Capítulo 16.

Ignis (Pars #1)

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Los domingos estaban hechos para terminar los deberes que no terminaste los días anteriores, estudiar o procrastinar. Yo no era la excepción: este magnífico domingo me lo pasé entre hojas y hojas de resúmenes. Aunque nunca estudiase (soy de esas pocas personas que tienen esa memoria increíble y prestan mucha atención), ese día era necesario. Tenía tres exámenes el lunes, todos ellos importantísimos. Y, aunque me quejé, mis profesores tenían mucha más mala leche que yo y me ignoraron. Genial.
Utilicé ese día de mierda para despejarme de todo: de mi familia, amigos y recordatorios de que mi vida estaba cambiando sin yo darme cuenta. No sirvió mucho, ya que el lunes tuve que volver a recordar las caras que tenía que olvidar por mi propia salud.
Mientras caminaba por los pasillos del colegio decidí que la falta de buenas amistades que tenía últimamente me estaba afectando y que tenía que organizar algún plan con alguien que no fuera una supuesta "mala influencia". Como mi lista de amigos actualizada era más corta que mi cerebro, le rogué a Lily que viniese conmigo a tomar algo, pero no podía porque debía estudiar. Admito que también no esperaba mucho de ella porque nunca puede salir, así que lo que hice fue estúpido.
¡Pero cómo podía ser que dependía de cuatro personas, si yo antes era capaz de organizar algo con cualquiera que me dirigiera dos palabras entre clases...! Cambiar no es tan genial como parece a veces, ¿eh?
Entrando a la última clase del día ya estaba tan deprimida por ese pensamiento que no tenía muchas más ganas de salir. Y, lo que es peor, tenía francés. ¡Qué mierda de vida!
Con la mirada en bajo vi una sombra al otro lado del pasillo. Levanté la vista y descubrí que era Colin con unos libros en las manos... y una adorable sonrisa.
Madison sabía que este era su ángel caído de los cielos, así que se acercó a él y se dio cuenta de que estaba ¡más guapo! que de costumbre. (Tendría que parar de hablar en tercera persona, lo siento.) Cuando le pregunté por ir a hacer algo, asintió complacido y me aseguró que podíamos ir a su casa a tocar alguna canción.
Por lo que aquí estábamos, entrando a su para nada humilde vivienda.
--Mi madre tiene un piano, así que puedo pedirle para que te lo preste. Yo me quedaré con mi amada guitarra --me dijo y le sonreí, muy agradecida.
--Me parece perfecto.
Colin cerró la puerta, desapareció por las escaleras, yo le mandé un mensaje a mamá avisándole de mi estadía aquí y luego él volvió con su guitarra en manos.
--Ven, el piano está en la sala.
Lo seguí y me di cuenta de lo hermosa que era su casa. Sus muebles, todos impecables, parecían costar un dineral; la madera de los pisos relucía a la luz de los ventanales, tenían una biblioteca perfectamente acomodada con cada uno de los adornos bien colocados, sus cortinas habían estado elegidas con buen gusto y los cuadros eran exquisitos. Aparte, ¡la televisión era enorme!
--Tu casa es maravillosa --solté, casi sin darme cuenta de la adoración con la que lo dije.
Él rió, contento. Se notaba que estaba a gusto conmigo como yo lo estaba con él.
--Maravillosa es una palabra refinada... Me gusta. Muchas gracias.
Yo me acomodé en la silla de debajo del piano y me relajé con un par de estiramientos. Él se sentó en su sillón y sacó la guitarra de su estuche.
--¿Sabes alguna canción para tocar a dueto? --le pregunté y él negó.
--Ninguna con piano. Bueno, un par, pero no son muy fáciles. Supongo que podemos improvisar --concluyó y asentí.
Nunca había disfrutado tanto de tocar desde hace mucho tiempo. La música entraba por nuestro cuerpo y nos encantaba con sus notas. Me sentía realmente a gusto con Colin y había hecho que mi día mierdoso fuera un poco menos triste.
Colin era muy respetuoso. Era alguien que infundía felicidad y alegría. Las dos horas que me quedé con él las disfruté muchísimo y andaba necesitando alguien con quien compartir la música.
Cuando salí de su casa, lo hice bailando. Recorrí mi camino hasta casa marcando un ritmo con mis pies y apenas llegué a casa tomé el violín y empecé a tocar miles de melodías que se me habían pegado de la mini-canción que compusimos. Estaba realmente feliz, por lo que mis manos iban a un ritmo acelerado y lleno de viveza.
¡Echaba ese sentimiento tanto de menos! Me animé tanto que en algún momento estoy segura que toqué el cielo con las manos. ¡Qué profundo placer sentía hasta que... mi hermano hizo su aparición en mi cuarto!
Entró casi sin hacer ruido, por lo que no lo noté al principio. Yo tenía mis ojos cerrados y estaba tan concentrada que no había manera de hacerlo. Pero, luego, cuando terminé mis melodías él empezó a aplaudir y eso me sorprendió tanto que pegué un salto.
--Hace mucho que no te escuchaba tan inspirada --murmuró y yo le sonreí mientras trataba de acompasar mi respiración.
--Supongo que ya no toco mucho --admití y bajé la mirada, recordando la cara de mi hermano más adulto cuando tenía dieciséis años.
--No te deprimas, ¿eh? --me sonrió con fraternidad y asentí--. Él está en un lugar mejor, donde quiera que eso sea.
Suspiré.
--No se merecía nada de lo que le pasó.
--A veces me pongo a pensar en eso. No, no se merecía la muerte tan temprana, pero... él vivió con una sonrisa. Siempre que lo analizo llego a la misma conclusión: él murió feliz. Estaba empezando a aceptarse tal como era y llegó a cumplir su sueño. Era... era un genio --comentó y yo vi cómo sus ojos se empañaban. Se los secó y se recompuso--. Bueno, te voy a decir lo que te tenía que decir rápido porque tampoco quiero distraerte de tu momento. No voy a andarme con rodeos: lo siento, Mad, por todo el infierno por el que te estoy haciendo pasar con el tema de los King.
¿Y ese cambio de tema tan brusco...?
--¿Qué? ¿De qué estamos hablando?
--Lo siento, me tengo que ir.
Y se esfumó. Yo estaba en un momento tan vulnerable que ni cuenta me había dado de que ya no tenía nada que ver la conversación con Chris. Cuando le di vueltas al tema, me agarró rabia. Mucha. Demasiada. Él había venido, me había hablado de Christian y luego se fue disculpándose por todo el problema de los King, dejándome con la guardia baja. ¡¿Y qué coño tenía que hacer yo con era información? ¿Metérmela por el culo?
¡¿Cómo mierda tenía que reaccionar?! ¡¿Lo tiraba por un puente?! ¡¿Me tiraba yo por un puente?!
¡¿Qué coño tenía que hacer?!
"Controla tu rabia", mi mamá solía decirme. "La violencia no soluciona nada." ¡¿Qué fácil es decirlo, verdad?! ¡Pero qué difícil era hacerlo!
Ya está. No le haría caso.
Mi hermano se aprovechó de mi tristeza para disculparse y se fue como un cobarde.
Dejé mi enojo fluir por mis venas y empecé a sudar como loca. Un viento abrió mi ventana de un impulso y me di cuenta de que mi vaso con agua (que estaba en el escritorio) empezó a levitar. ¡Sí, a volar!
Me llevé tal susto que se cayó al piso y suerte que era de plástico. Los libros de mi biblioteca se estaban moviendo también y, cuando me asusté, dejaron de moverse.
¡¿Pero qué coño era esto?! ¡¿Desde cuándo las cosas se mueven?! ¡¿Era eso físicamente posible?!
Tenía que salir ya de aquí. Esto no era normal. ¿Estaba drogada? Esto era lo más raro que había presenciado en mi vida.
Tomé un abrigo y salí disparada. El aire fresco me tranquilizó un poquito. Mi mente estaba en blanco. ¿Cómo podía encontrarle sentido a lo que acababa de pasar?
No era verdad. No podía ser cierto. ¿Qué clase de ciencias me había saltado que no sabía que las cosas podían volar? ¿Desde cuándo los objetos se mueven solos y las personas se queman sin lastimarse? Esto tenía que ser un sueño.
Una pesadilla. Sí, era eso. ¡Era definitivamente eso! ¡Despierta, maldita inútil!
Caminé un par de cuadras, sin atreverme a volver a casa. No tenía ningún rumbo concreto, sólo pasos. Mis recuerdos estaban borrosos y no podía pensar con claridad. Mi vida estaba patas arriba y mi pensamiento no podía aclararse.
En algún momento divisé a una silueta elegante moverse con rapidez al final de una calle. Esa postura me sonaba... ¿Y quién tenía tanta gracilidad para caminar como James King?
Tenía que ser él.
Tal vez podía preguntarle a él si sabía algo de todo esto. Él no me mentiría, ¿no? No lo haría, no como antes.
