Capítulo 7 ; Juicio

Cuentos de Media luna

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En algún lugar remoto, la cueva misteriosa. Lugar de  batalla.
 
 
La situación no paraba de complicarse, Bael estaba recuperado y listo para la batalla decisiva mientras que yo  por mi parte estaba exhausta casi sin fuerzas.
 
 
?concéntrate se que eres mucho más capaz de lo que tu misma piensas, Mantén los ojos abiertos y no pierdas los nervios, pronto podrás invocar tu as en la manga, por ahora sólo se cuidadosa ?
 
 
Las palabras de Nébula me infundieron valor, mi corazón que hasta ahora estuvo inquieto e indeciso encontró la tranquilidad, había una oportunidad, ella tenía un plan y yo había decidido no rendirme.
 
 
<<Esta será otra de mis reglas, regla número 7 ; jamás rendirme hasta el final?>>
 
 
 
—Espero que estés lista mi Lady, este será nuestro último baile y os aseguro que no me pienso contener nuevamente.
 
?Suena muy poético, pero aquí viene no bajes tu guardia!?
 
 
—¡Cómo si me importara, sólo tengo que derrotarte! — la resolución brillaba en mis ojos.
—Vuestro optimismo no os salvará, vuestro destino es la muerte así lo quise yo, así lo sentencie.
—¡Tu maldito…! — dije frustrada.
 
?cálmate sólo quiere hacer que pierdas los nervios debes mantenerte firme?
 
—Tienes razón… no puedo dejarme llevar, no ahora.
—Se acabó  la charla, muere — Bael me apuntó con su dedo índice y sonrió — ¡invoco el poder de la madre tierra, selva salvaje!
 
 
El suelo comenzó a temblar y resquebrajarse, miles de plantas comenzaron a brotar hacia arriba para después perseguirme.
 
 
?¡No dejes que te toquen! ¡estarás perdida si lo haces, esta magia elfica invoca el poder de la naturaleza esas plantas te enterraran bajo tierra!?
 
<<Como si me fuese a dejar atrapar>>
 
—¡Princesa! — gritó Wagner, quien estaba en mal estado debido al daño que Bael hizo a su corazón .
—¡Estoy bien! — contesté. 
 
 
Seguí corriendo a toda prisa saltando y esquivando, debía evitar a toda costa las enredaderas, pero cada vez me era más difícil, los ataques provenían de todos los puntos. Traté de evitarlo por una apertura por arriba pero una de las zarzas salió disparada a mi encuentro hiriendo y aprisionando mi brazo derecho.
 
 
—¡Maldición! — grité de dolor.
—¡Lady Nébula! — dijo  Wagner  con preocupación. 
 
 
Wagner cargó como pudo contra Bael. Llamas azules envolvieron a Bael, quien trató de huir pero las llamas eran implacables dando la impresión de que sólo buscaban consumir a Bael, Wagner lanzó una ráfaga de fuertes vientos, los mismos que había lanzado contra mi cuando me secuestró. Bael lanzó sus enredaderas una vez más las cuales lograron retener a Wagner quién gritó con furia.
 
 
—¡Libérame, voy acabar contigo! ¡yo lucharé para proteger a la princesa Nébula! 
—¡Me gustabas más siendo mi juguete! ¡Desaparece, hijo del trueno!
 
 
El ataque del elfo golpeó de lleno a Wagner quién impacto brutalmente contra el suelo, estaba inconsciente y yo no podía hacer nada.
 
 
?¡Debemos hacer algo, no permitas que pierda la vida Nattalie! Por favor… Wagner ya a sufrido bastante… ya  ha perdido suficiente… ?
 
 
—¡Tendrías que haberte quedado a mis servicios lagartija primigenia, agujero del submundo! 
 
 
Un agujero negro se abrió trayendo un viento que nos arrastraba hacia el, la fuerza de succión no tenía igual, traté de agarrarme a cuanto estaba a mi alcance pero era en vano, acabé justo al lado del cuerpo inconsciente de Wagner el cual poco a poco también estaba siendo arrastrado.
 
 
<< ¡Rápido las llamas! ¡quema todo lo que te rodee, rápido, si pierde la concentración se romperá su técnica! >>
 
 
Cerré los ojos y traté de convocar de nuevo las llamas, un segundo después mi cuerpo ya estallaba envuelto en un fuego abrasador que quemó las zarzas, las piedras, el suelo y todo cuanto entraba en contacto, todo el lugar se torno un mar de llamas, un infierno ardiente que acabaría con él. 
Bael retrocedió cerrándose así el agujero, manteniendo a salvo al dragón, mi respiración era acelerada buscando aire, alcé mis manos y las llamas siguieron mis movimientos, le ataqué quemando sus ropajes e hiriendo su rostro.
 
 
<< Ahora podrás contrarrestar sus jueguecitos >>
 
—¿Sólo llegáis a este insignificante nivel? Lamento decíroslo pero vuestro poder… ¡ no puede compararse al mío, mocosa! 
 
 
Llamas verdes envolvieron el cuerpo de Bael, todo temblaba y tuve un mal presentimiento, pronto comencé a jadear en busca de aire, aire que no llegaba. Seguía tomando desesperadas bocanadas de aire sintiendo asfixia.
 
 
?No puede ser… ¿estas bien? ?
 
