Cap 20

Averno (YAOI)

visibility

356.0

favorite

4

mode_comment

0


El viajecito ya le estaba resultando pesado a Cóndor, no por el tiempo, puesto que no llevarían ni diez minutos en el coche sino porque los dos gorilas que se habían puesto a ambos lados no le dejaban casi ni respirar siendo que eran tres hombres considerablemente grandes en la parte trasera del coche. Cóndor se movió incómodo, mirando por el retrovisor al conductor que llevaba gafas de sol y tenía una tabla impenetrable por cara. Acomodó los brazos, molestando intencionalmente a los gorilas.
 
-¿A dónde se supone que vamos?- Aaron se giró desde el asiento del copiloto, divertido.
 
-Es una sorpresa...
 
La sonrisita le dio un escalofrío a Cóndor que lo tentó de soltarle un guantazo, miró por la ventanilla tintada que hacía el exterior más oscuro. Bueno, en realidad no se veía una mierda, después de todo... era de noche. Hacía tiempo que se habían salido de la autopista, ni una triste farola había y todo lo que podía ver desde su sitio era el frente siendo que los faros del coche iluminaban un continuo camino de tierra.
 
Como media hora después el coche se detuvo, los gorilas salieron del coche, guiando a Cóndor como si estuviera ciego hacia un edificio bastante viejo, pero parecía habitado, no era una ruina del todo. Alrededor se extendían terrenos y terrenos totalmente abandonados en los que reinaba la naturaleza. Aaron se puso delante con un movimiento teatral.
 
-¡Bienvenido... ! a tu nuevo hogar.
 
¿Qué? 
Los gorilas se echaron encima de Cóndor y aunque noqueó al primero al instante, el segundo consiguió inmovilizarlo y esposarlo.
 
-¡Hijo de puta... esto no estaba en el trato!- Aaron se acuclilló frente a Cóndor
 
-Verás... no puedo arriesgarme a que desaparezcas sin más y lo jodas todo, se me caería el pelo jajaja.- Se echó el pelo hacia atrás con sorna y encendió un cigarro que traía en un bolsillo de la americana.
 
-Dijiste que me podía ir cuando quisiera y tal como veo las cosas quiero irme, ahora. – Cóndor hervía en rabia, pero si algo le había enseñado su profesión era mantener la calma.
 
-Dije que podías dejarlo, pero no cómo. La única manera de dejar este sitio es en un ataúd.- le echó humo en la cara, arrogante- ¿Estás seguro de que quieres irte ahora?- el gorila hizo ademán de sacar su pistola, pero Aaron lo detuvo- Al final... la única solución es luchar, si es que quieres vivir.
 
-Bastardo mentiroso... ¿y el dinero? eso también era mentira, ¿no?
 
-Oh, no, lo del dinero era verdad. Muchos de los que están aquí vienen a morir por mantener a sus familias, rascar un poco de dinero para que no se mueran de hambre...-Se levantó, tirando el cigarro al suelo, apagándolo de un pisotón.-Deberías estar acostumbrado a esto y yo no mentí, solo oculté parte de la verdad.
 
-Maldita rata...
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Un bache despertó a Dan. Intentó mover los brazos y las piernas pero estaban atados, e incluso no podía ver nada por la venda fuertemente atada que tenía en la cabeza. Se mantuvo inmóvil, analizando la situación y de paso maldiciéndose por ser tan gilipollas. A ver, estaba claro que estaba en un vehículo, seguramente una furgoneta. Escuchaba a dos hombres hablar, pero no entendía nada de lo que decían. Así como si nada, el vehículo paró en seco, y Dan se estampó contra la parte delantera, haciendo bastante ruido. Escuchó a las voces maldecir. Y Dan por su parte también, que secuestradores hijos de perra que ni lo aseguraban... Se abrió una puerta. "¡Hazte el muerto!, ¡hazte el muerto!" canturreaba Dan en su cabeza, dejándose cargar por alguien, volvía a ser un saco de patatas...
 
Ya había perdido la cuenta de la cantidad de puertas que habían cruzado y escaleras que habían subido y bajado, si se escapaba, que fuera por una ventana, que si no estaba bien jodido para acordarse del camino de vuelta. El sonido metálico y el chirrido que emitió después la puerta, devolvió a Da a la realidad. Lo dejaron sobre algo blando y le cortaron los amarres. La puerta se cerró y los pasos se alejaron.
 
Dan intentó levantarse, pero aún estaba débil y cayó al suelo de forma bastante lamentable. Con frustración, Dan se arrancó la venda de la cabeza y por fin pudo ver donde se encontraba.
 
Menudo lugar. En frente tenía una extraña puerta transparente de cristal reforzado y a su espalda una pared totalmente sólida pero la paredes de los lados eran también de cristal. Podía ver a otros chicos en digamos "celdas" contiguas a la suya, exactamente iguales que tan solo se diferenciaban por los diferentes arañazos en los suelos y cristales, como si hubieran encerrado bestias en lugar de personas. A su derecha no había nadie, pero a su izquierda un chico joven lo miraba interrogante aunque por el momento lo ignoraría. Dan registró la celda bajo la atenta mirada del chaval. Había una cama raída y ya está, no había más que registrar...  
 
-¡Joder!- Dan se apoyó en el cristal hasta llegar al suelo- ¿Dónde mierdas estoy?
 
Unos toquecitos en su espalda lo hicieron volverse, para ver la cara del chico a apenas un palmo de su cara pero con el cristal de por medio. El chico, que no tendría más de dieciséis le sonrió dulcemente mientras seguía dando toquecitos, entretenido. Dan se le quedó mirando intrigado.
 
-¿Cómo te llamas?
 
El chico siguió tan tranquilo. ¿Acaso no podía escucharlo? Si que podía, justo por encima de sus cabezas, casi tocando el techo había unos agujeros que servían de respiradero y comunicaban las celdas. Ahora que se fijaba, también habían unos telones enrollados con unas cintas negras que se ocultaban en las esquinas, ¿para qué? quien sabe. Mientras estaba distraído mirando el techo, el chico dijo algo pero Dan no entendió nada ¿es que acaso estaba rodeado de extranjeros? Dan se señaló a sí mismo.
 
-Dan, me llamo Dan.- Señaló al chico- ¿y tú?
 
-Dan.- lo señaló y Dan asintió, después se señaló a sí mismo.- Yerik.
 
-Hhmm, curioso nombre.
 
El sonido de pasos acercándose alertó a todos los integrantes de las celdas, incluyendo a Yerik y Dan. Un hombre enorme apareció por el pasillo hasta llegar a la habitación y sin inmutarse caminó hasta llegar a la celda de Yerik y abrió la puerta.
 
Yerik parecía asustado pero resignado al mismo tiempo. El hombre le dijo algo en aquel idioma al oído y después miró a Dan. Se crispó, echándose hacia atrás, como si aquello fuera a cambiar el echo de que si aquel hombre quisiera podría llegar hasta él sin problemas.
 
-Estas despierto, eso son buenas noticias. Cuando vuelva el jefe vendré a buscarte.
 
Se dio la vuelta y arrastró a Yerik con él. El chico miró atrás, despidiéndose se Dan con la mano mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo