Capítulo 9.

Ignis (Pars #1)

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--¡¿Pero qué cojones?! --exclamé, señalando la vela. No tuve ni un segundo para procesar el pedazo de insulto que había dicho sin inmutarme--. ¡¿Nick?! --balbuceé y sin aliento vi que él estaba lívido--. ¡¿Qué...?!
Tragué saliva y traté de calmarme. Inspirar y expirar, Madison, no te olvides cómo se hace.
Les juro que intentaba encontrarle la vuelta... pero no lo hacía. Era ilógico, irreal y malditamente confuso. Parecía como si Nick la hubiera prendido con un fuego invisible... ¡fuego invisible, ¿pero cómo llegué a semejante conclusión?! ¡Me estoy volviendo loca!
No tengo que olvidar la lógica. Tengo que pensar con LÓGICA, no con conspiraciones absurdas. Tal vez, podría ser que Nick no había notado el fuego cuando intentó sacar la vela... o que se apagó momentáneamente...
Odio esta mierda y si sigo con esta racha de anormalidades me volveré loca.
--¿Qué pasa, Mad? ¿No quieres un muffin? --inquirió Belu, apoyando su mano en mi hombro.
Me di vuelta hacia ella como endemoniada, provocando que se asustase, se apartase y me mirase con confusión.
--¡¿Tú viste lo que pasó?! --le grité, aunque me sonó a un ruego precario.
--¿Qué? ¿Lo de Nick? --dudó y asentí, echándole una rápida mirada al nombrado. Parecía haber recuperado un poco más de color a la cara, pero seguía teniendo un tono más pálido que lo usual. Intentaba simular tranquilidad, pero sus músculos tensos no me engañaban--. Es obvio que el fuego estaba a punto de apagarse pero no lo hizo completamente, así que cuando quiso sacar la vela casi se quema. ¿Cuál es el problema? Nick es un descuidado y esas velas un peligro --concluyó y me dedicó una sonrisa.
Fruncí el ceño, me acerqué a la vela (que volvía a estar quemándose con normalidad) y la examiné. No parecía tener ningún problema ni elemento extraño.
--Vale --suspiré. No estaba conforme con la explicación, pero tenía lógica, así que mejor creerla que volverse loca.
Me dirigí a la chica, quien soltó una carcajada y se mordió el labio.
--Si tuvieras tanta creatividad como paranoia, ya habrías sacado bastantes best-sellers.
Ja, ja, Belu. Qué divertido es ver cómo tu amiga casi se desmaya. ¡Qué genial, si es mi hobby favorito!
--Como sea, Belén. ¿Tienes dinero para salir?
--Amargada --susurró y yo puse los ojos en blanco. Ella sacó su billetera del bolsillo y la abrió. Su cara se tornó blanca como el papel en menos de un segundo y abrió la boca--. ¡No me jodas! ¡Me lo gasté!
Me horroricé y se la arrebaté de las manos, abriéndola exageradamente y moviéndola para ver si se escuchaba el agradable tintineo de las monedas.
--¿Cómo?
--El otro día... bueno, me fui a comprar ropa a algunas ciudades cercanas --se rascó la cabeza mi amiga y yo le dirigí una mirada incrédula y llena de fastidio--. ¡Mierda!
James negó con la cabeza. Nick seguía ensimismado.
--Eres patética, hermanita --se sinceró James y Belu le dirigió su dedo medio.
--¿Y ahora cómo haremos, Belu? --inquirí y le devolví su billetera. Ella movió la cabeza--. ¿No puedes pedirles a tus padres un poco de dinero?
--No, ya me dieron esta semana un poco y me dijeron, palabras suyas, que era "lo último que me darían este mes".
--¡Estamos a veintisiete! ¡Puedes pedirles un poco de dinero adelantado! --sugerí y ella dijo que no--. ¡Vamos, Belu...!
Belu suspiró y me interrumpió:
--No creo que eso sea posible.
--¿Por qué?
--Porque ese era el dinero adelantado.
¡Oh, por dios! ¡Tendría que haber sabido que ella no tendría ni un centavo!
Pero de repente, si ya sentía los suficientes sentimientos de mierda, James King hace su aparición y me suelta lo siguiente:
--Yo puedo llevarte si quieres, Jones. Como en los viejos tiempos.
Y James guiñó su ojo derecho. Ya me había olvidado de lo sexy que era ese gesto. Dios mío, lo hacía tan bien... Y se veía tan lindo...
Pero no iba a ir con él a ningún maldito sitio. ¿Me escucharon?: ninguno. ¡Él me tenía harta! ¡Siempre hacía lo mismo, cambiar de personalidad de una a otra sin motivo aparente!
Y yo me prohibo caer en sus redes nuevamente.
--En tus sueños, James. ¿No te das cuenta de que era un plan entre Belén y yo? --solté.
--Sí, era un plan suyo. El problema es que Belén es muy desorganizada y te acaba de dejar plantada, mientras que yo tengo dinero, coche, ganas de llevarte... --y sonrió torcidamente.
Qué calor hacía de repente, ¿no?
¡No te desconcentres, Madison!
