Renegado

Géneros: Acción, Humor, Misterio

Tags:

Justicieros
Oscuro
Sangriento

Un niño, un joven, un hombre, pierde la esperanza al ver como en pocos instantes su vida es destrozada, y en vez de sufrir eternamente por ello decide emprender una carrera como alguacil oculto de la ciudad, acompañado por incorrectos pero incondicionales compañeros. (Es mi primera historia constante, espero sea de tu agrado y me ayudes a mejorar)

Capítulo 1: Calma

Renegado

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Frente a una chimenea, en una habitación cálida, típica de aquel sector de la ciudad donde vivían las familias mas adineradas de ella, estaba un niño, de apenas ocho años, acompañado por mamá y papá, en una época tan fría fuera de las paredes del hogar, pero irónicamente siendo la mas cálida entre las familias: Los días cercanos a navidad, 20 de diciembre.
La madre estaba embarazada, y el padre rodeaba la totalidad de su cintura con un brazo para así abrazarla, mientras el niño se mantenía entretenido jugando con el hocico del pastor alemán cachorro que sus padres le habían regalado hace unos pocos meses, al cual en un estallido de originalidad había llamado Fox.
En fin, era el recurrente cuadro de una familia perfecta a tan solo meses de ser ampliada por un nuevo miembro, una bebé a la que pensaban llamar Isabela, el niño heredó la originalidad de sus padres al poner nombre, su padre era Israel y él era Ismael, su madre era la única que rompía la regla al llamarse Antonieta.
Veían por la televisión la ya clásica película de Home Alone, la cual habían repetido ya unas cinco veces, pero siempre era divertida de ver.
La delicada risa de mamá, la silenciosa risa de papá, los copos de nieve que podían observarse por la ventana, tenía todo lo necesario para convertirse en un bonito recuerdo... pero no.
Alguien tocó a la puerta, decidieron ignorarlo la primera vez, no era nada raro que personas trataran de usar la charlatanería para decirles que si no les dan dinero pasarán un terrible fin de año, advertencias que la familia solía ignorar como haría cualquier persona racional.
Pero esas personas no solían tardar tanto tocando la puerta, y el ruido empezaba a desesperar a mamá, quien no podía estar estresada debido a su condición.
Por ello el padre decidió levantarse del sofá y se dirigió a la puerta para mirar por el ojo mágico de esta. Su mirada mostró por unos instantes el miedo absoluto y en un solo movimiento aseguró la entrada de la casa. Pero era tarde.
Trató de caminar rápidamente, sin correr y sin decirle a su familia qué estaba pasando, fue entonces cuando una roca causó un pequeño estruendo en el hogar rompiendo una de las ventanas, permitiendo el acceso a varios hombres que usaron a papá como saco de boxeo.
El padre, emborrachado por el dolor y la ira trató de defender su hogar y logró dejarle los ojos morados a varios de los agresores, y durante un instante que tuvo de ventaja sobre ellos le rompió el cuello a uno de los invasores.
-¡Escóndanse, maldita sea! -Gritó hacia su familia, la cual estaba atónita por lo que sucedía-
Papá caminó con dificultad, pues los golpes le habían obligado a cojear mientras escoltaba a su familia a la habitación.
Mamá terminó estresándose de todas formas.
Una vez en el cuarto pudieron escuchar como se abría la puerta principal, al igual que escuchaban gritos de los hombres que estaban buscándolos, este ruido hizo que papá estuviera apurado en buscar algo dentro de una caja fuerte en la habitación. Un arma, mas específicamente un revolver de seis tiros.
-¡Vamos, solo necesitamos verlos para que no llamen a la policía, vengan de una puta vez! -Gritaba uno de los invasores desde la sala de estar, donde aún se escuchaba la película que estaban viendo juntos-.
Fox estaba tan asustado como el resto de la familia, por lo que Ismael estaba tratando de tranquilizarlo mediante caricias.