<<Siento que me ahogo…>>
 
?Espera, ¡no, ahora no!?
 
<<¡¿Qué sucede?!>>
 
? ¡Esta liberando demasiado nafilice, a este paso… tú! ?
 
<<¿Nafi que? ?>>
 
 ? Nafilice, los humanos lo soléis llamar  “fuerza espiritual” .  Sin embargo, lo que estas presenciando es lo que en las antiguas lenguas del Santo Valhala llamamos  “el gran code cero ”  lo mas peligroso es, que esto es algo que sólo logran los seres de más alto rango. Y precisamente eso es lo que esta creando un ambiente pesado, si sigue así afectará a la gravedad natural, si eso llega a pasar… no creo que puedas volver a levantarte ?
 
<< ¿Qué puedo hacer?>>
 
? ¡invoca mi látigo ahora! ?
 
—¡Látigo de justicia! — dije concentrándome.
 
 
 
El látigo apareció en mi mano, una vez lo blandí no dudé y corrí al encuentro de Bael sus plantas se alzaron de nuevo sin piedad y me impedían avanzar. Pero no estaba dispuesta a fallar, debía llegar a él para impedir que perturbara la gravedad.
 
 
—¡Bael! — grité frustrada.
Me abrí paso hábilmente hasta llegar a mi enemigo al cual inmediatamente comencé atacar sin perder el tiempo, logré  hacerle unas pocas heridas superficiales,  pero era muy veloz como para atacarle de manera efectiva .
—Estoy cansado de este juego de niños mi lady, así pues será mejor  ¡acabar con esto de una vez! — Bael comenzó a producir más y más Nafilice distorsionando finalmente la gravedad.
—¡No… — dije cayendo al suelo rápidamente  como si fuese de metal — no… me puedo … mover! 
—Así me gustas más — dijo agachándose para acariciar mi mejilla — dócil y pacífica, te ves tan hermosa.
—Te  odio… — logré escupirle en la cara.
 
 
Por desgracia se rió pareciendo no importarle lo más mínimo mis palabras, se levantó y me miró sonriendo, sabía que me tenía a su merced.
 
 
—¡¿Por qué lo hiciste?! — pregunté al fin en busca de respuestas para tanto odio — ¡¿Por qué odias tanto a Nébula?!
—Sabes — su mirada se cruzo con la mía — voy a ser generoso  antes de mataros y voy a contaros una pequeña historia —sonrió con astuta malicia.
 
 
? ¡No le escuches Nattalie él es un mentiroso de primera  no... ?
 
 
—¡Guarda silencio escoria! Esto es algo entre la muchacha y yo — los ojos de Bael brillaron con una luz verdosa y sentí entumecido el cuerpo.
 
 
<<¡¿qué ha sido eso?! ¡¿estas bien?!>>
Traté varias veces de comunicarme con ella pero sólo obtuve silencio, algo me había hecho, algo le había ocurrido a Nébula, sentía mi cuerpo muy pesado y sin fuerzas, no tenía duda de quien era el culpable.
 
 
 
—¡¿Qué le has hecho?! — exigí respuesta.
—Simplemente mandarla a su letargo nuevamente y ahora comencemos.
 
 
 
Hace seis mil años un pequeño príncipe paseaba por los bosques de Ringford capital de Alfheim, su hogar. Uno de los pocos lugares libres de la guerra entre los Vanir y los Aesir.
El pequeño príncipe se  dirigió hasta el lago Välerië lugar sagrado por los de su raza, las hadas. Cuando llegó se quedó perplejo ante tal visión.
Era una muchacha joven, de delicada piel blanca, hermosa y pura, su sedoso cabello azabache ondeaba en el agua del lago, sus ojos dos zafiros de increíble profundidad, sus labios cual fresca rosa carmín y sus delicadas mejillas dos hermosos atardeceres rosados. Aquella doncella era la cosa más hermosa y perfecta que habían visto sus jóvenes ojos, ella le cautivó el corazón y trató de acercarse más pero cuando se percató la joven no ya estaba.
Pasaron años y el príncipe fue llevado a una guerra, había habido incontables bajas  y todo parecía ya perdido, el príncipe luchó y luchó hasta que no le quedó mas remedio que tratar de refugiarse en el desierto, más una sombra lo aguardaba en aquel inhóspito lugar, la misma  joven que le había robado el corazón años atrás, aquella por la que soltó tantos suspiros y mantenía ocupada su mente, sin embargo algo en ella era distinto en  una de sus mejillas se apreciaban las runas de los Aesir.
 
 
—Has cometido crímenes imperdonables por ello recibirás tu castigo — la voz de la joven era pura melodía para sus oídos.
 
 
Luchó con todas sus fuerzas más fue en vano la joven le derrotó sin pestañear y le privó de uno de sus ojos durante la batalla, derrotado sin honor ni amor, el príncipe no sólo había perdido una batalla en aquella ocasión, también había perdido a su luz, ella era una enemiga poderosa y cruel, por ello se juró que la próxima vez se vengaría .
—Por eso la odio, claro que aún hay más mucho, mucho más, nunca pudo amarme, sin embargo ella amó a un sucio renegado, un condenado por el cielo, despreció a un dios primario e incluso ¡negó mi existencia, mi amor, a mi un noble pero aceptó a un renegado! Ella acabó cayendo tan bajo como él! 
 
