Capítulo 22.

Ignis (Pars #1)

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--James King. Un gusto volver a verte --murmuró el señor, haciendo una mueca que yo interpretaba que era una sonrisa... La típica de los hombres malos de las películas.
El hombre era calvo, tenía unos ojos verdes enormes y unas orejas bastante pequeñas. Con sus cejas oscuras fruncidas tenías la impresión de que juzgaba a todo el mundo con mucha crueldad y, viendo su postura, parecía ser un hombre muy elegante. Era tan alto como Nick y, si no tuviese músculos, sería un palo.
--Stuart. Ha pasado mucho tiempo.
La voz de James era tan cortante y fría que me dio escalofríos.
--Exactamente, James. Y ya que lo comentas... sí, ha pasado mucho tiempo --¿por qué me daba la impresión que eso era malo para él?-- y eso es un problema. Sabes muy bien que no nos podemos permitir dejar pasar más temporadas por caprichos.
Bueno, ahora sí que estaba confundida de verdad. ¿De qué hablan? ¿Por qué falta tiempo? ¿Por qué es todo tan frío? ¿Quién es este hombre? ¿Cuál es su relación con James? ¿Tengo que confiar en él?
Miré a James. No, definitivamente no tenía que confiar en él.
Belu le dijo algo en español a Nick y él me miró fijamente. Yo me tensé. Él se acercó a mí, me tomó del brazo con una firmeza que creía inexistente y se arrimó más a mí. Él dirigió su ahora temible mirada a la mía y habló en un susurro, mientras James seguía quieto y protegiéndonos.
--Te vienes ahora conmigo, sin rechistar.
Se parecía tanto a su hermano mellizo que me dio miedo. Y Nick no daba miedo, eso era lo bueno de él.
Lo observé con horror y, cuando quise abrir la boca, él me volvió a callar.
--Ni una palabra. Tú no debes estar aquí. Nos vamos.
Me solté de su agarre. Yo no me iba a ninguna parte. Era demasiado terca y obstinada como para hacerlo. Aparte ellos parecía que estaban en problemas, por lo que quería ayudar. ¿No me conocía llegados a este punto?
--Parece que has fracasado miserablemente en tus tareas. ¿Cómo puedo tomarme esto? --le siguió diciendo Stuart a James, quien estaba impasible.
Él se acercó un paso hacia James, quien se tensó incluso más y movió sus manos del escudo de brazos que había creado para adquirir una postura defensiva más temible. Belu avanzó un poco, hasta quedar al lado de su hermano.
--Toca a mi familia y me encargaré de que tu muerte sea tan dolorosa que hasta me dará pena --amenazó él y yo empecé a temblar.
Mierda que sabía cómo amenazar. Si él me hubiese dicho eso el día que nos conocimos, yo no hubiera vuelto a hablar con él jamás.
--Ella también cuenta.
Todos me estaban mirando, a excepción de James. Yo me erguí para no parecer tan enana e indefensa, aunque igualmente todos sabían mi miedo.
--James, tú tenías una misión que cumplir, y sucumbiste. ¡Renunciaste por una soberana estupidez! ¿Sabes cuáles son los castigos de ello, verdad?
Ambos machos se miraron fijamente como en un duelo de ver quién era más varonil, pero había algo peor en todo esto.
James tenía que cumplir una misión para estos hombres y fracasó. Las preguntas se arremolinaron en mi interior. ¿Qué misión? ¿Cómo fracasó? ¿Por qué él y no otra persona? ¿Qué iría a pasar ahora que sabemos que ha fallado?
Dios, ni siquiera sabía si quería saber la respuesta a eso último.
Él empezó a perder el bronceado de la piel para adquirir su tono rojizo característico y, cuando observé bien su cara, vi que sus ojos también lo tenían. Stuart se le acercó tanto que pudo susurrarle lo siguiente:
--¿Quieres salir indemne de esto, James King? Tu familia puede pagar tus errores. ELLA puede pagar tus errores.