Mamá le indicó a Ismael que se escondiera debajo de la cama, a lo que él acató sin mayores problemas, ocultándose con el perro.
No podían llamar a la policía, pues el teléfono estaba en la sala de estar y sus móviles estaban a su lado mientras veían la película, pero no habían tenido tiempo de tomarlos.
Se escuchaban golpes, gritos y ruido de saqueo, solo quedaba un lugar para revisar, el cuarto de los padres.
Israel ya se había preparado para lo que viniese por esa puerta, y cuando uno asomó la cabeza esta le fue volada por un disparo.
-¡Puta mierda! -Uno de sus compañeros de saqueo lo vio-
Preparó el siguiente disparo y repitió el proceso con el siguiente que trató de entrar.
Pero en ese momento alguien golpeó la ventana de la habitación de la misma forma que rompieron la de la sala de estar, lo que hizo que papá volteara y le disparara a él, descuidando la puerta y permitiendo que los demás entraran.
Tenían palancas y cuchillos y con ellos tomaron al padre hasta reducirlo y, en términos que ellos solían usar, sacarle la mierda a golpes. El piso se tornó rojo.
Ismael solo podía ver las sombras de lo que sucedía y el cuerpo de su padre caído al lado de la cama. Habían dos pares de piernas merodeando por el cuarto, y notó que uno de ellos se dirigía hacia su madre.
-Uff... No te preocupes si pierdes ese bebé yo con gusto te hago otro. -Expresó un hombre calvo, de aspecto mugriento y asqueroso mientras movía la lengua paseandola por las mejillas de la mujer.
Pese al miedo, Antonieta pateó la entrepierna del hombre con toda la fuerza que logró recabar, lo cual le hizo enfurecer y con la palanca que tenía en la mano le asestó dos golpes en el estómago, obligándola a despedirse de su futura hija.
Pero hubo movimiento a un costado de Ismael, su padre no había muerto, pero estaba por hacerlo, y aún sostenía el arma con la que disparó y salvó a su esposa, tras hacerlo, cayó al piso, ya sin vida.
Ismael extendió su mano para tomar aquella pieza armamentista plateada, pero al hacerlo reveló su ubicación al otro par de piernas, cuyo dueño se asomó y trató de jalarlo de los brazos, sin considerar que, por el miedo, el chico terminó por tirar del gatillo y reventarle un ojo.
La mitad de su rostro quedó manchado con sangre, pero no soltó el arma ni salió de su escondite.
Entró un último par de piernas, que volvieron a dirigirse hacia mamá.
-Tantos hombres por un par de hijos de perra -Expresó una voz sarcástica y burlona, que fue interrumpida por los llantos de la mujer- Shh... No te preocupes, no voy a jugar contigo, tengo que irme. Pero tienes un bonito collar, y ahora es mío. -Le explicó con una amabilidad desgraciada-.
Le quitó el collar a la mujer, con toda la calma del mundo. El collar tenía la imagen de una paloma con las alas extendidas, y, como no, era algo costoso digno de ser metido en la bolsa de botín.
El hombre se levantó y parecía listo para irse del hogar, pero al ver nuevamente la imagen de todos sus compañeros muertos decidió tomar la palanca de uno de ellos y romperle la cabeza a la mujer, sin pestañear. Y después de hacerlo se fue.
Antonieta pudo ver a su hijo por unos instantes y, al ver que iba a llorar, decidió tranquilizarlo poniendo su dedo índice sobre sus labios.
-Ya... estarás bien... eres... un niño fuerte... t...te... quiero...
Fueron sus últimas palabras.
Pasados unos minutos Ismael salió de debajo de la cama, y en un estado de trance caminó por toda la casa sin prestar atención a los cuerpos, las cosas que faltaban, la película, ni nada. Simplemente salió por la puerta mirando el cielo de su ciudad mientras nevaba, caminó unas cuantas cuadras y terminó por sentarse al lado de un contenedor de basura, en la fría, fría nieve. Sin darse cuenta de que Fox seguía a su lado, ni de que ese día cambiaría lo que sería el resto de su vida.
 

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