacar suspiros con solo pasar por el comedor. Aunque, sacaba muchos más dentro de su pequeña habitación.
Cuando una de las novicias corrió el rumor,  ninguna se contuvo de ir a la puerta de madera rústica en cuanto caía la madrugada.  Después de tres toques, la puerta se abría dejando ver su sonrisa. Pero no era la sonrisa amable que solían ver en las mañanas. Era una sonrisa oscura, una sonrisa que te invitaba a dar rienda suelta a la perversión.
Perversión que se plantaría dentro de los corazones de cada mujer que se atreviera a entrar en sus aposentos.  A veces, solo se encontraban él y alguna mujer, en otras ocasiones, había varias. Cuerpos sudorosos, encima uno encima de otro, penetraciones con objetos extraños, besos libertinos al primer alcance, lascivia desbordada en cada gemido.
Algunas, quedaban tan devastadas por la culpa que abandonaban el noviciado, otras, cegadas por sus impulsos carnales, regresaban a beber del elixir del pecado, dispuestas a someterse al castigo de dios por desafiar sus leyes, por introducir la indecencia a su hogar.  «Arrepiéntanse de sus pecados» recitaba en misa cada mañana, sin un ápice de vergüenza, sin un ápice de culpa. Su risa divertida cuando sale al parque a jugar con niños, sus manos que toman cálidas la de los ancianos, mientras unas horas más tarde azota mujeres hasta hacerlas gritar.
Después de todo, la mayoría de los demonios tienen apariencia de ángel. 
  • MinTaeNoona-image MinTaeNoona - 06/05/2019 place

    ¿Nadie los escucha? Es lo que vengo pensando desde que empecé a leer... Me encanta tu forma de narrar. :3

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