Cap 25

Averno (YAOI)

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El sentido volvía a Dan poco a poco. Le dolía la cabeza y se sentía totalmente desorientado a pesar de estar tumbado en el suelo. Abrió los ojos poco a poco, sufriendo la luz cegadora que le rodeaba, aunque no era tan fuerte como él pensaba. Miró a su alrededor, volvía a estar en la celda de cristal.
 
-Hey, ¿estás bien?
 
Dan se volvió bruscamente hacia la voz que se filtraba a través de los agujeros. En la celda que antes estaba vacía ahora estaba Dorian. Lo miraba fijamente, apoyado en el cristal, exactamente igual que hace... ¿unas horas? La cabeza empezó a darle vueltas al recordar el disparo y al intentar tocar su frente se dio cuenta de que estaba maniatado.
 
-¿Qué ha pasado?
 
-Aaron te disparó... Me distéis un susto de muerte, ¿cómo iba a saber yo que te podías regenerar?- apoyó su cabeza contra el cristal, sin llegar a tocarlo gracias a los cuernos.
 
-Así que... todas esas cosas... ¿eran reales?- Dan empezó a divagar por todas esas ocasiones en las que se creía muerto y después de despertar estaba perfectamente. Ya había considerado la posibilidad de tener alguna clase de habilidad, pero de considerarlo a creerlo hay un buen camino y Dan había preferido dejar el tema a parte, al menos hasta que las cosas se calmaran un poco... aunque ahora dudaba de que algo se fuera a calmar.
 
Dorian miraba a Dan, o más bien el amasijo de nervios y confusión en el que se había convertido. La expresión asustada y la desesperación de su mirada no era algo que no hubiese visto en otros... A lo largo de los años muchas personas habían estado en el mismo lugar que Dan, algunos normales y otros Daemons, pero todos tenían eso en común, el miedo. Tampoco era la primera vez que había visto un Daemon tan perdido, muchos en realidad, Durante todos esos años los había visto volverse locos, perder su humanidad y hasta... suicidarse.
 
Sacudió la cabeza, alejando todos aquellos recuerdos tanto de amigos como de amantes...
 
-Mira... pase lo que pase... no hagas ninguna estupidez.- Dorian lo miró muy serio, era el mejor consejo que podía darle.
 
Momentos después, Aaron entró en la sala, acompañado de un hombre mayor y trajeado, parecía una persona importante, de las que salen por la televisión dando charlas y esas cosas.
 
-Como puede ver, señor, nuestra mercancía es de la mejor calidad.- Aaron caminaba por el lugar como si fuera una joyería.- Puede elegir el que más le guste...
 
El hombre caminaba por delante de las celdas, como si estuviera en una perrera. Todos a los que podía ver Dan se estaban pegando al fondo de las paredes de las celdas, intentando fusionarse con estas, mientras que el hombre los miraba divertido ante aquellas muestras de terror. Dan se negaba a hacer la maldita croqueta, así que se mantuvo todo lo firme que se puede estar en el suelo, Dorian se limitó a observar inexpresivo. El hombre se detuvo a mirar a Dan y Aaron se acercó a él con una sonrisa maliciosa.
 
-Tiene buen gusto, señor. Es una elección perfecta para usted, se lo garantizo.- El otro no dijo nada, se encaminó hacia la salida satisfecho. Aaron chasqueó los dedos y su cara cambió por completo mientras aparecían sus hombres.- Sacadlo de ahí y llevadlo a la habitación 801.
 
Aaron se fue por donde se había marchado el hombre. Agarraron a Dan para sacarlo bajo la escalofriante mirada que les estaba echando Dorian, que no podía hacer otra cosa que dar vueltas por la celda enfurecido como si fuera un león enjaulado...Odiaba tener que simplemente mirar como aquellos pobres chicos se encaminaban al sufrimiento.
 
