3: Caminata a lo incierto

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Gritos de terror, desesperación y confusión era lo que reinaba en aquella aislada porción de carretera entre el bosque y el acantilado, precisamente en ese bus flotante, abordado por varias decenas de estudiantes geralldianos.
Ninguno de ellos sabía precisamente qué era lo que debían hacer. En el colegio te enseñan un par de cosas de primeros auxilios, tus padres te enseñan qué es lo que debes hacer cuando se presenta uno que otro problema, pero nada, absolutamente nada te prepara para una situación como esa.
¡Estaban simplemente flotando en el aire!
Ashley y Tony se sujetaron el uno al otro instintivamente, como tratando de mantener algo de estabilidad, luego Tony se sujetó de uno de los asientos, y así pudieron evitar chocar con cualquier otro adolescente flotante.
Al mirar a su alrededor pudo notar dos cosas: Quienes los llevaban no tenían idea ni control de lo que estaba sucediendo y el autobús ya se hallaba por lo menos a unos cinco metros por encima del suelo, con la parte delantera más baja y la trasera apuntando hacia arriba.
Transcurrieron así unos quince segundos hasta que el pánico fue acallado de un solo golpe cuando sintieron nuevamente el peso de sus cuerpos siendo halados por la tierra.
El bus se estrelló fuertemente contra el suelo. El estruendoso golpe hizo que el autobús se volcara hacia el lado izquierdo y se deslizara unos veinticinco metros por el pavimento hasta detenerse. Todos los pasajeros cayeron unos sobre otros.
Tony casi ni podía respirar bajo el peso. Todos se quejaban y gritaban cosas como:
—¡Hay que salir de aquí!
—¡Las ventanas, rompan las ventanas!
—¡Destraben la puerta!
—¡Quítate de encima!
Finalmente lograron  romper las ventanas y el parabrisas. Fue luego de que hubo bajado una buena cantidad, fue cuando otros consiguieron destrabar la puerta. Tony salió por el parabrisas, y no sabía a dónde había ido a parar Ashley. En medio de gritos y carreras, todos los presentes corrían a todas partes, desconcertados y anonadados. Los soldados se esforzaban por no permitir que ninguno escapase.
Al parecer, todos estuvieron de acuerdo en una sola cosa: Ni porque les apuntaran mil armas volverían a subir a otro autobús.
Tony buscó a sus amigos entre toda aquella gente, hasta verlos haciéndole señas desde un lugar apartado de la multitud.
El miedo aún reinaba entre los jóvenes y las preguntas sin respuestas surcaban el ambiente alrededor del autobús que había acabado destrozado después impactar contra el suelo.Uno de los soldados que viajaba con ellos hizo señas para que todos se callaran y lo escucharan.
—¡Silencio! ¡Silencio! —Gritaba. No tardaron en obedecer, considerando que el sujeto estaba armado—. Vamos a contactar con los demás autobuses y buscaremos una rápida solución.
—¡Ni creas que volveremos a subir a un bus! —Gritó una chica desde atrás. Todos se apartaron para que ella avanzara hasta quedar frente a los soldados. Era morena, robusta y tenía cara de que no le preocupaba ser abatida, por la forma en la que encaró a los soldados—. Está bien, busca una solución, pero ninguna que tenga que ver con buses, porque no accederemos.
—¡La desobediencia será severamente castigada! —Exclamó el soldado, indignado.
—¡No te ves ni con la mitad del valor para matar a alguno de nosotros, y no veo a tu jefe por ninguna parte! —Volvió a espetar la chica.
—Esa chica tiene ovarios —dijo Scott.
—Todas las chicas tenemos ovarios —añadió Alba.
—Bueno... ella los tiene más grandes —finalizó Scott.
Todos rieron levemente.
Los quejidos de antes volvían de forma intensificada, como si ahora hubiera el doble de personas.
El soldado hablaba por radio y Tony no se explicaba cómo era que lograba hacerlo con aquel bullicio que había en el lugar. Volvió a hacer señas para que todos callasen, sin ningún resultado. La misma chica de antes espetaba quién sabe qué cosas al grupo de soldados, y el resto de los presentes la seguía.
Tony iba a decir algo a sus amigos, pero lo olvidó por completo cuando escuchó que, por encima de los gritos, tres detonaciones rasgaron el aire, volviéndolo tenso y quieto. Todos se alarmaron, hasta que vieron al soldado que hablaba por radio, sosteniendo el arma, con el cañón apuntando al cielo.
Bueno, al menos este no mató a nadie. Parece que tendremos que acostumbrarnos a los disparos —pensó Tony, aunque no lo dejo escapar por su boca.
Cuando todos estaban dispuestos a prestar atención el hombre dijo:
—Ya he consultado. Actualmente todos los autobuses que salieron antes de este se encuentran en la base a excepción de nosotros y el anterior, y ese se encuentra en la misma situación. Los tenemos a unos quince minutos, los esperaremos y luego todos marcharemos hasta la base. Tengan paciencia.
Los soldados se formaron, de manera que nadie tendría la más mínima oportunidad de intentar algo.
A pesar de que tenían que esperar y después caminar tanto, Tony y todos los demás estaban felices de no tener que subir a un autobús y tener que arriesgarse a caer por el acantilado.
Los soldados se abstuvieron de responder las preguntas referentes a lo sucedido y en su lugar uno que otro insistente recibió un empujón.
La luz del sol resultaba muy molesta debido a que eran aproximadamente las tres de la tarde, así que todos fueron a parar bajo la sombra de los gigantescos árboles que se encontraban a la izquierda del camino.
