Capítulo 12.

Ignis (Pars #1)

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Con mi botella en mano y una sonrisa soñadora, volví a sentarme enfrente de James, quien estaba serio. Le agradecí por el agua y empecé a beber, sabiendo que él me miraba fijamente. Parecía que estaba calculando cuál sería su próximo paso.
Bueno, eso es raro. Pero no voy a tocar el tema, simplemente actuaré natural.
Y por "natural" me refiero a tomar agua a tragos torpes y largos. Genial, ahora parezco sospechosa de un acto criminal.
--Salud --le deseé y apoyé la botella en la mesa.
Él no dijo nada, pero se veía que se estaba removiendo en su asiento incómodo. Y tal vez un poco disgustado. Qué se yo.
Nos quedamos unos momentos en silencio. Yo me zampaba mi comida porque el encuentro satisfactorio con Colin me había dejado con más hambre de la normal. Ya estaba a punto de salir corriendo por la incomodidad que se había creado en el aire.
--¿Te puedo hacer una pregunta? --dudó y asentí.
Di un respingo sorpresivo y James frunció el ceño.
--Técnicamente...
--Sí, técnicamente eso ya es una pregunta --me interrumpió. Me conocía tan bien que asustaba--. ¿Era aquel Colin Smith? 
--Exacto --contesté con sequedad.
Él asintió y, cuando pensé que había dejado el tema, volvió a sacarlo.
--¿Y qué quería?
--¿Es eso de tu incumbencia? --inquirí y él negó con la cabeza.
--No. Sólo tengo curiosidad.
Suspiré.
--Es músico. Yo también. Me invitó a tocar con él algún día. Hace mucho nadie me pedía algo así.
Terminé mi sándwich, mientras James lo hacía con su comida. Vi que sus ojos se pusieron de un color cercano al rojo, lo que indicaba lo furioso que estaba. ¿Lo entendía? No, no lo hacía. Pero deduje que algo había pasado en su casa, porque siguió estando así de rabioso cada día de esa semana, se mantuvo cerca mío y siempre tenía cara de asco. Bueno, siempre menos cuando me hablaba a mí, cuando se portaba dulcemente y sus ojos volvían a su tono normal.
El comportamiento de James me parecía incomprensible. Estaba muy cercano a mí, me contaba historias de su pasado y se reía conmigo, aunque cuando yo no lo veía se la pasaba gruñendo y asustando a la gente. Me frustraba.
Y, para el colmo, como estaba tanto tiempo con él ya no me hablaba ni con Belu ni con Nick. ¡Cómo los extrañaba! ¡Sobre todo a Nick, que sigue súper raro desde la fiesta de hace unas semanas!
Y, el jueves los vi a los tres King charlando cuando salían del colegio, seguí camino con una mueca de tristeza. No los interrumpí, pero deseaba poder hacerlo. Los extrañaba.
Pero su encuentro duró porque, ¡claro!, apenas James me vio, me siguió.
--¡Madison! --exclamó y yo me di vuelta. Lo vi corriendo hacia mí, sonriéndome. Casi se me escapa una risa llena de ternura, pero suerte que no.
No negaría lo lindo que se veía corriendo hacia mí. Bueno, lindo y sexy. Muy sexy.
--¿Qué pasa, James? --le pregunté cuando llegó junto a mí. Él se rascó el brazo y bajó la mirada con vergüenza.
--¿Me dejas acompañarte? --dudó y yo sonreí como una tonta ante su vulnerabilidad.
--Claro.
Entonces caminamos juntos hacia mi hogar. Él me daba charla sobre su vida mientras yo comentaba a veces cosas sobre la mía: aparentemente él leía mucho, amaba el deporte y escuchaba música tranquila, nada como para bailar. Me impresionó que hubiese leído la saga Lux, por ejemplo, una saga que consiste principalmente en el amor y la ficción. (Mi saga favorita, cabe añadir.)
Todos esos eran detalles súper adorables que me hacían querer abrazarlo hasta el asfixie. Y este James no me disgustaba tanto.
¿"No me disgustaba"? No, él era mi amigo, me protegía y estaba segurísima de que a él también le caía bien. Pero podía ser un cabrón cuando quería, con sus pullas y sus advertencias de mierda.
No, no lo odiaba, pero sí me parecía muy bipolar.
Cuando llegamos a casa, él se despidió con una gran sonrisa y desapareció. Entré a mi casa con felicidad y presencié a Sean observándome. Le dediqué una ceja arqueada.
