5: Tres palabras

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Tony despertó a las 5:45 a.m. según el reloj que estaba colgado en su habitación. A pesar de todo lo que había tenido que pasar el día anterior y lo temprano que se había despertado, se sentía bastante descansado.
—¿Alguno despierto? —dijo en voz baja pero lo suficientemente claro como para que sus amigos escucharan en caso de estar despiertos también.
—Sí —dijo David desde lo alto de la litera.
—¿Pudiste dormir algo? —pregunto Tony.
—Sí, hace unos diez minutos que desperté. ¿Qué tal tú?
—Sí, yo también logré dormir. Aunque parece que a estos dos les fue mejor en eso —dijo Tony en forma de broma. David rió.
—¿Crees que podamos salir de la habitación? Ya sabes, para ver desde el primer momento qué es lo que sucede aquí —sugirió David.
—Bien pensado, pequeño saltamontes —bromeó Tony de nuevo, obviamente refiriéndose a la baja estatura de David, cosa por la cual siempre le hacían bromas.
—Muy gracioso —le respondió David mientras bajaba de la parte alta de la litera que se encontraba compartiendo con Scott. Tony bajó casi al mismo tiempo que su amigo.
Inesperadamente, la luz tenue que teñía a la habitación les develó algo que no gustó a ninguno: Ni Cris ni Scott se hallaban en sus camas.
—¿Y ahora? —dijo David con voz de preocupación.
—Tal vez estén afuera.
Se apresuraron hacia la puerta y la abrieron con cuidado para no hacer ruido. La gran zona de los dormitorios se encontraba iluminada desde el techo por grandes reflectores. No se alcanzaba a oír nada; sólo un silencio sepulcral.
Caminaron en silencio hasta las escaleras para llegar a la planta baja. El suelo estaba frío y la soledad del lugar no ayudaba para nada.
Al llegar abajo, pudieron observar a plena vista a Cris y a Scott, con las orejas pegadas a una puerta que, extrañamente, era más grande que las demás y nadie había notado.
Al ver a sus amigos, Cris se llevó un dedo a los labios en señal de que guardaran silencio. Acto seguido ambos echaron a correr haciendo señas para que Tony y David los imitaran. Sin entender nada, no les quedó más opción que correr en dirección a las escaleras.
—¿Ahora nos explican por qué desaparecen de la habitación para pegarse como dementes a una puerta? —preguntó David cuando llegaron al área de las escaleras.
—Cállate, pequeño —le dijo Scott en voz baja—. Subamos a la habitación antes de que salgan.
Corrieron tratando de hacer el menor ruido posible y entraron.
—¿A quién se supone que espiaban? —preguntó Tony aún sin entender mucho de la situación y un poco irritado.
—Había gente allí dentro hablando sobre algo, pero no oímos mucho. Estoy casi seguro de que eran un hombre y una mujer —dijo Cris. 
—Yo oí algunas cosas pero no hay nada de coherencia —dijo Scott.
—¿Qué lograste entender? —preguntó David.
—Creo que brecha, radiación y armas.
—Genial —dijo Tony—, su descubrimiento sólo nos confundió más que antes.
—Oye, son apenas las primeras piezas que tenemos, a largo plazo podrían servirnos de algo —dijo Scott tratando de sonar optimista.
La conversación fue interrumpida cuando oyeron una fuerte alarma sonar por todo el lugar. Tony miró el reloj y notó que marcaba las seis en punto.
—¡Qué manera de despertar a la gente! —exclamó David.
—¡Finjan que nada ocurrió y más tarde lo discutiremos con los demás! —dijo Scott
Salieron de la habitación y notaron que todos los demás también se encontraban despiertos. En el centro del lugar se encontraba Lilith, como esperando para dar otro aterrador discurso. Todos parecieron notar sus intenciones e hicieron silencio para escuchar lo que tendría para decirles.
—¡Buenos días! —exclamó con un entusiasmo que Tony no soportaba—. Espero que hayan tenido un sueño bastante reponedor para que tengamos el mejor inicio posible. En unos minutos cada uno tendrá asignado en su habitación correspondiente su uniforme de pruebas que tendrá grabado el número de grupo. Cada grupo estará integrado por seis personas, esa será la manera en la que los organizaremos. Cuando tengan su uniforme reúnanse en las mesas correspondientes con su número de grupo para desayunar y luego comenzar con las pruebas.
—La odio, pero es hermosa —dijo Scott.
—Yo la amo a pesar de que nos haya secuestrado —se integró Cris.
—Se oyen súper repulsivos, ¿lo sabían?
—Bueno, vamos a la habitación a esperar que nos traigan los uniformes.
  —Espero que sean de mi talla —bromeó David. Los cuatro rieron. 
No pasaron más de diez minutos cuando un guardia abrió la puerta y lanzó en medio de la habitación una caja en la que se podía leer: Habitación 36: Álvarez Cris - García David - Martínez Tony - Rodríguez Scott.
—¿Cómo sabrán nuestros nombres? —preguntó Cris sorprendido. 
