9: Armas de salvación

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Aparentemente aún nadie se lo creía. Pero se habían ido. Se los habían llevado.
Dos de sus nuevos amigos habían resultado ser vulnerables. ¿Qué rayos querrían decir con eso? No tenían idea, pero tampoco interesaba demasiado. Lo que dolía era que ya no estaban.
Eran dos menos. 
No tuvieron que esperar demasiado para que comenzaran a formar a los grupos restantes para marchar a la Forja. El grupo entero caminaba en silencio hasta que Scott fue quien habló:
—Justo cuando ese chico estaba empezando a agradarme —dijo.
—No estoy feliz de que se haya ido, pero debo admitir que no me daba buena espina —dijo Cris.
—Cris, por favor, ¿qué no le detallaste? Era inofensivo —opinó Sara.
—Al menos no estamos en total desventaja —dijo Tony—. Hay grupos en los que quedaron sólo tres integrantes. 
—Pues es cierto —lo corroboró Scott—. Concentrémonos en lo que sea que aprenderemos hoy en la Forja y sigamos ideando una manera de salir de aquí.
Llegaron y los grupos se separaron. Robert y Carol ya estaban allí esperándoles.
—Bueno, chicos —habló Robert—, supimos lo de Javier. Lamentamos que haya terminado siendo vulnerable.
—Oigan —dijo Sara—, sabemos que lo más probable es que nos vuelvan a decir que nos enteraremos de ello a su tiempo pero, ¿vulnerables a qué precisamente?
Sara parecía haber leído la mente de Tony, pues él estaba a punto de preguntar lo mismo. Robert y Carol se miraron mutuamente y luego fue ella quien dijo:
—Escuchen, nosotros nos ponemos en su lugar y sabemos que deben estar muy intrigados y confundidos, pero si llegáramos a decirles algo indebido, esos chupamedias de los monitores no dudarían en informarle a los directivos, dándoles la necesidad de eliminarlos a ustedes por saber demasiado, tal como les pasó a… —Carol se quedó en silencio.
—¿A quiénes? —inquirió David.
—Silencio —dijo Robert mirando a otra parte.
Cuando Tony volteó a mirar se acercaba una mujer que le recordaba mucho al otro monitor que les había estado observando en todos sus entrenamientos. Tenía la mirada apagada y no mostraba expresividad alguna.
—¿Me informarían por qué no han iniciado con el entrenamiento?
—Sólo estábamos charlando —se adelantó Robert—. Comenzaremos en breve.
Armas, me veo en la tarea de informarles que el grupo #15 y el grupo #22 destacan en los Informes de seguridad.
Tony sintió un frio consumidor escalando su espalda.
—Ustedes están en la mira y sería una pena tener que eliminar a un grupo de resistentes tan excepcional. No causen más problemas o tengan por seguro que los directivos tomarán medidas en su contra. —dijo aquella desagradable mujer.
Había mucho por procesar en todo lo que había dicho; ellos destacaban en los informes de seguridad, según ella había dicho. El Jefe de Seguridad era ese Carlos al que habían conocido aquella noche, seguramente había sido él quien informo sobre ambos grupos. Ahora aparte de no comprender casi nada de lo que sucedía, también se encontraban bajo vigilancia.
Tony experimentó una extraña sensación que se deslizó desde su estómago hasta su garganta. Como un extraño ardor.
Después de unos segundos, supo de qué se trataba: Odio.
—Genial —dijo Cris—. ¿Ahora que se supone que haremos?
—Cálmate, igual tenemos que averiguar de qué va todo esto. No nos detendremos porque una chiflada nos diga que nos están vigilando.
Robert y Carol los guiaban a través de la Forja mientras Tony se preguntaba qué les tocaría hacer en todo el día. 
Ya habían afinado sus habilidades cuerpo a cuerpo, les habían dado lecciones básicas de parkour, habían aprendido primeros auxilios y hasta a desactivar explosivos —en tiempo real, cosa que no agradaba a ninguno—. Todo eso sin incluir los ejercicios que hacían en los circuitos de fuerza y velocidad.
Constantemente les sometían a pruebas mentales en situaciones extremas. Tony recordó fugazmente una en la que le fue particularmente bien: Se suponía que Robert y Carol representaban a los enemigos, y Sara a un rehén. Robert simulaba apuntar a Sara a la cabeza mientras la sujetaba, y Carol apuntaba a Tony.
—Muy bien, Tony. Sólo tienes un disparo; Salvas a Sara, o te salvas a ti mismo. ¿Qué eliges?
Pero él supo en ese instante que debía haber algo más, pues la respuesta era demasiado obvia. Robert y Carol debían estar esperando una solución mucho más compleja, y él la encontró.
—Si lograse dar un disparo certero a Robert, Carol me asesinaría, y si disparo a Carol él asesinaría a Sara. Es obvio que esperan que haga algo más, y esto es lo que acabo de hacer. Con la atención que me están prestando no se han dado cuenta de que Cris está mofándose de Carol detrás de ella.
