Capítulo 11.

Ignis (Pars #1)

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Aunque jamás este hombre me había dando tanto miedo, yo no aparté mi mirada de la suya ni un segundo.
--¡¿Qué coño fue eso?! --lo reprendí.
Él no me respondió. Se quedó en un silencio absoluto que hizo erizar mis pelos de la nuca.
--¡James, ayúdame a llevarlos a un hospital! --exclamé, horrorizada.
--No se lo merecen, Madison. Créeme --soltó.
Suspiré y llevé mi mirada a los cuerpos. No, a los cuerpos no, a las PERSONAS. ¡¿A quién coño le importaba si se lo merecían o no?! ¡Les acababan de dar una paliza de muerte y lo menos que se hace es llevarlos al hospital!
--¡Son personas, James! ¡Y...!
--Si tanto quieres ayudarlos, llévalos a los dos tú sola.
Tenía que aclarar mis ideas: debíamos llevarlos a urgencias, pero no podía transportarlos a los dos yo sola. James parecía estar decidido a llevarme la contraria y si alguien lo veía así llamaría a la policía.
¿Qué coño haría ahora?
--Ayúdame, te lo imploro. Sácate la chaqueta llena de sangre, escóndela en algún lado y vamos al hospital, pero hagámoslo ya... --le pedí y él negó con la cabeza--. ¡¡No voy a dejar a gente desangrándose en el medio de la calle!!
--Cállate, Jones --murmuró, acercándose a mí--. Si ellos se despiertan y nos ven así, gritarán a todo volumen en contra nuestra y ahí iremos como cerdos al matadero.
Me horroricé y empecé a temblar. La calma de James NO AYUDABA EN ABSOLUTO.
--No podemos ir a la cárcel; tenemos diecisiete años --no sabía si ese pensamiento era para convencerme a mí o a él--. Mi familia me vendrá a buscar.
--Claro, corazón... ¿Tú realmente crees que a... Sean, por ejemplo, le hará puta gracia que te hayan metido en una celda por horas por juntarte conmigo? --levantó una ceja--. No lo conozco mucho, pero estoy más que seguro de que no se reirá nada si te ve involucrada en una pelea.
--¡Yo no hice nada, sólo quería ayudar!
--¿Y qué pruebas tienes para demostrar eso?
Uno de los dos desmayados movió una pierna y James me dirigió una mirada llena de advertencia.
--Jones, es ahora o nunca. O salimos cagando hostias ya, o nos vamos a la cárcel. Con un poco de suerte cuando terminen de espabilarse ya habremos desaparecido.
Les eché otra mirada. Ahora o nunca.
Asentí y escapamos de ahí lo antes posible. Me sentía más que horrible dejándolos atrás, pero no podía abandonar a James tampoco y someterlo a estar encerrado. Teníamos suerte de que no les había pasado nada demasiado malo.
Correr era liberador... pero hoy me sentía como una cobarde. Dos personas inocentes terminaron en el suelo, desmayados, por tocar un poco las pelotas. Si esto es lo que hace James cuando lo molestan, ¿qué hará cuando odia a alguien?
Dios, ¡estos pensamientos no ayudan nada!
--Dale vuelta a tu chaqueta y límpiate la sangre de los puños --le pedí, cuando vimos a un auto de policía acercarse. Nos escondimos atrás de un tacho de basura y James asintió.
--Ya en casa la quemaré. Es una pena, me quedaba muy bien.
Lo recriminé internamente por haber hecho aquel comentario tan estúpido en un momento tan crucial.
Seguimos corriendo cuando el auto siguió su camino. La adrenalina podía matarme en cualquier momento, a pesar de correr de manera frecuente.
Al ser Eaton una ciudad tan pequeña, tal vez el viaje no fue tan largo, pero yo estaba tan confundida y asustada que los segundos parecieron horas.
Cuando llegamos a la casa, James abrió la puerta y yo lo empujé adentro. Belu apareció con un plato en mano y trapo en la otra, y fue a cerrar la puerta. 
--¿Por qué se pelean esta vez? --inquirió con fastidio, mientras yo empecé a gritarle a su hermano.