 
La cabeza comenzó a dolerme de repente y pequeños destellos blancos aparecieron delante de mis ojos, eran imágenes, recuerdos, de un muchacho huyendo con una chica joven, luego él y otra chica en un café, luego en el teatro, la playa, la corte… 
No podía creerlo, no podía ser cierto, no quería creerlo pero entonces las palabras de Tyler regresaron a mi << Lunafreya sacrificó su  alma a la  que condenó  eternamente>> 
 
 
—Vaya suerte tienes Nébula… — dije levantándome con una sonrisa — tener a alguien que te ame de esa manera… aunque yo también tengo alguien… ¡yo también tengo una persona importante! 
 
 
<< ¡Eso es! ¡yo aún no he podido vengarme de Jay… no tengo intención de morirme antes de haber podido hacer que me mire sólo a mi y se arrepienta de sus palabras, no moriré hasta demostrarle lo idiota que fue al rechazar una chica como yo!>> 
 
 
—Eso es… — dije en un susurro.
—Es de mal gusto susurrar delante de otros mi Lady.
—Digo que eres patético — mi mirada penetrante y fría encaró el rostro impasible de Bael.
—¡¿Cómo os— comenzó Bael pero yo lo interrumpí .
—¡¿Crees que con tanto odio vas a vencerme?! ¡¿crees que puedes ganar esta batalla?! ¡tu eres el ingenuo, tú no tienes nada que perder por eso mismo tampoco tienes nada por lo que luchar! 
—Ignorancia, tú ignorancia siempre a sido tu perdición esos pensamientos son para gente débil.
—Te equivocas, mientras haya algo a lo que aferrarte, no morirás tan fácilmente ¡Porque tienes un motivo para levantarte y seguir luchando! ¡tú eres el único débil.
 
Sentí un nuevo poder ardiente desbordándose dentro de mi, como una llama que comienza arder sin control, llamas me  envolvían con un calor abrasador, pero eran distintas a mis ataques anteriores estas nuevas llamas traían consigo el poder de la máxima destrucción, eran todo cuanto yo tenía a mi alcance en mi estado actual . La batalla estaba en su clímax, era hora de jugarse el todo por el todo, ya no había vuelta atrás.
Terminé de ponerme en pie, me puse recta y altiva durante la batalla había perdido la resolución en incontables momentos, había perdido aliados y estaba sola, nunca antes había luchado por mi vida como en este momento pero cada paso había sido decisivo para llevarme a este punto, así que seria y decidida eché andar hacia Bael con pasos lentos y firmes.
—¿Como es posible? La gravedad… — Bael parecía desconcertado.
—No lo se, pero esta vez voy acabar contigo, este lugar… ¡será tu tumba!
 
 
Paso a paso fui caminando hasta Bael quien a su vez desapareció de vista. Estaba claro que no se esperaba que dejase de depender de la vista y desarrollase la capacidad de sentir su presencia todo el tiempo. Y sin pensarlo se lanzó atacarme de nuevo por la espalda, pero esta vez lo atrapé con mi látigo.
 
 
—¡¿Pero como..?! ¡es imposible un simple  mortal! — Bael estaba demasiado aturdido como para actuar.
—Drena y purifica lo corrupto, Velvet.
 
 
El látigo tenía nombre y no entendía como pero lo sabía sin que Nébula me lo hubiese dicho, Velvet drenó su Nafilice creando para mi una oportunidad, a esto se refería Nébula con as en la manga ahora lo comprendía necesitaba completar  aquello que ella no pudo ; la balanza de justicia, el juicio que lo mandaría al hades. 
El látigo apretó su agarre hasta que aparecieron una púas que se clavaron muy profundamente en la pierna de Bael, de las heridas en su pálida piel blanca resbalaba lentamente pequeñas gotas de sangre carmesí, el látigo brilló en un color dorado y comenzó a desaparecer la opresión que Bael mantenía debido al exceso de nafilice en el ambiente, la gravedad volvió a la normalidad.
 
 
—¡Noo mi poder! — Bael comenzó a golpear con sus manos el látigo buscando poder liberarse.
 
 
El látigo soltó a Bael quien cayó de rodillas en el suelo, su poder había sido suprimido. Debía estar exhausto y a mi merced sólo debía acercarme e invocar la balanza y todo llegaría a su fin o eso pensé.
 
 
—Pensáis de verdad que este es mi final — dijo Bael quien me miraba con cinismo.
 
De nuevo Bael emanaba un poder sin límites, su cara se torno de un color rojo intenso, su tez antes pálida y atractiva se había vuelto monstruosa sus ojos eran blancos, sus dientes colmillos afilados, las venas eran notables en su frente, y todo su cuerpo fue rodeado de una pared de Nafilice de color azul pálido. La cual lo envolvía por completo además una bellas y enormes alas semejantes a una mariposa salieron de su espalda, su tamaño aumentó el doble sobre pasando los tres metros. Bael ya no era un noble rey hada se había convertido en una  bestia preso de su hambre de poder y venganza. Si nadie lo detenía ahora, su locura podría acabar consumiéndolo todo en esta situación solo yo podía  ponerle fin a su maquiavélico reinado.
 