Lo llevaron por los elegantes pasillos en silencio hasta llegar a la habitación, uno de los hombres llamó a la puerta, abriéndola solo tras el seco "adelante" del inquilino. Éste se encontraba tranquilamente bebiendo en un sillón que parecía condenadamente caro, vistiendo únicamente una bata de baño.
 
-Largaos.- Dijo con una voz amenazante.
 
Los hombres que acompañaban a Dan, sin decir nada lo abandonaron allí, maniatado como estaba y cerrando con llave la única vía de escape. El hombre...no, el viejo se levantó de su sofá mientras daba vueltas a la copa que tenía en la mano y se acercó a Dan hasta quedarse frente a él.
 
-Ponte de rodillas.- su voz profunda y autoritaria no dejaba dudas, pero Dan solo lo miró incrédulo.
 
-¿Qué?
 
La patada no se la esperaba, una estudiada patada que lo obligó a arrodillarse inmediatamente y le dejó la pierna entumecida.
 
-¡Cabrón!
 
Hizo ademán de levantarse, pero el viejo le sujetó la cabeza firmemente con su mano libre, obligándole a mirarle. Dan le dio una mirada de odio terrible, pero eso era justo lo que quería el viejo. Alzó la copa y vertió su contenido sobre la cabeza de Dan, empapándolo.
 
-Estas aquí para servirme, ahora mismo soy tu amo y haré lo que quiera contigo. Tu deber es obedecerme, sin una sola queja o si no...
 
Arrastró a Dan, cogiéndole por el pelo hasta la cama que se encontraba en el centro de la habitación.
 
-¡NO!- Dan gritó desesperado, pero eso al viejo solo lo excitaba más.
 
Lo tumbó boca bajo. Sin dudas Dan no podía con aquel viejo tal como estaba pero de todas formas se revolvía, pesaba bastante más que él y no podía defenderse del todo, el viejo estaba echando su peso sobre la espalda de Dan y de esta forma le resultaba imposible respirar correctamente, lo estaba aplastando mientras se frotaba contra él.
 
Cuando Dan estaba casi viendo borroso, el viejo se levantó. Dan cogió una gran bocanada de aire y se quedó inmóvil, exhausto.
 
-Esto acaba de empezar.- el viejo sonrió malicioso y con lujuria.
 
Levantó una de las piernas de Dan, dejando expuesta su entrada y sin cortarse un pelo introdujo tres dejos en su interior. Dan soltó un grito, quedándose sin aire de nuevo y trató de quitárselo de encima a base de patadas. El viejo esquivó las patadas, pero la última le dio de lleno en la barbilla, lo que provocó que se la devolviera en forma de puñetazo, uno directo pero Dan le sonrió desafiante como si nada. Había aguantado cosas peores.
 
El viejo se sorprendió de que el puñetazo no tuviera el resultado que esperaba pero eso no cambiaba sus planes para nada. Sacó un pequeño estuche de un cajón de la mesita y al abrirlo Dan pudo ver el inconfundible brillo del bisturí, el mismo que tantas veces había utilizado en clase de ciencias. El viejo rápidamente dirigió el bisturí a la parte trasera de su pierna, hundiéndolo y arrancándole un grito de dolor a Dan. Intentó patearlo en venganza pero para su sorpresa... no podía mover la pierna.
 
-¡Hijo de...!
 
El viejo se lanzó a su cara, lo agarró por la barbilla, obligándolo a abrir la boca y de un movimiento le cortó la lengua. Dan abrió mucho los ojos, sintiendo como su boca se llenaba de sangre rápidamente y viendo su lengua tirada en las sábanas, gritó como pudo, balbuceando cosas incomprensibles y tratado de escapar del viejo, pero este ya tenía su asqueroso miembro fuera, goteando. Atrapó a Dan rápidamente y se introdujo en su interior mientras jugaba con el bisturí y seguía cortando profundamente a Dan, incluso apuñalándolo.
 
Cuando finalmente se corrió, Dan apenas era reconocible. Las sábanas, que anteriormente eran blancas, ahora estaban teñidas de rojo, al igual que las paredes. Un auténtico escenario de película de terror.

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