Capítulo 16

EN EL NOMBRE DEL PADRE

visibility

344.0

favorite

3

mode_comment

0


Gael caminaba rápido por los pasillos del palacio arzobispal. Había viajado a Madrid para entregar los reportes de las personas que recibirían su primera comunión la próxima semana.  Toco la puerta del despacho.  Una voz ronca le dio permiso de entrar y abrió la puerta dando una leve inclinación. Aunque su postura era firme, se sentía profundamente incómodo.
El Arzobispo Navarro era un hombre alto, robusto, cabello canoso y ojos castaños. Le sonrió a Gael, que hizo una mueca en respuesta, tomando asiento. Tenía ganas de escapar, no porque sintiera miedo o algo parecido.
Él sentía asco.                                                         
Cuando le conoció, tenía quince años y acababa de entrar al seminario. Era un simple sacerdote y encargado de cuidar a los niños en su preparación para la vida santa.  En un principio, solía ignorarle, como a todo; hasta que empezó a notar su comportamiento. A diferencia del Padre Díaz, que hacia ofertas a los chicos para que se metieran en su cama por voluntad propia, el Arzobispo Navarro usaba un recurso mucho más bajo e indigno. La fuerza bruta.
Leía los nombres de su lista con tranquilidad, aunque su mente se encontraba en otro sitio. Específicamente, en los baños del seminario. Gael tenía diecisiete años y había sido enviado a limpiar. Al entrar, lo vio.
Lo único que recuerda son los ojos llorosos del niño de apenas doce años, rogando por ayuda.  También recuerda los ojos de Navarro sobre él, que al verlo, soltó al pequeño que se subió los pantalones con pánico. El hombre se dirigió a él de inmediato,  con la rabia brotando en cada uno de sus poros.  Su instinto de supervivencia le grito que corriera, eso hizo.
No dijo nada a nadie. Solo se escondió en un rincón, apoyando la cabeza en sus manos. «No viste nada, no viste nada, tú no puedes hacer nada»  se repitió varias veces.  No sabe cuántas veces paso, pero estaba seguro que habían sido muchas. Como los animales, se concentró en su propia supervivencia.  Huyendo cada vez que el hombre que tenía en frente se acercaba a él.
Gael se levantó de la silla, dándole la mano. Olvido pedir la bendición como era protocolo. Simplemente salió, con la mirada perdida y una profunda repulsión plantada en su estómago.
Incluso los demonios huían de ciertas cosas, y él no iba a ser la excepción a ello.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo