Capítulo 7.

Ignis (Pars #1)

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"Extrañezas que mi maldita vida fue sometida a vivir en carne propia.
-Los ojos rojos como la camiseta que llevo puesta (muy rojos).
-La mujer loca.
-El peligro de la "fiesta" del bosque (advertido por la mujer loca) (¿Creer o no creer? Esa es la cuestión).
-Las luces de colores, el humo, la carencia de música.
Posibles causas: 1) los reptilianos finalmente encontraron la manera de atacarnos y nos envían indirectas, 2) los extraterrestres decidieron que 2016 era un buen año para aterrorizar a la humanidad, o 3) yo soy una paranoica de mierda y simplemente la mujer estaba drogada."
Dejé de escribir para prestar atención al profesor. Estaba en clase de biología pero no escuchaba nada de lo que explicaba aquel hombre, primero porque no me interesaba y segundo porque no podía sacarme de la cabeza el incidente de ayer.
Qué lunes más extraño.
Estaba nerviosa después de lo que pasó. Había corrido a casa desesperada y me había refugiado en la seguridad de mi cuarto. Le había mentido a mi madre diciéndole que había visto a gente rara en la calle y me había asustado.
Bueno... del todo mentira no era.
--Pásame la goma --pidió Lily de repente y me sobresalté. ¿Ven? Realmente estaba paranoica. Intenté ocultar mi expresión sorprendida y la obedecí--. ¿Otra vez te estabas a punto de dormirte?
No tenía ni idea.
--Es que me aburro --disimulé, poniendo cara de fastidio. Mi voz estaba temblando mínimamente, pero por fortuna Lily no se dio cuenta--. Esta materia es una absoluta basura.
--¡Vamos, Mad! --susurró, fijándose si el profesor nos veía hablando--. Así no pasarás el año...
--No me va tan mal, oye --me indigné.
--Déjalo. Nos está mirando el profesor.
Asentí y dirigí mi mirada por primera vez alerta al pizarrón. Ni me había dado cuenta de que estaba lleno de información sobre vete tú a saber qué.
¡Oh, vamos! ¡Me distraje por diez minutos y ya escribió una enciclopedia!
Estuve todo el día muy ausente. Bueno, el día siguiente también. Y el otro, y el otro, y el otro, para qué mentirnos.
Había pasado una semana enterita sin entender nada de lo que pasaba a mi alrededor. De lo único que me acordaba era de la mujer, de sus ojeras y su cara pálida. Nada del raro de Nick, de Belu, de James, de mi madre, familia, Lily... sólo tenía tiempo para darle vueltas al tema y sacar conclusiones de mierda.
Hasta que, el lunes siguiente, ocurrió lo inesperado: me di por vencida.
¡Sí! Sólo había estado una semana rallándome y preferí que fuera así. Quedé en que, si me ocurrían más cosas más paranormales, las relacionaría con ello y seguiría buscando información, pero que por ahora me tranquilizaría y trataría de evitar el bosque a toda costa.
¡Sí! Me había rendido. Era muy poco fuerte.
¡Sí! Madison Jones era una debilucha.
¡Sí! Podían joderme con ello. Era patética.
Era tan patética que ese lunes Nick volvió a acercarse a mí y ni siquiera lo noté hasta que me habló.
--Hola, Mad --me saludó él mientras salíamos de clase de química. Pegué un salto y vi que sonreía, pero parecía apenado--. Seré franco contigo: quería pedirte perdón por todo lo que te hice pasar estos días... Belu me contaba que estabas buscando la razón de mi ausencia... Perdona --concluyó y se rascó la nuca.
Yo tenía ganas de llorar, aunque pareciese cursi. Y eso me hacía aún más patética.
--¡Claro que te perdono! --exclamé, sin pensármelo dos veces. Yo podía ser cualquier cosa, pero no rencorosa--. ¿Qué te había pasado?
Su semblante cambió en menos de un segundo: ahora estaba frunciendo el ceño y miraba al piso en busca de una salida.
--No... --tragó saliva--. No... no puedo decírtelo.
Mi sorpresa alcanzó niveles altísimos. ¿Era tan malo lo que le había pasado para que ni me diera un indicio de sus problemas? Parecía arrepentido. ¿Había hecho algo malo él? ¿Había herido a alguien? ¿Tenía algo que ver con su familia, grupos sociales, amigos...? ¿Alguien lo había acosado?
--Escucha... ¿hice algo malo? --dudé, tomándole del brazo.
Él negó con la cabeza y yo dejé caer mi mano. No sabía si me sentía más aliviada o confundida.
--Sólo... no me lo preguntes, ¿okay? Olvidémoslo y vivamos nuestras vidas exactamente como lo hacíamos antes de esto.
--Eso es difícil para mí, ¿sabes? --murmuré, mirándole a los ojos con intensidad--. Es muy injusto.
--Lo sé, Madison, te juro que lo hago. Pero no puedo. Te lo pido por favor.
Asentí, suspiré y volví a asentir. Me separé unos centímetros de él y caminamos hasta el comedor en silencio. No podía dejar de pensar en su presencia.
Comimos pescado con puré de zapallo en una de las mesas de la cantina con Belu, quien hablaba como radio matutina para evitar los silencios incómodos que los tres odiábamos. Al terminar, me levanté y decidí que iría a la biblioteca a leer un poco para despejarme.
Salí de la cantina sintiendo una paz en los oídos inigualable. ¡Dios, ahí dentro siempre hay gente gritando como si su vida dependiese de ello! ¡Y eso que un cuarto de los estudiantes están entrenando fuera!
Anduve con tranquilidad en dirección a mi taquilla, pero me pegué un susto de los buenos al ver a James sentado en un banco, mirándome fijamente. Al notar mi respingo, él se levantó con una sonrisa arrogante y caminó hacia mí calmo.
--Jones --me llamó, sin borrar aquella sonrisa exasperante y terriblemente sexy.
--King.
Ignoré su deseo de seguir hablando y continué caminando hasta entrar en el edificio del colegio, que al parecer estaba también vacío. Perfecto.
--Verás... quería hablar contigo --insistió él, siguiéndome el rastro.
--¿Ah, sí? Qué interesante --rodé los ojos.
--¡Oh, vamos, Jones! ¿Te enojaste conmigo, mi amor?
El tono aniñado que utilizó me hizo tomar aire con lentitud para tratar de calmarme. Tenía unas ganas de soltarle un sopapo ajenas a mí.
--¿Tú qué crees? --bufé.
--Que no merezco tu odio. De hecho, merezco que me alabes --murmuró con sorna y luego rió.
--¡Deja de reírte, capullo! --chillé.
El eco de mi grito se hizo presente en la sala y me ruboricé.
--Tu cara es un poema ahora mismo. Te ves ultra tierna cuando te enojas y sonrojas.
Me sonrojé aún más. ¡¿Y este quién se creía?!
Y la respuesta a eso era fácil: se creía él mismo.
Suspiré.
--Cada vez que escuchó tus piropos, sufro una hemorragia cerebral --espeté.
--Como sea, aunque hablar contigo sea una tentación... --me pasó un brazo por los hombros y miró al cielo (o, bueno, al techo) con nostalgia. Yo bufé y me lo quité de encima--, tenemos que hablar del tema Nick.
Me confundí.
--¿De Nick? --dudé, impactada.
--De Nick --confirmó y seguimos caminando--. Quiero que te alejes de él.
Si hubiera tenido algo en las manos, lo hubiera tirado. Y ni hablar de si tuviera líquido en la boca.
--¿Qué dices?
No me creía nada de lo que decía.
--¿Estás sorda o algo?
--No voy a separarme de Nick, lo siento --le comenté con todo el respeto que reuní.
--Y también quiero que dejes de estar con mi familia en general. Me incluyo en la ecuación.
Ahí sí que estaba estupefacta. ¡¿Y este quién coño se cree que es?! ¡No voy a olvidar a sus hermanos! Ellos son, para mí, como mi propia familia... ¡No puedo creer que siquiera esté considerando que yo no los vea más! ¡No, definitivamente este hombre está mal de la cabeza!
--¡¿Por qué?! ¡No lo haré!
Mi enojo había subido por los aires a ese punto. Oí un ruido y me di vuelta: las puertas se habían abierto por completo de un golpe de viento.
--No lo haré --decidí, bajando la voz.
--Sí lo harás. Es lo mejor para todos --murmuró fijando su atención en mí.
--¿Y eso quién lo dice? ¿Albus Dumbledore? ¿Quién coño te crees que eres?
--Un testigo completamente válido para hacer esta decisiones. Mira, no quería hacerte enojar tanto, pero es necesario que lo hagas --pidió, aunque me sonó a una orden.
--No voy a hacerlo.
Y esa era mi decisión final. No iba a abandonar a mis amigos así como así porque su hermano mayor lo deseaba.
--Sabía que podía contar contigo --susurró con desprecio. Yo caminé unos pasos más hasta mi taquilla, donde empecé a sentir que mi sudor era asqueroso--. Es sólo eso lo que te pido. Tienes más amigos a los que ir.
--De hecho... no. He ahí el problema: ellos son casi mis únicos amigos, idiota. Y los mejores. No quiero reemplazarlos --declaré y era cierto.
--Pues tienes que hacerlo. No hay más opciones, Mads.
--¡No voy a reemplazarlos! --le grité, abrí mi taquilla, saqué el puto libro, la cerré y salí de ahí enfurecida.
--¡En el futuro te arrepentirás si tomas esta decisión, i...!
--¡Ni te atrevas a insultarme! ¡No tienes derecho!
--¡Madison, abre tus jodidos ojos! --bramó.
--¡Y tú tendrías que dejar de ver todo blanco o negro!
--¡¿Qué sabes tú de mi puta vida?!
--¡Sé que eres un egoísta de mierda y un acomplejado! ¡¿Sigo con la lista?!
James tenía los ojos cada vez más rojos. Su mirada oscura y misteriosa estaba ahora casi en llamas. Se parecían cada vez menos a los de Nick, siempre simpáticos y alegres. Estos darían realmente miedo si lo viera otra persona que no fuera yo.
Pero lo que la gente normal no sabía era que yo no podía tenerle miedo a aquel hombre que tanto me molestaba... Yo sentía odio.
--¡¿Por qué tienes que ser tan cabezota?! --voceó, cuando un ruido se hizo presente: una estufa se había roto. Se había salido de la pared. ¿Y eso?
--¡Es lo que cualquier persona haría! ¡Dame dos razones para alejarme de ellos dos!
--Somos peligrosos y tenemos mala fama --contestó y abrió sus manos en señal de "¿ya?"--. ¡¿Algo más?!
--¡Sí: que te vayas al carajo! --le espeté, muerta de rabia.
--¡Es imposible hablar contigo!
--¡Ah, claro, porque tú eres la persona más abierta y comprensiva para debatir!
--¡Agh! ¡Me pones de los nervios!
--¡¿Y tú a mí no?!
--¡Me caes fatal! --se desgañitó.
--¡¿Ah, sí?! ¡Porque yo te odio!
James se dio la vuelta y se fue. A ese punto, yo estaba completamente mojada de mi propio sudor y un viento en la sala me helaba la sangre. Pero yo sólo podía pensar en una cosa:
¿Por qué todo el mundo estaba tan raro últimamente?
 
Editado 2/10/17.

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