 
—¡Destrucción terrestre! — una gran grieta en el suelo se abrió pero logré evitarlo por muy poco.
—Eso estuvo cerca… será mejor que acabemos con esto — puse mis manos formando un triángulo.
—¡invoco a las ánimas de  Muspelheim! — dijo Bael anticipando mi próxima jugada.
 
 
Una manada de lobos llameantes me rodearon enseñando sus colmillos voraces. Cambié la posición de mis manos y volví a utilizar el látigo, me moví con avidez atacando uno por uno a esos seres. Sin embargo con cada vez  que derrotaba a una anima una nube espesa de humo se hacía presente. Cuando por fin me percaté de sus intenciones ya era tarde y estaba rodeada por completo por una fuerte capa de humo grisáceo, me tenía justo donde quería. Acabé atrapada en aquella cortina de humo, estaba algo desorientada parecía que el humo interfería con mi capacidad  sensorial por otro lado había anulado mi visión, miré con ansiedad hacia todos los lados. tenía los nervios a flor de piel y gotas frías de sudor me recorrían la espalda. No tenia idea alguna de cual seria su siguiente ataque o por donde vendría. Pero estaba segura que mantenerme en guardia no sería suficiente y aún así  me pillaría por sorpresa de igual modo.
 
—¡Demasiado lenta! — sentí un metal afilado y frío pasar por mi lado dejándome  un pequeño corte en el brazo.
—¡Eres un cobarde, lucha de frente! — dije tratando de escuchar el más mínimo movimiento
—¡En el amor y la guerra todo es válido! — se lanzó contra mi nuevamente esta vez clavando el frío acero en mi muslo derecho.
 
 
Grité a todo pulmón pues el dolor era insoportable, tanto que no pude seguir de pie e hinque rodilla en el suelo, la cortina seguía rodeándome y Bael podría atacarme fácilmente ahora, este era su momento, pero también podría ser el mío si lo alcanzaba antes que él a mi, pero era una apuesta muy arriesgada, todo dependía de una fracción de segundo.
Me mantuve a la espera pero nada ocurrió, no sabía que ocurría tras aquel velo que me separaba de mi objetivo, irritada grité cuantas barbaridades se me pasaban por la mente, todo seguía en calma y no detectaba sonido o movimiento alguno, pero mi corto descanso cesó cuando gruñidos y pisadas resonaron nuevamente por la cueva, los había vuelto a convocar. 
—¡Devoradla mis queridos sirvientes! — rió con gozo.
 
 
Nuevamente un ataque de ánimas con forma de lobos se abalanzó sobre mi, estaba débil y no podía seguir o evitar sus movimientos, tres de aquellos lobos se aferraron a mi con sus colmillos los cuales fueron hundiéndose en mi delicada carne.
 
 
<< ¿Este sería mi fin? ¿voy a ser devorada por estos sucios perros?>>
 
 
Estaba apunto de darme por vencida y cerré ojos en señal de rendición ante mi cruel destino más cuando creí todo perdido una voz  rugió desde el otro lado  de la cueva.
 
 
—¡Mi señora! — Wagner rugió en cólera.
 
 
Hasta ahora se había mantenido al margen e inconsciente, pero parecía haber vuelto, dispuesto a abrirme una nueva oportunidad para cambiar la situación .
 
 
—¡Quién te ha dado permiso para hablar esclavo!
 
 
Wagner extendió sus alas y una oleada de salvajes truenos y rayos descendieron sobre Bael, el elfo enfurecido al haber recibido los ataques del que ahora era mi protector, lanzó un contra hechizo elfico, pero logré llegar a tiempo a su lado y protegerle usando un escudo. Agradecía infinitamente su ayuda pero era consciente de que si la situación continuaba de esa manera ambos moriríamos en este lugar, debía encontrar una manera, gotas de sudor frío resbalaron por mi frente, y las palabras llegaron a mi si lo conseguía al menos uno de los dos podría  salvarse.
 
—Wagner… — me giré dando la espalda al escudo —  espero que con el transcurrir del tiempo puedas llegar a perdonarme…
 
 
Me acerqué hasta el dragón que confundido enmudeció, acaricié con dulzura sus bellas y rojizas escamas, fragmentos de recuerdos resurgieron del frío letargo mostrándome momentos felices e ingenuos en el regazo de Nébula, otros luchando a su lado, codo con codo, otros dándole palabras de consuelo en señal de su eterna y firme amistad. Haciendo que mi corazón se encogiera de dolor y pequeñas lágrimas resbalaron por mis mejillas al mismo compás que las palabras salían de mi boca.
 
 
—Tempo retorne, espacio y tiempo se plieguen en la eternidad y que el pasado y el presente fluyan juntos, espacio… del tiempo… olvidado.
 
Tras aquellas palabras, el cuerpo de Wagner brilló con una luz cálida y dorada. Transformándolo en un pequeño huevo que fue sellado de inmediato en un colgante. Pasarían milenios hasta que el colgante  lo liberase tras lo cual aún pasarían varios siglos hasta que eclosionase nuevamente, pero… el estaría a salvo de Bael eso sería suficiente.
 
 
—Veo que esa parte cruel y retorcida tuya no ha desaparecido con los años Nébula.
—¡Aún así la amaste una vez! Lastima que su carácter egoísta la llevase a otros brazos.
—¡Maldita insolente! 
 
