Capítulo 28

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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Irene temblaba ante el anciano que tomaba sus manos, mirándole con preocupación. No había visto a Gael durante una semana, y cuando lo visito anoche, estaba muy malhumorado. De ahí, las heridas abiertas por todo su cuerpo. Maldijo internamente por no quedarse en cama.
—Yo me he lastimado trabajando, padre— respondió, con cautela. El anciano frunció el ceño.
— ¿Todas las novicias se atan las muñecas para trabajar? No eres la única con esas marcas— Irene ya no sabía que contestar, su mente se había quedado completamente en blanco y el sudor frio bajaba por su frente.
— ¿Quién les hace esto, niña? Por el amor de dios, dímelo— inquirió Alejandro, mirándole directamente a los ojos.  Se iba a dar cuenta si mentía.
—Es… es…— no podía pensar en nada.  No podía delatarle pero tampoco podía mentir. Sus ojos se llenaron de lágrimas y la expresión del anciano se suavizo.  
—Habla, sin miedo, hija— ella respiro con profundidad. Las lágrimas ahora bajaban incontrolables por su cara.
—Padre… yo no…— iba a excusarse, pero una voz la interrumpió.
— ¿Qué pasa aquí? —

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