La manada

Géneros: Acción, Ciencia ficción, Fantasía

Un día cualquiera, Akiko (Iko), una chica poco corriente se ve obligada a despedirse de su amigo en extrañas circunstancias. Tras un tiempo, decide ir en su busca para poder aclarar sus pensamientos y sentimientos, y obtener un porqué de la despedida de su amigo. Cuando está a punto de desistir, un chico extraño entra en su vida para hablarle de un grupo de gente llamado "La manada" e informarle de que la unión de estos será la respuesta a sus preguntas. Tras esto emprenderá un viaje inesperado en el que descubrirá que nada es como realmente pensaba y tendrá que aprender a ver lo que no se logra observar con los ojos, a sentir con el corazón de piedra en vez de con la piel desnuda y volver a confiar teniendo cuidado de bailar demasiado cerca del precipicio.

Capítulo 1: El adiós de Ray

La manada

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Por primera vez en mucho tiempo...todo esta tranquilo.
El recorrido antes de llegar a la salida del pueblo me está siendo realmente placentero, tranquilo, relajante, tanto que casi podría dejarme caer al suelo y seguiría sintiendo esa gran paz interior, algo realmente raro porque por lo normal, no me suele gustar salir de casa de noche, pero la situación lo requiere.
Camino hacía el sitio de siempre, pero empiezo a notar algo en mi respiración, normalmente suele ser agitada pero ahora ...es como estar presa en una cárcel de cristal e intentar respirar, llega un punto en el que tus pulmones se reducen a nada como tu existencia.
 
Unos cuantos pétalos de rosa bailan junto a la brisa nocturna delante de mi, son delicados y algunos hasta tienen pequeñas gotas de agua, pero el paradero de su progenitora lo desconozco.
 
Y entonces me paro en seco...
 
Bajo la vista al suelo, algo delante de mi está mal, algo es incorrecto en las personas que caminan de un lado hacía el otro, algunos se chocan, obviamente solo buscan problemas porque a esta hora las calles están casi vacías por lo cual hay espacio de sobra.
 
Compruebo lo que me ha alterado el pulso tan repentinamente.
 
Un chico al que no conozco que lleva justo la misma ropa que aquel "hombre" si se le puede llamar así, el día que tornó mi mundo de un negro más profundo que el mayor abismo conocido.
 
Pero cuando levanto la vista de nuevo me fijo en unos detalles que antes había pasado por alto...
 
Su pelo está totalmente empapado, algo raro porque no está lloviendo, de las puntas le caen pequeñas gotitas oscuras que tiñen de rojo sus blancas zapatillas.
Sus pantalones son más propios de un emo que de un hipster, de sus bolsillos caen ligeramente unas cadenas brillantes que luego suben hasta la hebilla de su cinturón.
Su camisa es de color gris claro, está completamente ceñida a su abdomen, juraría que por el agua, seguro que si la retorciera se formaría un tsunami que nos trasladaría a todos a la isla más cercana.
 
Así que tras asegurarme de que este chico no tiene nada que ver con mi pasado y comprobar que mi corazón aún se halla en el mismo sitio, tomo aire y decido empezar a caminar de nuevo, aunque a un paso un poco acelerado dado que llego tarde al sitio de siempre.
 
Al dejar atrás el no muy alumbrado pueblo mi pecho se vuelve a estremecer, si allí se veía poco, fuera se ve mucho menos, enciendo la linterna del móvil sin percatarme de mi escasa batería.
 
En cuanto coloco mi pie derecho en la entrada del bosque, mi mente sentencia mi muerte, no sería la primera vez que saliera en el periódico la noticia de que una banda desconocida había atacado a un estudiante en este mismo lugar, el cual, al que yo, necia como siempre, he decidido ir un sábado por la noche, a las 3 de la mañana para ser exactos.
 
El camino se divide en dos:
 
A la izquierda se halla el bosque oscuro al que suelen entrar los cazadores para divertirse matando a esos seres inofensivos, los cuales ellos tratan como meros objetos.
Aunque son más inhumanos que un marciano saben perfectamente que ir a el bosque de noche es como entrar en una cárcel llena de asesinos en serie y preguntar , "¿quién quiere un cuchillo?".
 
Y a la derecha, las praderas onduladas llenas de flores a las que solía ir a jugar, las mismas que tras algunos segundos me provocaban alergia por el polen, pero cuando era pequeña, ni eso importaba, pasado un tiempo ni si quiera sentía presión en mi respiración.
 
¿Cómo no?, la elección de mi querido amigo siempre fue el bosque al que no iba ni el más valiente.
 
Justo cuando estoy en el centro del bosque mi móvil decide suicidarse, convirtiendo mi vida en un hilo endeble a punto de romperse.
Pero esto no va a pararme, ni si quiera puedo distinguir los distintos árboles recortando el espacio de la luna, dejándolo reducido a un circulo algo amorfo en el que el brillante satélite baila mientras el lobo canta su cáncion favorita.
 
