Capítulo 13.

Ignis (Pars #1)

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Cuando llegué a casa esa noche, me llevé la reprimenda de mi vida. Creo que no exagero al decir que mi madre iba a agarrarme de los pelos a la mínima contestación indecente y me sacaría de la casa por la fuerza. Como me había escapado, había vuelto a la una, le había gritado a Sean y a papá y no le había dicho nada a mamá de mi paradero, ella se ocupó de dejarme bien en claro que no quería que se repitiese... NUNCA MÁS.
--No lo volveré a hacer, lo prometo --le había dicho y esperaba de corazón que cumpliera ese juramento.
--¡No puedes hacer siempre lo que te dé la gana, Madison! ¡Si estuviera tu padre aquí...!
--Lo siento. Me había enojado con los dos y quería tomar aire.
--¡¿Aire?! ¡JA! ¡¿Desde cuándo estás tan saturada de cosas que necesitas "aire"?! ¡¿Y por tantas pu... puñeteras horas como para llegar a la MADRUGADA?!
Escuché un ruido arriba y supuse que era Sean, queriendo dormir. Una punzada de pena y de egoísmo me picó para decirle:
--Ma, despertarás a Sean. ¿Podemos hablar de esto mañana, cuando estemos más tranquilas? --le pedí.
Ella inhaló aire con fuerza y apretó los puños. Miró las escaleras con expresión enojada y bufó llena de frustración.
--Mañana, cuando vuelvas del...
¡Oh, no, paren el mundo! ¡Mañana no podía! ¡Tenía la fiesta de los King! ¡Ella no me dejará ir ni en años!
--...colegio, no te salvarás de la reprimenda que te voy a dar. ¿Queda claro?
--¡Ma, perdona! Mañana es el cumpleaños de los gemelos. ¿Puedo ir?
La sonrisa que le dirigí no ablandó su mirada ni por segundo.
--¡¿Y ahora tienes pensado ir a una FIESTA?! --escupió, perpleja. Sí, me consideraba masoquista.
--Nick hará una fiesta. Yo me quedaré con James viendo películas.
--No puedes ir --sentenció.
--Por favor, ma. James se quedará solo si no voy.
--En serio, Madison Jones. ¡¿Ahora me vienes a decir todo esto?! --chilló. Luego cerró los ojos, se masajeó las sienes y suspiró--. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
Yo estaba cien por ciento segura de que se lo había mencionado antes, pero no lo comenté, tampoco quería morir.
--Lo siento, se me había olvidado.
Mi madre volvió a suspirar.
--Nada de alcohol. Volverás a horas razonables, máximo a las tres. Búscate a alguien que no esté borracho y que sepa conducir. Dormirás en casa. ¡Ni te atrevas a fumar! No te olvides el regalo y ¡mándame mensajes! ¿Está claro?
--Sí, ma.
--Ahora, ve a dormir y no quiero escuchar nada más tuyo hasta mañana.
Le di un beso y salí corriendo. Tenía suerte, eso lo admitiría: si Sean o papá me hubieran visto, me habrían matado. Sobre todo Sean.
Aquella noche dormí como nunca. La bronca, la vuelta de lo de los King y el miedo de que mi hermano mayor me vea me dejaron muerta. Al otro día, estaba bastante emocionada por el cumpleaños, así que tomé los regalos, la mochila y salí disparada al colegio.
A partir de este año, no era sólo el cumpleaños de Nick, sino también el de James. Dos hermanos = dos cumpleaños = dos regalos = este año me vaciaré el bolsillo. Genial.
Cuando llegué al instituto, me la pasé buscándolos. Cuando vi a Nick en su locker, me abalancé hacia él y prácticamente le grité en el oído.
--¡Feliz cumpleaños! --exclamé, muy feliz por él. Él saltó y me abrazó.
--¡Gracias, Mad! --se despegó de mí y me apoyó la mano en el hombro--. ¿Vienes a la fiesta hoy? --me preguntó.
Mi humor se tranquilizó un poco e hice una mueca.
--Eh, bueno... Sobre eso...
--Te dijeron que no, ¿verdad? --se deprimió y yo negué con la cabeza con mucha convicción.
--¡No, claro que no...!
--Es por la discusión con tus padres, ¿verdad? --me desaprobó con la mirada.
--¡Por supuesto que...!
--Madison, ¿por qué coño tuviste que pelearte con tu familia JUSTO el día ANTES de mi cumpleaños...?
--¡Cállate ya, idiota! --chillé y él se mordió la lengua para no seguir dándome la lata--. Sí que puedo ir al puñetero cumpleaños, ¿vale? Es sólo que... voy a ir a tu casa, eso sí... pero...
