Cap 21

Averno (YAOI)

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El asqueroso edificio al que habían arrastrado a Cóndor engañaba por su mal aspecto. Por dentro las instalaciones eran de lo mejorcito. Lo habían llevado por pasillos impolutos y con detalles que solo podrías ver en hoteles de lujo, numerosas habitaciones cerradas sin asignación se extendían por casi todos los pasillos que pasaban de forma laberíntica, columnas, fuentes y un bar en cada maldita esquina... Gradualmente la calidad visual iba bajando, los pasillos ahora eran simples y las rejas de seguridad le daban la bienvenida. Había guardias por todas partes, sería más fácil atracar el Banco de la Reserva Federal de Nueva York con una cucharita que salir de allí. Al pasar, los guardias se rieron prepotentes. Cóndor les lanzó una mirada asesina que no intimidaba mucho en su posición, pero no pudo evitarlo.
 
A partir de la verja de seguridad recorrieron un largo pasillo de hormigón que acababa en una bifurcación. Mientras lo llevaban por la derecha empezaron a cachearle en busca de armas de fuego, sacaron una pequeña pistola de su bota y cuando llegaron a las grandes fundas de la chaqueta se toparon con los cuchillos.
 
-¿Qué hacemos con esto?- uno de los hombres sacó un teléfono para mandar un mensaje y a los pocos segundos sonrió.
 
-Déjalo, será más interesante.
 
Cóndor no dijo nada pero ya sospechaba lo que venía a continuación. Al final del pasillo había una puerta llena de golpes y arañazos que no transmitía ninguna confianza y cuando estuvieron frente a ella los hombres soltaron a Cóndor, empujándolo al interior y dejándolo totalmente solo.
 
Unos flexos parpadeaban en el techo, protegidos por una reja metálica a una altura antinatural, proporcionaban una iluminación más bien pobre, pero tampoco había mucho que mirar de unos bancos y una televisión vieja protegida también que a demás también estaba fuera de alcance. Otra puerta ocupaba la parte opuesta de la habitación aunque era extraña, como si le hubieran puesto una gran tabla delante de un arco, no concordaba el tamaño y daba un aspecto muy desagradable para cualquier perfeccionista, sin contar las múltiples manchas de las paredes que iban desde humedad y tierra a sangre y otras sustancias que era mejor no identificar. Cóndor se dejó caer en uno de los bancos tras intentar forzar ambas puertas sin resultado, colocó los pies sobre el banco como si estuviera en su casa y para nada retenido... probablemente a punto de morir y eso... Bueno, se lo tomaba con tranquilidad, de nada serviría ponerse histérico.
 
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Pasaban las horas y Dan se movía inquieto por aquella condenada pecera, Yerik no regresaba y era deprimente escuchar los lamentos de los demás que habían ignorado totalmente las preguntas de Dan, los cuales tenía la certeza de que no le entendían. Levantó la cabeza al escuchar los pasos acercarse, el eco resonaba por todas partes, inconfundible... y el hombre que se llevó a Yerik apareció acompañado de otros dos hombres.
 
-¿¡Qué habéis hecho con Yerik?!- Dan golpeó la puerta con fuerza. El hombre lo miró un momento, dándoles unas indicaciones a los demás que Dan no comprendía.- ¡Respóndeme maldito hijo de puta!
 
El hombre entró en la celda, recibiendo un placaje brutal por parte de Dan, que consiguió derribarlo a pesar de ser más pequeño que él. Zarandeó al hombre mientras los otros se echaron sobre Dan, sujetándolo y levantándolo del suelo para que su compañero se recompusiera.
 
-Pequeña mierda...
 
El tipo se levantó, devolviéndole el favor a Dan dándole un puñetazo en el estómago que le dejó sin aire, si no lo hubieran tenido sujeto entre dos seguramente estaría por los suelos, no se contuvo para nada y a demás se reía el muy cabrón. Aprovecharon para atarle las manos y lo sacaron de la celda, llevándolo a una de las habitaciones contiguas a la zona de las celdas que Dan no había logrado adivinar qué podría haber allí por su cuenta.
 
Eran unos baños bastante grandes, como si fueran vestuarios de gimnasio pero multiplicados por cien y sin vestuarios... solo una sección de inodoros y otra de duchas comunales.
 
Sin muchos miramientos empezaron a desnudar a Dan, sacándole la ropa de mala manera pero consiguiéndolo a pesar de la resistencia por parte de este que al menos les dejó unos cuantos recuerdos dolorosos. Dan no estaba como para avergonzarse, esperaba la más mínima oportunidad para escapar pero cada vez lo tenía peor y no eran unos incompetentes de los que pudiera deshacerse sin ningún problema. Para terminar aquel lamentable espectáculo, sacaron un maletín con un collar metálico que le recordó a Dan a los grilletes de los prisioneros de la edad media, así de simple era. Dan se sacudía, no quería eso en su cuello, pero lo habían conseguido inmovilizar y apenas se dedicaba a mover el cuello con desesperación mientras le daban unas palmaditas en el culo provocándolo. Un fuerte sonido metálico llenó los baños cuando lograron ponérselo.
 
-¡Ugh!- el cuello empezó a sangrarle nada más cerrarse el collar, el tamaño estándar de los collares no era suficiente y ya que no se habían molestado en comprobar si era de su medida... con el cierre le pillaron una parte del cuello, cortándola a la hora de forzarlo, haciéndole perder sangre por momentos ya que el cierre era lo suficientemente fuerte como para mantenerse cerrado por sí solo sin llave. Los hombres empezaron a maldecir mientras intentaban parar la hemorragia con papeles del baño pero solo conseguían acumular montañas empapadas mientras Dan perdía fuerzas poco a poco.
 
Al ver que no conseguían nada sacaron a Dan del baño a rastras y lo volvieron a dejar en la celda tirado inconsciente. Los hombres acompañantes se marcharon, haciéndose los locos para no ser responsables de su muerte, de vez en cuando los chicos morían por accidentes pero aunque fueran accidentes el jefe perdía dinero y se desquitaba con los culpables .El otro tipo se quedó allí de pie, mirando como se apagaba la vida en los ojos de Dan lentamente, mirándolo con placer oculto. Una vez muerto, el hombre entró en la celda, agachándose a su lado para tomarle el pulso sacando una libreta para apuntar la hora de la muerte y reportarlo pero cuando se disponía a irse para llamar a los de limpieza para que se llevaran el cadáver algo lo sujetó por el tobillo.
 
Casi se cae del susto al bajar la mirada y ver la mano hasta hace unos segundos muerta y la mirada enloquecida de Dan, una mirada llena de odio que le había estremecido el alma y asustado de verdad. Se sacudió la mano de una patada y se apresuró a salir de la celda, queriendo olvidar lo que había pasado y rezando para no tener que encontrárselo de nuevo, arrancando la página de la libreta que acababa de escribir.

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