Unos pasos que suenan como elefantes en una estampida me hacen recordar el camino y aún sabiendo que no tengo la ventaja de la luz y que el camino es como el de un ciego en medio de un desierto lleno de clavos, mi sistema me obliga a salir corriendo lo más rápido que puedo.
 
Por el camino choco con un par de ramas haciendo un ruido lo suficientemente fuerte como para oírse a un kilómetro, quizás por el temor a ser maltratada si me paro, mi corazón atenta continuamente contra mis costillas, y mis pulmones deciden dejar de funcionar correctamente.
Choco de frente contra un árbol, quizás es el destino que me está pidiendo a gritos que me aferre a algo para no tropezar y caerme por el precipio lleno de agua al que todos los niños iban a bañarse en verano, cual piscina municipal.
En ese entonces me habría servido como posible vía de escape, pero ahora ni eso, el agujero está tan seco por la escasez de lluvia de este año que casi se puede oír como las rocas se desprenden de los lados y caen a una velocidad asombrosamente rápida.
 
No sé como consigo dar la vuelta con el corazón a punto de hacer un hueco en mi pecho, pero lo logro y tomo el atajo que solo conoccemos unos pocos, giro rápidamente una esquina y vuelvo a girar otra segundos después.
Con la boca abierta a punto de escupir mi bilis, mis pulmones supurando sangre y mis ojos amenazando con deslizar lágrimas por mis mejillas, me aferro a mis rodillas con las palmas de mis manos y decido tomar algo de aire para obligarme a controlar la respiración.
Cuando logro recomponerme camino relajadamente hacía la puerta de la casa abandonada que él y yo hemos decorado para hacerla nuestra, es como nuestro tercer hogar, dado que mi segundo hogar es su casa y viceversa.
 
Por mi mente pasan millones de escenarios que erizan mi piel, pero sin duda juro que mi corazón se para en el instante en el que noto unas gélidas manos rozar mis hombros.
Un grito de pánico me traiciona escapándose de mis cuerdas vocales, una de sus manos presiona mis labios con la intención de impedirme emitir sonido alguno mientras la otra busca torpemente el interruptor de la luz.
Tras encenderla veo un hombre con una chaqueta, la cuál porta un gorro que le cubre la cara por completo.
 
El chico quita lentamente la mano de mi boca mientras yo mantengo mi cara de terror, algo me es familiar en este hombre pero no puedo poner todas las cartas sobre la mesa sin saber cuales tiene mi adversario.
Cuando sus manos han sido colocadas en los bolsillos me atrevo con un atisbo de miedo a deslizar su capucha hacia atrás y observo a un muy cuidado Ray, el cual no tarda ni medio segundo en abalanzarse sobre mi como una leona con su cría, para envolverme en un cálido abrazo.
 
Luego se aleja lentamente y se queda a un par de centímetros, parece que necesita observarme.
Se descifrar perfectamente cada una de las miradas que lanza pero está vez no...Ray suele ser como un libro abierto pero ahora es como si a ese libro le faltaran varias páginas.
 
- Ese animal no deja de aullar- Sonríe tristemente.
 
- Sí, parece que quiere probar suerte en el mundo de la música- Bromeo yo.
 
- Hay una leyenda sobre él.
 
- ¿Una leyenda?- Repito sus palabras.
 
- La leyenda dice que el lobo siempre aúlla desde la roca más alta del bosque para poder verla, dicen que cada noche acude a su encuentro, como esta hace con él, ambos se buscan por muy lejos que estén, muchos dicen que el lobo hasta cambió por ella, duerme por la mañana, caza por la tarde y aúlla por la noche.
 
- Una historia un tanto extraña.
 
- Pues sí, los más antiguos del pueblo dicen que el satélite y el animal se conocieron antes, mucho antes de la existecnia del planeta. Dicen que eran una pareja perfecta, él formaba parte de los astros, combatía junto a ellos con el fin de acabar con la oscuridad que intentaba devorarlos y al volver siempre le quedaban fuerzas para bailar con el amor de su vida, a ella le encantaba la música y la voz del lobo era su melodía favorita, "Los colores en el universo son los sentimientos y las constelaciones, las guerras que se han librado" decía mi abuelo.
 
- Me gustaban mucho las historias de tu abuelo- Sonrío.
 
- Pero toda historia tiene su parte trágica.
 
- Oye Ray, hablando de eso...
 
- Los astros los separaron...- Susurra.
 
- ¿Por qué?- Mi atención vuelve a estar fija en su historia.
 
