Capítulo 24.

Ignis (Pars #1)

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El chico debía tener mi edad, más o menos. Me escudriñó lleno de curiosidad con sus pequeños ojos grises y me sonrió sin mostrar sus dientes. Era una sonrisa ladeada bastante tierna, a decir verdad. Tenía unas cejas demasiado grandes para su cara y una nariz un poco torcida. Su pelo era rubio y era lo suficientemente corto para una coleta pero lo suficientemente largo como para considerárselo rapado. No parecía muy alto y tenía sus músculos.
Aunque probablemente sabía que yo estaba muy confundida, él se sentó al lado mío y levantó una mano para que yo se la estrechase.
¿Y este chico quién es?
--Alexander Willson, Ictus --me respondió la pregunta y yo quedé aún más extrañada.
Okay, eso contesta la pregunta.
Le miré la mano, dudando si corresponder o no. ¿No era que si eras un Pars no se debía decir que lo eras?
--Tranquila, yo también estoy siendo buscado por el Gobierno --agregó y eso aumentó mi perplejidad.
--¿Me puedes decir... quién eres? --le pregunté y él asintió--. En plan, más detallado.
--Ya te dije, soy Alex --repitió, aún sin borrar el aura curioso y aniñado que tenía--. Nuestros padres son amigos desde hace años, desde que se mudaron --fruncí aún más el ceño y él dejó caer su mano--. Se ayudan cuando necesitan. Ya sabes... tus padres. Amy y David Jones.
--Sí, ya sé quiénes son --le dije.
--Lo dije sólo para que te fíes de mi palabra --se excusó, levantando sus manos en posición de defensa aireada--. Tu madre me encargó que te enseñe tus poderes Ictus hace un par de días.
Tuve ganas de soltar un largo y sonoro "ah" cuando soltó eso. Todo tenía sentido, así que asentí y le sonreí con disculpa. Alex levantó nuevamente su mano para que se la estrechase y eso hice. Eso acentuó su sonrisa.
--¿Y cómo me encontraste? --le pregunté.
Él se miró las uñas por un segundo y volvió a mirarme, pero esta vez con diversión.
--Bueno, eso fue fácil... ¿puedo llamarte Mad? --dudó y asentí--. Cuando estaba yendo a tu casa, tú saliste corriendo y le pregunté a tus padres si esa eras tú.
Asentí otra vez y me rasqué la nuca con un poco de vergüenza.
--Menudo espectáculo monté, ¿verdad?
--No soy quién para decirlo --se encogió de hombros él.
Nos quedamos en un pequeño silencio cuando algo se me pasó algo por la cabeza: Alex me caía bien, pero no dejaba de ser un extraño.
--¿Cómo puedo saber yo si me estás mintiendo o no? --interrogué y él dirigió sus ojos grises a los míos, poniéndose serio por primera vez.
--¿De mis intenciones? ¿De cómo conozco a tus padres? --consultó.
--Sí. Hace un par de días fui atacada vilmente por otros Pars como tú, mi confianza no ha subido mucho desde entonces.
Él rió y luego se llevó la mano a la barbilla, pensando su respuesta y volviendo a ponerse serio.
--Conozco la existencia de Christian. Sé lo que le pasó.
--¿En serio?
Si lo sabía, no podía ni imaginarme el grado de confianza que debía tener con mi familia.
--Sí, pero necesito que me cuentes tu versión de los hechos de todas formas --pidió y yo fruncí el ceño.
--¿Cómo? ¿"Mi versión de los hechos"? --repetí, incrédula.
--Quiero que me cuentes tú lo que sabes.
--¿Y cómo voy a saber yo así si me estás mintiendo o no? --rebatí.
--Fácil: porque no lo hago --sonrió nuevamente y adoptó una posición más cómoda para sentarse--. Ahora: dime.
Una punzada de tristeza me atacó al recordar el rostro de mi hermano mayor.
--Él murió hace cinco años por un accidente de auto --le conté, tragando saliva.
Él dirigió su mano derecha a mi pierna izquierda y me miró directamente a los ojos.
--¿Eso es todo? --murmuró y yo asentí.
--No sé qué clase de historia épica esperas que te cuente de un accidente de auto.
--Pues déjame decirte, Madison, que no hubo ningún accidente de auto. Eso es lo que todos querían hacerte creer antes de que supieras de los Pars --afirmó y me confundí.
¿Me está diciendo que me mintieron por... cinco años?
--Pruébalo --solté.
--Eres un poco desconfiada, pero tranquila, te contaré lo que pasó --aseguró y apretó su agarre a mi pierna por un segundo--. Christian salió un día con tus padres a entrenar sus poderes... y hubo una batalla Pars. Una grande --explicó y asentí, con un poco de miedo entrando a mi cuerpo y helándome la sangre--. Sólo tu madre y tu hermano peleaban porque tu padre no es Pars. Él era la amenaza perfecta para hacer que tu familia se rindiese y, justo cuando lo iban a matar, tu hermano se sacrificó por él.
Empecé a derramar lágrimas. Christian... era un héroe. Sean siempre me lo decía. Él nunca lo exageró: Christian murió como un héroe.
Christian dio su vida por papá. Él no manejaba mal, ¿cómo iba él a manejar un auto tan mal como para chocarlo? Debí haberme imaginado que era una mentira.
¡Christian había muerto por una batalla Pars! ¡Y probablemente la misma panda de imbeciles que nos atacaron el otro día fueron los mismos que le sacaron la vida!
Él no merecía morir. Su corazón era demasiado puro para ello. Él no se merecía nada malo. ¡Él solo hacía las cosas bien!
¡Se sacrificó por su padre! ¡Christian...!
Solté un sollozo y Alex se acercó más a mí para abrazarme. Lo dejé hacerlo y me puse a llorar contra su hombro.
Dios, cuánto lo echaba de menos. Christian fue siempre un ejemplo a seguir para mí. Él era mi héroe. Siempre estaba haciendo el bien, calmando toda situación con sus chistes tontos y sin sentido. Su sonrisa era tan grande que siempre me transmitía seguridad y estabilidad, estemos en la situación que estemos. ¡Se parecía tanto a Sean y, a la vez, eran tan diferentes...!
Chris no era sólo mi hermano, no. Chris era mi amigo, mi compañero de locuras y la luz que me guiaba día a día. Chris era como un alma gemela para mí.
Ojalá fuera yo la mitad de genial que él.
--Mad, sé que es difícil y no tengo ningún derecho a hacerlo, pero tengo que pedirte un favor --murmuró el chico de ojos grises, todavía abrazándome--. Sé fuerte por él. Entrena, lucha, sube tu potencial por él. No lo conocí, pero sé que estaría muy orgulloso de ti.
Me separé de él, me sequé una lágrima y lo miré a los ojos.
--Muchas gracias, Alex --le dije, sonriéndole levemente--. En serio. Por contármelo y... escucharme.
Él volvió a dirigirme su sonrisa torcida y se levantó. Me ofreció su mano para hacerlo yo también y eso hice. Estaba muy triste, pero no negaría que tenía razón.
Debía luchar, no tratar de reprimir mi naturaleza. Debía ser fuerte por él y todo lo que hizo por nuestra familia.
Haría lo que fuera para que Christian estuviera orgulloso.
 
Editado 27/12/17.
 

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