--¡Hoy al mediodía nos peleamos! ¡Recién me dejaste afuera de la casa!
--Y justamente por eso quiero salir contigo: quiero pedirte perdón.
Parecía sincero, pero no me convencía.
--¿Tú sabes pedir perdón? --arqueé una ceja y él inclinó la cabeza levemente.
--Siempre que la persona se lo merezca.
Repito: aunque esté babeando, no me convencía.
--Hace cinco minutos fue lo de la puerta. ¿Recapacitaste en tan poco tiempo?
--Hay una explicación lógica para eso: al contrario de ti, yo actúo sin pensar --comentó y luego rió--. Y me gusta cuando te enojas.
Bufé.
--¿Por qué te gusta? --dudé, frunciendo el ceño.
--¿Y por qué no?
--Contigo es imposible hablar. ¡Belu, dile algo! --exclamé.
--Lo único que tengo que decir es que me parece perfecto que vayas con él. Cuando vuelvan, podemos ver una peli y puedo...
--No quiero irme sin ti --le rogué.
--Pues tampoco pueden quedarse aquí --anunció Nick, mirándome--. No hay comida.
¡Lo único que dice en toda la conversación y es en contra mío! ¡Esto es una puta traición! Hace un mes no me habría ni imaginado esto.
--¿Y qué me importa la comida? --espeté.
--Hace quince minutos me exigías tener un muffin --se encogió de hombros Belu, sonriéndome.
¿Acaso no veía mi enojo (muy obvio, cabe añadir)?
--Pues puedes comprármelo otro día.
--Oh, vamos, Madison... --se acercó James, aunque no mucho. Me miró a los ojos directamente y presencié cómo los de él se iban apagando poco a poco--. Quiero disculparme por lo de hoy. Disculparme seriamente.
--¿Y por qué tenemos que salir para eso?
--Porque así tú tendrás tu muffin y yo mi dignidad frente a mis hermanos.
Belu se rió, murmurando "dignidad, dice". Nick simplemente abandonó la habitación. Y yo estaba en mi pequeño dilema.
--No tengo dinero --susurré, sin poder apartar mi mirada de la suya.
--Yo invito.
Ya había tenido suficiente de James. Sí, lo sabía. Él me trataba horrible la mayoría de veces y me manejaba para hacer lo que él quería. Me vacilaba y bromeaba sobre mí, y me fastidiaba.
Pero, las pocas veces en las que él estaba comportándose más o menos decente... era una muy linda y buena persona.
Así que... ¿qué hacía? ¿Cómo se comportaría? ¿Qué personalidad reluciría hoy?
--Iré contigo sólo si me prometes que no te portarás como el idiota del año como hiciste todos y cada uno de los días desde que nos conocimos.
Él arqueó una ceja, sonrió y asintió.
--Hecho --murmuró--. Vamos ya, que se nos está oscureciendo el día.
James se comportó decentemente en el trayecto en su auto. Estaba tranquilo y hablamos de cosas varias, como del nuevo modelo que saldrá de iPhone. Cuando habíamos bajado en el estacionamiento del café, James ya estaba tenso y tenía su mente en otro lado más allá de lo cómico, así que traté de ponerme un poco más seria.
--Bueno, Madison... ¿dónde nos sentamos? --inquirió y yo le señalé una mesa apartada del resto del mundo (lo cual decía mucho sobre mi personalidad y lo social que siempre era).
Así que allá fuimos: nos sentamos en el rincón y nos miramos fijamente por tres segundos, hasta que una camarera poco agradable nos dio los menús, nos tomó la orden y se fue.
--Entonces... --me balancé atrás y adelante en mi silla.
Siempre hacía eso. Era una obsesión, no podía controlarlo: siempre que un asiento tenía un respaldo tenía que balancearme en él. Era relajante.
--Perdona, Mads --musitó James y me sobresalté--. Nunca fue mi intención comportarme como un idiota, a pesar de que siempre me vayas provocando con tus mandamientos.
Arqueé una ceja; sólo una. ¿Esto era real, o yo era muy crítica con él?
--Y extraño eso de ir a caminar contigo todas las tardes.
Bueno... eso me había ablandado el corazón. No por lo que había dicho en sí, ni por la forma en la que me miraba, sino por el tono que había usado. Sonó aniñado y vulnerable, y por un segundo no parecía que estuviera disimulando tantas emociones y pensamientos. Parecía como si hubiera desenmascarado por primera vez a James King, como si hubiera descubierto una personalidad nueva y sincera.
¿Quién habría pensado que James luciría tan débil al disculparse? ¿Y tan delicado, como si al caerse se rompiera?
--Pero...
Y luego usó la palabra "pero", la palabra más injusta y poco conformista del mundo.
--No... no tendríamos que juntarnos más.
¿Qué? ¡Otra vez lo mismo!
Me mordí el labio inferior sin querer y desvié mi mirada de él. Con tal de no volver a dirigírsela, me puse a examinar a la camarera preparando los cafés. Cerca nuestro habían tres chicos como de trece años riéndose juntos y una mujer trabajando con su computadora.
--¿Ah, sí?