--Hola, Sean. ¿No llegaste muy temprano? --inquirí, dubitativa.
--No me sentía muy bien, así que volví de la universidad un poco antes --admitió y asentí--. Tengo que advertirte algo, Mad.
De pronto sentí una necesidad de morderme las uñas, aunque estaba tratando de dejar el hábito. Solía hacerlo cuando me ponía nerviosa.
--Dime.
Cada vez que Sean se ponía tan serio, tenía que esperar algo malo. Él era el típico chico siempre sonriente, amigable y agradable, incluso cuando las cosas se ponían feas. Pensar en tanta seriedad me dejó de piedra y se borró la sonrisa de mi cara.
Aparte, las advertencias de Sean siempre llevaban la razón. Era imposible decirle "¿Ves? Tendrías que haberme escuchado" porque el chico siempre veía datos que el resto de personas ignoraba.
--Madison... eres mi hermanita. No quiero que nada malo te pase. Lo sabes, ¿verdad? --consultó, aunque ya sabía la respuesta.
--Claro que sí.
--Desde lo que pasó con Christian, el rol de cuidarte ha pasado a ser mi trabajo y me lo tomo a pecho. No dejaría que nadie te lastimase.
--No.
--¿Alguna vez te defraudé?
--No, nunca lo has hecho --admití y él asintió.
--Y por esa razón, Madison, tengo que advertirte esto: quiero que te separes de los King, sobre todo de James.
Me quedé en mi lugar, pensativa. ¿Otra vez estaban todos con eso? Sí, entendía que James podía comportarse como un amargado e insolente, pero me caía bien y en el interior era muy tierno y un buen compañero de charlas. ¿Me pondrá de excusa su pasado? ¿Habrá sido James un vendedor de drogas, un fugitivo? ¿Será él un borracho, un violador, un asesino?
¿James King, el chico que me molestaba y me protegía a la vez... un asesino? Él era capaz de golpear hasta sangrar y hacer desmayar, pero ¿asesinar? ¿Quitarle la vida a alguien?
Me costaba imaginarlo haciendo cosas ilegales tan extremas.
Suspiré. James siempre será un misterio para mí. No sé a qué puntos puede llegar, qué es capaz de hacer.
--Dime por qué --ordené y él frunció el ceño.
--¿El porqué de qué?
--Por qué debo separarme de él --le rogué y él agachó la cabeza.
--Últimamente estuviste mucho con él, Mad. Y es peligroso. Salir con él es un peligro constante y quiero que se acabe aquí mismo.
--Eso es una mentira. Dime el porqué real.
Alzó su cabeza nuevamente y vi cómo sus ojos celestes grisáceos se volvían muy brillantes.
--Eso no puedo hacerlo.
--¿Por qué, Sean? ¿Por qué están todos tan empeñados en separarme de la gente que me cae bien?
"...incluso la gente que me cae bien".
--Madison, no quiero arruinarte la vida... Pero sabes que cada vez que te advierto algo, termino teniendo razón.
--Eso no responde a mi pregunta.
--Madison, por favor --me suplicó y yo abrí la boca, perpleja.
--¡Sean, por favor! ¡James es un buen amigo, y los King son absolutamente geniales, todos ellos!
--Sé que te puede parecer extraño, pero...
Empecé a sudar. Oh, oh, me estoy enojando.
--¡Sí, me parece extraño! ¡Me parece extraño que mi hermano mayor me quiera dejar sin amigos, cuando finalmente los tengo por completo! ¡Nick es bondadoso, divertido e increíble, Belu es perfecta sin esforzarse y James...!
Sean levantó la mano con lentitud y vi cómo su mirada siempre feliz se oscurecía.
--No quiero escuchar nada bueno de aquel imbécil.
--¡¿Por qué?! --inquirí y tomé aire. Tenía que calmarme--. ¿Acaso es un violador? ¿Un asesino? ¿O tal vez un ladrón? ¿Es él un fugitivo de la ley? ¿Acaso trafica con drogas, roba bancos, asalta a niñas? ¡¿Qué mierda hizo él para ganarse tanto odio?!
--Que lo sepas es peligroso para ti.
--Quiero saber de cualquier manera.
Él se quedó en silencio. De pronto apareció papá por la cocina con una taza de café y una mirada melancólica.
--Med...
