Redivivo

Agujas en la miel

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No es la primera vez que estamos solos, el
sol se desviste de las montañas, y una nube baña el
rostro de las flores secando su llanto.
No, no es la primera vez, mucho menos si las
horas de ese reloj infinito se atreven, y desdibujan
tus labios de los míos.
No lo es, si lo fuese, no estaríamos
acompañados de un recuerdo ajeno, el que antes
nos era innegable.
Me parezco a esas montañas, pues, te
desvistes de mí y de todo lo vivido.
Me planto como esas flores, regándome en
mi propio llanto.
Me atrevo a que mis labios fríos puedan
esperarte, aunque ya no queden gotas de sangre en
ellos.
Me recuerdo acompañado de ti, ajena a mí,
pero conmigo.
No es la primera vez que estamos solos,
acompañados.
Por un mismo camino… de distintas vidas.

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