--¿...pero...? --inquirió, mirándome con confusión.
--¿Prometes no enfadarte?
--¡¿No traerás regalo?! --se indignó él y levanté las manos en señal de "No armes un escándalo".
--Tengo el regalo comprado y lo recibirás en tu casa. No es eso.
--¿Entonces? Nada puede ser peor que el regalo.
--¡Claro! --le dije, en un intento de suavizar mi golpe--. Verás... James me pidió que me quedé con él mirando películas en su cuarto en vez de ir a tu fiesta. No voy a dejarlo solo en su cumpleaños, te guste o no mi decisión.
Nick asintió, se entristeció y, de pronto, una idea se le cruzó en la cabeza. Lo supe por sus ojos iluminados y su sonrisa malvada.
--¿Qué...? --mi cabeza hizo clic--. ¡Ay, pervertido! --le grité, entre risas.
--¡Si es por mi hermano no pasa nada, corazón! ¡Lo que importa es que vengas!
--¡Eres un idiota!
A nadie le importa lo que pasó después en el colegio, realmente. Le deseé un feliz cumpleaños a James, tuve clases y comí junto al trío que me hacía sonreír a cada rato. Saltémonos la aburrida parte de tener que estar encadenado a este edificio todo el día para pasar a la parte de la pre-fiesta.
Los cuatro volvimos juntos del colegio, muriéndonos de risa. Y apenas pusimos un pie en la casa, Nick pidió sus regalos.
--Te van a fascinar, hermano mayor --le aseguró Belu pasándole su regalo y yo le di el mío y el que le hicimos juntas.
--¿Me puedes repetir por qué te lo tenemos que dar ahora y no mañana? --le pregunté y él se encogió de hombros.
--Porque soy impaciente. ¿Alguna otra pregunta?
--Claro. ¿Por qué eres tan guapo?
--Ni yo me lo explico. Todos los chicos que no van detrás tuyo me persiguen a mí. Incluso los heterosexuales.
--¡Eh! Que tan lindo no eres. Dime, ¿eso que tienes entre las cejas no serán granos, verdad? --lo picó Belu y Nick abrió la boca tan grande que me sorprende que no se haya tragado algo.
James negó con la cabeza, riendo, y yo me uní a él.
--¡Bueno, basta de mierda! ¡Abre tu regalo! --agregó la castaña.
--¡Ahí voy! Qué mandona eres, cariñito.
Habían tres paquetes. Abrió primero el sobre, que era el regalo de las dos.
--¡Cincuenta dólares y unas cartas que voy a usar para prender el fuego de la parrilla! ¡Gracias, chicas! --gritó y nos abrazó con tanta emoción que podría alegrar a un convento. Yo le pegué en la cabeza--. ¡Ay, las quiero tanto!
Prosiguió a abrir mi regalo. Era una remera, nada de otro mundo.
--¡¿Una remera de Star Wars?! ¡Ay, me caes tan bien, te quiero, Mad!
Nick me abrazó con una fuerza sobrehumana y yo se lo devolví con aún más energía.
--¡Qué halagado estoy, chicas! --chilló y reímos.
Belu le alcanzó su regalo. Sonreí abiertamente. Con este regalo sí que estallaría.
--¡¿El GTA cinco?! ¡¡Ay, hermanita, te pasaste!!
Tuvimos un abrazo grupal y Nick parecía maravillado.
--¿Cuál es tu regalo, James? --le preguntó Belu.
--Con él hicimos un pacto: nuestro regalo será no regalarnos nada --afirmó él y Nick asintió.
--No voy a gastarme mis ahorros en un idiota, por favor.
Luego de eso, llegaron sus padres en el auto. Se suponían que traían cerveza para la fiesta.
--¡Madison! --me saludó Jacob y lo fui a abrazar.
--Hola, Jacob.
--¡Cariño! --apareció Johanna--. Llegaste justamente para ayudarnos con las bebidas.
Así que eso hicimos: llevamos todo a la cocina, pusimos la comida en diferentes recipientes y escuchamos a Johanna quejarse de que había limpiado la casa en vano, porque ahora vendrían unos "adolescentes borrachos y sudorosos" y la ensuciarían. Cuando oscureció, los padres desaparecieron y ni me di cuenta de a dónde se fueron.
--¡En quince minutos llegará la gente! --Belu movía con frenesí las cosas de la casa y escondía objetos valiosos o fáciles de romper. James la miró con miedo y me entraron ganas de reír ante su cara.
--En realidad, tendrían que haber llegado hace media hora... --aclaré y ella bufó.
