Capítulo 10

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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« ¿Angélica abandonó el convento? ¡Qué calamidad! ¡Si parecía tan centrada!» las monjas estaban completamente escandalizadas.Angélica Rodríguez llevaba sirviendo a la iglesia desde los dieciocho años, siempre fiel. Que abruptamente, después de diez años, decidiera abandonar, había afectado duramente a las monjas. Todas murmuraban con pesar y hacían gestos de dolor.
Gael fingía no escuchar nada. Como siempre, mordía el trozo de pan mirando fijamente los cuadros que estaban en la pared del comedor.  Una, era una copia de La Mesa de los pecados capitales, del Bosco. Consistía en un círculo grande rodeado de cuatro círculos pequeños. El círculo central, estaba dividido en siete partes, cada uno, representando un pecado capital.  Los círculos pequeños, representaban las cuatro postrimerías; muerte, juicio, infierno y gloria. A su lado, había una copia del abismo del infierno, de Sandro Boticelli. Esta obra representaba un mapa del infierno según Dante.
Supuso que ambos cuadros se encontraban ahí para asustar a las monjas. A él, por más que los mirara, no le causaban sentimiento alguno. Aunque eso no era sorprendente. Gael había olvidado hace mucho que era miedo, piedad, o arrepentimiento. Cuando murió su abuela, ni una lagrima surco su rostro. Cuando su primera novia le rogo que no le dejara, que no se uniera al seminario, puesto que estaba embarazada, hizo caso omiso. Y por supuesto, tampoco sintió nada cuando supo que ella había abortado a ese bebé.
Él era un ser vacío. Puesto que se movía nada más para buscar su propio placer, propio placer que conseguía haciendo daño a los demás. Angélica Rodríguez era apenas, una de tantas. Lo más aberrante, era que ninguna razón fuerte lo motivaba a actuar de esa forma. Él era así, él había nacido así
Él iba a morir así.

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