El hombre había tirado la bomba: el chico abandonó toda humanidad de su cuerpo y se volvió una mata de fuego. El hombre tiñó su piel de un color parecido al verde y bastantes lianas con pinches le recorrieron todas sus extremidades (lo que me hizo preguntar si las tendría ahí abajo), casi tapando su piel normal. Era un Terra.
Se notaba que Nick había perdido toda la paciencia, porque su cuerpo empezó a titilar fuego en su rojiza piel, desapareciendo y reapareciendo como una verdadera vela. Y, ¡sorpresa!, sus ojos se volvieron rojos puros.
Belu empezó a sudar como un animal y sus ojos adquirieron ese tono azul que podía cegarte.
James gritó algo en español y reconocí mi nombre en él justo cuando el Terra comenzaba su ataque con sus lianas.
Nick me tomó del brazo en un movimiento veloz y controló su fuego. Yo me solté y me alejé de él corriendo: ayudaría a James, aunque no sabía cómo.
Belu bufó con frustración y un agua proveniente de sus manos me rodeó la cintura y me acercó por los aires a Nick, quien me atrapó por la cintura y salimos corriendo, yo forcejeando y queriendo volver atrás.
¡No podíamos hacerle esto a James y Belu!
Nos alejamos de los otros dos hermanos, yendo a otra parte del bosque. Yo me preocupé mucho por ellos dos; aquel tipo parecía bastante fuerte y capaz de matarlos en un segundo. Traté de escaparme de sus brazos, pero su determinación era preocupante.
Nick paró en seco y yo volví a la realidad: habían dos mujeres enfrente nuestro, ambas sonriendo con maldad. Me adelantaré la descripción física de las dos y diré la práctica: tendrían más de veinte años y eran ambas Ignis.
Mi amigo me soltó y empezó a atacar con bolas de fuego. Las chicas las esquivaban con facilidad, y atacaban con más aún.
--¡Madison, vete ya de aquí! --exclamó Nick, mientras seguía tratando de no morir.
Y, del terror del momento, me obligué a mí misma a hacerle caso. Tuve que esquivar un par de bolas, pero Nick era lo bastante bueno distrayéndolas, así que pude irme en la dirección contraria a la suya. Salí corriendo lejos como la peor cobarde del mundo.
¿Pero por qué coño me iba? Nick me necesitaba. Tenía que asegurarme que estaba bien.
Me di vuelta y paré en seco. Ahí estaba Nicholas King, mi mejor amigo, en el suelo, medio destruido y tratando de luchar... en vano. Las mujeres seguían tirando bolas y bolas, y riéndose. Mis ojos se llenaron de lágrimas y me las limpié inmediatamente.
Él es mi mejor amigo, yo lo protegería con mi vida si es necesario.
Y yo no dejaría que alguien tan importante como él se muriese enfrente mío.
Busqué un palo por el piso y, cuando lo encontré, volví y se lo tiré a la mujer de la derecha.
Si alguien debía morir, esa era yo. Yo le había pedido que me viniese a ayudar hoy. Yo era la que le trajo dolor de cabeza todos estos meses, la que siempre pedía excusas, la que lo cuidó menos de lo que se merecía.
Nicholas King iba a salir vivo de esa pelea y yo haría lo que tuviese que hacer para ello.
La mujer atacada miró el palo en el piso con toda la lentitud del mundo, me encontró a su derecha y comenzó a reírse a todo volumen. Su aliada la copió y empezaron a partirse el culo de mí.
Al menos moriría con gente que sabía verle la gracia a las situaciones de mierda, ¿no?
Las mujeres me empezaron a seguir con calma absoluta, tirándome bolas de fuego, y yo caminaba marcha atrás haciendo muchas cosas a la vez: vigilaba que Nick no se levantase a luchar, esquivaba los ataques, procuraba no parar de caminar y trataba de no chocarme con ningún árbol.
Pero haría lo que fuera por Nick. Lo que fuera.
De pronto, el nombrado se despertó de su confusión, rodeó a las dos chicas con un fuego aparentemente inofensivo y las atrajo más cerca suyo. Cuando las chicas se dieron cuenta, aún mofándose, se dieron vuelta y la de la izquierda creó un látigo de fuego para ahorcarlo.