--¡Madison, no entiendes nada! --se acercó a mí y me zarandeó--. ¡Las personas que vienen son borrachos! ¡Borrachos, Madison, BORRACHOS! ¡Su rango de puntualidad es de entre cuarenta y cinco minutos y una hora tarde! ¡¡Claro que no van a llegar temprano!!
Se separó de mí y siguió poniendo la casa en orden. Nick, mientras tanto, elegía la música adecuada y le daba el toque final a las luces.
James se paró a mi lado, se inclinó hacia mí y se puso una mano alrededor de la boca.
--¿Vamos a mi cuarto? --dudó en un susurro y yo le sonreí.
--Ya era hora.
James me guiñó el ojo y se alejó de mí.
--¿Podemos ir arriba, hermanita? No tengo ganas de saludar a la gente y fingir que me caen bien --le pidió James.
--¡Claro, James, no me ayudes en nada, como siempre! ¡Ve y date miles de besos con MI mejor amiga y déjame hacer todo el trabajo duro! ¡Agh, te odio, James! ¡Desaparece ya de mi puta vista!
Aunque me dieron ganas de corregirla, no lo hice. Nick me dirigió una mirada llena de miedo y la siguió ayudando, por lo que supe que, si no nos íbamos ya, acabaría como él. Corrí a la cocina y robé un par de paquetes de papas fritas, palomitas del armario, un muffin y botellas de Coca-Cola. Divisé un objeto que me serviría luego y me lo guardé. Escondí el muffin en mi bolsillo.
También agarré la bolsa con mis regalos para James y mi mochila del colegio.
--¡Sal de aquí, Madison! --espetó Belu y su hermano y yo nos escapamos escaleras arriba.
Cuando pasé por al lado de la puerta de la vela del otro día, no había ninguna luz saliendo de esta. Lo que sea que hubieran estado escondiendo estos no estaba más. Sospechoso.
Me metí en el cuarto de James. Ya lo conocía de antes, un par de veces habré entrado en mi vida.
James tenía una cama de dos plazas, una televisión no demasiado grande, un armario al lado de esta, un escritorio realmente ordenado, una estantería con libros y una vista al patio de su casa enorme. Las paredes eran beige y el piso era oscuro. Su habitación era bastante bonita, a decir verdad.
--¿Netflix? --preguntó James, tirándose en su cama. Asentí.
--¡Por supuesto!
Lo copié y noté inmediatamente lo cómoda que era esta.
--¡Oh, por dios, esta cama es comodísima! --exclamé, soltando la comida, bebida y regalos, y abrazando una almohada. Vi que James dejaba vasos en el piso.
--Eres bienvenida aquí cuando quieras, corazón. Mi cama siempre tendrá un lugar guardado para ti.
Me ruboricé, me mordí el labio y me llevé una mano a la cara. Él rió.
--¿Paro con lo pervertido? --añadió y yo asentí, echando una risa.
--Por favor. ¡Aparte acabas de decir la frase más cliché de todo el universo!
Entre más chistes, James puso una peli de terror: Unfriended. Bueno, más o menos de terror. Daba risa. ¡Pero eso no importa! ¡Lo que importa es que existe alguien que se compadece de mi amor por el terror!
--No suelo ver muchas películas, si te tengo que ser sincero --admitió.
--Deja de mentirme --bromeé y, al ver que él no mentía, fruncí el ceño--. Eres raro --eché unas risas y él se unió--. Lo siento. Yo miro muchas películas pero prefiero los libros.
--Esa es la historia de mi vida.
Nos callamos al escuchar las primeras conversaciones en la parte de abajo de la casa y la música siendo puesta.
James le subió el volumen a la película, cerró la puerta con llave y abrió los paquetes de comida. Yo serví en los vasos la bebida. Noté que James estaba como ido.
--¿Te pasa algo?
--No, la verdad es que no --mintió y lo miré con reproche--. ¡Vale, vale! Sí que me pasa algo.
--Dime.
--Es sólo que... hay algo que me parece extraño en todo esto --murmuró el chico a mi lado.
--¿"En todo esto"? Qué intriga --solté y él me sonrió.
--Hay veces que me pareces muy enigmática, Mads. Me explico. ¿Por qué aceptaste la idea de quedarte con un chico que siempre te molesta viendo películas en vez de ir de fiesta con tus dos mejores amigos? --me preguntó y me dirigió una mirada llena de seriedad. Mi corazón se rompió ante la pregunta--. No valgo tanto la pena.
Fruncí el ceño y le apoyé una mano en el hombro. Él ya no me miraba.
--Ya no me molestas. Bueno, al menos no tanto como antes.
