Capítulo 21

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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Las lágrimas corrían por el rostro de la mujer regordeta que se encontraba sentada en la iglesia. Su cabello rubio y sus ojos azules resaltaban estrepitosamente entre la ropa negra. Al frente de ella, un ataúd oscuro cubierto de flores reposaba. Y a su lado, una foto de la ocupante de esta.
Sofía fue una muchacha joven, vivaz, inocente y pura.  Desde pequeña, había manifestado su deseo de servir al Señor, lejos del pecado y la vanidad del mundo que nos rodeaba.  Entro al convento hace dos años, a la edad de dieciséis.
A los diecisiete, decidió ignorar todo por lo que había luchado al meterse a la cama de Gael Vázquez. A los dieciocho, sufrió las consecuencias de ello.
A Irene no le fue muy difícil. Un poco de veneno para ratas en su comida y basto para que la encontraran muerta en la noche. No hubo autopsias, no hubo investigación. La iglesia se encargó de cubrir todo con sumo cuidado. «Murió de un infarto» aseguraron las monjas a la madre de esta.
—Hoy estamos aquí reunidos para despedir a Sofía Méndez, una hija de Dios que ha sido llamada para volver a su lado— Irene lo miraba, fascinada. No por sus palabras, más bien, por su capacidad de ser tan falso.  Manteniendo una postura serena e impasible,  su voz suave la envolvió. Una repentina emoción se plantó en cuerpo. «Necesito más… quiero más»
Contuvo un jadeo cuando su mirada se clavó en ella.
Iba a ir por más.

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