Tony se encontraba recostado del tronco de un pequeño árbol caído, después se sentó y volvió a mirar a su alrededor, como evaluando el estado de ánimo de cada uno de sus amigos. Gwen, Scott y Ashley charlaban tranquilamente. Miró por todo el lugar buscando a Alba hasta que la divisó charlando con aquel chico de aspecto depresivo junto al que venía en el bus.
Se dirigió hasta donde estaba cuando la charla con el extraño cesó. Alba era abiertamente la novia de Cris. Era de baja estatura, con cabello largo y de color castaño claro. Su piel muy clara hacía resaltar el marrón de sus ojos. Cuando Tony se acercó, ella fue la primera en hablar.
—Estaremos bien, ¿verdad?
—Sé que sí. Estaremos todos juntos en esto, no te preocupes.
Ella volteó para mirarlo y Tony lanzó una sonrisa de consuelo. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas y Tony la envolvió en un abrazo para que se tranquilizara. Era obvio que tanta presión y cambios repentinos le estaban afectando mucho.
Pensó en los demás; ¿cómo estarían? ¿Les estaría afectando también? Conocía muy bien a Zoe y por lo que había visto antes en los ojos de Jim y en los gritos repentinos de Cris, debían encontrarse muy asustados.
Sí, estamos juntos en este lío —se dijo a sí mismo.
Todos se sentaron en un círculo mientras esperaban la llegada de los chicos del autobús anterior. Tony comprobó su celular y no se sorprendió al verificar que aún no había cobertura.
—Probablemente lo de las líneas telefónicas sea intencional —dijo Tony a los demás.
—Considerando todo lo que ha pasado, es una gran posibilidad —le respondió Gwen.
—Aun nos hacen falta muchas cosas por saber —se integró Scott a la conversación—. Cuando lleguemos al lugar las averiguaremos.
Todos se mostraron de acuerdo ante la sugerencia de Scott y a Tony le hizo sentir muy bien que ahora no sería el único que sospechaba que algo más sucedía detrás de todo aquel espectáculo.
Se escuchó como un enjambre de voces en la lejanía y ya era claro que el otro grupo estaba cerca. En menos de cinco minutos, un grupo de aproximadamente cincuenta jóvenes se integró y todos los soldados en conjunto escoltaron a la gran masa de chicos a través de las subidas y bajadas entre el bosque y el acantilado.
Era claro que a nadie se le ocurriría huir ya que, de un lado habían kilómetros y kilómetros de bosque donde primero morirías antes de salir otra vez, del otro un acantilado por el cual estarías muerto mucho antes de impactar contra el suelo que se encontraba cientos de metros por debajo de sus pies y si por alguna descabellada razón intentaras correr hacia adelante o hacia atrás por la vía, no tardarían en interceptarte.
Caminaron por un par de horas.
Al divisar en la distancia un edificio amurallado y aparentemente bastante vigilado y patrullado, el ambiente obtuvo un aire alentador. No sabían qué les esperaría dentro de aquel lugar, pero toda esa gran tortura estaba por aparentemente llegar a su fin, al menos por ese día.
Cuando estuvieron justo en frente de las murallas, todo se volvió suspenso, nadie sabía cómo actuar ni reaccionar. Abrieron las gigantescas puertas dobles y les ordenaron entrar. Lo primero que Tony divisó fue los otros autobuses en el gran patio. Supo que sus amigos ya deberían encontrarse allí lo cual fue un alivio.
Los hicieron entrar al edificio. En el interior de éste transitaban personas de aquí para allá y de allá para acá, tan aparentemente ocupadas como para prestarle atención a los recién llegados.
Una mujer fue quien se le acercó directamente al gran grupo. Era alta, usaba anteojos y tenía cabello negro y sedoso, largo hasta la cintura. Aparentaba unos veinte y tantos años. Scott se quedó mirándola de arriba a abajo descaradamente.
—Demonios —dijo, y Gwen le dio un codazo en el costado. Scott rio levemente,
¿Cómo podían hacerse bromas en momentos así?
Por más increíble que fuera, también resultaba un tanto reconfortante.
—Apuesto a que estarán preguntándose qué están haciendo en este lugar. Mi nombre es Lilith Ramírez, directora de la Organización Mundial de Supervisión de Anomalías y sean todos bienvenidos a nuestra Base Central.
El silencio reinaba entre todos los presentes pero Tony no pudo evitar pensar:
¿Supervisión de Anomalías? ¿Entonces esta gente está acá por todo lo que ha estado sucediendo?
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Lilith continuó con su discurso:
—Aquí nos encargamos de ver que todo fluya de manera normal, aunque últimamente no ha sido así —dijo aquella mujer, como haciendo referencia a lo que ya todos habían notado—. La razón por la que los hemos traído, es para que todos ustedes sean sometidos a entrenamientos en los que llevaremos al límite todas sus capacidades. Además, unas cuantas pruebas de sangre para determinar ciertos términos importantes para nuestra organización.
—Genial —ironizó Scott.
Tony recordó que Scott odiaba todo lo que tuviera que ver con jeringas.
—Mientras tanto disfruten de su estadía en el lugar. Se reunirán con el resto de sus compañeros en breve, en los dormitorios. Los guardias a mis espaldas los guiarán —dijo Lilith apuntando sobre su hombro a los guardias que se mantenían inmóviles detrás de ella—. Ah, una última cosa —agregó antes de que todos partieran—; no se preocupen por lo que puedan causar sus ausencias, pues Geralldia no notará que ya no están y por último, quienes no sean aceptados, se les llevara a cabo un borrado de memoria.

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