--Admite que no valgo tanto la pena.
--Me lo paso bien contigo y es tu cumpleaños.
--También es su cumpleaños --argumentó.
--No voy a dejarte solo en un día tan especial como este. Nick tiene gente con la que pasar el tiempo, no estaría ni dos segundos conmigo.
--Traducido: estás conmigo porque te doy pena y porque el otro tiene más amigos que yo.
--No me das pena --me sinceré--. Y, hay que ser honestos, él sí que tiene más amigos que tú, pero son superficiales. No le durarán nada la mayoría.
--Eso no me responde la pregunta.
--James, el problema en tu declaración es que no tengo nada que responder. Ya te contesté la pregunta hace rato. Me caes demasiado bien, eres mi amigo y, aunque me arrepienta en el futuro de decírtelo, te aprecio más de lo que crees. Puedes ser cualquier cosa mala en este mundo, pero no voy a abandonarte. Ahora, ¿puedes dejar de mirarme con esa carita de perro mojado?
Él me sonrió, me abrazó y se me derritió el corazón. Ahí en sus brazos sí que estaba cómoda. Podría quedarme aquí toda mi vida.
Nos separamos y me quedé mirándolo. Me gustaban sus ojos. Estaban muy oscuros ahora, casi adecuados al tono de la habitación. Y su sonrisa...
Una carcajada de la planta baja me sacó de mi sueño y pegué un salto.
--¿Una papa frita? --le ofrecí el paquete.
Traté de ocultar lo ruborizada que estaba. ¡Hormonas!
Terminamos esta película rozándonos apenas las manos. Sin admitirlo en voz alta me dije que me gustaba su tacto.
Él puso otra peli de "terror" y no pasó nada de otro mundo. Yo miraba constantemente mi celular para ver la hora, le mandé dos veces un mensaje a mamá y trataba de no observar a James por demasiado tiempo.
Cuando faltaban dos minutos para las doce me levanté, agarré el regalo, pausé la película y me senté a su lado.
--Faltan dos minutos para que puedan ponerte oficialmente en la cárcel si cometes algún delito --anuncié.
--¡Hurra! Qué lástima que no haya una torta para celebrarlo.
Me reí. Qué iluso.
Saqué de mi bolsillo el muffin y el objeto que me ayudaría en este momento: una vela.
--O tal vez sí que la hay.
A él le brillaron los ojos y se levantó para buscar su encendedor. Apenas prendió la vela, empezamos a cantar el feliz cumpleaños bajito mientras escuchábamos la misma canción abajo. Él sopló la vela y yo lo aplaudí, llena de emoción.
--¡Ya eres oficialmente un adulto!
--En mi mente me falta mucho para serlo.
Me reí y él se unió. Le pasé mi regalo: un pin de un sinsajo y una edición especial de los libros de Juego De Tronos, que al parecer siempre había querido leer. Cuando los abrió, me miró con un brillo en sus grandes ojos que jamás olvidaré.
--Muchísimas gracias --dijo y volvió a ver los regalos. Se rió y me abrazó--. ¡Muchísimas gracias!
Jamás me olvidaría de este momento. Antes muerta.
--Eres la mejor --susurró.
Cuando nos separamos, sentí como un vacío. Sentía que estaba tan roja que fui al baño a tranquilizarme, luego de decirle que me disculpara. Por suerte, no había gente besuqueándose ahí... diugh, qué asco.
Tomé aire y me miré en el espejo. Me lavé la cara, me hice masajes en las sienes y levanté la cabeza hacia el techo.
¡Putas hormonas!
Me quedé un rato preocupante en el baño, seguro que James se había dado cuenta. Salí y vi la puerta, la ya conocida puerta, y tenía la luz de vela.
Me acerqué lentamente, sin hacer ningún ruido. No iba a quedarme de brazos cruzados, investigaría.
Sin preguntas, sin nada.
Tomé el pomo de la puerta, inhalé y la abrí.
Lo que vi se quedará grabado en mi memoria por el resto de mis días.
Jacob y Johanna se estaban incinerando. ¡Sí! ¡Se estaban quemando vivos! Pero no gritaban, ¡¿por qué no gritaban?!
Justo cuando acercaba a ayudarlos, todo el fuego se dispersó de ellos y adquirieron su forma real, su forma humana. ¿Y su fuego? ¿Por qué no tienen quemaduras, por qué no están muertos? ¿Por qué me miran como si yo hubiera descubierto su gran secreto?
Bueno, la respuesta a la última pregunta es fácil.
Yo acabo de descubrir su gran secreto.
Y salí corriendo.
 
Editado 18/10/17.
 

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