—Otra pregunta sin respuesta. Sólo abre esa cosa —dijo Scott.
—Parece que todo esto acabo con tu sentido del humor —dijo David como tratando de que Scott notara que ya ni se acercaba a ser aquel que con sus ocasionales bromas hacía reír a todos, pero este solo se inclinó sobre la caja y la abrió.
Había cuatro paquetes en total, cada uno tenía un nombre escrito en él. Todos tomaron sus uniformes correspondientes y se vistieron. Eran camisas ajustadas de color negro, pantalones deportivos y tenis de color negro. Sobre la parte izquierda del pecho cada uno tenía grabado un número.
El ambiente se tranquilizó cuando comprobaron que todos se encontraban el en mismo grupo; el grupo #15.
—Qué alivio —dijo Tony—. Al menos no tengo que ser brutalmente torturado con extraños.
—No sé si vayamos a ser "brutalmente torturados", ¡pero lo bueno es que sí es de mi talla! —dijo David con una emoción tonta.  
—Sí, sí, te queda lindo —le bromeó Cris— .Vayamos a ver quiénes son los otros dos integrantes.
Salieron de la habitación. Muchos chicos ya se encontraban afuera desayunando. Se dirigieron a la mesa que tenía grabado el número quince y se sentaron a desayunar, esperando que aparecieran los dos integrantes que faltaban. Cada quien se encontraba ocupado en su comida cuando aparecieron los otros dos: Eran Javier y Sara.
Tony y Cris los presentaron a todos. Cuando terminaron de desayunar y aún no anunciaban nada, Tony decidió ir a comprobar cómo le iban las cosas a las chicas.
Comenzó a caminar entre todos los presentes hasta que las encontró a las cinco junto con Ángeles, todas en la misma mesa desayunando. Eran el grupo #22.
Se acercó y las saludó. Mientras hablaban tranquilamente, entró Lilith a la sala.
—Nunca pensé que esto se haría realidad, armas
—¿Acaba de decir... armas? —preguntó Ashley confundida.
Tony recordó lo que Cris y Scott habían oído más temprano: Brecha, radiación y armas. Si con “armas” se referían a ellos, no sería nada bueno lo que les tendrían planeado.
Sintió temor, pero supo controlarlo.
—Antes de ir a la Forja, debemos hacerles un rápido análisis de datos personales y tomarles una muestra de sangre a cada uno. Estén atentos al llamado de su grupo y nuestros guardias los acompañarán, por favor, sean pacientes.
Esperaron unos quince minutos hasta que fue el turno del grupo #15. Los guardias los escoltaron fuera de aquella sala, no muy lejos hasta un lugar donde había unos veinte cubículos con camillas y equipos médicos. Ubicaron a cada uno en una camilla y cerraron cada cubículo con una cortina. Tony esperó sentado en la camilla hasta que entro un sujeto con una carpeta amarilla en sus manos.
—Muy bien —comenzó a hablar aquel hombre—.  Tony Martínez, diecisiete años de edad, cuarto lugar académico de su clase y octavo en todo el colegio, altamente eficiente en el área de matemáticas, atleta de alto nivel, posee una resistencia física destacable, vive con su madre y su hermano mayor... —el hombre continuo hablando y hablando sobre cosas que nadie que no fuera muy cercano a él podría conocer, pero Tony no se explicaba cómo era que esa gente poseía todos esos datos. Era abrumador y preocupante. El hombre parecía haber terminado la lista y se dirigió a Tony—. ¿Todo es correcto?
—Sí —dijo, aunque no había prestado atención ni a la mitad de lo que dijo por estar perdido en pensamientos.
—¿Es... es cierto entonces? ¿Eres tú? —le susurró el hombre.
—¿Disculpa?
El hombre lo miró con una expresión que le causó un profundo miedo. Parecía querer leer sus pensamientos.
—¿Martínez? ¿El hijo del ex-director?
—¡No sé de qué habla! —exclamó. Se levantó impulsivamente.
—N-no es nada. D-disculpe —tartamudeó el hombre. Tony lo miró con recelo  
Le extrajo la muestra que necesitaba y lo dejaron salir. Volvieron a la zona de los dormitorios y tuvieron que esperar hasta que llamaran a todos los grupos.
Eran aproximadamente las diez de la mañana y Tony aún no se sacaba de la cabeza lo que había dicho aquel sujeto, cuando Lilith hizo nuevamente su aparición:
—Todo va de maravilla hasta los momentos. Gracias por su ordenada colaboración, armas.
A Tony se le revolvió el estómago cuando volvió a escuchar cómo les llamaban, y las preguntas sin respuesta en su cabeza no ayudaban.
¿Qué tendría que ver el ex-director con él? ¿Y el ex-director de…la OMSA?
—¿Te sientes bien? —le preguntó Sara. Tony sintió nervios.
—S-sí —dijo con vergüenza.  
—Ahora los llevaremos a la Forja. Buena suerte y den su máximo esfuerzo.

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