 
Bael invocó una enorme espada y yo saqué mi látigo, aquí acabaría ahora, lo que mas me sorprendía era que a este punto ya no sentía ansiedad, me sentía en calma este había sido mi lugar durante eones, el campo de batalla había sido siempre mi hogar.
Ambos cruzamos las armas en un sinfín de ataques simultáneos por ambas partes, Bael usaba sus malas artes su afilada arma que ya había probado mi sangre  con un corte profundo en mi brazo izquierdo, yo corría y contraatacaba pero la ventaja estaba en sus manos, mis llamas ardieron nuevamente, y yo era como un fénix que había resurgido de entre las llamas, ahora Bael no podía más que usar el cuerpo a cuerpo y para mi esa era mi oportunidad, decidida a terminar me lancé de cabeza por un nuevo ataque.
Pero un sonido estridente nos distrajo había habido una gran explosión en una de las paredes de la cueva derrumbándola. Escuché el  resonar de metales al chocar,  mas no fui capaz de ver nada dado que la cegadora luz del amanecer me cegaba la vista.
—¡Malditos intruso, serás el primero en morir! — dijo el elfo con  gran odio.
 
 
Las espadas resonaban una y otra vez, la nube de humo seguía cegándome casi por completo pero eso no me frenó,  apreté mi látigo en mano y corrí atraves de la cortina de humo, sentí pasos a mi espalda y contraataque con un latigazo que partió la tierra en dos. Pero había fallado mi enemigo fue mas rápido y se colocó en mi punto débil, mi espalda.
 
 
—¿Natt? — dijo mientras estábamos espalda contra espalda.
—¿Jay? — dije temiendo que fuese una alucinación — ¿Qué demonios haces aquí? ¿cómo me has encontrado? 
—Soy tu guardián recuerdas, vayas donde vayas yo estaré allí para protegerte.
—¡Ya no necesito que me protejan! — mi cuerpo volvía a estar en llamas que refulgían más que antes con determinación y esperanza — esta vez… ¡es mi turno de protegeros!
 
 
Extendí mi mano delante de mi con la palma hacia abajo y todo el campo de batalla comenzó a arder con llamas anaranjadas y rojizas, logrando dispersar el humo y dejando a Bael al descubierto.
 
 
—¡Esta es mi pelea, y él — dije señalando al elfo — es mi presa! 
 
 
Bael se movió entre las llamas a gran velocidad, yo hice lo propio corriendo sin apartar la vista de él, Jay me seguía a unos metros de distancia.
 
 
 —¡No me sigas ya te lo he dicho Bael es mío no puedo pelear y preocuparme de ti! 
—¡No seas estúpida! ¡quién te crees que te siempre  te ha estado guardando las espaldas! 
—Jay …
—¡Soy tu guardián tanto  como si te gusta como si no voy a estar a tu lado siempre, hasta el final!
—Más te vale no estorbarme. 
 
 
La discusión llegó a su fin pero la verdadera batalla comenzaba ahora, era hora de pasar al ataque, Bael estaba a escasos pasos de mi cuando mi látigo voló hasta aferrarse al brazo de mi enemigo.
 
—¡Mundo oscuro! — la mano de Bael se alzó con la palma mirando el techo.
 
 
Una energía oscura con un aura pesada empezó  acumularse para formar una especie de agujero negro, si estaba en lo cierto teníamos serios problemas podríamos ser absorbidos.
 
 
—¡Caballeros oscuros a mi! — del agujero salieron tipos siniestros, encapuchados de negro y a caballo cadavérico.
—¡Natt retrocede! — Jay trató de hacerme retroceder.
—Como si pudiese — dije evitándolo —  ¡infierno ardiente! 
 
 
Un mar de llamas estalló delante de mi, las llamas rápidamente llegaron hasta los encapuchados consumiéndoles junto con sus caballos de pesadilla, pero esto era sólo el principio mientras ese agujero siguiese abierto podría convocar a tantos como quisiera, lo peor es que no eran enemigos comunes, yo los reconocía de la historia que me contó Tyler, eran ellos sin  duda alguna, eran espectros, segadores de almas, crueles y despiadados que mataban a placer todo rastro de vida, los oscuros.
 
 
—¡¡El portal!! — grité a mi espalda.
—¡De acuerdo! — respondió Jay echando a correr sin mirar atrás.
—¡Ingenuos! — rió Bael invocando más oscuros.
 
Estaba rodeada, pero tenía que resistir y avanzar, con látigo en mano arremetí contra ellos, uno tras otro fueron convirtiéndose en polvo, seguía luchando cada vez atacaban más a la vez y casi me superaba la situación, uno de ellos logró hacerme caer al suelo y estaba apunto de atacarme.
 
 
—¡Noo! —chille aferrando mi cabeza con ambas manos.
 
 
Había cerrado mis ojos con fuerza, me había encogido de miedo, pero el ataque que yo esperaba no llegó, cuando volví abrir los ojos Tyler estaba delante de mi cruzando espadas con una parca justo delante de mi.
 
 
—¡¿Estás bien?! — dijo forcejeando con su enemigo.
— Eso… eso  creo — dije algo sorprendida.
 