Pero parecía muy apurado. ¿Podía interrumpirlo?
¿Seguirlo contaba como acoso? Seguro que sí, pero no me importaba. Ya muchas cosas no lo hacían.
Me acerqué a él con sigilo. Cuando se adentró en el bosque me dije que no tenía nada para perder, así que entré con él. Trataba de ir lo más lento posible, porque si no me vería y no era lo que quería ahora.
Me escondí detrás de unos arbustos cuando vi a James acercarse a un chico que se ocultaba bajo la sombra. Sus ojos brillaban de un color azul grisáceo.
--Sean, aquí estoy --saludó el de ojos rojos y yo me llevé un impacto. ¿Qué hacía Sean juntándose con James? ¿Por qué en el bosque y no en otro lugar? ¿Cómo salió tan rápido de casa?
--¿Seguro que viniste solo? --inquirió mi hermano mayor y él otro asintió.
--Seguro.
Sean salió de entre las sombras y lo primero que vi fueron sus transpiradas ropas. Qué asco.
--Te aseguro, Jones, que no voy a delatarlos. ¿Para eso estoy aquí, verdad?
¿Delatarlos? ¿A Sean y a quiénes más? ¿James era un traidor?
--Puedes hablarme, no voy a lastimarte --añadió.
--No soy un niñito, King. Ya sé que no vas a tocarme un pelo, no ahora. No es a mí a quien me importa que lastimes.
James se quedó en su lugar, impasible.
Y, por alguna razón, supe exactamente a quién se refería.
--A mí si quieres puedes partirme la cara, King --escupió Sean--. Puedes matarme, acuchillarme hasta que me desangre en el suelo, ahorcarme con tus ardientes manos. Hazme lo que quieras, King. Pero te prohibo que te acerques un centímetro a ella. ¿Está claro?
--Clarísimo. Te obedeceré.
--Deja de decir falacias que no te crees ni tú mismo. Todo este tiempo eso fue lo único que hiciste, estar con ella. No me mientas.
Un viento que te dejaba los pelos de punta apareció, lo que hizo que Sean pareciera aún más temible. Sus ojos empezaron a brillar en un color blanquecino con toques azules y James levantó las manos en un intento de calmarlo.
--Ella no querría esto, Jones. No me obligues a lastimarte.
--¡¿Y tú qué mierda sabes de ella, eh?! --le gritó Sean y esa fue la gota que colmó el vaso.
Su sudor le caía a chorros por la cara y se levantó del piso volando. ¡Estaba volando! ¡Estaba volando, mierda!
James se quedó en su lugar y se volvió fuego puro, ¡como sus padres! ¡Se estaba quemando! ¡¿Qué mierda estaba pasando?!
¡¿Desde cuándo las personas se queman y vuelan?! ¡¿Cuál es la conclusión que hay que sacar de todo esto?! ¡Es inexplicable! ¡Me estoy volviendo jodidamente loca!
Sean hizo un movimiento circular de manos, creó agua (¡agua que volaba sobre sus manos desnudas!), adelantó la palma de su mano derecha hacia James con rapidez y el agua se desplazó (¡¡volando!!) hacia James, quien esquivó la bola. ¡¿Lo estaba queriendo herir?!
Mi hermano repitió esas circulaciones y siguió atacando a James, quien le dirigía bolas de fuego (¡como en Avatar!). Era como una secuencia: por cada embestida que recibía uno, el otro devolvía. Parecía un espectáculo de luces.
Una de las bolas de fuego fue a parar al hombro de Sean, lo que lo hizo levitar menos. Él gruñó y mi respiración de cortó al reparar en lo amenazante que se veía. Parecía a punto de romper cualquier cosa que se le pusiera enfrente, sobre todo si era la cara de James. Sus ojos estaban tan brillantes que cegaban y su semblante estaba tan tenso que parecía a punto de romperse. Parecía muy afectado por la bola, así que se dispuso a volver a atacar, hasta que...
...sí. Hasta que su hermanita fue a pararlo. No iba a permitir que mis personas más queridas se hicieran daño entre sí.
--¡¡Basta ya!! --chillé, levantando los brazos en un ángulo de noventa grados.
Ambas miradas se clavaron en mí y sentí un pavor inexplicable. James se volvió un humano normal y Sean dejó de flotar, volviéndose un animal sudado. El viento se frenó. Los ojos de ambos dejaron de brillar lo más mínimo.
Me auto-corregí. Esta era definitivamente la cosa más rara que había presenciado en mis diecisiete años de vida.
 
Editado 27/10/17.

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