Y eso hizo ella, mientras la otra aprovechó mi momento de debilidad por mirar a Nick y me tiró una bola de fuego a la panza.
¡Esto dolía como los mil demonios! ¡La puta madre!
El dolor se hizo presente por cada una de las extremidades de mi cuerpo y me debilitó completamente, tirándome al suelo. Empecé a ver las estrellas frente a mí y, aunque sentía que me desmayaría en cualquier momento, empecé a hacer lo único que sabía hacer: gritar.
--¡NICK! ¡AYUDA, MI MEJOR AMIGO ESTÁ SIENDO ATACADO! ¡AYUDA!
La mujer soltó a Nick y lo dejó en el piso. Lo había ahorcado tanto que ahora estaba a un desliz de morir. Mierda, mierda, mierda, mierda, ¡mierda! ¡Estaba jadeando del dolor, todo su cuello marcado por la cicatriz del látigo, casi inerte en el suelo!
¡Nick no morirá hoy, él no morirá hoy, ¿está claro?!
Me acerqué como pude a mi mejor amigo, el mismo chico que cumplirá diecinueve años el año que viene, el mismo chico que se conseguirá un novio y se casará, y el mismo chico que conseguirá vivir hasta que tenga cien años y su casa esté llena de fotos de sus hijos y nietos.
Porque Nicholas King no morirá hoy.
Haciendo el esfuerzo de mi vida, me arrastré hacia él (llorando, para variar) y sentí una rabia bullir en mi interior al escuchar a las mujeres reírse de nosotros.
Tal vez Nick saldrá vivo de esta... pero ellas no. Lo juro con mi vida.
Cuando ya estuve a su lado, vi de cerca lo masacrado que estaba. Lo del cuello no era una exageración: estaba todo rojo, sangrando y le quedaría una cicatriz horripilante. Sus brazos, repletos de quemaduras, me estremecieron. Sus ojos estaban calmados detrás de sus ojeras y sentía que, si no hacía algo ahora mismo, mis esfuerzos habrían sido en vano.
--Me encantaría poder curarte ahora mismo, pero nunca he practicado para ello --murmuró él, haciendo un atisbo de sonrisa. Empecé a llorar con más fuerza, nublándome toda la vista.
Oh, Nick...
Con una fuerza que nunca tuve, me levanté y traté de hacerlo con él también. Las chicas (quienes me tiraron otra bola de fuego al brazo), se empezaron a burlar y yo juré que las mataría diez veces más.
--¡Aw, qué conmovedor! ¡¿Salvarás a tu amiguito?! --se mofó una.
--¡Pero si ya está prácticamente muerto! --se rió la otra.
Oh, no, mademoiselle, TÚ estás prácticamente muerta.
Nick pesaba muchísimo, pero en ese momento más pesaba mi fuerza de voluntad. Tuve que poner demasiada energía, pero logré pasarle un brazo por encima de mis hombros y casi pude levantarlo. Casi.
--Vamos, Nick, ayúdame --susurré, al borde del ataque de nervios.
Mi sudor era asqueroso y supuse que mis ojos estarían teniendo un color celeste bastante extraño. Nick estaba devastado y lo que me mató fue que estaba haciendo fuerza. ¿Por qué hacía eso? ¿Estaba evitando algo, como cuando haces fuerza para no tirarte un pedo?
Y ahí lo entendí. Oh, dios mío. Nick estaba haciendo fuerza para no volverse fuego puro... Hacía fuerza para no lastimarme.
Ese fue el empujón que necesitaba.
De un salto pequeño, Nick quedó parado a mi lado (obvio, apoyándose en mí). Él apenas podía moverse, aunque a mí me servía que pudiese arrastrarse incluso.
El viento (que aumentaba con cada paso) me ayudaba a llevarlo con mucha más ligereza, así que no tuve el trabajo tan difícil como suponía.
Y ahí me paré a pensar. ¿A dónde nos llevaba? ¿Con James y Belu?
No, nos habíamos perdido y ellos estaban en su propia pelea. ¿A dónde me dirigía, si tampoco sabía cómo salir del bosque desde ese lugar?