 
En cuanto las palabras volaron de mi boca Tyler pareció más motivado acabar cuanto antes con el nigromante, se esforzó valientemente blandiendo su fiero acero, golpeando metal contra metal, el oscuro parecía acorralado, con un último ataque a su cabeza se convirtió en polvo, Tyler vino a mi encuentro de inmediato y me tendió gentilmente su mano.
 
 
—¿De verdad estas bien? — su mano se aferró a la mía en cuanto la mía se posó en la suya.
 
 
Me ayudó a ponerme en pie,  nos separaba menos de un brazo de distancia,  mi corazón latía con fuerza. Había venido por mi, pero ahora teníamos que hacer algo, Bael nos fulminaba con la  mirada. Me fijé en Jay, que aún nos cubría las espaldas, este era el momento de acabar con todo  esto.
 
 
—Tyler, cúbreme — le di una mirada cómplice.
—De acuerdo — dijo sin vacilar. 
 
 
Avancé hábilmente entre los oscuros , cuando estuve a escasos metros de Bael me preparé, esta vez iba a funcionar, tenía refuerzos no estaba sola, no volvería a estar sola, no volvería a huir. Convoque una vez más la balanza, miles de cadenas inmediatamente ataron a Bael deshaciendo su hechizo, con lo cual todos los oscuros se convirtieron en mero polvo.
 
 
—¡La balanza te ha vuelto a juzgar! ¡eres culpable por ello recibirás tu castigo! 
 
 
Igual que Nébula, invoqué el arco y disparé la flecha que atravesó el pecho de Bael justo a la altura del corazón, él se retorcía buscando liberarse, pero cualquier intento era inútil, cerré mis ojos con lentitud y pronuncie la palabra que sellaría su alma en Helheim por toda la eternidad. 
 
 
—Juicio — dije con suavidad.
 
 
 El camino a Helheim volvió abrirse atraves de la gran grieta que se abrió súbitamente  con un gran estruendo, la balanza brilló con fuerza y las cadenas comenzaron arrastrarlo al abismo que conectaba con el inframundo.
 
 
—¡Esto no acaba aquí, no entendéis nada, esto sólo es el principio, pronto hallareis la muerte! ¡nadie puede burlar al destino! ¡jajaja! — con una última risa malvada la grieta se cerró confinado a Bael.
 
 
No daba crédito a la realidad, había acabado, había salido con vida de aquella batalla, todos lo estábamos apreté con fuerza y emoción el colgante donde Wagner dormía, ahora él también podría volver todo se había terminado por ahora.
Miré a mi espalda y vi  a los dos hombres que habían salvado mi vida observándome en la distancia. No me lo pensé dos veces y eché a correr pues aun había algo pendiente. Cuando Jay me vio correr sus brazos se abrieron para mi buscando acogerme sin embargo, lastimosamente no era él a quien buscaban mis brazos, pase por su lado y di alcance a Tyler  rodeándole con mis brazos fuertemente como si la vida me fuese en ello.
 
 
—Gracias… gracias… gracias… estaba tan asustada — comencé a sollozar entre sus brazos.
—Como podría dejarte… es mi deber protegerte — dijo con un suspiro de alivio mientras cerraba sus ojos y me devolvía el abrazo.
 
 
Me sentía muy agradecida nada nos unía aparte de su honor y lealtad  hacia Nébula pero nada lo vinculaba a mi y aún así… arriesgó su propia vida al venir en mi busca, aún cuando no soporta a Jay… Tyler vino a mi rescate.
 
 
—¿Tyler? — dije con la voz  entrecortada.
—¿Si? — su mirada cayó en mi asustado rostro — ¿ocurre algo? 
—¿Qué pasaría si hubiese decidido aceptar mi papel en todo esto? — dije con mi cabeza oculta en su pecho.
—¿Hablas en serio? ¿de verdad estas dispuesta hacerlo?
—Si… yo… no se que pueda hacer o si en realidad pueda lograrlo pero… quiero romper este ciclo.
—Si es así juro que te protegeré  con mi vida, estaré a tu lado, esta vez definitivamente… — dijo aferrándose a mi con mayor fuerza, como si no me quisiese dejar ir.
 
 
Sus últimas palabras contenían un significado distinto, algo demasiado profundo para mi comprensión y me asustaba preguntar, algo muy dentro de mi me susurraba que era mejor dejarlo pasar,  así que rompí aquel momento quedándome parada delante de él, para mi  sorpresa cuando me fijé en mi atuendo vi que estaba bastante roto y quemado. Tyler me miró con una sonrisa avergonzada.
 
 
—Alissa te ha traído algo de ropa… — dijo algo sonrojado — voy… voy a llamarla para que venga, estaba vigilando la zona.
Lo vi alejarse para llamar y yo simplemente me puse a pensar en todo lo que había ocurrido, todo empezó con Jay, él había sido el aire que me guió hasta aquí, habían ocurrido tantas cosas… mientras me perdí completamente en mis pensamientos Tyler había vuelto a mi lado pero yo no fui consciente de ello hasta que rozó mi mano con la suavidad de una pluma.
 
 
—Alissa ya está en camino, no creo  que vaya a tardar mucho.
 
 
Su mirada se clavó en la mía pero por algún motivo yo giré mi rostro hacia otro lado, sostuvo mi mano, ya no era una inocente caricia ese gesto era mas íntimo, mas real, mi mirada se enlazó en la suya y pude sentir los latidos de mi desbocado corazón que  resonaban en mis oídos.
 