--¡Ni te atrevas a usar ese apodo, papá! --le grité, apuntándolo con un dedo--. ¡¿Por qué siempre me ocultan cosas?! ¡¿Qué es lo que no me están queriendo decir?!
Ninguno de los dos me respondió. Había perdido, pero me quedaba un último as bajo la manga: rogar.
--Por favor.
Estaba a punto de ponerme a llorar, y traté con todas mis fuerzas de no hacerlo. Ya era patética defendiéndolos y esto ya me hundiría en la total miseria.
Ante su silencio, asentí. Sí, mi familia me escondía datos importantes por mi propia cara.
--¿Me lo van a decir algún día, al menos?
--Lo siento, Med.
Tiré la mochila del colegio, agarré nuevamente las llaves de casa y el teléfono y me fui. Yo era la persona más terca de la tierra, más aún si se trataba de mis seres queridos.
No me separaría de ellos. Claro que no lo haría.
--¡¿A dónde vas, Madison?! --me gritó Sean a mis espaldas.
--¡Te lo diría, pero que lo sepas es peligroso para ti!
Saqué mi teléfono y abrí la aplicación de mensajes.
"Puedo ir a tu ksa?" le mandé a Belu.
Tardó un minuto en responder.
"Sí. Xq?"
"Pelea fmiliar."
"Oh no! Vn ya!"
Apuré el paso, casi derramando lágrimas y sintiendo cómo el viento me ayudaba a caminar, hasta llegar a su casa. En el jardín de la entrada vi a Belu y a Nick sentados, y apenas me vieron se levantaron para abrazarme. Ahí sí que empecé a llorar a todo pulmón, más que todo por sentir el abrazo de Nick, que lo extrañaba más que a nada en el mundo.
--Ven, Mad, entra a casa y cuéntanos --me pidió Belu y me dirigió una sonrisa triste.
En la casa había todo tipo de comida chatarra, ya que mañana era el festejo de cumpleaños de los gemelos (aunque el cumpleaños real era en dos días) y decidieron comprar todo rápido. Belu parecía estar tentada a comerse todo, pero tenía una pizca de autocontrol que no le permitía hacer nada.
--¿Estás bien? --me preguntó Nick y aprecié su pregunta, aunque la respuesta era obvia.
--No.
Y reí, en un intento de sacarme toda la tensión. Nick me sonrió y me palmeó la espalda. Ese gesto me hizo llorar aún más, porque era la mayor muestra de afecto después del abrazo que me había dado en un mes de ignorarme.
--Vamos, Madison, quiero verte feliz.
Lo abracé nuevamente y lloré en su hombro, mientras que él me decía palabras de ánimo. Me separé de él y le vi a la cara. Tenía sus grandes ojos rojizos cristalizados y me sorbí la nariz de lo que me partió el alma verlo así.
Decidí que tenía que decirle lo que pensaba de una vez:
--Siento cualquier cosa que haya hecho para lastimarte, Nick. Nunca quise perder tu amistad --aseguré y me volví a apachurrar contra él.
--Ay, Mad... no es tu culpa, te lo aseguro. Necesitaba un tiempo para mí, no tenías nada que ver con nada --confesó y asentí.
--¿Estás seguro? Parecía como si me odiases.
--Nunca podría odiarte, Mad.
Sea verdad o mentira, necesitaba oírle decir eso.
--¿Hacemos las paces? --dudó y asentí efusivamente.
--¡Ya era hora! --exclamé y él rió.
--Dios, cómo la extrañé --susurró casi inaudiblemente cuando me separé y se me escapó una sonrisa.
--Ya era hora de que dejases de atormentar a la pobre, Nicholas --negó con la cabeza Belu, que al parecer ya había estado sentada en el sillón desde hacía rato.
--Lo siento --me dijo y yo negué con la cabeza. Le sonreí y, cuando nos fuimos a sentar, recordé por qué estaba triste en primer lugar.
--Mad, ven, siéntate. Cuéntanos qué te pasó --me invitó Belu con todo el tacto del mundo.
--Hoy... me peleé con Sean y papá --confesé y Nick frunció el ceño.
¿Tendría que decirles el porqué?
--¿Con Sean, en serio? --arqueó una ceja Belu.
Sí, Belu, sí; ni yo me lo creía.
--Es raro. Me estaba advirtiendo de algo.
--¿Sean? --repitió ella y yo asentí--. ¿Le llevaste la contraria? --volví a asentir--. ¡Pero si él nunca se equivoca! --titubeó y asentí por tercera vez--. ¿Entonces... por qué lo hiciste?