- En la batalla que dio lugar a nuestro planeta, alguien debía sacrificar algo, él se enfrentó directamente con el mal y lo venció, o eso pareció, pero su corazón se lleno de un profundo odio y afán por la sangre. Las estrellas no podían dejarle libre pues su maldad crecía, así que aprovechando la tierra, le convirtieron en un animal, uno libre, fuerte y voraz, como era él.
Entonces la luna enloqueció, su corazón se partió en tantos pedazos que en su interior ya no quedaba calidez, así que empezó a congelarse.
Algunos dicen que adoptó la forma del planeta en el que se hallaba su amor verdadero para que él supiera que era ella cada vez que el astro más grande le permitiera verle.
Así que el lobo canta, a veces batallas, otras recuerdos, pero siempre consigue que ella baile, con la misma alegría con la que bailaban cuando sus corazones podían entrelazarse...
 
- Una historia triste- Susurro.
 
- ¿No lo son todas?
 
- ¿Eso piensas?- Pregunto.
 
- No, la verdad es que no- Sonríe pícaramente.
 
Con un ágil movimiento me siento en el mullido sillón, el cual tiene una vista perfecta de las luces de colores que adornan la pared cual guirnalda navideña, Ray repite mi movimiento y me deja un margen de tiempo para que pueda hablar sin presión.
 
- ¿Cuánto?- Pregunto con un nudo en el estómago.
 
- ¿Cuánto qué?
 
- ¿Cuánto tiempo te queda aquí?- Mi mente se empieza a nublar.
 
- Poco...un par de días más o menos- Su tono de voz suena más frío de lo que me esperaba.
 
- ¿Cuánto es un par?
 
- Son números como el dos, el cuatro o el seis- Bromea torpemente.
 
- No tiene gracia Rayco- Le riño.
 
- Claro que la tiene Iko, pero tu no me quieres dar la razón- Suelta él.
 
- Tu siempre has cuidado de mi, incluso cuando no me veías, te preocupabas por mi, preguntabas, pedías favores para que siempre estuviese bien...-Continúa.
 
Siento como se está despidiendo, pero no quiero que lo haga, no todavía.
 
- ¿Y tú qué?- Pregunto.
 
- ¿Yo que de qué?
 
- Siempre estás ahí, no duermes durante toda una noche si no lo hago yo, me llamas cada vez que te necesito, si te digo ven, tardas diez minutos en llegar a donde quiera que esté y si te digo ven por favor, tardas cinco y con suerte.
 
Todo se torna de un gélido silencio.
 
- Solo intentaba devolverte el favor- Susurra él.
 
- A mi no me engañas, yo he visto en tus ojos lo que no he visto en otros.
 
- ¿Atisbos de locura y desasosiego?- Pregunta.
 
- Un alma libre de mentiras y con unos sentimientos más reales que la ley de Newton.
 
Ray sonríe y suelta.
 
- ¿Recuerdas cuando empezamos a hablar de las leyes del mundo?
 
- ¿Tu recuerdas cuando empezamos a pelearnos por los habitantes de este?- Le pregunto.
 
- Soy más de recordar cuando éramos felices- Su voz suena tan rota...
 
Y ahí está, silencio de nuevo hasta que decido romperlo tras un suspiro.
 
- ¿Por qué tienes que irte justo ahora?
 
- Porque decidimos herirnos cuando debíamos querernos y aprovechar el tiempo.
 
- ¿Cómo el lobo y la luna?
 
- No, ellos si lo aprovecharon al máximo- Responde con una enorme sonrisa.
 
- ¿Sabes? Cualquiera diría que no estás afectado- Mis palabras salen de mi boca antes de lo que me espero.
 
- En realidad no lo estoy.
 
- ¿Cómo puedes decir eso?- Sueno dolida.
 
- Es la verdad, es lo que pienso.
 
De nuevo silencio.
 
- No quiero que te vayas- Digo al borde del llanto.
 
- No puedo hacer nada, debo hacerlo.
 
- O no, quédate, un tiempo, no sé igual si...- Agarro delicadamente sus manos.
 
- No...cielo, tengo que irme y no puedo atrasarlo más.
 
Yo sueltos sus manos, me echo hacia atrás haciendo que mi espalda choque con el respaldo del sillón y coloco mis manos en mi cara.
 
- Si te vas...¿como voy a seguir?
 
En este justo momento, Ray lleno de dolor, se levanta bruscamente, se coloca en frente de mi, se acuclilla y agarra mis manos obligandome a separarlas de mi rostro.
 
- No seas estúpida.
 
Abro instantáneamente los ojos como si de un escándalo se tratase.
 
- Los dos sabemos que eres lo más fuerte del mundo, me cambiaste a mi y has cambiado a millones, yo no puede hacerte feliz y...
Se le empieza a quebrar la voz y las lágrimas de sus ojos amenazan con traicionarlo.
 
 
 
 
 
  • Wolfbyt-image Wolfbyt - 12/04/2019

    Subiré un capítulo todos los días, si os gusta ya sabéis

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