 
—Nattalie... — su voz suplicaba anhelo.
 
 
Su rostro se acercó lentamente mientras cerraba sus ojos, el nerviosismo se apodero de mi, no podía ser, yo no veía de esa manera a Tyler. Sin embargo por alguna extraña razón no podía apartar la mirada. Su rostro estaba a escasos centímetros del mío, temblaba y solo escuchaba mis ruidosos latidos daba la sensación de que iba a salírseme del pecho mientras una sensación de mareo iba apoderándose de mi.
 
 
—¡Ho-la Nattalie! Aquí tienes tu ropa... —  su voz se fue apagando a medida que entendía la situación — ooh... ¿interrumpo algo? 
— ¡No, para nada! — cogí a la velocidad del rayo mi ropa y salí corriendo detrás de una roca — ¡¿que demonios a sido eso?! — puse la mano sobre mi pecho notando aun mi palpitante corazón.
 
 
El silencio reinaba en la cueva mientras me cambiaba. Al parecer Alissa me había traído ropa de mi propia habitación lo cual agradecía un simple pantalón holgado con una de mis camisetas simples y mis deportivas sonaba tan familiar y tranquilizador.
Cuando acabé el cambio salí de mi escondite y volví junto con Alissa y Tyler quienes parecían hablar en susurros hasta que enmudecieron súbitamente cuando aparecí en su perímetro visual.
 
 
—Gracias Alissa, de verdad no sabes cuanto necesitaba esto.
— Pensé que necesitarías algo de normalidad después de tantos problemas.
—Problemas es quedarse corta — sonreí de forma relajada — bueno yo... Creo que voy a buscar a Jay.
 
 
Me aleje avergonzada pero feliz, miré a mi alrededor buscando a Jay pero no estaba en la cueva. Di una última sonrisa a Tyler y salí en busca de Jay. Pensé que tendría que buscarlo con ahínco pero la verdad fue muy sencillo dar con él. Estaba sentado fuera de la cueva, donde el paisaje era  hermoso y verde, la cueva  estaba situada cerca de un amplio acantilado lleno de flores silvestres y vegetación. Pero lo mas increíble era el amplio y azul océano que se extendía en el horizonte. Jay estaba frente ami, sentado en una roca espaldas a mi, el viento soplaba revolviendo su desordenado cabello, el sol iluminaba su figura, caminé hasta él y coloqué mi mano en su hombro, se sorprendió y dio un pequeño brinco.
 
 
—¿Qué haces aquí? Te estaba buscando — dije a la vez que me sentaba a su lado.
—¿Es así? — dijo con indiferencia mirando el océano.
—Si, gracias por venir a buscarme — una amplia sonrisa se hizo presente en mi rostro.
—Soy tu— trató de hablar pero lo calle hablando yo.
—¡No es por eso idiota! — me levante frustrada — ¡olvídalo! ¡podría haberlo echo sin ti perfectamente! — di unos pasos hasta darle yo la espalda.
—¡¿Por qué te enfadas?! — pude sentir su ceño fruncido incluso sin verlo — ¡¿estas loca?! 
—¡Es todo culpa tuya, eres un estúpido, imbécil! — me giré para gritarle.
—¡Una idiota no puede decirle idiota a otra persona, idiota! 
—¡Eres insufrible! ¡Si dices idiota tantas veces en una misma oración  tú eres el gran idiota!
—¡¿A si?! ¡Pues tú estas loca, eres bipolar y una pesada, eres mi cruz siempre tengo que estar cuidando de ti porque eres torpe y descuidada, eres cabezota y exasperante y te lanzas de cabeza sin pensar arriesgándote más de la cuenta!
—¡¿Eso es lo que piensas?! ¡T-tú eres un bravucón, eres tonto, no comprendes a las mujeres, odio que me subestimes, no eres mas que un playboy, eres egocéntrico y testarudo, y desearía tenerte a mil kilómetros! 
—¡Eres un gran problema y solo sabes darme dolores de cabeza y cualquier  día me vas a provocar un maldito infarto!  Pero aun así yo te quiero…— agachó su cabeza mirando al suelo.
 
 
Coloqué mis manos tapando mi boca en señal de incredulidad, ¿podía creerlo solo un poco? Él me quería ¿de verdad lo hacía? Es decir no quería ni verle ni en pintura pero era una realidad que mis sentimientos por él aún perduraban en lo más profundo de mi corazón.
 
 
—No quiero oírlo… — murmuré caminado de vuelta a la cueva.
—¡No querer escucharlo  no cambiará lo que siento por ti!
 
 
Caminé a toda prisa con la mirada clavada en el suelo, no lo aceptaría no podía aceptar sus sentimientos, no podían ser ciertos… nunca lo fueron. No era más que un gran charlatán un gran mentiroso si cayese en su juego a la hora dé la verdad volvería a negarlo todo incluido mis propios sentimientos.
 
 
 
—¡Vaya! ¿ya estas de vuelta? — me recibió Tyler con una gran sonrisa.
—Reúne al equipo, ya — dije mordaz.
 
