Capítulo 30

EN EL NOMBRE DEL PADRE

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Gael se encontraba sentado en su escritorio con un libro en sus manos, como todas las noches. Tardo un poco en abrir la puerta de su habitación cuando escucho los tres toques. Dejo a la mujer pasar, sin mirarle.  Volvió a su lectura, desinteresado por completo en la persona que lo observaba con los ojos vidriosos y expectantes. 
Los minutos pasaban con extrema lentitud, Irene estaba al borde del pánico. Su respiración era agitada, y Gael ni siquiera se dignaba a mirarle. —Gael…— hablo ella primero, haciendo que el aludido cerrara el libro en sus manos,  miro la pared por unos segundos, antes de darse la vuelta.
— ¿Quieres saber de qué trata este libro, Irene? — señalo la portada, con expresión tranquila. Irene no respondió  —, Trata sobre la santa inquisición ¿y sabes que hacia la santa inquisición? Contéstame— ella lo pensó un momento. Sentía que caminaba al borde de un acantilado
 —Torturar personas— contesto con voz muy baja. Gael sonrió.
—Exacto… muchas torturas, diversas formas de hacer sufrir a la gente— se puso de pie, colocándose frente a ella. Sus ojos negros estaban directamente sobre los suyos.  —, Llevo todo el día pensando en formas de torturarte por tu traición Irene— su tono de voz cambio. Se volvió oscuro… peligroso.  Las lágrimas ya habían empezado a salir, el miedo en cada centímetro de su piel. ¿Qué iba a hacerle?
—Pero… he pensado, que contigo el dolor no funciona— Gael quito su velo, dejando el cabello rojo al descubierto.  —, Ninguna tortura va a hacer que sufras lo suficiente, ni ahogarte, ni azotarte…— tomo un mechón de su cabello entre sus dedos. —. Así que pensé en el mejor castigo para ti—
Agarro su cabello jalándola hacia él para besarle.  Correspondió por inercia, dejándose llevar tortuosamente por sus carnosos labios. Tomó sus caderas, pegándole más a él y robándole el aliento. Antes de separarse, mordió su labio inferior sacándole un sonoro gemido.  Irene quedo ahí, de pie, totalmente confundida ante el hombre que le sonreía con dulzura… esa sonrisa angelical que había visto el día que le conoció. Esa que había hecho que se entregara a él para siempre.
—No quiero volver a verte, Irene— Gael limpio sus labios con el dorso de la mano. Ella se quedó paralizada y sintió algo quebrarse dentro suyo, no podía estarle haciendo esto ¡ella había matado por  él!
—N-no puedes— contesto, apretando los dientes.
—Claro que puedo, Irene… me has traicionado —
— ¡Yo no te traicione! ¡Yo no dije nada! ¡No puedes hacerme esto! ¡Yo te amo!— ella cayo de rodillas, sosteniendo sus pantalones con fuerza, Gael le miro inexpresivo,  ni una pizca de compasión surcaba su rostro.  Irene sollozaba, las lágrimas no se detenían.
—Sé que me  amas Irene… y por eso, este será tu castigo, vivir sin mí—
Gael se apartó. Haciendo que cayera al suelo, su corazón dolía. —Gael…— lo llamo por última vez, pero este simplemente se metió al baño, ignorándole.  Sin poder parar sus lágrimas, se levantó del suelo y salió de la habitación.
Gael  le había hecho olvidar sus creencias, le había hecho pecar, revolcarse en la lujuria, lleno sus manos de sangre, perdió la cordura por completo. Entrego su alma al infierno por alguien que la había dañado de la peor manera. Usándole como un objeto, ella solo quería estar con él y esa era la respuesta recibida. Además, seguiría revolcándose con otras mujeres. ¿Este era el castigo divino? Se acostó en su cama, mirando el crucifijo de la pared. Una extraña determinación nació en lo más profundo de su podrido y roto corazón.
Haría que Gael Vázquez se quemara en las llamas del infierno de la peor manera
Lo juraba por Dios.

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