Capítulo 23

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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Gael abrió los ojos cuando sintió la puerta del oratorio abrirse. Hizo la señal de la cruz, levantándose del reclinatorio y sacudiendo el polvo de su ropa. Observo a la mujer detrás de él. Irene apretaba sus manos con nerviosismo. No podía encontrar las palabras para lo que quería decir y la última vez no pudo.
Su castigo había derivado en semanas de dolor, tanto físico como… sexual, durante varias noches, se levantó sudorosa presa de una pasión contenida. Pero aun así, no se había atrevido a acercarse a la puerta…aún no se sentía lista para otro castigo. 
— ¿P-puedo…? ¿Puedo preguntarte algo? — ya no le hablaba como a alguien superior, pero si procuraba de usar un tono adecuado. No quería hacerlo enojar, Gael era un hombre excesivamente voluble.  
—Ya lo has hecho— respondió con indiferencia. 
— ¿Cómo supiste que yo…?—
— ¿Qué mataste a Sofía? — Se encogió de hombros, restándole importancia —. No es la primera vez que alguna mujer hace una cosa así por mí, pero debo aclarar que esos métodos extremos no me gustan para nada— Irene tenía la mandíbula por el suelo. ¿Cómo podía hablar con aquella indiferencia? Eran personas… ella había matado una de ellas, pero eran personas, al fin y al cabo.
— ¿Tú  alguna vez…?— él sonrió. 
—No Irene, yo nunca he matado a nadie— se acercó a ella, acariciando su rostro. —. Pero si he visto miles de veces como matan… y si lo vuelves a hacer… no habrá una tercera oportunidad ¿entendido? —
Su tono era tranquilo, pero destilaba amenaza en cada palabra. Debía encontrar otra manera de deshacerse de las que se acercaban a él. Cualquier cosa, haría cualquier cosa con tal de complacerlo.  Sintió como tomaba sus labios de nuevo, con ferocidad, la indecencia plantada en cada roce. Se separó, dejando un hilo de saliva entre ellos. Gael limpio sus labios y sonrió.
Ella temblaba completamente, sus ojos negros le estaban invitando a caer bajo sus pasiones carnales… a continuar quemándose. — Estás pérdida, Irene—  dijo, antes de salir del oratorio para poco después, desaparecer por el pasillo.
¿Qué estaba perdida? Claro que lo estaba, ¿se arrepentía de ello?
Jamás.

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