No te estreses, Madison. Piensa. ¿A dónde irías si fueras alguien como James, siempre decidido?
Un instinto que desconocía me hizo ir al este y tuve que obedecerlo. Estábamos hablando de la vida de Nick, o sea, hasta obedecería a estas dos imbeciles para salvarlo.
Ah, me olvidé de decir que las chicas me volvieron a dar con sus bolas de fuego de mierda. Y pude esquivar otras, que quemaban todo el puto bosque.
--Nick, te prohíbo que cierres los ojos. Sigue abriéndolos y sé tan ¡o más!, risueño que siempre --lo medio-animaba mientras lo empujaba.
Pero él no me respondió. Me empecé a impacientar, pero confiaba en esa luz que me había iluminado para ir al este. Esperaba encontrar la salida, como mínimo.
--¡El Gobierno se alimentará de ustedes! --chillaba mientras tanto una de las putas que queman cosas.
--¡Ríndanse ya, que no tengo más fuerzas para reírme!
--¡Perderán toda la esperanza!
Sin realmente analizar lo que decían, llegué a mi destino: el lago. Ah, genial, instinto. ¡Gracias por encontrarnos la salida!
Reprimiendo mis ganas de pegarme por haber fracasado olímpicamente, llevé a Nick al lago y lo senté con todo el cuerpo (menos la cabeza) en el agua. Si lo dejaba ahí, tal vez podría asegurarme que no nos atacasen por detrás. El viento era tan fuerte que volaba a las dos imbéciles que seguían riéndose.
Tal vez por eso seguíamos vivos: porque ellas estaban ocupadas mofándose de nosotros.
Y, justo después de que puse a Nick, el lago empezó a moverse con una velocidad y fuerza increíble. Estaba noventa por ciento segura de que era por mí y la furia y desesperación que estaba sintiendo ahora mismo.
--Bueno, Nick, llegamos al lago. Tú sigue con eso de abrir los ojos y... eso. No cierres los ojos.
Metí la mano en el agua inconscientemente para lavarme las heridas, cuando el lago empezó a brillar y las mujeres cerraron sus inservibles bocas.
Me maravillé al sentirme mil veces mejor que antes con ese simple gesto. Ay, que las quemaduras ya no parecían quemaduras. ¡Era algo tan placentero! ¡Jamás me sentí tan aliviada en mi vida!
--Mierda --soltó una de las chicas, quien creo que se encontraba igual de sorprendida que yo--. ¿Aqua o híbrida? Ya veo por qué te están buscando.
¡¿Por qué mierda nadie les está callando las bocas a estás dos estúpidas?!
Y, justo al pensarlo, una ola de agua se levantó y se estampó en la cara de nuestras atacantes.
¡Yo hice eso, soy la única Aqua aquí! ¡¿Pero cómo?!
Eché un vistazo a las chicas y me confundí al verlas elevarse del suelo con caras asustadas. Eso también lo estaba haciendo yo, pero sigo sin saber cómo.
Realmente no estaba moviendo un músculo.
Cuando casi podían tocar las copas de los árboles, el viento las "soltó" y ellas cayeron al vacío... un vacío completamente incendiado por el fuego de Nick.
Y... murieron.
Pero... esperen... ¡Paren el mundo! ¡¿El fuego de Nick?!
Me di vuelta a la velocidad de la luz. Ahí estaba mi mejor amigo, Nicholas King, concentrado en apagar el fuego que él mismo había causado. ¿No estaba medio-muerto?
¡Nick está vivo!
Lo miré con una sonrisa de oreja a oreja. Él, cuando terminó de hacer sus maniobras, me miró con... ¿sorpresa?
--Madison... --susurró, incorporándose un poco y dejando sólo sus pies en el agua--. Tú me curaste las heridas con el agua, Mad --dijo y ambos le echamos un vistazo rápido--. Iba a morir. Y tú me salvaste la vida.
Profundamente agradecida, lo abracé con toda la fuerza que me quedaba. Él no paraba de repetir bajo cuánto me quería y lo agradecido que estaba.
Y, con esas palabras, sentí cómo todo se volvía negro y caía desmayada.
 
Editado 25/12/17.

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