Capítulo 15.

Ignis (Pars #1)

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Abrí mis ojos de a poco y no entendí nada. ¿Dónde estaba? Me los froté y me desperecé. Era mi habitación. ¿Cómo mierda había llegado aquí, si yo estaba en la casa de los King ayer?
¿Por qué no me acordaba de nada de lo que había pasado? ¿Acaso había tomado?
No, estaba cien por ciento segura de que no. Yo no bebía, ni una gota. El dolor de cabeza venía de otra parte. ¿Qué había pasado?
¿Por qué me acordaba de dos personas... quemándose? ¿Acaso alguien me estuvo alzando ayer? ¿Y por qué ante ese recuerdo siento como si me estuviera moviendo sin cesar?
¿Había estado corriendo? Pero, si corrí tanto como mi memoria se acordaba, ¿por qué no me dolían los músculos?
¿Qué mierda pasó ayer? ¿Por qué no me acuerdo de nada?
Corrí la vista hacia mi mesa de luz. Eran las dos de la tarde. Y sobre el reloj había una nota. La agarré y la abrí, confundida ante ese detalle.
"Te he preparado la comida, cariño.
Avísame cuando te despiertes, tenemos que hablar. No te preocupes, no estoy enojada contigo.
Te quiero,
Mamá."
Doblé la nota y la dejé por ahí. Tomé mi celular para ver si tenía algún mensaje: cero. Lo que me quedaba hacer era obvio.
--¡Ma! --la llamé.
Apenas me oyó, ella subió con un plato con rebanadas de pizza y un vaso de agua. Ella me sonrió con la típica sonrisa maternal.
--Mad, me alegró ver que ayer llegaste sin problemas a casa --me dijo, pasándome la comida. Apenas olí el plato me di cuenta del hambre voraz que tenía--. Pero tengo que decirte algo. Y debes comprenderme sin hacer muchas preguntas.
--¿Me estás pidiendo que no haga preguntas? --inquirí, levantando una ceja y mordiendo un pedazo de pizza. Mi cuerpo reaccionó al instante y se tensó--. Soy igual a ti. Claro que haré preguntas.
Ella cerró los ojos y asintió. Sólo faltaba que alguien dijera touché.
--Estoy haciendo todo lo que tengo al alcance de mis manos para protegerte del mundo malvado en el que vivimos, Madison --me miró a los ojos y vi cómo los de ella se apagaban lentamente--. Tú no te das cuenta de eso, y te entiendo, mi amor. Yo tampoco lo haría.
Asentí. Presentía para dónde iba la conversación.
--¿Me pedirás que me separe de él, verdad?
Esta vez le tocó a ella asentir.
--Lo siento, cariño.
--No sé qué decirte, ma. Es mi amigo.
--Lo sé, pero conlleva un montón de riesgos estar con él.
--Riesgos que estoy decidida a tomar. Él no es tan malo como parece --intenté persuadirla, pero fallé.
--Mira: voy a dejarte tu tiempo, Madison, para que lo pienses. Y sé de lo que estoy hablando, no estoy inventando la idea de que ellos son... no importa --se interrumpió y se acercó a la puerta--. Si necesitas algo, llámame.
--De hecho... sí, tengo que preguntarte algo --avisé y ella asintió--. ¿Puedo ir hoy a desearles un feliz cumpleaños a los gemelos? --pedí y ella me dirigió una mirada irritada, pero yo le supliqué--. Bueno, tal vez sólo a Nick. ¡Por favor! Sé que no debo estar con ellos, pero son mis mejores amigos y cumplen dieciocho años. ¿Por favor?
Ella suspiró.
--Que Nick venga aquí. Si quiere, con Belu. Toma tus precauciones cada vez que los veas y te prohibo ir a su casa --salió de la habitación, aunque luego volví a ver su cabeza por el umbral de la puerta--. Y no quiero que te levantes mucho de la cama, con todo lo que corriste ayer...
--¿Cómo...?
Pero ya había cerrado la puerta y se había ido. Bufé. Nadie era capaz de decirme cosas concisas, detalle que, como ya habían notado, odiaba.
Le mandé un mensaje rápido a Belu invitándolos a casa y me comí la pizza. Una hora después, una mano ya tocaba la puerta.
--¡Pase! --exclamé y entraron ambos hermanos, uno de ellos con la camiseta que le regalé ayer.
--¡¡Feliz cumpleaños, Nick!! --lo felicité y me abalancé sobre él--. ¡Te pusiste mi camiseta! --me sorprendí y el chico cumpleaños asintió.
--No grites tanto, Madison, que estoy con resaca. Igualmente, gracias --se expresó Nick y luego se tiró al piso, más concretamente a la alfombra.
--La fiesta de ayer fue... increíble --admitió Belu, que se apoyó en el pie de la cama--. Qué mala suerte que te hayas ido con James... Para mi, lógicamente. No para ti, que debes haber estado metiéndole la lengua hasta la garganta todo el rato.
Se me prendió la lamparita cuando dijo eso.
--Eres asquerosa, Belu. Y sí, la habríamos pasado genial --comenté, aunque sólo para poder cambiar de tema sin quedar muy brusca--. Oigan, chicos, ¿tienen alguna idea de lo que pasó ayer...? --les pregunté y me rasqué la nuca--. No me acuerdo de nada.
--¿Tomaste? --inquirió Nick y negué con la cabeza.
--Sabes que no. ¿Alguno de ustedes dos sabe o puedo ir queriéndome matar?
--Te contestaría si me acordara algo de lo que hice YO ayer --fue sincera Belu, recalcando la anteúltima palabra, y asentí con dicha--. No pasa nada, Mad; ya te acordarás de todo. Y, si eso no pasa, cuando se nos acabe la resaca te diremos.
