10: Una visita inesperada

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Por más tonto y arriesgado que sonase, esa probablemente sería la única oportunidad que tendrían de escapar. Los chicos se miraron todos a la cara y supieron lo que tenían que hacer: Buscar a los demás. 
Intentaban abrirse paso entre el caos que ahora reinaba en la Forja. Las chicas también corrían hacia ellos y cuando lograron reunirse de inmediato Ashley dijo:
—¡Creo que ya es obvio lo que debemos hacer! —gritó Ashley entre todo aquel escándalo que se había formado.
—¡Traten de no ser atrapados! —Gritó Scott— ¡Si se les acercan no duden en pelear! 
Tony ya sentía la adrenalina recorriendo todo su cuerpo. Todo el dolor de sus músculos se había evaporado.
—¡No irán a ninguna parte! —Les gritó alguien desde atrás— ¡Ustedes están siendo vigilados, no dudaran en disparar cuando los vean! —era Robert.
—¿Dónde están sus forjadores? —les preguntó Carol a las chicas.
—¡Desaparecieron cuando dieron el anuncio! —respondió Jim.
—¡Tienen que dejarnos ir, es un riesgo que vamos a correr! —gritó Scott.
—¡Entonces déjennos guiarlos! —Gritó Robert— ¡Nosotros los sacaremos de aquí! 
En ese momento Tony recordó a Ángeles y a Javier. No podían irse y dejarlos ahí.
—¡Esperen! —Interrumpió Tony— ¿Saben a dónde se llevaron a los vulnerables? ¡Tenemos que rescatar a los otros!
—¡Es cierto! ¡No podemos abandonarlos! —gritó Gwen.
—¡Entonces iremos allá primero!
Salieron disparados de la Forja por los pasillos de la base, evitando toparse con guardias o cualquier miembro de la OMSA. Estuvieron corriendo sin bajar el ritmo durante unos cinco minutos cuando llegaron a un lugar que se asemejaba mucho a la entrada a los dormitorios.
Carol controló un panel que se hallaba a la derecha de las puertas e hizo que estas se abrieran. 
Todos los presentes se volvieron hacia sus rescatadores y Scott dio un fuerte grito para que todos salieran y así crear otra distracción, en caso de que ya se hubieran ocupado de los invasores.
—¡Todos afuera, corran! ¡Es su oportunidad de escapar!
Tony miraba de un lado a otro buscando a sus amigos hasta que Scott vio a Ángeles al fondo del lugar, evitando a la gran ola de gente.
—¡Ve a buscarla, David! —Ordenó Scott— ¡Ustedes! ¡No se queden ahí, busquen a Javier en las habitaciones!
Todos salieron disparados abriendo puerta por puerta para revisar todas las habitaciones.
—¡Lo encontré! —exclamó Zoe.
Se reunieron y salieron de aquel lugar siguiendo a Robert y a Carol, que los guiaban ahora en dirección a la salida. La ruta en la que iban no era la misma que ellos habían seguido hasta aquel pasillo vigilado con el que se habían encontrado la noche de la falla de gravedad.
Tony no se preocupó demasiado por eso, pues la base podría tener muchas salidas. 
Doblaron en un pasillo y se encontraron con algo inesperado y al mismo tiempo abrumador; al menos unos veinte guardias corrían hacia ellos, encabezados por Carlos, el jefe de seguridad.
—¡Por el otro lado! —les gritó Robert.
Todos frenaron y echaron a correr a toda velocidad en dirección opuesta.
—¡Traidores! —Gritó Carlos— ¡Los mataré a ambos yo mismo!
Los chicos continuaron corriendo a todo lo que daban y fueron ganando terreno. Se habían desviado bastante del camino pero primero debían perder a los agentes.
Al doblar en otro pasillo, se encontraron con otra horda de guardias que intentaban acorralarlos. 
Esta vez, desafortunadamente, la rapidez del suceso hizo que se dividieran dos grupos; por un lado se habían ido Cris, Zoe, Javier, Ángeles, Gwen, Alba y Scott siguiendo a Robert y a Carol.
Mientras que por otro pasillo se fueron David, Sara, Jim, Tony y Ashley, a quien David tuvo que halar de un brazo para que pudiera reaccionar.
Todos continuaron la carrera por los largos pasillos mientras escuchaban cómo los guardias no dejaban de gritarles cosas ni mucho menos bajaban el ritmo de la persecución.
Tony llegó a reconocer uno de los pasillos y comenzó a guiarlos a todos hasta aquel lugar al que habían llegado la noche de la falla. Si corrían con algo de suerte, no habría guardias esta vez.
La ardua carrera no bajaba la intensidad. A Tony le faltaba el aire y sentía las piernas ardiendo. Sintieron como vibraciones propagarse bajo sus pies. 
Tony se dio cuenta de que detrás de ellos, una cadena de explosiones empezó a dispararse, haciendo volar por los aires a sus perseguidores. Intentaron escapar de la escena y salvarse pero en poco tiempo, sintió cómo las explosiones los alcanzaron a todos.
Empezaban a arderle quemaduras por gran parte de su cuerpo. Escuchó los gritos de sus amigos. Su cuerpo se elevó y aterrizó fuertemente sobre una pila de escombros. Sus oídos aun zumbaban y no alcanzaba a ver casi nada por una gran nube de polvo y humo que había esparcida por todo el destrozado lugar.
—¿Todos están bien? ¿Jim, David? ¿Chicos? —decía Tony, adolorido, en un intento de verificar que sus amigos al menos siguieran con vida. 
En ese momento pudo escuchar que alguien se abría paso por los escombros y se dirigía hacia él. Se esforzaba por levantarse, pero no podía. Sencillamente no era capaz de ponerse de pie.
Una silueta se dibujó bajo la gran nube de polvo que le incapacitaba la visión y le habló una voz conocida, la voz de alguien que hizo que se le llenara el alma de esperanza.
—Por fin te encontré, hermanito.

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