 
Pasé por su lado en silencio, en este estado no quería verlos a ninguno de los dos, tenía viejos sentimientos encontrándose y contradiciéndose entre sí mientras batallaban con los nuevos, estaba echa un lío y tenía mejores asuntos que discutir.
Me senté en la misma roca donde Bael me mantuvo cautiva horas atrás cuando Wagner aún estaba aquí, llevé mi mano hasta el colgante donde Wagner permanecía, quería que volviese, pero no sabía cómo, Nébula tampoco había dado señales todavía, en ese momento me sentí realmente sola.
 
 
—Natt… — la suave voz de Layla me reconforto — he oído que te has vuelto muy independiente — su sonrisa hizo resplandecer su rostro angelical.
—Todo fue gracias a Nébula…
—¡¿Has tenido contacto con ella?! — sus ojos centelleaban.
—Pues… ¿si? Ella fue quien me dijo que debía hacer, pero Baelödar la devolvió a su sueño… desde entonces no he vuelto a oír su voz, pero no veo donde está el problema.
—¿Problema? ¿es acaso una broma? ¡esto es genial! Si tan solo tú — pero ella no pudo acabar su frase.
—No deberías hablar de más Layla, no es tu problema — espetó con frialdad Jay
—¡Pero es que acaso no lo ves! ¡si ella sigue así entonces tal vez pueda conseguirlo esta vez! — se defendió Layla.
—Callaos de una vez ¿no veis que la estáis haciendo sentir incómoda? — salió Tyler en mi defensa — ¿vienes conmigo? — dijo tendiéndome su mano.
 
 
La tomé aún que con gran vacilación y así todos nos reunimos a fuera, al parecer casi todos habían venido en mi rescate mi corazón rebosaba felicidad al ver que tanta gente se preocupaba de mi seguridad.
Nos colocamos en torno a una mesa improvisada de piedra que Travis había organizado, encima de ella colocó un mapa que distinguí nada más verlo.
 
 
—Los nueve reinos… — mis dedos acariciaron el suave papel.
—Eso es — dijo Tyler con una encantadora sonrisa.
—¿Y  bien cual es plan? — dijo malhumorado Jay. 
—Eso lo decidiré yo — dije desafiante — si estas dispuesto a seguirme .
—Tch… — refunfuño insatisfecho . 
—Bien como ya sabréis, yo soy Nébula.
—Huiste ¿cómo podremos confiar en ti cuando dijiste que no nos creías? — replicó Scott.
 —Y así fue… no quería creerlo, pero después de ver tanto del pasado en esa batalla… simplemente no pienso dejar las cosas como están, así que… vamos a cambiar las cosas, dijisteis que yo debía viajar por los nueve reinos y derrotar a los aliados de Lunafreya y… no estaría nada mal conseguir la daga estelar.
—¿Entonces vamos hacerlo de verdad? — preguntó Alissa. 
—¿Tengo pinta de estar bromeando? Yo voy hacerlo seguirme o no es decisión vuestra.
—¡Yo iré! — afirmó Jay colocándose a mi derecha.
—¿Eres mi guardián, no? — reí mientras le miraba con nostalgia.
—Donde tú vayas yo iré — Tyler se colocó a mi izquierda.
—Si ella a encontrado su camino creo que es tiempo de que yo decida el mío — dijo Layla uniéndose a nosotros.
—Si Layla y Nattalie van, yo voy — canturreo Travis. 
—Todos para uno y uno para todos ¿no capitán?  — dijo uno de los gemelos y ambos se unieron
 
 
Uno a uno todos se pusieron de mi lado, no sabía que peligros acechaban en las sombras ni que pruebas debería superar pero estaba decidido yo escribiría mi propio futuro, esa seria mi meta .
 
 
—¿Dónde deberíamos ir primero? — pregunté con despreocupación.
—¡A cualquier lugar menos a Helheim su nueva reina es una bruja y muy poderosa! — sentenció Alissa.
—¿Hablas de Hela? ¿no era una gigante? — preguntó Wyatt.
—Podría ser una rival terrible y Nattalie aún no esta muy familiarizada con estas cosas — medito Layla.
—¿Qué tal Muspelheim? — dijo Travis.
—¡¿Muspelheim?! ¡¿estas de broma?! ¡si Onix la ve…! —  contestó un alterado Jay.
—Iremos allí — dije sin más — yo no le tengo miedo al fuego y si ese tal Onix se pone en mi camino sólo tendré que enseñarle lo que es el verdadero calor. 
—¿Estas loca? ¡no tienes ni idea de lo que te espera allí! — me rebatió Jay. 
—Prefieres llevarnos a la boca del lobo y atacar Alfheim, Jotunheim o acaso estas tan loco como para ir directamente a Scartalheim a que los elfos oscuros nos aniquilen de un vez — discutió  Tyler.
—Podríamos ir a Nidavelir — dijo con seriedad Jay. 
—Los enanos no suelen ser un gran peligro pero… su rey no es precisamente pacífico.
—¡Mejor que la locura caprichosa de ella! — dijo Jay señalándome.
—¡Tú eres el loco te digo que quiero ir Muspelheim!
 —¿No crees que Nattalie se ha vuelto más directa ? — comentó Layla. 
—¡Yo creo que se está convirtiendo en una gran líder! — contestó Alissa — no debe ser fácil cargar con todo ese peso ella sola, yo  estaría aterrada o me hubiese vuelto loca, pero lo esta sobrellevando muy bien se está volviendo alguien con una voluntad de hierro.
 
 

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