Capítulo 5

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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«Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. »  Romanos 1:26-27
Gael terminaba de guardar todo en la sacristía. Se quitó el amito, guardándolo en un cajón, limpio los griales, envolvió  en plástico las hostias sin bendecir. Cerró todo con sumo cuidado. Algo que le caracterizaba era su tendencia escrupulosa. Asegurarse de que todo, hasta el más mínimo detalle, este como él lo desea. Quizás, por eso, es que la mayoría de las personas son incapaces de ver su verdadera naturaleza. 
Fue algo que aprendió en el seminario, donde todos ocultaban su verdadero yo, en especial, los sacerdotes que se supone debían encargarse de su educación. Recordaba por la noche ver a sus compañeros  entrar al cuarto del rector del seminario. El Padre Díaz era uno de los sacerdotes más respetados que conocía, también, uno de los más homosexuales. Se le insinuó varias veces de manera descarada, prometiendo que si aceptaba pasar una noche con él, se aseguraría de que el obispo le asignara un lugar privilegiado en la iglesia.
Lo rechazo varias veces, por dos simples razones, la primera, que los hombres no le atraían en absoluto. Un cuerpo igual al suyo le parecía soso, inexplorable. La segunda, que no quería poder. No quería visibilidad,  él era como las serpientes, se sentía libre  en la más profunda oscuridad.  Además,  no lo excitaba la idea de utilizar una posición de poder para actuar. A él le gustaba ser tentación, a él le gustaba que las mujeres llegaran a su puerta voluntariamente, que se entregaran a la lujuria por su propia convicción,  por su propio deseo de entregarse fielmente al pecado. Nada de sobornos baratos ni de aprovechamientos estúpidos.
«Si vas a arder en el infierno, al menos que valga la pena»

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