--¡¿Qué coño hiciste?! --chillé--. ¡Podrías haberlos dejado peor, incluso muertos! ¡¿Qué significa eso de que no eres normal?! ¡¿Por qué no eres común pero sí malvado?! ¡¿Qué hiciste en tu vida, James?! ¡¿Por qué todo el mundo insiste en que eres una mala influencia?! ¡¡James, respóndeme!!
Al escuchar mi escándalo, Nick bajó.
--¿Y a esta qué le pasa? --le preguntó entre susurros a Belu.
Me abstuve de pegarle, aunque sí le dirigí una mirada llena de odio. Sentía tanta rabia hacia James que quería agarrarle el cuello y matarlo, pero no iba a hacer eso. No, yo no. Yo no era violenta, no como OTROS.
--¡¡Di algo!! --vociferé.
James no se movió y me miró fijamente.
--Estoy igual de perdido que tú, Madison. No sé de qué hablaban.
--¡JA! --exclamé y me controlé como para no escupirle--. ¡"No sabías"! ¡Seguro no sabías! ¡No sabías nada de nada, por algo siempre me repiten lo mal que vas a hacerme en el futuro si no me separo de ti! ¡No, no me repiten las personas en general! ¡TÚ MISMO me lo dices!
Bufé de la irritación y me tiré en el sillón. Me hice masajes en la frente mientras miraba al suelo.
--¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Olvidar lo de hoy? --murmuré.
--Sería lo más inteligente.
--¡¡James!! ¡Dime algo menos..., no sé, ¿suicida?!
Me levanté del sillón hecha una furia. ¡¿Quién coño se cree que es?! ¡Al final del día, él sigue siendo el mismo capullo que odiaba hace tres años!
¡Esto es lo que me pasa por confiar ciegamente en alguien que sé que es un estúpido arrogante!
--Cálmate, Mads --me pidió y yo lo apunté con el dedo índice.
--¡Ni se te ocurra llamarme "Mads"!
--Okay, Madison --me miró a los ojos con calma y advertencia, y noté que estaba bastante estresado por sus músculos tensos como si de una roca se tratase--. No tengo ni idea de qué pasó, ¿okay? Son unos raritos que quieren arruinar mi reputación frente a cada chica con la que me ven.
Lo que me había dicho me enfadó aún más. ¿"Arruinar mi reputación"? Sí, claro. Esos chicos simplemente querían "molestarlo" y arruinarle todas sus citas.
¡Y yo ni siquiera soy su cita! ¡Con cada segundo más que lo pienso, más absurda me parece esta historia!
--¿Acaso me ves como una estúpida? ¿Tengo un letrero de "cuidado con esta imbécil" en la espalda y no me había dado cuenta? --inquirí con sarcasmo, levantando una ceja y controlando mi rabia--. No me tragaré tu mierda, James, no esta vez. ¿Alguna vez me dirás la verdad? --Belu, que seguía cerca nuestro, agachó la cabeza--. Pues... ¡¿sabes qué?! No confío más en ti. Sé que nunca me dirás hechos verídicos, así que yo no tengo nada más que hacer aquí, ¿verdad? --me desahogué y vi que Nick se encogió en su lugar--. ¡Me voy de esta casa! ¡Te odio, James King!
Luego de eso, me fui con un portazo. Corrí a casa con una energía que creí perdida y cuando llegué tiré toda mi ropa a lavar con toda la impotencia que reuní (por si habían rastros de sangre) y me puse a llorar en mi habitación.
James podría haber matado a dos personas legal pero no moralmente inocentes. Estuvimos a un pelo de ir a la policía. No fui capaz de ayudar a los afectados. James me mintió. Perdí el control.
Y a ninguno de los tres hermanos les causó ninguna conmoción todo esto. Ni se inmutaron. ¿Con qué clase de... monstruos me estuve juntando estos últimos tres años?
Me abracé a mi almohada, sin poder sacarme la imagen de los chicos en el piso de la cabeza. No bajé a comer, no dormí mucho más de dos horas ni me preparé el lunes para ir al colegio... porque no tenía fuerzas para enfrentarme con los tres hermanos.
