Capítulo 3

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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Irene López acabo de recoger su cabello rojizo en un recatado moño. Miro su reflejo en el sencillo tocador de su habitación, facciones delicadas, ojos grandes y piel muy pálida repleta de pecas.  Tomo el relicario que colgaba de su cuello con anhelo.  A Dios no le importaban las apariencias.
— ¿Estas emocionada, cariño? —pregunto su madre desde el pasillo.  Asintió con una sonrisa tímida. Hoy era la última mañana en su hogar, puesto que haría un viaje sin retorno desde Barcelona, donde vivía actualmente, hasta Villafranca del Bierzo, para iniciar su noviciado en el pequeño convento del lugar.
¿De verdad quería ser monja? No lo sabía. Su madre siempre había hecho caso omiso a sus gustos. « Naciste para servir al señor, no cometerás los errores de tu madre »  decía todas las noches a la hora de la cena. Sabía que el error que había cometido su madre no era otro que darle la vida, aunque no se lo dijera directamente. Su madre tenía tendencia a dañarse a sí misma, tanto física como mentalmente « ¡El dolor limpia tus pecados ante Dios! » gritaba cuando azotaba su espalda con su cinturón de cuero. Recuerda ver la sangre gotear a través de su blusa. ¿De verdad es necesario tanto sufrimiento para recibir el perdón divino?, no tenía idea. De hecho, ni siquiera estaba segura que era pecado exactamente, ni cuantos había incurrido a lo largo de su corta vida.
¿Esa vez que comió más helado del permitido? ¿Cuándo durmió hasta tarde el domingo en vez de ir a la iglesia? ¿Cuándo, a los dieciséis años perdió su virginidad con un chico, en el baño de la escuela? Se removió recordando los azotes de su madre cuando se enteró. No pudo acostarse boca arriba por una semana. En ese momento,  hizo el juramento de nunca volver a traicionar a Dios. Que sería su fiel servidora, todo para no volver a sentir ese dolor jamás. ¿Aquello sería suficiente para lograr el perdón, o tendría que recibir otro castigo? ¿Iría al cielo o su alma ardería en los recónditos confines del inframundo?
El camino de la santidad era difícil e incierto.
«Aterrados están los pecadores en Sion, el temblor se ha apoderado de los impíos. ¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? » Isaías 33:14

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