--Porque... se trataba de ustedes.
Belu y Nick se dirigieron una mirada de sorpresa, pero no dijeron nada.
--Quieren (a Sean y a papá, me refiero) que me aleje de... bueno, de ustedes.
Belu se rió con nervios.
--¿Ah, sí? --balbuceó, incrédula--. ¿Y les harás caso?
--No, por algo estoy aquí. No son capaces de darme una razón firme. Creen que James es una mala influencia, o eso es lo que yo supongo.
Nick asintió y le quitó hierro al asunto con una broma. Belu me tranquilizó con unas palabras de ánimo. Luego, nos acomodamos en el sillón, pusimos una película de acción y seguimos charlando, hasta que llegó James.
--¡Llegué! --exclamó y estaba a punto de subir cuando me vio--. Hola, Mad.
--Son un asco ustedes dos --rodó los ojos Belu, quien parecía estar a punto de vomitar.
--¡Consíganse una habitación! --gritó Nick, tapándose los ojos.
--¿Madison, me enseñas clase de violín, así puedo tocarlo cuando estén ustedes dos juntos?
--Demasiada tensión sexual... ¡me asfixió!
--¡Cállense ustedes dos! --chillé, ruborizándome y pegándoles a los dos hermanos con una almohada.
--¡No me callo nada! ¡Jadison es real! --chilló la castaña.
--¡¿Ese es el mejor nombre que se te ocurrió, en serio?! --traté de volver a pegarle, pero esquivó mi almohada.
--¡Paren, ustedes dos! --clamó Nick, en un intento desesperado de seguir viendo la película.
En medio de la pelea, James simplemente se había quedado parado, observando con confusión.
--¿Qué película ven? --preguntó él y Nick le empezó a explicar con lujo de detalles la trama de esta.
Belu tomó una almohada y seguimos con la pelea. Al minuto, ella pidió un descanso porque quería tomar un vaso de agua, así que se levantó y se fue.
Y a mí me dieron ganas de ir al baño, así que me disculpé y subí.
Cuando iba al baño, vi una puerta... extraña. Bueno, la puerta no tenía nada de especial. Era una puerta de madera, común y corriente.
Pero las puertas no están completamente pegadas al piso (claro, porque sino no podrían cumplir su única función. Siento decir lo obvio), y siempre queda un hueco en el que sale la luz de la habitación.
Y de esta habitación salía una luz naranja. ¿Vieron cómo titilan las velas normales? ¿Que, si hay viento, se prenden y apagan, y varía mucho su luz?
Bueno, de ese hueco salía la luz de una vela, pero de una gigante. Era mucha la luz que salía.
Me acerqué a la puerta, intentando oír algo. Nada. ¿Por qué tenían velas extra grandes en una habitación cerrada? ¿No sabían lo peligroso que era eso? Les iba a decir.
Pero primero iría al baño.
Hice mis necesidades y bajé las escaleras. Vi una foto de la familia entera en el primer piso, lo que me plantó una duda: ¿y sus padres, dónde estaban?
¿Y por qué había tantas velas en la casa? En el comedor, el baño, la cocina y la sala siempre hay al menos una prendida.
Bueno, hoy no había visto ninguna en el piso de arriba, aparte de la grande.
--¡Chicos, apaguen la vela de arriba! ¿Saben los riesgos de tenerla prendida? --inquirí y tres pares de ojos me miraron con sorpresa y extrañeza.
--No hay velas arriba hoy --declaró Nick y fruncí el ceño.
--Sí que... olvídenlo.
Suspiré y me senté en el sillón. Me dirigí a Belu esta vez.
--¿Dónde están sus padres?
--Trabajando --dijo, sin un atisbo de duda.
--¿No es muy temprano?
--Existen las emergencias, Mad.
--¿Por qué hay tantas velas en esta casa? --le pregunté a James.
--A nuestros padres les gustan.
--¿Pero, por qué... tantas?
--Ni idea, pregúntales cuando los veas.
No me iba a quedar con las dudas. Investigaría.
Y lo haría con todo: la supuesta fiesta del bosque, las actitudes raras de los King, por qué son tan mala influencia y las rarezas de la discoteca. Lo averiguaría todo.
Madison Jones estaba harta de las mentiras. Y para descubrirlas, tendría que trabajar sola.
Nada de preguntas, nada de amigos que le responden con más mentiras.
Nada de nada.
 
Editado 15/10/17.

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