Pero tuve que ir, porque los problemas se enfrentan dando la cara. Allí sólo ignoré a los King y procuré no escuchar ningún rumor mío porque no sentía tener fuerzas para rebatirlos. El día era una mierda, como había predicho. Pero algo extraño ocurrió, teniendo en cuenta los sucesos del día anterior.
--¿Puedo sentarme contigo? --me preguntó el King violento con un tono amable.
Lo miré, arqueando una ceja. Cuando vi que no estaba de broma, fruncí el ceño y negué con la cabeza. ¿Qué esperaba que le dijera? ¿"¡Sí, claro, siéntate conmigo! Cuéntame qué tal estás"?
Bueno, conociéndolo puede ser que sí haya estado esperando eso.
--Por favor --me suplicó y yo me acerqué un poco a él.
--¿Me estás jodiendo? --susurré.
--Sólo quiero recompensarte por ayer. No quiero que pienses que soy una de las personas más agresivas de la tierra.
--Pues ayer lo parecías, cariño.
--Lo que me estás diciendo es horroroso, Madison. No soy ningún asesino, sabes --se revolvió el cabello.
Una punzada de arrepentimiento en el corazón me hizo sentir como una mierda y bajé la mirada. Por el rabillo del ojo noté a la gente mirándonos. Joder, ¿por qué cada vez que estaba con James tenía que ser el maldito centro de atención?
--Es verdad. No lo eres --admití y volví a mirarlo. Él estaba frunciendo los labios levemente--. Perdona.
--Aclarado ese tema, ¿puedo sentarme contigo? --me pidió y yo suspiré--. ¿Por favor? --repitió y yo dije que no con la cabeza--. ¿Acaso está Madison Jones obligándome a gritar a todo volumen cuánto quiero sentarme con ella?
Abrí los ojos con horror. El hijo de puta me conocía bien y sabía cómo chantajearme.
--No te atreverías --lo desafié y él me sonrió con desafío.
--Pruébame, corazón.
Tomé aire, volví a ver a todos concentrados en nosotros. Mierda, mierda, mierda. ¡¿Por qué a mí?!
--¿Madison...? --me llamó, alzando el tono de su voz.
Yo tomé su brazo y lo tiré hacia abajo con una rapidez increíble.
--Bueno, siéntate, rápido.
Él sonrió triunfante y se sentó, tirando su mochila a un lado. Quería pegarle cada vez que me ganaba las discusiones.
--No me caes bien, James, ¿lo sabías?
--Se nota a kilómetros, Madison. Tampoco es que me importe mucho porque no voy a dejarte sola en ninguna situación.
En mi cabeza, admití que ese comentario había sido demasiado tierno. Sólo tenía dos pensamientos a partir de ese momento: las frases adorables que James me había dicho hasta ahora y la imagen de los dos chicos ensangrentados. Tanto me obsesioné que el martes mientras tocaba el violín para una demostración en clase de música no paraba de pensar en eso.
¿En qué locura se había convertido mi vida?
También en esa clase no paré de sentir los ojos de un chico en particular sobre mí, mientras tocaba e incluso después. Levantaba la mirada cuando paraba de tocar y no veía a nadie mirándome. La bajaba y ¡pum!, el sexto sentido se activaba. Después de diez minutos, quería escaparme de la clase por lo terrorífico que era que una persona no te sacara la vista de encima durante una hora completa.
Y... ¿para qué mentir?, eso hice. Salí corriendo cuando el timbre tocó, en parte por el acosador y en parte porque era la hora de la comida y me moría de hambre.
En la cantina, James volvió a sentarse conmigo. Esta vez ni preguntó, simplemente dejó su bandeja sobre la mesa, revoleó su mochila y empezó a comer unas hamburguesas. Yo, mientras sacaba mi típico sándwich, me di cuenta de que no tenía mi botella de agua: la había dejado en casa.
--Mierda --murmuré y le eché un vistazo a las máquinas de bebidas. No tenía dinero--. ¿James?
--¿Qué pasa?