--Igual, yo sí me acuerdo que estuviste con James todo el rato --Nick levantó un dedo y frunció el ceño--. No creo que hayas estado con nosotros. Si me disculpan, tengo que usar el baño.
Él se levantó y se fue, frotándose la cabeza. Yo miré a Belu, quien parecía dolorida pero, dentro de todo, feliz.
Bueno... feliz hasta que su expresión se cubrió por una sombra de preocupación.
--Ay, Mad, tengo que decirte un secreto --murmuró Belu y me acerqué a ella--. Todo el mundo está increíblemente extraño estos días. ¿Lo notaste?
Abrí los ojos. ¿En serio, que si lo había notado?
--Sí, eso es lo que viene pasando desde que empezaron las clases, más o menos. ¡Te lo había dicho!
--Sí, claro. Bueno, yo no soy hermana biológica de ninguno de los dos, como ya sabes..., pero te das cuenta de cuando un familiar está experimentando tiempos difíciles o cuando está muy feliz, mucho más de lo normal --murmuró y yo asentí. Tenía toda la razón del mundo--. Nick, aunque también seamos amigos y sea mucho más fácil leerle el pensamiento, parece más... --jugó con sus manos en busca de su palabra--, desconfiado, más discreto y hay veces que demasiado tenso. James, en cambio, siempre fue cauteloso y escéptico, por lo que nunca esperé verlo tan... ¿contento? ¿Risueño?
Me costaba imaginarme a los dos con esas actitudes, pero veía hacia dónde se encaminaba la conversación.
--Entiendo tu punto.
--Es como si se estuvieran cambiando las personalidad... aunque tampoco es como si Nick empezara a ser un misterio y James un chico sin orgullo, o sea, hay que ser razonables.
Me reí ante la manera en la que lo dijo, con tanta tranquilidad. Solía ser tan directa y simple que la adoraba con todo mi corazón.
Pero luego de reírme me acordé de algo muy importante. Ahora que nos confesábamos cosas, tenía que preguntarle. Quedaría mal, pero no perdía nada por intentar.
--Belu... no me mires con extrañeza, primero que todo --levanté las manos, dejando en claro ese punto--. Y segundo... ¿tú crees que es posible ver a gente quemándose... viva?
Ella frunció el ceño, pero asintió
--Verla, sí, se puede ver. Y después les puedes ver las cicatrices, o, en un caso extremo, los huesos --respondió, subiendo y bajando las cejas en un ritmo acelerado.
--No me refiero a eso --suspiré--. Me refiero a que... ayer... recuerdo haber visto a dos personas incinerándose. Sin morirse. Sin ningún tipo de problema físico.
Ella levantó una ceja y me mantuvo la mirada. Luego la desvió y se empezó a reír, palmeándose la pierna.
--¿Segura que no bebiste? ¿O te esnifaste alguna sustancia... prohibida?
Y se siguió riendo a carcajadas. Yo me estaba empezando a incomodar mucho porque empezaba a dudar de si prefería que Belu me mirara con rareza o se riera de mí.
Cuando se calmó, se secó una lágrima y se recompuso.
--Belén King.
--Dime.
--Esto es serio. No estaba borracha.
--¿Colocada? --dudó y yo me indigné.
--¡Ni drogada, ni colocada!
--¿Habías visto pelis de terror? --consultó y asentí--. Tu respuesta ha sido dada.
--No creo que sea un recuerdo tan vívido si hubiera estado en la película. Y estoy segura que no era de gente fuego.
--Calma, Mad. Esa es la única explicación razonable. No creo que haya gente en esta dimensión que tenga... superpoderes. Tranquilízate y respira, que todo esta bien.
Suspiré y me relajé. Tal vez no había pasado, como Belu demostró. Era lo más fácil de pensar, lo que más sentido tenía. Después de todo, no estaba segura de nada de lo que había pasado ayer.
Pero no me rendiría, no aún. Averiguaría mucha información, eso seguro.
Cuando oímos pasos en el pasillo, las dos nos llevamos el dedo pulgar y el índice con las huellas pegadas de un extremo de la boca al otro, indicando discreción.
--Volví --anunció Nick, cerrando la puerta de la habitación.
--Capitán Obvio --rodé los ojos.
--¿Me perdí de algo? --curioseó y yo negué con la cabeza.
--Si crees que no escuchar a Belu quejarse de su dolor de... absolutamente todo su cuerpo es perderse de algo... entonces, ¡sí, Nick, por dios! ¡Tendrías que haber cagado más rápido! --exclamé, llevándome la mano al pecho para añadir dramatismo y credibilidad.
Él rió y eso es lo que hicimos hasta que se tuvieron que ir. Bajé con ellos las escaleras y noté que ya había oscurecido. Ellos se toparon con mi mamá en su camino a la puerta, quien los saludó y, apenas le dieron las espaldas, los miró con desconfianza.
Era evidente que para ella ya los King no significaban lo mismo. Antes mamá podría tranquilamente haberse hecho pasar por su propia madre de tanto que se querían.
Mamá los miraba con enojo, frialdad y decisión; los miraba como si ellos fueran el demonio personificado, como si hubieran cometido el peor de los delitos, como si se hubieran pasado de la raya un millón de veces.
Mamá los miraba como si ellos fueran el enemigo.
 
Editado 22/10/17.

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