--Realmente, Madison. Tienes que separarte de ellos, de mí, de... nosotros --confirmó con rotundidad. Me obligó a mirarlo y yo me encargué de mostrarle bien mis emociones cuando le dirigí una mirada llena de fastidio--. Ojalá pudiera explicártelo bien sin que Nick me mate...
--¿Nick? ¿Qué tiene él que ver con todo esto?
--No se si puedo decírtelo.
--¿Para qué me trajiste aquí, entonces?
--Vale --suspiró--. Nick últimamente no se siente... bien. Digo, no se siente como normalmente lo haría: feliz, lleno de energía... --James frunció el ceño y negó con la cabeza--. Ni Belén ni yo sabemos bien por qué, pero él últimamente... --bajó la mirada y carraspeó. Noté lo difícil que era para él decirlo, y yo me pregunté cómo coño cambiaba tan rápido de estado de ánimo--. Tiene problemas de estrés, Mad. Y no sabe cómo controlarlos, qué hacer, cómo comportarse.
»Te mentiría si te dijera que no lo estamos ayudando. No paramos de recomendarle distintos métodos calmantes, lo tratamos con más suavidad e intentamos no presionarlo mucho. No está bien, Madison. Por eso estamos intentando reducirle los problemas y las preocupaciones. Y por eso no te habla más. Está en su mundo.
Me paralicé. Esa persona asustada, estresada y asfixiada... era Nick. Era el que siempre me hacía reír, el que no podía ver películas de terror porque no le gustaba asustarse, el que me contuvo en miles de situaciones, desde mi ruptura hasta el día que me saqué un uno en español.
Él era mi mejor amigo. Y estaba sufriendo.
--Quiero ayudarlo. Quiero verlo, no sabía...
--No, no puedes. No debes ponerle presión, ¿vale?, tienes que darle tiempo y dejarnos a Belén y a mí trabajarlo con él --contestó.
--¡No puedes hacer esto! --exclamé, aunque nadie le prestó atención a mi arrebato--. Lo siento, pero...
--...pero tienes que entenderlo --me rogó James, sin despegar la mirada de mis ojos. Cada vez que me miraba así sentía seguridad... y miedo, porque sabía que, aunque nada bueno podía pasar, él seguiría estando ahí para mí--. Últimamente no sabe cómo actuar con gente que no es su familia. Siento que le vas a agregar problemas, más de los que ya tiene...
--Prometo que no lo haré --salté y él negó con la cabeza.
--Pero no puedes prometerme que se te escape alguna charla un poco comprometedora y se ponga mal nuevamente. Debes entenderlo y ayudarlo a la distancia, Mad. Él estará sumamente agradecido.
Suspiré. Unas repentinas ganas de llorar se hicieron presentes por tercera vez en el día y me mordí una uña.
Lo estaba abandonando, lo sabía. Sabía que era una pésima amiga por alejarme de él en un momento crítico, sabía que era lo peor del mundo porque él necesitaba compañía, sabía que me estaba comportando como la más idiota del mundo...; pero tuve que asentir.
En ese momento, la camarera nos trajo nuestro pedido. Yo le di un mordisco a mi muffin y lo bajé con café. Sencillamente, estaba buenísimo, pero no tenía muchas ganas de terminarlo.
--Y también debes alejarte de los demás King, Mads.
Eso captó mi atención nuevamente.
--¿Y eso por qué?
--Belu nunca te narró la historia completa de su vida, Madison --aseguró James, frunciendo el ceño. Yo, inconscientemente, lo copié--. Se guardó los detalles más sabrosos, más peligrosos... más prohibidos. Tiene un pasado oscuro fuera de lo normal. Ser algo cercano de ella es algo oscuro y no quiere seguir arrastrándote a sus problemas.
A pesar de que me tragaba siempre las mentiras, no era estúpida:
--Vamos, James... Deja de mentirme. Acá hay gato encerrado --él, quien se estaba zampando su tostado de jamón y queso, lo soltó con lentitud--. Y, si eso deseas, puedo alejarme de ellos por un tiempo porque evidentemente no quieren tenerme cerca y quién sabe qué te habrán dicho... --murmuré y tomé otro sorbo de café--, pero no puedes impedirme verlos por el resto de mis días. Yo amo a tus hermanos, los adoro. Somos mejores amigos, ¿tú crees que podría olvidarme de ellos tan fácilmente?
Él bajó su mirada. Mis ojos se cristalizaron, pero me mantuve fuerte.
Aunque ya había escuchado el porqué de mi necesaria lejanía, no entendía algo:
--¿Y por qué estás tú conmigo, si no quieres que yo esté contigo?
Eso pareció pillarlo por sorpresa. Se quedó mirando su tostado con expresión pensativa y yo me volví a balancear en el asiento.
--Supongo que es lindo tener a alguien con quien charlar, aparte de tu familia.
Y, por primera vez, noté pura honestidad en sus ojos. Honestidad limpia, blanca y natural; sin desprecio o prejuicios de por medio.
Y, ante tal observación, yo no pude negar que me encantaba que me viese así. Tan... él, no el tipo que siempre aparentaba ser.
Y yo me derretí por dentro.
 
Editado 7/10/17.

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