--¿Me prestas un poco de dinero? No tengo nada para tomar.
James asintió y me pasó unas monedas.
--¡Gracias! Te lo devolveré mañana.
--Ya sabes que no hace falta.
Le regalé una de mis mejores sonrisas y fui a comprar.
En el camino, volví a sentir una mirada en la espalda. "Es mi acosador" pensé, así que me apuré. Cuando llegué a la máquina, metí las monedas, saqué el agua y vi a un chico de mi clase enfrente mío: Colin. Lo primero que le vi fueron sus ojos verdes, unos ojazos que no muchos apreciaban. Él tenía la piel paliducha, el pelo negro como el carbón, era tan alto como yo, tenía una sonrisa cegadora y era flaco. Tenía unos pómulos marcados, una postura elegante, y... ¡dios mío!, esa sonrisa era hermosa.
--Hola, Madison --me saludó.
--Hey, Colin, ¿qué tal estás?
--Bien, ¿tú?
Asentí.
--También.
--Hoy te vi en clase de música. Tocas muy bien el violín. ¿Sabes tocar más instrumentos? --preguntó.
Así que él era mi acosador... No estaba nada mal. Tal vez porque me imaginaba a un viejo amargado de setenta años mirándome el culo...
Okay, exageración.
--Sí, toco la guitarra y el piano. La música lo es todo para mí --aseguré, con una sonrisa.
--La música es como una droga --confirmó y yo asentí--. Yo toco la guitarra desde que tengo doce, y desde entonces nunca encuentro otro hobby tan apasionante como este.
--¡Por fin alguien que me entiende! --exageré y reímos.
¿Era este el momento adecuado para decir que él me gustaba en mi primer año aquí? Y mogollón.
--Pues la verdad es que no hay mucha gente que toque instrumentos hoy en día en este colegio. 
--En el colegio y en la vida, vaya --lo corregí y él frunció los labios.
--Es una lástima.
--Es verdad. Daría mucho por poder tocar con alguien.
--¿Sabes qué? --se le iluminó el rostro y yo me erguí--. Ven algún día a casa e interpretamos algo.
--¡Me parece perfecto! --exclamé--. Ay, perdona la emoción. Hace mucho que no toco algo con alguien.
Desde Christian.
--Eh, no te deprimas --¿tanto se notaba cuando pensaba en él? Cambié la expresión--. Para eso nos estamos juntando, ¿no? Para olvidarnos del mundo por un rato --me sonrió y me resultó imposible no devolverle el gesto--. ¿Tienes mi celular para ponernos en contacto?
--Si estás en el grupo de WhatsApp del curso, sí.
--Genial, entonces. Me encantaría seguir hablando contigo, me pareces una chica genial; pero me tengo que ir a estudiar a la biblioteca --hizo una mueca y yo reí, asintiendo con la cabeza.
--Está bien, los deberes te llaman --lo animé y él me volvió a sonreír.
--¿Nos vemos pronto, entonces? --dudó y yo asentí.
--Nos vemos pronto.
Mientras se alejaba, noté que me hizo sonreír sin esfuerzo alguno. Se veía que Colin era un chico diferente. Él no me insultaba, ni me trataba mal, ni me ridiculizaba. Colin era lo contrario a James en todos sentidos. Uno me preguntaba cómo estaba, el otro se esforzaba para pedirme perdón después de que haberla cagado. Uno se disponía a tocar la guitarra conmigo, el otro me invitaba a tomar un café que terminaba con gente tirada medio-muerta en el piso. Uno tenía unos ojos verdes increíbles, otro unos marrones rojizos que se encendían cuando se enojaba.
¿Que qué es lo que me atraía de Colin? Lo diferente que era a todos los chicos que alguna vez se acercaron a mí. No me insultó, ni trató de acercarse a mí de manera abusiva, ni ligó conmigo.
Simplemente... me escuchó. Y dios, lo que necesitaba un oído amable.
Suspiré con una sonrisa mientras me volvía a mi asiento.
Pasar tiempo con él será genial, lo veía venir.
 
Editado 9/10/17.

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