Y lo dijo con una seguridad tan convincente que Carol volteó a mirar, y se dio por concluida la prueba, asumiendo que esa fracción de segundo le daba a Tony suficiente tiempo para asesinar a Robert y salvarse del disparo de Carol.
—¿Por qué preferiste hacer algo tan arriesgado como eso? —le preguntó Robert.
—No preferí ninguna opción, simplemente mi única salida pensable era que ambos sobreviviéramos a la situación, y encontré la forma de hacerlo realidad.
Tony sonrió con suficiencia al recordar la última frase que dijo:
—Si haces a un lado las opciones con resultados negativos, siempre serás capaz de encontrar la puerta por la que quieres salir.
Pasaron a través de todos los jóvenes restantes que, a comparación con los días anteriores, eran muy pocos.
Mirando en dirección a la arena en la que habían entrenado ellos el primer día  alcanzó a ver a sus amigas combatiendo entre ellas; Gwen contra Zoe, Alba contra Jim y Ashley contra una chica que Tony no alcanzó a identificar.
La forma en la que combatían entre ellas las hacía ver totalmente distintas. Ellos tenían más que claro que sabían defenderse pero parecía que llevaran años entrenando como máquinas de matar, por otro lado, se sintió bien saber que ellas estarían preparadas para darle a cualquiera —incluso a uno de ellos— una buenísima paliza.
Los forjadores se detuvieron en un espacio desocupado en el que había máquinas de entrenamiento bastante parecidas a las de un gimnasio común.
—Ayer analizamos sus avances y han sido bastante favorables, pero aún les falta mucho por aprender. Hoy estaremos entrenando aquí hasta la hora del almuerzo, luego iremos al campo de tiro a enseñarles a utilizar armas de fuego.
Tony se sintió emocionado.
Estuvieron unas tres largas horas haciendo vueltas en el circuito de máquinas de la Forja, pararon para almorzar y luego se dirigieron al campo de tiro. 
Allí les enseñaron a controlar un arma, a cambiar la munición, a desarmar y armar rifles en segundos y todo lo relacionado. 
Todo aquello era tranquilizante para Tony ya que le hacía sentir seguro de sí mismo pues, en una situación extrema, sabría qué hacer con un arma en las manos.
Después de aquella larga y dolorosa sesión de todo un día, les dieron un rato para descansar antes de volver a los dormitorios para cenar.
—Hasta ahora han dado lo esperado, chicos, estamos sumamente orgullosos —les dijo Carol.
—Oye, Carol —habló David—, dime algo, ¿cómo es que esta gente tiene tantos datos sobre nosotros?
Tony recordó cuando aquel sujeto que le tomó la muestra de sangre le dijo todos aquellos datos personales como si fueran cosas de dominio público y su extraña expresión cuando le hizo aquella más extraña pregunta.
Carol respiró profundo.
—Bueno, les contaré —y Robert puso cara de pánico— pero traten de ser discretos con la información que les demos o todos acabaremos muertos.
Todos se miraron las caras. Tal vez estaban a punto de comprender un poco lo que estaba sucediendo.
—Verán, este programa es una medida de crisis en la que se traería a este lugar a jóvenes con capacidades superiores al resto para entrenarlos y explotar sus capacidades mucho más allá del máximo nivel. En pocas palabras crear… —Carol hizo una corta pausa pero antes de seguir hablando Tony completó la frase:
Armas —dijo—. ¿Por eso nos llaman así? ¿Están convirtiéndonos en armas? ¿Para qué?
—Es complicado —dijo ella— Los están convirtiendo en armas pero no de destrucción. —Robert hizo una larga pausa—. Ustedes serán armas de salvación.
Robert frunció el entrecejo y ordenó a Carol que se callara.
¿Salvación?
Tony pensó que se aclararían las cosas pero cada vez se hacían más complejas.
—¿Por qué de salvación? —inquirió Sara.
—Ya basta —dijo Robert de golpe.
—Entonces dígannos lo que es la radiación NW —dijo Scott de golpe.
La pregunta pareció aterrorizarlos a ambos.
—Ustedes... ¿cómo es que saben tanto? Esa información es tan peligrosa que ni siquiera nosotros la manejamos —dijo Robert aturdido—. ¿Saben qué? Es cierto lo que dicen los monitores. Deberían dejar de arriesgarse de esa forma.
Habían estado tan cerca. Tony se sintió desanimado, ahora sería prácticamente imposible descubrir lo que les estaba ocultando aquella gente. 
Sus pensamientos de desánimo fueron interrumpidos súbitamente cuando una alarma empezó a retumbar por todo el lugar.
Tony miró a Scott y luego a Sara. Todos los presentes parecían asustados.
Era la misma alarma que escucharon cuando había fallado la gravedad, pero no había luces rojas y la gravedad funcionaba con total normalidad.
Nada tuvo sentido hasta que se escuchó una voz informar sobre lo que estaba sucediendo por altavoces que Tony no veía en ninguna parte.
Por un momento lo que escuchó le hizo sentir escalofríos, pero en pocos segundo comprendió lo esperanzadora que podría volverse la situación. La voz repetía:
¡Todos los guardias presentarse al bloque B-6! ¡Estamos bajo ataque!

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